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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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Glenn Beck... los "Padres Fundadores"... y una alternativa radical REAL

primera parte

Durante los últimos años, Glenn Beck ha llamado "una vil escoria" (sus palabras) a los sobrevivientes del huracán Katrina, en su abrumadora mayoría pobres y negros, que se habían quedado encerrados en el estadio Superdome. También ha despotricado que la gente progresista es un "cáncer" que hay que "erradicar" del país. En un episodio de su programa televisivo, Beck imaginó (con un regodeo mal disimulado) un posible levantamiento armado de "bubbas" (racistas blancos). Dice que la Casa Blanca de Obama es fuertemente influenciado o incluso dirigido por comunistas, y que Obama siente "un odio profundamente arraigado hacia los blancos y hacia su cultura". Toda una gama de milicianos derechistas, chusmas del Partido del Té y gente desesperada fuertemente armada adopta muchas de sus ideas acerca de cómo es el mundo y consigue dirección organizativa de él.

Sin embargo, Glenn Beck alega que lo único que está diciendo en realidad es que Estados Unidos debe regresar al gobierno que los "Padres Fundadores" imaginaron y recetaron en la Constitución de Estados Unidos. Que el país debe regresar a los tiempos antes de que el "gran gobierno" saliera fuera de control, con la colusión de los dos partidos políticos, y antes de que una clase política obsesionada por impuestos esclavizara a la clase media con el fin de financiar programas que alimentan a corruptos y flojos, sean de Wall Street o los que reciben asistencia pública.

¿Está ideologizando y organizando Glenn Beck a un reaccionario movimiento draconiano, racista y siniestro? ¿Es un precursor y organizador del fascismo? ¿O será, como él dice, que simplemente se fundamenta en los valores y la visión de los "Padres Fundadores"?

La respuesta, como veremos, es que Beck está haciendo ambas cosas. Y eso plantea un enorme reto para todos los que se indignan por las atrocidades que él vomita y por lo que representa.

Los valores de los "Padres Fundadores" y la realidad de Estados Unidos

Glenn Beck invoca continuamente a una sociedad ideal de individuos que se esfuerzan por llegar al "éxito", unos en competencia con otros, y con una mínima injerencia del gobierno. Él puede decir, y con cierta justificación, que se inspira en el ideal de los Padres Fundadores acerca de cómo organizar la sociedad.

Antes de pasar al hecho de que muchos de los "Padres Fundadores" (por ejemplo, George Washington, Thomas Jefferson y James Madison) eran dueños de esclavos, examinemos esa visión, en su expresión "mejor". En sus escritos Thomas Jefferson elogió una sociedad basada en el pequeño granjero. Planteó una visión de sociedad definida por la existencia de pequeños propietarios más o menos iguales. Esta es la visión que Beck invoca y que es atractiva para un público importante.

En realidad esa sociedad basada en el pequeño granjero nunca existió en Estados Unidos. Desde luego, muchas personas eran pequeños granjeros durante gran parte de la historia estadounidense. Pero Jefferson, al igual que Washington, Madison y otros, representaron y fueron ellos mismos parte de una clase de grandes propietarios, incluidos dueños de esclavos. Su propia riqueza era el producto de la esclavización de otros seres humanos. Lo que es más fundamental, actuaron como representantes políticos y literarios de una clase de explotadores. El punto de vista y los intereses de esos grandes terratenientes explotadores, por un lado, y los primeros capitalistas, por el otro, fueron lo que quedó expresado en la Constitución de Estados Unidos. El estado creado dijo representar a todos. En la práctica representaba, y solo podía representar, la clase dominante de esa época. Por eso hasta el rumor de una rebelión de esclavos llevaba a la represión. Incluso rebeliones de granjeros pobres (blancos) durante los primeros años del país, por ejemplo, eran reprimidas con saña por ese mismo estado.

Es más, incluso si se hubiera creado de alguna manera una sociedad de pequeños granjeros relativamente iguales, dicha sociedad habría evolucionado rápidamente hacia el mundo en que vivimos hoy: una sociedad de abismales divisiones entre ricos y pobres, y entre explotadores y explotados. Forzosamente habría sido necesario crear un estado, con un ejército y un poder ejecutivo al centro, para proteger los intereses de los ricos y reprimir a los pobres, y para contender violentamente con otros países capitalistas imperialistas a fin de saquear el mundo y oprimir a otras naciones. Dicha sociedad habría producido una cultura, valores y leyes que reflejaran y beneficiaran a la clase que había llegado a la cima para explotar a los demás.

¿Por qué es todo eso inevitable? En la sociedad de pequeños granjeros que Jefferson idealizaba, por ejemplo, algunos agricultores, con mejores tierras, familias más numerosas, mejor clima, etc., pronto habrían prosperado. Otros que tenían peores tierras o menos hijos para labrar la tierra o que sufrían de mala salud, habrían quedado atrás y se habrían endeudado. Dentro de poco, esos pequeños granjeros se habrían arruinado. Así, de acuerdo al "funcionamiento normal" de este proceso, unos cuantos granjeros hubieran llegado a la cima, y los que se llevaran la peor parte en cuanto a tierras, recursos, etc., se habrían visto obligados a venderse a sí mismos, o sea, en términos específicos del capitalismo habrían tenido que vender su capacidad de trabajar, a quienquiera tuviera los recursos para emplearlos. Los que terminaran por ser dueños de los medios de producción, o sea, las tierras, las herramientas de agricultura, el ganado, etc., habrían estado así en una posición de poder explotar a otros pagándoles solamente lo necesario para poder sobrevivir y parir a nuevos esclavos asalariados, al mismo tiempo que se apropiaban toda la gran riqueza creada. Y, una vez más, incluso en este proceso ideal, los que "llegaron a la cima" pronto dejarían de trabajar ellos mismos y se dedicarían a supervisar la explotación de otros que se veían obligados por necesidad a trabajar para ellos. Este proceso, tal como en el mundo real, habría continuado adelante regido solo por las leyes ciegas del capitalismo, destrozando a la mayoría de los que quedaban atrapados en su engranaje.

Así, examinando concretamente cómo todo eso se habría desarrollado, podemos ver un ejemplo de por qué, incluso cuando existe una igualdad formal, solo disfraza y perpetúa una profunda desigualdad y explotación. Y, claro, la fundación de Estados Unidos distaba mucho de ese ideal; la verdad histórica es que se basó en el casi genocidio de los pueblos que ya vivían aquí, los indígenas americanos, y la esclavización durante siglos de millones de personas secuestradas en África.

La "inviolabilidad" de los derechos capitalistas de propiedad

Glenn Beck insiste en que los "Padres Fundadores" consideraban la propiedad privada, y los derechos de propiedad, como lo más sagrado e inviolable de todo. Y eso es cierto. Su libro Glenn Beck’s Common Sense: The Case Against an Out-of-Control Government, Inspired by Thomas Paine [Sentido común de Glenn Beck: El argumento contra un gobierno fuera de control, inspirado por Thomas Paine] recalca una cita de John Adams, uno de los "Padres Fundadores", que expresa la esencia de las "libertades" consagradas en la Constitución: "El momento en que la idea se acepta en la sociedad de que la propiedad no es igual de inviolable como las leyes de Dios y que no hay ninguna fuerza de ley ni de justicia pública que lo proteja, ahí comienzan la anarquía y la tiranía" (página 82)1.

Sin embargo, la Constitución de Estados Unidos, cuando se escribió, reflejaba y hacía satisfacer las necesidades de formas de propiedad muy específicas: es decir, las que correspondían al capitalismo, por un lado, y a la esclavitud por el otro. Con la guerra de Secesión de 1861 a 1865, se enmendó la Constitución para abolir la esclavitud y para corresponder más completamente a las formas de explotación capitalista, y extenderlas. Esta es la propiedad privada que la Constitución protege ante todo. Cuando el dueño del negocio Whole Foods afirmó, durante el debate sobre la reforma sanitaria, que no hay ningún derecho constitucional a la asistencia médica, fue una declaración cruel y desalmada, pero muy en lo cierto en cuanto a la Constitución. Es más, definitivamente no hay nada en la Constitución que prohíba la explotación.

La consagración de los derechos de propiedad como el derecho más "sacrosanto" se desarrolló en la realidad concreta de los comienzos de la sociedad estadounidense, en la forma de robar violentamente tierras de los pueblos indígenas y declararlas la "propiedad privada" de quienes las habían robado (o en aras de cuyos intereses las habían robado). También se expresó en la represión de levantamientos de las clases inferiores, incluidos los esclavos.

Lo inviolable y "sacrosanto" aquí es el derecho de los capitalistas a apropiarse el trabajo de otros; acumular siempre más riqueza y poder mediante esa acumulación; y usar dicha riqueza y poder para dominar el instrumento del Estado y usar dicho estado para reprimir aún más a las clases explotadas. Hoy en día, la mayor parte de las necesidades de la sociedad se satisfacen mediante el trabajo colectivo de la principal clase reprimida en la sociedad, el proletariado; sin embargo, ese trabajo socializado es apropiado por unos cuantos capitalistas individuales, hablando relativamente. Entre los capitalistas, eso solo puede conducir (y siempre conducirá) a una competencia salvaje y una producción en que arrojan mercancías ciegamente al mercado con la esperanza de vender más que la competencia, sin ningún plan racional, global y basado en la necesidad social que guíe esa producción. Ha llevado, y solo puede llevar, a guerras y otras formas de contienda entre las naciones-estados que sirven como "base nacional" para bloques de capital, además de las continuas invasiones masivas, matanzas, guerras de sustitutos y acciones militares de todo tipo lanzadas contra naciones y pueblos oprimidos del mundo. En resumen, hacer que la propiedad privada sea inviolable solo conducirá al mundo de explotación, opresión, sangre y crueldad en el cual vivimos hoy, donde los derechos de propiedad, específicamente el derecho de los capitalistas a poseer y controlar los grandes recursos productivos de la sociedad, es lo más sagrado de todo.

Por lo tanto, las declaraciones capitalistas de que "todos los hombres se crearon iguales" ocultan un hecho básico y primordial en cuanto al sistema capitalista. El capitalista y el proletario (es decir, el obrero que no tiene propiedad) confrontan el uno al otro en mercado como iguales, en el sentido legal. Uno cambia su capacidad de trabajar por un sueldo; el otro cambia ese sueldo por el trabajo del primero durante un período de tiempo fijo. Pero este intercambio entre iguales se basa en una relación muy desigual, explotadora y opresiva entre dos clases, y sigue profundizándola: una clase es dueño de los medios de producir cosas (o sea, las fábricas, etc.) y así paga sueldos, y la otra no posee nada que no sea su capacidad de trabajar para ese sueldo (aquí no se trata de bienes como un carro para poder ir al trabajo, etc.) y así tiene que buscar a alguien que le dé trabajo.

En Estados Unidos, esa desigualdad encubierta, mediante un intercambio aparentemente entre iguales, quedó aún más disfrazada debido a que la noción de igualdad se reservó para los hombres blancos solamente. No se prometió ninguna igualdad formal a los negros, los indígenas o los mestizos. Se crearon clases de parias (gente considerada como infrahumana según las leyes y la cultura de la nueva sociedad estadounidense). De esa manera, desde los meros principios del país se forjó un lazo ideológico en que la gente blanca que no pertenecía a la clase dominante se identificaba en gran parte con sus opresores de la clase dominante, en oposición a los negros e indígena2.

Hemos dedicado mucho espacio a desentrañar todo esto, porque Beck fundamenta gran parte de su atractivo ideológico en "regresar a la Constitución". Y aunque es verdad, como veremos, que en realidad Beck apoya la eliminación de algunos derechos legales ahora garantizados en la Constitución, una crítica seria de su pensar no debe limitarse a defender esos elementos de la Constitución que sí protegen ciertos derechos legales de la población, sino debe hacer un examen de la naturaleza opresiva de dicha constitución, tomada en su conjunto.

SÍ, en verdad ES un caso de racismo

Glenn Beck se ofende mucho por las acusaciones de racismo lanzadas contra él o contra sus huestes. Por ejemplo, a mediados de julio, la NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color) criticó "la continua tolerancia de parte del Partido del Té de prejuicios y afirmaciones prejuiciadas". Glenn Beck respondió: "¿De qué afirmaciones hablan? No he visto ninguna". Bueno, racistas abiertos y afirmaciones racistas abundan en cada evento del Partido del Té, expresándose en la glorificación de la Confederación (y de la esclavitud) o las personas que portan imágenes de Obama con la nariz atravesada por un hueso y luciendo una falda de paja, frente a una choza de paja... con la cara blanqueada... o como un brujo africano (ver "El brote del populismo derechista: Sí, en verdad ES un caso de racismo", Revolución, #178, 4 de octubre de 2009).

Y no, no se trata de sectores al margen del movimiento del cual Beck es paladín. Una semana después de la declaración de la NAACP, Mark Williams, líder del Tea Party Express, uno de los grupos Partido del Té de más influencia, publicó en línea una perorata violentamente racista en la forma de una carta de "parodia", supuestamente de ex esclavos al presidente Lincoln, en la cual decían (mediante las palabras venenosas de un líder del Partido del Té) que la esclavitud fue un "empleo buenísimo. Tres comidas completas al día, alojamiento y toda decisión tomada por el amo de la casa". Agregaba: "Nosotros la gente de color hemos tomado una votación y decidimos que no nos cae bien eso de la emancipación. La libertad significa tener que trabajar duro, pensar para sí mismo y aceptar las consecuencias de la misma manera que los beneficios. Nosotros, la gente de color, ya soportamos eso, y ¡demandamos que se la detenga!" La perorata continuaba, otra vez supuestamente en la voz de un ex esclavo pero en realidad como expresión del racismo de ese líder del Partido del Té: "¿Cómo vamos nosotros, la gente de color, a conseguir un televisor de pantalla grande para cada habitación de la casa, si la gente que no es de color puede quedarse con todo el dinero que gane?"3

En un nivel más fundamental, Glenn Beck no tiene que invocar burdos insultos racistas él mismo para ser catalogado como un racista de primera. Su mensaje de "menos impuestos" y "gobierno más pequeño" sirve en gran medida para fomentar el odio racista hacia los negros y latinos, en particular hacia la gente pobre que vive en las zonas céntricas de las ciudades. Cuando Beck incita a sus lectores con una retórica que dice: "Aunque tú trabajaste duro, vivías con prudencia y gastabas sabiamente, aquellos que hacían lo contrario ahora están siendo rescatados a tu cuenta", está usando palabras que ya son un tipo de "clave" para desatar precisamente ese tipo de arrebato intensamente racista.

Después de todo, su oposición a los impuestos y al gran gobierno no se extiende al que recibe la mayor parte, y con mucho, del "dinero de los contribuyentes" estadounidenses: el enorme aparato militar que posibilita la existencia del imperio estadounidense, al imponer a la fuerza la explotación capitalista imperialista y la destrucción del medio ambiente, y al aplastar cualquier tipo de oposición política por todo el mundo. Beck es un partidario entusiasta de toda la guerra estadounidense en el Medio Oriente y más allá.

Los arrebatos de Beck contra el "gran gobierno" tampoco incluyen oposición, por ejemplo, a las enormes subvenciones a la industria petrolera expresadas en investigaciones ("financiadas por los contribuyentes"), proyectos de infraestructura como caminos y exenciones tributarias sumamente cuantiosas. Entonces... ¿qué es lo que queda? Los servicios básicos gubernamentales, que en el perverso mundo de Beck y sus simpatizantes son dádivas para los negros y los latinos. El hecho de que los partidarios del movimiento del Partido del Té son capaces de demandar sistemáticamente (y a instancias de sus líderes): "Gobierno ¡manos fuera de mi Medicare!", sí revela que es un movimiento de gente que es incapaz de pensar críticamente. Pero, más fundamentalmente, eso es una ilustración de la mentalidad de un sector de la población para quienes los programas gubernamentales que benefician a ellos, ¡no son en realidad programas gubernamentales!4 Desde su punto de vista, los programas como Medicare son una especie de derecho que naturalmente les corresponden (como personas blancas). Al mismo tiempo consideran que los programas gubernamentales, por minúsculos que sean, que parecen proveer un tantito de ayuda a los que no son blancos, son un regalo de "dinero de los contribuyentes, ganado a duras penas" a gente que es, como Beck llamó a los negros desesperados y pobres que quedaron encerrados en el Superdome tras el huracán Katrina... en sus propias palabras, "una vil escoria".

En resumen, los llamados de Glenn Beck por un "gobierno pequeño" y "menos impuestos" son palabras en clave para el racismo.

Las obcecadas peroratas racistas de Glenn Beck contra las reparaciones

En los días antes de la aprobación de la muy limitada "reforma sanitaria" de Obama, Glenn Beck dijo: "Barack Obama está creando un cuidado médico universal, estudios universitarios para todos y trabajos verdes como reparaciones simuladas. De esa manera se mantiene la condición de víctima. Y también retoma la cuestión de reparaciones, por la puerta de atrás".

Aquí Beck está refiriéndose a la demanda de pagar reparaciones a los afroestadounidenses por dos siglos y medio de trabajo espantoso como esclavos. Y a eso hay que responder: ¿Qué tendría eso de malo? Que se paguen reparaciones por los horrores de la esclavitud, por la riqueza incalculable exprimida con el sudor y la sangre de los esclavos, por el bárbaro crimen moral, además del profundo legado que ha dejado hoy... esta es una demanda justa. Pagar reparaciones a los descendientes de los esclavos afroestadounidenses, no importa la suma, solo tocaría la superficie y no alcanzaría para reparar la gran injusticia y el brutal crimen de la esclavitud.

Esa no es una cuestión solamente de historia, sino de la realidad presente. El auge de Estados Unidos, históricamente y como existe hoy, se relaciona íntima e integralmente con la esclavización de los afroestadounidenses, pues en gran parte ese auge se cimentó en ella. La gran riqueza sacada literalmente a fuerza de golpes a los esclavos afroestadounidenses, por medio de su sangre y sudor, y más tarde de los aparceros negros en el Sur, fue un elemento clave en la fundación del país tal como se desarrolló y como lo conocemos hoy. Ese obviamente fue el caso en el Sur donde, durante y después de la época de la esclavitud, los hijos del amo vivían en casas grandes e iban a las universidades a base de la riqueza producida por los esclavos o aparceros, mientras que los hijos de los esclavos o aparceros solo recibían lo más básico para vivir, si es que recibían eso.

También fue el caso en el Norte, donde la industria bancaria, de carga y manufacturera, y un nivel de vida relativamente alto para muchas personas, eran el producto directo o indirecto de la esclavitud5. En la medida en que el sistema de la esclavitud (y los vínculos entre la Confederación y la manufactura y capitalismo británicos) impidieron, u obstaculizaron, el crecimiento del capitalismo en el Norte, ese problema fue "resuelto" a favor de la clase capitalista con la victoria del Norte en la guerra de Secesión. Después de dicha guerra, los negros ya no eran la propiedad de nadie, en el sentido textual. Pero ahora su opresión se expresó en condiciones de vida casi iguales a la esclavitud, bajo el sistema de aparcería.

Mirando la otra cara de la moneda, la historia de este país se ha caracterizado por dar privilegios menores, aunque de importancia social, a muchos blancos. Eso ha sido cierto aunque, en el sentido más básico, este sistema no ha operado en beneficio de los intereses reales de la mayoría de los blancos, de ninguna manera. Y los blancos que no se conforman con las cosas, que "se pasan de la raya", protestan o se rebelan, o incluso tratan de pensar con ojos críticos, se han enfrentado a la "mano de hierro" del sistema.

Desde un principio, las tierras robadas a los indígenas se repartían a granjeros blancos. Después de la guerra de Secesión, sus hijos recibían capacitación, subsidiada por el gobierno, en métodos avanzados de agricultura e ingeniería, en universidades fundadas para ese propósito. (Por supuesto, Glenn Beck y sus simpatizantes indudablemente habrían apoyado esas dádivas gubernamentales).

Tras la II Guerra Mundial, todo eso llegó a ser aún más sistemático. A raíz de la guerra, Estados Unidos se lanzó contra las naciones oprimidas de Asia, África y Latinoamérica (que antes eran dominadas por países europeas) e incorporó a gran parte del globo a su imperio. Debido a la extrema explotación de los países del tercer mundo (Asia, África y Latinoamérica), la clase dominante de Estados Unidos podía ofrecer a grandes sectores de la población estadounidense un alto nivel de vida, según indicadores como la "libertad" de vivir en un vecindario segregado, tener carro y pasar 30 años en un trabajo seguro, aunque insípido, y después jubilarse.

Dicho "estilo de vida estadounidense" siempre había tenido raíces en la supremacía blanca, y el racismo blanco lo empapaba. Tras la II Guerra Mundial, por ejemplo, las dependencias federales dieron préstamos a los ex combatientes blancos para poder comprar una casa, pero por política oficial la gente negra quedó excluida de los suburbios, discriminada continuamente al pedir préstamos y canalizada a apiñados multifamiliares de pobre construcción en el centro de las ciudades. Otra vez: se trató de la política del gobierno federal6. Seguían existiendo dos "Estados Unidos", entidades distintas y sumamente desiguales, aun cuando todo eso iba evolucionando en nuevas formas.

Sobre esa base económica, se levantó una superestructura — es decir, las leyes, las instituciones políticas y sociales, la cultura, la moral y otras ideas. Entre las principales ideas en esa superestructura estaba la noción completamente falsa de que el alto nivel de vida en Estados Unidos se debía a la "ética de trabajo" de sus ciudadanos (blancos), cuando en realidad se debía a una combinación del robo de todo un continente, el secuestro y esclavización durante siglos de un pueblo y una larga historia de guerras rapaces y acciones militares en el extranjero. Esa idea sería risible, si no fuera tan ampliamente aceptada y tan vilmente cruel en sus efectos.

Y durante todo ese proceso, mediante el funcionamiento de este sistema y las políticas elaboradas conscientemente para promover privilegios para los blancos, los gobernantes de Estados Unidos han mantenido relativamente estables, apaciguados y leales a grandes sectores de la población.

Sin embargo, hoy todo eso enfrenta tremendas tensiones y presiones, y la amenaza de que todo se venga abajo. Con el desarrollo de la situación, se plantean grandes preguntas acerca de cómo volver a aglutinar este sistema de horrores, o si se debiera hacerlo... o luchar para forjar un mundo completamente diferente. Como veremos en la segunda parte, Glenn Beck propone una respuesta extremadamente racista y extremadamente fascista a esa pregunta. También veremos, y explicaremos, que otros sectores de la clase dominante están paralizados actualmente frente a Beck y gente de su calaña. No obstante, también demostraremos que HAY otra respuesta... HAY otro camino... para salir de la crisis siempre más profunda que hoy está azotando la sociedad estadounidense.

Continuará.

 

Notas

1. Beck sigue inmediatamente esta cita en su libro Glenn Beck’s Common Sense con una de Carlos Marx: "Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada". Aunque esa cita se ha distorsionado con afirmaciones de que significa que nadie tendrá nada de propiedad privada (ni siquiera un cepillo de dientes), Marx y Engels dejaron en claro en este pasaje del Manifiesto del Partido Comunista de donde proviene la cita: "El comunismo no priva a nadie del poder de apropiarse productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno". [regresa]

2. La Constitución de Estados Unidos tampoco reconoció la igualdad de la mujer de ninguna raza, y esa condición de subordinada también llegó a ser (y sigue siendo) parte del "aglutinante" ideológico del "Estados Unidos para hombres blancos". [regresa]

3. A raíz del llamado de la NAACP y la atención (aunque mínima) resultante sobre el racismo del Partido del Té, la facción de Williams, el Tea Party Express, fue expulsado de una federación de otras organizaciones del Partido del Té y, más tarde, el propio Williams fue reemplazado como líder del Tea Party Express. No obstante, el punto de vista reflejado en la perorata de Williams de ninguna manera es la excepción en ese movimiento. [regresa]

4. Ver "Keep Your Goddamn Government Hands Off My Medicare!" [Gobierno maldito, ¡manos fuera de mi Medicare!] de Bob Cesca, en Huffington Post, 5 de agosto de 2009. [regresa]

5. Ver el libro Complicity: How the North Promoted, Prolonged, and Profited from Slavery [Complicidad: Cómo el Norte fomentó, prolongó y sacó ganancias de la esclavitud] de Anne Farrow, Joel Lang y Jenifer Frank, junto con los recursos relacionados en línea, o la entrevista de Revolución a Douglas Blackmon que trata la industria carcelaria de esclavos después de la guerra de Secesión (Revolución #133 y #134, 22 y 29 de junio de 2008), y también "La opresión del pueblo negro, los crímenes de este sistema y la revolución que necesitamos" en Revolución #144, 5 de octubre de 2008. [regresa]

6. Las políticas de ese tipo han tenido un enorme impacto de largo plazo, hasta hoy, sobre la política, la cultura y la economía de Estados Unidos, por ejemplo al establecer la base para los rapaces préstamos con tasas de interés ultra elevadas que se dirigían a la gente negra y que constituían unos de los aspectos más atroces de la "burbuja inmobiliaria" y su colapso. [regresa]


 

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