La Caída de Obama: La Vuelta de las Audiencias Militares
27 Enero de 2011
Andy Worthington
Traducido del inglés por El Mundo No Puede Esperar 24 de febrero de
2011
Para T.S. Eliot, Abril fue el mes más cruel, pero para los prisioneros de Guantánamo es Enero –
desde la promesa inicial de Enero de 2009, cuando el presidente Obama llegó a la oficina emitiendo una ley ejecutiva
prometiendo cerrar la prisión en un año, hasta Enero de 2010, cuando, habiendo fallado a conseguirlo, él añadió escarnio a la
herida al emitir una moratoria evitando la
puesta en libertad de 29 Yemenís listos para ser
liberados, por su propia Comisión de Trabajo en Guantánamo, después que
sus oponentes se asieron al descubrimiento de que la persona causante de una
bomba fallida en un avión en las Navidades del 2009 había sido aparentemente
reclutado en el Yemen.
Este año la agria
sorpresa del Presidente a los prisioneros (lo que ha ocasionado una amplia y
pacífica protesta en la prisión, como se reporta
aquí) es de dos filos. El primero fue su
fracaso para impedir la ley para gastos militares aprobada por el
Congreso, conteniendo provisiones cínicas e inconstitucionales para prevenir
cualquier traslado de prisioneros a los Estados Unidos, donde los abogados
también exigieron el poder para prevenir el traslado de prisioneros a países
“peligrosos.”
Mientras que eso fueron evidentemente ataques inaceptables a la autoridad del Presidente, haciendo
desaparecer las esperanzas de celebrar un juicio ante un tribunal federal para los restantes 173 prisioneros y confirmando el
intento del Congreso de consagrar la moratoria Yemení en la legislación,
evitando que cualquier prisionero sea liberado a otros países incluidos
Afganistán, Obama se negó a prohibir la ley, reclamando débilmente que
intentaría negociar con el Congreso, pero más tarde concediendo que no había
ninguna posibilidad de que la prisión se cerrara en un futuro cercano – o, muy
probablemente, por el resto de su mandato
La Vuelta de las Audiencias Militares
La segunda amarga sorpresa para los prisioneros fue el anuncio de la semana pasada, mencionado
primero por el New
York Times, de que a pesar de que los juicios en los tribunales
federales efectivamente ya se habían suspendido, evitando específicamente
que la Administración intentara procesar a Khalid
Sheikh Mohammed y otros cuatro hombres acusados de su participación en
los ataques del 11 Sept. en un tribunal federal, la Administración se está
preparando para llevar a cabo el enjuiciamiento por Audiencia Militar para algunos de los 33 hombres recomendados
para ser procesados por la Comisión de Trabajo de Obama.
Esta decisión es particularmente decepcionante porque pone la victoria en bandeja para los más
mal aconsejados Republicanos, que les gusta la idea de las Audiencias Militares
porque fortalece su postura equivocada de que los sospechosos de terrorismo son
“combatientes” en la “Guerra contra el Terror,” de la Administración de Bush, enfureciendo
a muchos de sus propios partidarios, que se oponen a los juicios de las
Audiencias Militares porque representan una segunda capa de justicia, debajo de
los juicios federales, y, en particular, porque incluyen “crímenes de guerra”
específicamente inventados por el Congreso.
El teniente coronel David Frakt, profesor de derecho y abogado militar defensor de dos prisioneros
en Guantánamo, explicó en su testimonio en el
Congreso en el verano del 2009:
Si alguien revisa los cargos contra los aproximadamente 25 acusados (bajo la
presidencia de Bush), por las audiencias militares, como yo lo hecho, llegarían
a la conclusión de que el 99% de ellos no son lo que se considera
tradicionalmente criminales de guerra. En cambio, virtualmente todos los
detenidos no están acusados de crímenes de guerra, sino de conspiración
criminal, terrorismo y materiales para apoyar el terrorismo, cargos todos ellos
cubiertos por las leyes criminales federales, pero no por las leyes de guerra.
La decisión de restablecer las Audiencias también es decepcionante, porque, como reportó
ProPublica, el pasado mes de agosto en el Times, cuando los consejeros de seguridad del “Presidente Obama,
incluyendo el secretario de defensa Robert Gates, el fiscal general Eric Holder
y la secretaria de estado Hillary Clinton, se juntaron en la Casa Blanca para
decidir si, y cómo seguir adelante con los juicios contra algunos de los
prisioneros de Guantánamo,” supuestamente “salieron de la Casa Blanca ese Agosto comprometidos a llevar adelante
simultáneamente los juicios federales y las audiencias militares.” Como
ProPublica afirmó explícitamente, “No se celebrará ningún juicio militar a no
ser que se celebren al mismo tiempo juicios federales.”
El único destello de esperanza, como también ProPublica, reportó es que:
Algunos expertos han sugerido que las restricciones (para mover a los prisioneros a los Estados Unidos)
afectan sólo al Pentágono. El Departamento de Justicia tiene fondos que pueden
ser utilizados para llevar a los prisioneros a los EEUU. Si así lo decide la
Casa Blanca, sólo se sabrá cuando un prisionero es trasladado a los Estados
Unidos, para su juicio. Y sólo entonces se conocerá si la política de la Casa
Blanca para llevar a cabo simultáneamente los procesamientos en las cortes
federales y en las audiencias militares todavía es válida.
Sin embargo, teniendo en cuenta los antecedentes de Obama de doblegarse ante la presión
republicana en casi todo lo referente a Guantánamo, me parece altamente
improbable que se predisponga a que le caiga una avalancha de criticismo,
moviendo prisioneros a hurtadillas para hacer un juicio en los EE.UU. usando
fondos del Departamento de Justicia.
Si eso llegara a pasar, él ya habría firmemente defendido los juicios federales, pero la triste
verdad es que, cuando se lo ofreció la oportunidad no lo hizo. Esa oportunidad
ocurrió en octubre y noviembre, durante el juicio y condena de Ahmed Khalfan
Ghailani, la única persona transportada por la administración de Obama de
Guantánamo a los EEUU para enfrentarse a un tribunal federal (cosa que pasó en Mayo de 2009,
antes de que el Congreso decidió hacer todo lo que
pudo para usurpar los poderes del Presidente). Cuando el jurado condenó a Ghailani por un cargo de conspiración,
en conexión con el bombardeo de la embajada de los Estados Unidos en
Dar-es-Salaam, Tanzania, en agosto de 1998, y lo absolvió de las otras 284
acusaciones, Obama no alzó su voz para defender el sistema legal, permitiendo a sus retorcidos críticos comportarse
como si Ghailani había de alguna manera escapado a su castigo, a pesar de que
se enfrentaba a una sentencia mínima de 20 años, y, cuando hoy se le impuso la
sentencia, recibió cadena perpetua sin libertad
condicional.
La Triste Historia de las Audiencias Militares
Con las audiencias otra vez en juego, la única esperanza para los que creen, correctamente, que
los tribunales federales son la única manera legal para procesar delitos
relacionados con el terrorismo, es que el sistema, primero sacado de las cenizas por Dick Cheney en noviembre
de 2001, y revisado por el Congreso en el otoño del 2006, y otra vez en el 2009 (bajo Obama), después de que la Corte
Suprema dictó en junio de 2006 que la versión de Cheney estaba en violación
tanto con la Convención de Ginebra y el Código de Uniformidad de la Justicia
Militar, sea un fracaso, como lo fue en todos los anteriores intentos – tres
convicciones bajo Bush, y dos bajo Obama:
- David Hicks, un australiano, que, en Marzo de 2007, aceptó una
sentencia de conformidad y fue puesto en libertad nueve meses después;
- Salim Hamdan, un yemení y uno de varios conductores de Osama bin Laden, que fue declarado
inocente de sus cargos de conspiración por su tribunal militar, y fue liberado
cinco meses después de haber sido condenado y
sentenciado por proveer materiales de apoyo al terrorismo en agosto de 2008;
- Ali Hamza al-Bahlul, un yemení que hizo un video de propaganda para al-Qaeda, y recibió cadena perpetua
en noviembre de 2008 después de un juicio unilateral en el que rehusó su defensa;
- Ibrahim al-Qosi, de Sudán, por un tiempo chef para los miembros de al-Qaeda en un campamento usado por
Osama bin Laden, que, aceptó una sentencia de
conformidad en julio del año pasado, y espera ser puesto en libertad en
Julio de 2012; y
- Omar Khadr, un canadiense, y antiguo niño prisionero, que fue llevado a un tribunal por Obama
a pesar de su edad (lo que hubiera sido una garantía para ser rehabilitado en
lugar de enjuiciado), y que aceptó una sentencia de
conformidad en octubre, que le obliga a servir un año más en Guantánamo
y después será repatriado para cumplir siete años más en Canadá.
De todos ellos, el juicio de Omar Khadr ha tenido que ser el de mayor humillación para la
administración de Obama, y un signo claro de los problemas por llegar, ya que
su declaración de culpabilidad contenía falsos crímenes de guerra inventados
por el Congreso, y fue al mismo tiempo deprimente y vergonzoso ver a Obama
presidiendo un sistema en el que se obligó a Khadr a aceptar que él era un “extranjero
sin privilegios enemigo beligerante,” cuya participación – o presencia – en el
tiroteo de julio de 2002 que produjo su captura fue ilegal.
Los hombres que van a ser juzgados por las Audiencias Militares
Como el New York Times explicó la última semana,
los hombres que se esperan juicio incluyen de tres a cinco hombres mencionados por el Fiscal General Eric Holder
el 13 noviembre de 2009, el mismo día que él
anunció el juicio por un tribunal federal, de Khalid Sheikh Mohammed y
los supuestos co-conspiradores del 11 Sept. Una vez ya resueltos los casos de al-Qosi
y Khadr, los restantes tres son Noor Uthman Mohammed, Ahmed Mohammed al- Darbi
y Abd al-Rahim al-Nashiri. Un cuarto hombre, afgano, es Obaidaullah. Todos
estos hombres (como al –Qosi y Khadr) son los que quedan de la era de las
Audiencias de Bush, cuando 29 hombres en total fueron acusados, pero sólo fueron llevados a juicio tres de
ellos, como mencionamos anteriormente.
Noor Uthman Muhammed
En el caso de Noor Uthman Muhammed, acusado de ser un jefe emir de un campamento de entrenamiento
en Afganistán, el principal problema es un reporte de su más reciente audiencia
en Guantánamo el septiembre pasado, hecho por Raha Wala, un becante de Ley y
Seguridad de Georgetown, que asistió a la audiencia
en nombre de Human Right First, y describió alguno de los fallos en las
Audiencias que he descrito anteriormente. Wala escribió:
Una de las razones por las que el caso Noor es un mal caso para la
acusación por crímenes de guerra es que no está muy claro si las audiencias
militares tienen algún tipo de jurisdicción sobre Noor por crímenes que el
gobierno dice que cometió. La mayoría de los supuestos actos criminales
cometidos por Noor ocurrieron entre mediados de los 1990 y el 2000, antes de
que los EEUU entraran en guerra con nadie. Sin embargo, las audiencias
militares se crearon después del ataque terrorista del 11 Septiembre, para
juzgar a individuos por crímenes de guerra, levantando dudas sobre si las
audiencias militares han tenido nunca jurisdicción sobre el caso Noor. Los crímenes que Noor supuestamente
cometió – material de apoyo al terrorismo y conspiración – no son
tradicionalmente leyes de violaciones de guerra que son los casos que juzgan
las audiencias militares. Por otra parte, los intentos del Congreso para
codificar material de apoyo y conspiración como crímenes de guerra pueden ser vistos
como un intento de imponer un castigo después de los hechos, con las audiencias
militares como el vehículo para juzgar a individuos como Noor por “crímenes de
guerra” que simplemente no existían cuando esos supuestos actos ilegales
ocurrieron.
Del mismo modo, Noor debe considerarse un “enemigo beligerante sin
privilegios” para que la audiencia militar tenga jurisdicción sobre él. Esto
significa que la fiscalía tiene que probar que Noor estaba efectuando
hostilidades ilegales durante un conflicto armado. Sin embargo, como se dijo
anteriormente, los Estados Unidos no estaban en guerra en los 90 durante los
supuestos crímenes de Noor. Y Noor niega que estuviera afiliado con ningún
grupo armado, aunque el gobierno de los Estados Unidos reclama que el estaba
proveyendo apoyo para un campo de entrenamiento del Talibán (en realidad el
campo Khaldan, que era independiente tanto del Talibán como de al-Qaeda).
Incluso si las acusaciones del gobierno de los EEUU son precisas, todavía no
está claro si el Talibán estuvo envuelto en ningún conflicto armado durante el
tiempo de los supuestos actos ilegales cometidos por Noor.
Otro de los problemas del gobierno es que el caso de Muhammed está relacionado con otros dos que la
administración debería estar muy preocupada de dar publicidad: el de Abu Zubaydah, el supuesto “detenido de primera
clase” para quien fue diseñado el primer programa de tortura de la CIA, y
quien, como se averiguó luego, no era en absoluto una figura importante en
al-Qaeda y el de Ibn al-Shaykh al-Libi, el
emir de Khaldan, que fue sacado de Egipto por la CIA, y torturado hasta que
confesó lazos inexistentes entre Saddam Hussein y al-Qaeda, que fueron usados
para justificar la invasión de Irak en Marzo de 2003, y que más tarde regresó a
Libia, donde en Mayo de 2009 murió en circunstancias misteriosas. A pesar de
eso, los fiscales en el caso de Muhammed declararon la intención de usar los
diarios personales de Abu Zubaydah como prueba cuando su caso llegue a juicio.
Ahmed Mohammed al-Darbi
En el caso de Ahmed Mohammed al-Darbi, de Arabia Saudita, aprehendido in Azerbaijan en Junio de
2002 y entregado en custodia a los Estados Unidos en Bagram, Afganistán, antes
de ser enviado a Guantánamo, el mayor problema para el gobierno es que su caso
está manchado con tortura. Está acusado de atentar un ataque a un barco en el
estrecho de Ormuz, de reunirse con Obama bin Laden y participar en un campo de
entrenamiento en Afganistán, pero en la audiencia de Septiembre de 2009, su abogado civil, Ramzi Kassem, exhortó que
las 119 declaraciones que al-Darbi hizo en los interrogatorios se anularan, debido a que se obtuvieron a través
de tortura y abusos, incluyendo golpes, amenazas de violaciones, privación
sensorial, privación del sueño, y humillación sexual, en Bagram, donde al-Darbi
estuvo preso por ocho meses, y en Guantánamo (la declaración completa de
al-Darbi puede leerla aquí).
Abd al-Rahim al-Nashiri
El caso más problemático es el de Abd al-Rahim al-Nashiri, uno de los 14 “detenidos de primera clase” que se
transfirieron a Guantánamo en septiembre de 2006, después de haber estado
detenido en cárceles secretas de la CIA por casi cuatro años. Yo he estado
escribiendo de los problemas del caso de al-Nashiri desde que fue originalmente acusado en junio de 2008, y estos
fueron sumariados la pasada semana, cuando el New York Times publicó que:
[Su caso] podría atraer atención mundial porque fue previamente detenido en cárceles
secretas de la Agencia de Inteligencia Central y es uno de tres detenidos que
se sabe fueron objeto de las técnicas de ahogo conocidas como “el submarino.”
El teniente comandante de la Marina, Stephen Reyes, un abogado militar designado para defender a Nashiri,
declinó cualquier comentario en el caso. Pero el notó que dos de los supuestos
co-conspiradores de Nashiri fueron acusados en un tribunal civil federal en el
2003, y dejó claro que la Defensa, resaltará el tratamiento que Mr. Nashiri
recibió bajo custodia de la CIA.
“Nashiri está siendo juzgado
por las audiencias por el asunto de la tortura,” Reyes dijo. “De otro modo el
habría sido procesado en Nueva York con sus supuestos co-conspiradores.”
El Times puede que también mencionó que, poco después de la captura de al-Nashiri, fue amenazado con
una pistola y una taladradora eléctrica, en una prisión secreta de la CIA en Tailandia, y después llevado a Polonia,
donde, en septiembre pasado, se le concedió la
condición de “víctima” en una investigación en curso por la complicidad
de Polonia en el establecimiento de una prisión secreta de la CIA en Stare
Kiejkuty, cerca de Szymany.
Obaidullah
Del último de ellos, Obaidullah (también deletreado Obaydullah), la decisión de seguir el juicio con
una Audiencia Militar demuestra que, al igual que con el presidente Bush, el
motivo enfermizo de las Audiencias es hacer una “limpieza” no sólo de supuestos
terroristas, sino también de figuras más pequeñas de la insurgencia Afgana,
cuya conexión con el terrorismo sólo se justifica bajo los términos absurdos de
la “Guerra contra el Terror,” que trata a los terroristas y soldados de la
misma manera, intentando criminalizar a los soldados y denegando juicios
criminales a los terroristas.
Hace un año, cuando Eric Holder anunció que Obaidullah había sido
acusado, revisé un artículo que yo escribí
cuando se le acusó por primera vez en septiembre de 2008 bajo el presidente Bush,
notando no sólo que tenía demandas convincentes de que había sido torturado por
las tropas de los Estados Unidos en Bagram, pero que también había sido
acusado de “conspiración” y “de proveer materiales de apoyo al
terrorismo,’ basado en la más pequeña alegación hasta la fecha: esencialmente
el simple hecho de que, “(el) o alrededor del 22 Julio de 2002,” él guardó y
escondió minas anti-tanques, otros artilugios explosivos y equipo parecido” ;
que él “escondió en su cuerpo una libreta con descripciones de cómo conectar y
detonar artilugios explosivos”, y que él “sabía o intentaba” que sus
“materiales de apoyo y habilidades iban a usarse para preparar y llevar a cabo
un ataque terrorista.”
Como ya expliqué:
No se necesita ser un gran pensador para ver que esas acusaciones son un gran ejemplo deprimente de la
política perturbadora de la Administración en la redefinición del post 11 Sept de “los crímenes de guerra,” que
aparentemente permiten a las autoridades de los Estados Unidos el derecho a ecualizar
actos menores de insurgencia cometidos por un ciudadano en una nación ocupada,
con terrorismo.
En conclusión, mientras que las acusaciones contra Obaidullah siguen siendo incomprensibles,
no hay razón para suponer que los inventados crímenes de guerra mal interpretados a otros hombres asegurarán que su juicio
por las Audiencias Militares – también tocados por la evidencia de tortura -
asegurará sentencias convincentes, o legítimas fuera de los Estados Unidos.
Enero realmente es el mes más cruel, al menos para aquéllos que languidecen en la prisión del
Pentágono de Guantánamo.
Andy Worthington es el autor de Documentos de Guantánamo: Historias de los 774 detenidos en la Cárcel
Ilegal de América.
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