worldcantwait.org
ESPAÑOL

Español
English-LA
National World Can't Wait

Pancartas, volantes

Temas

Se alzan las voces

Noticias e infamias

De los organizadores

Sobre nosotros

Declaración
de
misión

21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.




Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

"¿Por qué hacer una donación a El Mundo No Puede Esperar?"

"Lo que la gente esta diciendo sobre El Mundo No Puede Esperar


Gira:
¡NO SOMOS TUS SOLDADOS!


Leer más....


El Senado autoriza por fin los juicios de Guantánamo en EE.UU., pero no ofrece un hogar a los hombres inocentes

27 de octubre de 2009
Andy Worthington

Tras criticar duramente a senadores y diputados por sus intentos cobardes, desinformados e inaceptables de impedir que el presidente Obama traslade a ningún preso de Guantánamo al territorio continental de Estados Unidos por ningún motivo —ni siquiera para ser juzgado—, sobre lo que escribí recientemente en un artículo titulado “En Guantánamo, los legisladores revelan que siguen siendo peones de Dick Cheney”, me complace informar de que, el martes pasado, el Senado entró por fin en razón y votó, por 79 votos contra 19, como parte de un proyecto de ley de 42 800 millones de dólares para Seguridad Nacional, a favor de aceptar que la Administración pueda trasladar a los presos al territorio continental de EE. UU. para que se enfrenten a juicios.

La votación sigue a una marcha atrás similar hace dos semanas por parte de la Cámara de Representantes, que recientemente se había dejado hipnotizar por una moción paranoica propuesta por el representante Hal Rogers (republicano por Kentucky), y el proyecto de ley será ahora promulgado como ley por el presidente Obama.

Sin embargo, el Congreso sigue interfiriendo de forma inaceptable en los planes de la Administración, insistiendo, tal y como lo describió la AFP, en que el presidente proporcione a los legisladores «una evaluación detallada del posible riesgo para la seguridad 45 días antes» de que los prisioneros sean juzgados en Estados Unidos, incluyendo “detalles de los peligros que conlleva, medidas para reducir la posible amenaza, la justificación jurídica del traslado y garantías al gobernador del estado receptor de que el individuo supone un riesgo para la seguridad mínimo o nulo”.

Además, el proyecto de ley, tal y como fue aprobado finalmente, sigue permitiendo a los legisladores interferir en los planes de traslado de presos a otros países, exigiendo —según la AFP— que los presos «no puedan ser trasladados a otro país a menos que el presidente facilite al Congreso el nombre del detenido, el destino, una evaluación de riesgos y las condiciones del traslado». Como me explicó recientemente el teniente coronel David Frakt, antiguo abogado defensor militar del preso liberado Mohamed Jawad, esto es en realidad un ejemplo de cómo el Congreso refuerza los poderes que se otorgó a sí mismo en verano, cuando los legisladores insistieron en que se les avisara con dos semanas de antelación antes de que se pudiera liberar a cualquier preso, incluso a aquellos absueltos por los tribunales tras haber prosperado sus recursos de hábeas corpus.

En palabras del teniente coronel Frakt, esto significaba que el Congreso había decidido que, durante ese periodo de dos semanas, los presos absueltos por los tribunales estadounidenses podían ser retenidos “en la condición de “presos del Congreso”, una condición para la que no existe autoridad constitucional”, y esta usurpación de poderes inconstitucional no ha sido eliminada en las discusiones finales sobre el proyecto de ley.

Aun así, lo más lamentable del proyecto de ley —que sigue arrojando una luz de lo más sombría sobre los legisladores— es la insistencia de estos en que ningún preso pueda ser puesto en libertad en territorio estadounidense, ya sea en el continente o en territorios de ultramar como Guam o Puerto Rico. Esto no ha hecho más que alienar a los países europeos, a los que se les pide que acojan a presos absueltos que no pueden ser repatriados porque corren el riesgo de sufrir torturas en sus países de origen y, además, amenaza con enfrentar al Congreso con el Corte Suprema.

El martes pasado, mientras el Senado votaba a favor de permitir que los presos fueran trasladados a EE.UU. para ser juzgados, el Corte Suprema aceptó revisar el caso de los uigures (musulmanes de la provincia china de Xinjiang), que permanecen en Guantánamo, a pesar de que un juez de un tribunal de distrito ordenó su liberación en Estados Unidos hace más de un año, después de que la administración Bush admitiera que no tenían ninguna conexión ni con Al Qaeda ni con los talibanes. El juez, Ricardo Urbina, dictaminó que fueran trasladados a Estados Unidos, porque no se había encontrado ningún otro país que los aceptara y porque su detención continuada en Guantánamo era inconstitucional.

Como expliqué en un artículo la semana pasada, el Departamento de Justicia, tanto bajo el mandato de George W. Bush como bajo el de Barack Obama, no estaba de acuerdo, al igual que el Tribunal de Apelación, que dictaminó que las cuestiones relacionadas con la inmigración de extranjeros eran competencia del Poder Ejecutivo y no de los tribunales, a pesar de que los abogados de estos hombres señalaron que esto, en la práctica, vaciaba de todo significado el hábeas corpus.

El presidente Obama, por supuesto, no estuvo a la altura de este desafío al traer a estos hombres a Estados Unidos y, desde entonces, su administración ha andado a tientas, de una manera generalmente poco digna, tratando de encontrarles nuevos hogares, enviando a cuatro a Bermudas en junio y esperando que el resto fuera reubicado en la remota isla de Palau, en el Pacífico.

Sin embargo, tal y como señaló el Washington Post en un editorial de principios el pasado miércoles, el escollo de este plan —por lo demás viable— de fingir que Estados Unidos no tiene ninguna obligación hacia los hombres a los que encarceló injustamente durante casi ocho años es que Palau se ha negado a acoger a uno de ellos, Arkin Mahmud, quien “padece graves problemas de salud mental a causa de su detención y de los prolongados períodos de aislamiento”. Como consecuencia, su hermano, Bahtiyar Mahnut, ha decidido rechazar la oferta de Palau de un nuevo hogar para él, con el fin de permanecer junto a su hermano. Como señaló el Post, “A menos que otro país acoja a los hermanos, podrían permanecer bajo custodia indefinidamente —una perspectiva inaceptable y que sin duda influyó en la decisión de los magistrados de examinar el asunto”.

El Post continuó explicando que el Corte Suprema se enfrentaba a una decisión jurídica delicada, ya que los magistrados deberán considerar si, en defensa del hábeas corpus, y en referencia a la situación única en la que se encuentran los presos de Guantánamo, se les pide que decidan si un juez tiene la facultad de ordenar la puesta en libertad de los presos en Estados Unidos, cuando todos los precedentes, como dejó claro el Tribunal de Apelación, establecen que la admisión de extranjeros en Estados Unidos es competencia de los poderes ejecutivo y legislativo del Gobierno.

Sin embargo, como también señalaba el Post:

    [L]os imperativos morales y éticos son claros y contundentes. Los uigures se encuentran detenidos no porque intentaran entrar ilegalmente en el país, sino porque fueron capturados en Pakistán y Afganistán tras la invasión estadounidense de Afganistán en 2001 y trasladados por la fuerza a Guantánamo. Estados Unidos tiene el control total sobre el destino de estos hombres y debería asumir toda la responsabilidad para corregir la situación. Esto debería incluir una legislación cuidadosamente redactada que permita la entrada de Mahmud y Mahnut en Estados Unidos, donde podrían permanecer juntos y Mahmud podría recibir la asistencia médica que necesita.

Se trata de una medida audaz por parte de uno de los principales periódicos del país, pero felicito sin reservas a los editores del Post por ello, ya que aborda un dilema aparentemente insoluble que, en mi opinión, no puede resolverse de otra manera. Si bien es probable que varios de los uigures restantes comiencen pronto una nueva vida en Palau, el Gobierno debería reflexionar detenidamente sobre qué hacer con Arkin Mahmud y Bahtiyar Mahnut, y estar agradecido de que solo el Washington Post haya decidido poner de relieve el encarcelamiento continuado de un hombre inocente cuya detención no solo se considera inconstitucional desde hace más de un año, sino que además “sufre graves problemas de salud mental debido a su detención y a los largos periodos de aislamiento”.


 

¡Hazte voluntario para traducir al español otros artículos como este! manda un correo electrónico a espagnol@worldcantwait.net y escribe "voluntario para traducción" en la línea de memo.

 

¡El mundo no puede esperar!

E-mail: espagnol@worldcantwait.net