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El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a Polonia a pagar 262 000 dólares a los presos de los “sitios negros” de la CIA

01 de marzo de 2015
Andy Worthington


Me estoy poniendo al día con una noticia de hace dos semanas que no pude publicar en su momento porque estaba ocupado con otras dos noticias: la anulación de la condena de David Hicks en Guantánamo y la campaña en curso para liberar a Shaker Aamer.

La noticia sobre la que no tuve tiempo de informar tenía que ver con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el «centro de detención secreto» de la CIA que existió en territorio polaco entre diciembre de 2002 y septiembre de 2003. En julio del año pasado, el tribunal dictó una sentencia sin precedentes: según describió The Guardian, Polonia “había violado el derecho internacional al permitir que la CIA infligiera lo que “equivalía a tortura” en 2002 en unas instalaciones secretas situadas en los bosques del noreste de Polonia. El tribunal determinó que Polonia “permitió a las autoridades estadounidenses someter [a los detenidos] a tortura y malos tratos en su territorio” y fue cómplice de ese “trato inhumano y degradante””.

La sentencia se refería a dos de los «detenidos de alto valor» recluidos en el centro: Abu Zubaydah, un palestino nacido en Arabia Saudí, para quien se diseñó específicamente el programa de tortura, aunque posteriormente se descubrió que no estaba vinculado a Al-Qaeda, y Abd al-Rahim al-Nashiri, un saudí acusado de participar en el atentado contra el USS Cole en 2000. Ambos hombres fueron sometidos a la antigua técnica de tortura conocida como “submarino”, así como a otras diversas técnicas de tortura, y, mientras que Abu Zubaydah sigue detenido sin cargos ni juicio, al-Nashiri se enfrenta a un juicio por crímenes de guerra ante las comisiones militares de Guantánamo, un proceso que lleva años estancado en la fase previa al juicio, ya que su equipo de defensa intenta plantear la cuestión de la tortura y los fiscales hacen todo lo posible por mantenerla oculta.

Al informar sobre la sentencia, The Guardian añadió:

    La sentencia de julio supuso la primera vez que un tribunal internacional condenaba a una nación por su participación en el “programa de entregas extraordinarias de detenidos de alto valor” de la CIA, que, según registros de aviación y otras pistas, mantenía centros clandestinos en Rumanía, Afganistán, Tailandia y el atolón británico de Diego García. El tribunal consideró “inconcebible” que la CIA llevara a cabo su programa de entregas extraordinarias sin el conocimiento y consentimiento de Polonia.

La sentencia tuvo, por supuesto, una enorme relevancia, ya que continúa la búsqueda de responsabilidades por el programa de tortura, las entregas extraordinarias y los “sitios negros” de la Administración Bush.

Desde la sentencia del pasado mes de julio, como es lógico, se han dedicado páginas y páginas de prensa y horas de emisión al resumen ejecutivo del informe de la Comisión de Inteligencia del Senado de EE.UU. sobre el programa de tortura de la CIA, publicado en diciembre —una aportación extremadamente importante a nuestro conocimiento sobre el programa de tortura—, pero sigue sin haber rendición de cuentas en EE.UU., donde el presidente Obama dejó claro desde el inicio de su presidencia que no estaba interesado en exigir responsabilidades a sus predecesores por sus crímenes, y ha bloqueado cualquier intento de hacerlo en los tribunales estadounidenses.

Este mapa identifica los nueve "sitios negros" mencionados en el informe: en Tailandia, Polonia, Rumanía, Lituania y Guantánamo, y cuatro más en Afganistán.

Como expliqué en un artículo el pasado mes de febrero, “Polonia y Lituania, atormentadas por su participación en el alojamiento de prisiones de tortura de la CIA”:

    En la larga búsqueda de responsabilidades para los torturadores de la administración Bush, que ha sido frenada en gran medida por el presidente Obama, los abogados y activistas de derechos humanos han tenido que intentar avergonzar a EE.UU. a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, o bien centrarse en otros países, en particular aquellos que albergaron prisiones secretas de tortura de la CIA o que participaron explícitamente en entregas extraordinarias.

    Los éxitos han sido escasos, pero de enorme importancia: la condena de funcionarios y agentes de la CIA en Italia por el flagrante secuestro a plena luz del día de Abu Omar, un clérigo, en una calle de Milán en febrero de 2003, y la victoria judicial en Macedonia de Khaled El-Masri, un ciudadano alemán secuestrado en Macedonia, donde había ido de vacaciones, y enviado a un «centro clandestino» de la CIA en 2003 hasta que Estados Unidos se dio cuenta de que se trataba de un caso de identidad equivocada. En el Reino Unido, el tufillo a complicidad en la tortura en las más altas esferas del Gobierno de Blair condujo a indemnizaciones para los ciudadanos y residentes británicos enviados a Guantánamo.

    También se iniciaron procesos judiciales en España, aunque se hicieron grandes esfuerzos por frenarlos, en parte debido a la implicación de Estados Unidos (bajo el mandato del presidente Obama); sin embargo, uno de los casos sigue muy vivo, ya que hace apenas tres meses un juez dictaminó que podía seguir adelante a pesar del recurso presentado por el Gobierno, y actualmente se están realizando esfuerzos para que Estados Unidos rinda cuentas ante la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos por el uso de Yibuti en varios casos relacionados con “entregas extraordinarias” y “sitios negros”.

Esos esfuerzos se han visto reforzados desde la publicación del resumen ejecutivo del informe sobre torturas de la CIA, que está abriendo nuevas vías para quienes buscan que se rindan cuentas. El 17 de diciembre, por ejemplo, el Centro Europeo para los Derechos Constitucionales y Humanos, con sede en Alemania, “presentó denuncias penales contra el exdirector de la CIA George Tenet, el exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld y otros miembros de la administración del expresidente estadounidense George W. Bush”, acusándolos de “el crimen de guerra de tortura” en virtud del Código alemán de Crímenes contra el Derecho Internacional.

Además, retomando la mención anterior a Diego García, en enero de este año Lawrence Wilkerson, antiguo jefe de gabinete del secretario de Estado Colin Powell, afirmó que se habían llevado a cabo “actividades nefastas” en la isla del Océano Índico, que el Reino Unido arrienda al ejército estadounidense, y añadió que era “difícil creer” que las autoridades británicas no tuvieran conocimiento de que allí se interrogaba a prisioneros. Hasta la fecha, el Reino Unido solo ha admitido que dos vuelos que transportaban prisioneros hicieron escala en Diego García, lo que claramente dista mucho de ser una admisión completa.

Como también expliqué en mi artículo de febrero del año pasado, “Quizás la más duradera de las investigaciones en curso sea la de Polonia, uno de los tres países europeos que albergaron “sitios negros” de la CIA, siendo los otros Rumanía y Lituania”.

Los tres países aparecen mencionados en el informe del Senado sobre la tortura, pero mientras que Polonia ha estado constantemente en el punto de mira desde octubre de 2010, cuando se concedió a al-Nashiri la “condición de víctima” como resultado de una investigación fiscal (a la que siguió la de Abu Zubaydah en enero de 2011) —y, tan pronto como se publicó el informe sobre la tortura, "Alexander Kwasniewski, presidente de Polonia entre 1995 y 2005, admitió por primera vez que Polonia había aceptado albergar un “sitio negro” de la CIA”, tal y como lo expresó el Daily Telegraph—, Rumanía se había resistido sistemáticamente a abordar su papel en el programa de tortura desde que la existencia de las prisiones salió a la luz hace casi diez años.

Sin embargo, en diciembre, el exjefe de los servicios de inteligencia del país, Ioan Talpes, afirmó que Rumanía había cooperado con el programa de tortura de EE.UU., proporcionando “al menos” una prisión en el país, en la que “es probable que se encarcelara a personas y se las tratara de manera inhumana” entre 2003 y 2006. Añadió, sin embargo, que Rumanía “no había mostrado explícitamente ningún interés en saber qué hacía allí la CIA”, y que solo estaba involucrada en un esfuerzo por incorporarse a la OTAN.

Lituania, que investigó brevemente su papel en 2011, vuelve a estar en el punto de mira, tal y como informó Vice News en enero, afirmando lo siguiente:

    Un dossier y un informe presentado a la fiscalía lituana cruzan los registros de vuelo recientemente obtenidos con extractos del informe del Comité de Inteligencia del Senado de EE.UU. sobre las detenciones e interrogatorios de la CIA, que fue desclasificado en diciembre.

    Los investigadores que trabajan para la ONG de derechos humanos Reprieve recopilaron información sobre los movimientos de los detenidos, contenida en el informe del Senado, junto con registros judiciales, solicitudes de libertad de información y documentación obtenida de la organización europea de gestión del tráfico aéreo Eurocontrol, así como de otras fuentes. El dossier corrobora las acusaciones de que el sito negro “Violet”, al que se hace referencia en el informe del Comité de Inteligencia del Senado, fue una prisión secreta operada en Lituania entre 2005 y 2006 como parte del programa de entregas extraordinarias de EE.UU. posterior al 11-S.

    También aporta la prueba más sólida hasta la fecha de que, de hecho, hubo detenidos en ese centro, una afirmación que ha sido sistemáticamente desmentida por Lituania y ignorada por Estados Unidos.

En Polonia, por su parte, el tribunal europeo desestimó el 17 de febrero el recurso presentado por Polonia en octubre sin ofrecer ninguna explicación y, tal y como lo describió The Guardian, “ordenó a Polonia pagar 100 000 euros (114 000 dólares) a al-Nashiri y 130 000 euros (148 000 dólares) a Zubaydah”. El tribunal “también exigió a Polonia que llevara a cabo una investigación inmediata y exhaustiva sobre lo ocurrido en la cárcel, al considerar que su anterior investigación sobre la prisión era defectuosa e insuficiente”.

En respuesta, el ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, Grzegorz Schetyna, afirmó que el país acataría la orden judicial. “Tenemos que hacerlo”, declaró en una entrevista en la emisora polaca Trójka, “porque somos un país que respeta las leyes”.

Afirmó que los detalles tendrían que concretarse en las próximas semanas, abordando la “cuestión de cómo se gastará el dinero y si tendremos que pagarlo directamente a las personas que nos demandaron”, y añadió: “Les resultará difícil utilizarlo mientras sigan en la cárcel”. Joe Margulies, uno de los abogados de Abu Zubaydah, declaró a The Bureau of Investigative Journalism que su cliente donaría el pago “a las víctimas de tortura”.


 

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