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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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Por qué las muertes en Yemen son cinco veces más altas de lo que te han hecho creer

Por Nicolas J. S. Davies
Counterpunch
9 de noviembre de 2018

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar 9 de febrero de 2019


Fotografía cortesía de Felton Davis | CC BY 2.0

En abril, hice nuevas estimaciones acerca de la cantidad de muertes de la guerra estadounidense post 2001 en un reporte de tres partes en Consortium News. Calculé que estas guerras han matado a varios millones de personas. Explicó que lo que ha sido amplia, pero con bajas estimaciones los números de combatientes y civiles asesinados ronda entre una quinta y una veinteava parte de los números reales de gente asesinada en zonas de guerra estadounidenses. Una de las ONG responsables de registrar esos números bajos aceptó que, efectivamente, lo estaba haciendo por lo menos de uno a cinco, como sugerí en mi reporte.

Una de las fuentes que examiné para mi reporte fue la ONG británica llamada ACLED (Proyecto de información de eventos y localización de conflicto armado, siglas en inglés), que ha recopilado cuentas de muertes por guerra en Libia, Somalia y Yemen, más o menos el mismo número que tiene la WHO (Organización Mundial de la Salud, siglas en inglés), cuyas encuestas son regularmente citadas como estimados de muertes de guerra en Yemen por agencias de la ONU y de la prensa mundial. ACLED estima que el número real de personas asesinadas en Yemen es entre 70,000 y 80,000.

Sus estimados no incluyen los miles de yemeníes que han muerto por causas indirectas de la guerra, como inanición, desnutrición, enfermedades prevenibles como difteria y cólera. La UNICEF reportó en diciembre del 2016 que un niño moría cada diez minutos en Yemen y que la crisis humanitaria estaba empeorando desde entonces, así que el total de muertes causadas directa e indirectamente por la guerra debe de ser ahora cientos de miles.

Otra ONG, el Proyecto de Información de Yemen (Yemen Data Project) reveló en septiembre del 2016 que por lo menos un tercio de los ataques aéreos saudís, muchos de los cuales son ejecutados por avionetas construidas y reabastecidas por los Estados Unidos con bombas estadounidenses, estaban atacando hospitales, escuelas, mercados, mezquitas y otros objetivos civiles. Esto ha dejado, por lo menos a la mitad de los hospitales e instalaciones de salud en Yemen con daños o destruidas y con dificultades para poder atender las bajas de la guerra o servir a sus comunidades, mucho menos para poder tener figuras significativas para los estudios de la OMS.

En cualquier caso, incluso estudios comprensivos de hospitales que funcionan completamente solo capturarían una fracción de las muertes violentas en un país roto por la guerra como Yemen en donde aquellos asesinados en el conflicto bélico no mueren en hospitales. Y aun así la ONU y la prensa mundial han continuado a citar estadísticas de la OMS como estimados fidedignos y de confianza del total de gente muerta en Yemen.

La razón por la cual digo que estos estudios acerca de las muertes civiles en zonas de guerra estadounidenses están dramática y trágicamente mal porque eso es lo que los epidemiólogos han encontrado cuando seriamente han estudiado la mortandad basada en estadísticas bien establecidas en zonas de guerra alrededor del mundo.

Los epidemiólogos han usado recientemente las mismas técnicas para estimar acerca de la muerte de alrededor de tres mil personas por el huracán María en Puerto Rico. Los resultados en zonas de guerra como Ruanda y El Congo han sido ampliamente citados por líderes políticos occidentales y la prensa sin ningún tipo de controversia.

Cuando algunos de los mismos expertos de salud pública que trabajaron en Ruanda y El Congo usaron esos métodos para calcular cuántas personas habían muerto como resultado de la invasión estadounidense y británica en Irak en dos estudios publicados en la revista médica Lancet en 2004 y 2006, encontraron que acerca de 600,000 personas habían sido asesinadas en los primeros tres años de ocupación y guerra.

La gran aceptación de estos resultados han sido un desastre geopolítico para los gobernantes de EE.UU. y el Reino Unido y habrían desacreditado posteriormente la prensa occidental que había actuado como porristas para la invasión y seguían culpando a las víctimas iraquíes de la ocupación ilegal de su país por la violencia y el caos. Así que, a pesar de que el consejero científico del Ministro de Defensa británico describió el diseño de los estudios de Lancet como “robusto” y sus métodos como “cercanos a lo mejor en práctica”, y que los oficiales británicos admitieron de manera privada que “estaban en lo correcto”, ambos gobiernos lanzaron una campaña concertada para desacreditarlos.

En el 2005, mientras los oficiales americanos y británicos, junto con sus acólitos en los medios corporativos “ensuciaban” su trabajo, Les Roberts de la Escuela de Salud Pública de Johns Hopkins (ahora en Columbia), el autor principal del estudio de 2004, le dijo a Medialens un organismo de vigilancia de los medios en la Reino Unido “es raro que la lógica de la epidemiología abrazada por la prensa diariamente acerca de nuevas drogas o riesgos de salud de alguna manera cambien cuando el mecanismo de muerte es de fuerzas armadas”.

Roberts estaba en lo cierto acerca de que esto era raro, en el sentido en que no había bases científicas para levantar objeciones hacia su trabajo y sus resultados. Pero no estaba tan raro que los líderes políticos en orden de batalla usaran todas las herramientas a su disposición para intentar salvar sus carreras y sus reputaciones y para preservar la futura libertad de acción de sus países para destruir otros que se interpusieran en el camino del escenario mundial.

Para el 2005 la mayoría de los periodistas occidentales en Irak estaban agazapados en la Zona Verde fortificada de Bagdad, reportando principalmente desde el CENTCOM. Si se aventuraban a salir, permanecían empotrados con las fuerzas estadounidenses que viajaban en helicóptero o en convoy armado entre las bases fortificadas. Dahr Jamail fue uno de los increíblemente valientes reporteros americanos en el Irak real que “no encajó” Más allá de la Zona Verde (Beyond the Green Zone), como el título de su libro, acerca de su tiempo ahí. Dahr me dijo que él pensaba que el verdadero número de iraquíes asesinados podría ser todavía más grande que el estimado en los estudios Lancet y que ciertamente no era mucho más bajo que lo reportado de manera insistente por la máquina de propaganda occidental.

Al contrario de los gobiernos occidentales y la prensa, acerca de Irak, las agencias de la ONU y la misma prensa occidental acerca de Afganistán y Yemen, ACLED no defiende su previamente inadecuado y engañoso estimado de las muertes de guerra en Yemen. En lugar de eso, está llevando a cabo revisiones de sus fuentes para lograr un estimado más realista acerca de cuánta gente ha sido asesinada. Trabajando con la fecha actual yendo hacia atrás hasta enero del 2016, se calcula que un total de 56,000 personas han sido asesinadas desde entonces.

Andrea Carboni de ACLED le dijo a Patrick Cockburn de la revista Independent que cree que el estimado de muertes en tres años y medio será entre setenta y ochenta mil cuando termine de revisar sus fuentes hacia atrás hasta llegar a marzo del 2015, cuando Arabia Saudita, Estados Unidos y sus aliados lanzaron esta guerra horrorosa.

Pero el verdadero número de gente asesinada en Yemen es inevitablemente más alto de lo que calcula ACLED en su versión revisada. Como expliqué en mi reporte en Consortium News ningún esfuerzo por contar los muertos por parte de los medios, recuentos de hospitales y otras fuentes “pasivas”, no importa cuán detallados sean, podría nunca contar los muertos de la violencia y caos de un país destrozado por la guerra.

Este es el motivo por el cual los epidemiólogos han desarrollado técnicas estadísticas para producir con más precisión el número de muertos en zonas de guerra alrededor del mundo. El mundo todavía está esperando un recuento genuino del verdadero costo de la guerra saudí-estadounidense contra Yemen y de, ciertamente, todas las guerras americanas post 11/9.


 

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