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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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La Caída de Obama: La Vuelta de las Audiencias Militares

27 Enero de 2011
Andy Worthington

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
24 de febrero de 2011

Para T.S. Eliot, Abril fue el mes más cruel, pero para los prisioneros de Guantánamo es Enero – desde la promesa inicial de Enero de 2009, cuando el presidente Obama llegó a la oficina emitiendo una ley ejecutiva prometiendo cerrar la prisión en un año, hasta Enero de 2010, cuando, habiendo fallado a conseguirlo, él añadió escarnio a la herida al emitir una moratoria evitando la puesta en libertad de 29 Yemenís listos para ser liberados, por su propia Comisión de Trabajo en Guantánamo, después que sus oponentes se asieron al descubrimiento de que la persona causante de una bomba fallida en un avión en las Navidades del 2009 había sido aparentemente reclutado en el Yemen.

Este año la agria sorpresa del Presidente a los prisioneros (lo que ha ocasionado una amplia y pacífica protesta en la prisión, como se reporta aquí) es de dos filos. El primero fue su fracaso para impedir la ley para gastos militares aprobada por el Congreso, conteniendo provisiones cínicas e inconstitucionales para prevenir cualquier traslado de prisioneros a los Estados Unidos, donde los abogados también exigieron el poder para prevenir el traslado de prisioneros a países “peligrosos.”

Mientras que eso fueron evidentemente ataques inaceptables a la autoridad del Presidente, haciendo desaparecer las esperanzas de celebrar un juicio ante un tribunal federal para los restantes 173 prisioneros y confirmando el intento del Congreso de consagrar la moratoria Yemení en la legislación, evitando que cualquier prisionero sea liberado a otros países incluidos Afganistán, Obama se negó a prohibir la ley, reclamando débilmente que intentaría negociar con el Congreso, pero más tarde concediendo que no había ninguna posibilidad de que la prisión se cerrara en un futuro cercano – o, muy probablemente, por el resto de su mandato

La Vuelta de las Audiencias Militares

La segunda amarga sorpresa para los prisioneros fue el anuncio de la semana pasada, mencionado primero por el New York Times, de que a pesar de que los juicios en los tribunales federales efectivamente ya se habían suspendido, evitando específicamente  que la Administración intentara procesar a Khalid Sheikh Mohammed y otros cuatro hombres acusados de su participación en los ataques del 11 Sept. en un tribunal federal, la Administración se está preparando para llevar a cabo el enjuiciamiento por Audiencia Militar para algunos de los 33 hombres recomendados para ser procesados por la Comisión de Trabajo de Obama.

Esta decisión es particularmente decepcionante porque pone la victoria en bandeja para los más mal aconsejados Republicanos, que les gusta la idea de las Audiencias Militares porque fortalece su postura equivocada de que los sospechosos de terrorismo son “combatientes” en la “Guerra contra el Terror,” de la Administración de Bush, enfureciendo a muchos de sus propios partidarios, que se oponen a los juicios de las Audiencias Militares porque representan una segunda capa de justicia, debajo de los juicios federales, y, en particular, porque incluyen “crímenes de guerra” específicamente inventados por el Congreso.

El teniente coronel David Frakt, profesor de derecho y abogado militar defensor de dos prisioneros en Guantánamo, explicó en su testimonio en el Congreso en el verano del 2009:

    Si alguien revisa los cargos contra los aproximadamente 25 acusados (bajo la presidencia de Bush), por las audiencias militares, como yo lo hecho, llegarían a la conclusión de que el 99% de ellos no son lo que se considera tradicionalmente criminales de guerra. En cambio, virtualmente todos los detenidos no están acusados de crímenes de guerra, sino de conspiración criminal, terrorismo y materiales para apoyar el terrorismo, cargos todos ellos cubiertos por las leyes criminales federales, pero no por las leyes de guerra.

La decisión de restablecer las Audiencias también es decepcionante, porque, como reportó ProPublica, el pasado mes de agosto en el Times, cuando los consejeros de seguridad del “Presidente Obama, incluyendo el secretario de defensa Robert Gates, el fiscal general Eric Holder y la secretaria de estado Hillary Clinton, se juntaron en la Casa Blanca para decidir si, y cómo seguir adelante con los juicios contra algunos de los prisioneros de Guantánamo,” supuestamente “salieron de la Casa Blanca ese Agosto comprometidos a llevar adelante simultáneamente los juicios federales y las audiencias militares.” Como ProPublica afirmó explícitamente, “No se celebrará ningún juicio militar a no ser que se celebren al mismo tiempo juicios federales.”

El único destello de esperanza, como también ProPublica, reportó es que:

    Algunos expertos han sugerido que las restricciones (para mover a los prisioneros a los Estados Unidos) afectan sólo al Pentágono. El Departamento de Justicia tiene fondos que pueden ser utilizados para llevar a los prisioneros a los EEUU. Si así lo decide la Casa Blanca, sólo se sabrá cuando un prisionero es trasladado a los Estados Unidos, para su juicio. Y sólo entonces se conocerá si la política de la Casa Blanca para llevar a cabo simultáneamente los procesamientos en las cortes federales y en las audiencias militares todavía es válida.

Sin embargo, teniendo en cuenta los antecedentes de Obama de doblegarse ante la presión republicana en casi todo lo referente a Guantánamo, me parece altamente improbable que se predisponga a que le caiga una avalancha de criticismo, moviendo prisioneros a hurtadillas para hacer un juicio en los EE.UU. usando fondos del Departamento de Justicia.

Si eso llegara a pasar, él ya habría firmemente defendido los juicios federales, pero la triste verdad es que, cuando se lo ofreció la oportunidad no lo hizo. Esa oportunidad ocurrió en octubre y noviembre, durante el juicio y condena de Ahmed Khalfan Ghailani, la única persona transportada por la administración de Obama de Guantánamo a los EEUU para enfrentarse a un tribunal federal (cosa que pasó en Mayo de 2009, antes de que el Congreso decidió hacer todo lo que pudo para usurpar los poderes del Presidente). Cuando el jurado condenó a Ghailani por un cargo de conspiración, en conexión con el bombardeo de la embajada de los Estados Unidos en Dar-es-Salaam, Tanzania, en agosto de 1998, y lo absolvió de las otras 284 acusaciones, Obama no alzó su voz para defender el sistema legal, permitiendo a sus retorcidos críticos comportarse como si Ghailani había de alguna manera escapado a su castigo, a pesar de que se enfrentaba a una sentencia mínima de 20 años, y, cuando hoy se le impuso la sentencia, recibió cadena perpetua sin libertad condicional.

La Triste Historia de las Audiencias Militares

Con las audiencias otra vez en juego, la única esperanza para los que creen, correctamente, que los tribunales federales son la única manera legal para procesar delitos relacionados con el terrorismo, es que el sistema, primero sacado de las cenizas por Dick Cheney en noviembre de 2001, y revisado por el Congreso en el otoño del 2006, y otra vez en el 2009 (bajo Obama), después de que la Corte Suprema dictó en junio de 2006 que la versión de Cheney estaba en violación tanto con la Convención de Ginebra y el Código de Uniformidad de la Justicia Militar, sea un fracaso, como lo fue en todos los anteriores intentos – tres convicciones bajo Bush, y dos bajo Obama:

  • David Hicks, un australiano, que, en Marzo de 2007, aceptó una sentencia de conformidad y fue puesto en libertad nueve meses después;
  • Salim Hamdan, un yemení y uno de varios conductores de Osama bin Laden, que fue declarado inocente de sus cargos de conspiración por su tribunal militar, y fue liberado cinco meses después de haber sido condenado y sentenciado por proveer materiales de apoyo al terrorismo en agosto de 2008;

  • Ali Hamza al-Bahlul, un yemení que hizo un video de propaganda para al-Qaeda, y recibió cadena perpetua en noviembre de 2008 después de un juicio unilateral en el que rehusó su defensa;

  • Ibrahim al-Qosi, de Sudán, por un tiempo chef para los miembros de al-Qaeda en un campamento usado por Osama bin Laden, que, aceptó una sentencia de conformidad en julio del año pasado, y espera ser puesto en libertad en Julio de 2012; y
  • Omar Khadr, un canadiense, y antiguo niño prisionero, que fue llevado a un tribunal por Obama a pesar de su edad (lo que hubiera sido una garantía para ser rehabilitado en lugar de enjuiciado), y que aceptó una sentencia de conformidad en octubre, que le obliga a servir un año más en Guantánamo y después será repatriado para cumplir siete años más en Canadá.

De todos ellos, el juicio de Omar Khadr ha tenido que ser el de mayor humillación para la administración de Obama, y un signo claro de los problemas por llegar, ya que su declaración de culpabilidad contenía falsos crímenes de guerra inventados por el Congreso, y fue al mismo tiempo deprimente y vergonzoso ver a Obama presidiendo un sistema en el que se obligó a Khadr a aceptar que él era un “extranjero sin privilegios enemigo beligerante,” cuya participación – o presencia – en el tiroteo de julio de 2002 que produjo su captura fue ilegal.

Los hombres que van a ser juzgados por las Audiencias Militares

Como el New York Times explicó la última semana, los hombres que se esperan juicio incluyen de tres a cinco hombres mencionados por el Fiscal General Eric Holder el 13 noviembre de 2009, el mismo día que él anunció el juicio por un tribunal federal, de Khalid Sheikh Mohammed y los supuestos co-conspiradores del 11 Sept. Una vez ya resueltos los casos de al-Qosi y Khadr, los restantes tres son Noor Uthman Mohammed, Ahmed Mohammed al- Darbi y Abd al-Rahim al-Nashiri. Un cuarto hombre, afgano, es Obaidaullah. Todos estos hombres (como al –Qosi y Khadr) son los que quedan de la era de las Audiencias de Bush, cuando 29 hombres en total fueron acusados, pero sólo fueron llevados a juicio tres de ellos, como mencionamos anteriormente.

Noor Uthman Muhammed

En el caso de Noor Uthman Muhammed, acusado de ser un jefe emir de un campamento de entrenamiento en Afganistán, el principal problema es un reporte de su más reciente audiencia en Guantánamo el septiembre pasado, hecho por Raha Wala, un becante de Ley y Seguridad de Georgetown, que asistió a la audiencia en nombre de Human Right First, y describió alguno de los fallos en las Audiencias que he descrito anteriormente. Wala escribió:

    Una de las razones por las que el caso Noor es un mal caso para la acusación por crímenes de guerra es que no está muy claro si las audiencias militares tienen algún tipo de jurisdicción sobre Noor por crímenes que el gobierno dice que cometió. La mayoría de los supuestos actos criminales cometidos por Noor ocurrieron entre mediados de los 1990 y el 2000, antes de que los EEUU entraran en guerra con nadie. Sin embargo, las audiencias militares se crearon después del ataque terrorista del 11 Septiembre, para juzgar a individuos por crímenes de guerra, levantando dudas sobre si las audiencias militares han tenido nunca jurisdicción sobre el caso Noor. Los crímenes que Noor supuestamente cometió – material de apoyo al terrorismo y conspiración – no son tradicionalmente leyes de violaciones de guerra que son los casos que juzgan las audiencias militares. Por otra parte, los intentos del Congreso para codificar material de apoyo y conspiración como crímenes de guerra pueden ser vistos como un intento de imponer un castigo después de los hechos, con las audiencias militares como el vehículo para juzgar a individuos como Noor por “crímenes de guerra” que simplemente no existían cuando esos supuestos actos ilegales ocurrieron.

Del mismo modo, Noor debe considerarse un “enemigo beligerante sin privilegios” para que la audiencia militar tenga jurisdicción sobre él. Esto significa que la fiscalía tiene que probar que Noor estaba efectuando hostilidades ilegales durante un conflicto armado. Sin embargo, como se dijo anteriormente, los Estados Unidos no estaban en guerra en los 90 durante los supuestos crímenes de Noor. Y Noor niega que estuviera afiliado con ningún grupo armado, aunque el gobierno de los Estados Unidos reclama que el estaba proveyendo apoyo para un campo de entrenamiento del Talibán (en realidad el campo Khaldan, que era independiente tanto del Talibán como de al-Qaeda). Incluso si las acusaciones del gobierno de los EEUU son precisas, todavía no está claro si el Talibán estuvo envuelto en ningún conflicto armado durante el tiempo de los supuestos actos ilegales cometidos por Noor.

Otro de los problemas del gobierno es que el caso de Muhammed está relacionado con otros dos que la administración debería estar muy preocupada de dar publicidad: el de Abu Zubaydah, el supuesto “detenido de primera clase” para quien fue diseñado el primer programa de tortura de la CIA, y quien, como se averiguó luego, no era en absoluto una figura importante en al-Qaeda y el de Ibn al-Shaykh al-Libi, el emir de Khaldan, que fue sacado de Egipto por la CIA, y torturado hasta que confesó lazos inexistentes entre Saddam Hussein y al-Qaeda, que fueron usados para justificar la invasión de Irak en Marzo de 2003, y que más tarde regresó a Libia, donde en Mayo de 2009 murió en circunstancias misteriosas. A pesar de eso, los fiscales en el caso de Muhammed declararon la intención de usar los diarios personales de Abu Zubaydah como prueba cuando su caso llegue a juicio.

Ahmed Mohammed al-Darbi

En el caso de Ahmed Mohammed al-Darbi, de Arabia Saudita, aprehendido in Azerbaijan en Junio de 2002 y entregado en custodia a los Estados Unidos en Bagram, Afganistán, antes de ser enviado a Guantánamo, el mayor problema para el gobierno es que su caso está manchado con tortura. Está acusado de atentar un ataque a un barco en el estrecho de Ormuz, de reunirse con Obama bin Laden y participar en un campo de entrenamiento en Afganistán, pero en la audiencia de Septiembre de 2009, su abogado civil, Ramzi Kassem, exhortó que las 119 declaraciones que al-Darbi hizo en los interrogatorios se anularan, debido a que se obtuvieron a través de tortura y abusos, incluyendo golpes, amenazas de violaciones, privación sensorial, privación del sueño, y humillación sexual, en Bagram, donde al-Darbi estuvo preso por ocho meses, y en Guantánamo (la declaración completa de al-Darbi puede leerla aquí).

Abd al-Rahim al-Nashiri

El caso más problemático es el de Abd al-Rahim al-Nashiri, uno de los 14 “detenidos de primera clase” que se transfirieron a Guantánamo en septiembre de 2006, después de haber estado detenido en cárceles secretas de la CIA por casi cuatro años. Yo he estado escribiendo de los problemas del caso de al-Nashiri desde que fue originalmente acusado en junio de 2008, y estos fueron sumariados la pasada semana, cuando el New York Times publicó que:

    [Su caso] podría atraer atención mundial porque fue previamente detenido en cárceles secretas de la Agencia de Inteligencia Central y es uno de tres detenidos que se sabe fueron objeto de las técnicas de ahogo conocidas como “el submarino.”

    El teniente comandante de la Marina, Stephen Reyes, un abogado militar designado para defender a Nashiri, declinó cualquier comentario en el caso. Pero el notó que dos de los supuestos co-conspiradores de Nashiri fueron acusados en un tribunal civil federal en el 2003, y dejó claro que la Defensa, resaltará el tratamiento que Mr. Nashiri recibió bajo custodia de la CIA.

    “Nashiri está siendo juzgado por las audiencias por el asunto de la tortura,” Reyes dijo. “De otro modo el habría sido procesado en Nueva York con sus supuestos co-conspiradores.”

El Times puede que también mencionó que, poco después de la captura de al-Nashiri, fue amenazado con una pistola y una taladradora eléctrica, en una prisión secreta de la CIA en Tailandia, y después llevado a Polonia, donde, en septiembre pasado, se le concedió la condición de “víctima” en una investigación en curso por la complicidad de Polonia en el establecimiento de una prisión secreta de la CIA en Stare Kiejkuty, cerca de Szymany.

Obaidullah

Del último de ellos, Obaidullah (también deletreado Obaydullah), la decisión de seguir el juicio con una Audiencia Militar demuestra que, al igual que con el presidente Bush, el motivo enfermizo de las Audiencias es hacer una “limpieza” no sólo de supuestos terroristas, sino también de figuras más pequeñas de la insurgencia Afgana, cuya conexión con el terrorismo sólo se justifica bajo los términos absurdos de la “Guerra contra el Terror,” que trata a los terroristas y soldados de la misma manera, intentando criminalizar a los soldados y denegando juicios criminales a los terroristas.

Hace un año, cuando Eric Holder anunció que Obaidullah había sido acusado, revisé un artículo que yo escribí cuando se le acusó por primera vez en septiembre de 2008 bajo el presidente Bush, notando no sólo que tenía demandas convincentes de que había sido torturado por las tropas de los Estados Unidos en Bagram, pero que también había sido

    acusado de “conspiración” y “de proveer materiales de apoyo al terrorismo,’ basado en la más pequeña alegación hasta la fecha: esencialmente el simple hecho de que, “(el) o alrededor del 22 Julio de 2002,” él guardó y escondió minas anti-tanques, otros artilugios explosivos y equipo parecido” ; que él “escondió en su cuerpo una libreta con descripciones de cómo conectar y detonar artilugios explosivos”, y que él “sabía o intentaba” que sus “materiales de apoyo y habilidades iban a usarse para preparar y llevar a cabo un ataque terrorista.”

Como ya expliqué:

    No se necesita ser un gran pensador para ver que esas acusaciones son un gran ejemplo deprimente de la política perturbadora de la Administración en la redefinición del post 11 Sept de “los crímenes de guerra,” que aparentemente permiten a las autoridades de los Estados Unidos el derecho a ecualizar actos menores de insurgencia cometidos por un ciudadano en una nación ocupada, con terrorismo.

En conclusión, mientras que las acusaciones contra Obaidullah siguen siendo incomprensibles, no hay razón para suponer que los inventados crímenes de guerra mal interpretados a otros hombres asegurarán que su juicio por las Audiencias Militares – también tocados por la evidencia de tortura - asegurará sentencias convincentes, o legítimas fuera de los Estados Unidos.

Enero realmente es el mes más cruel, al menos para aquéllos que languidecen en la prisión del Pentágono de Guantánamo.

Andy Worthington es el autor de Documentos de Guantánamo: Historias de los 774 detenidos en la Cárcel Ilegal de América.


 

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