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21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.




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Se cumplen 24 años desde que se puso en marcha el programa de tortura de EE.UU. con la captura de Abu Zubaydah


Una foto reciente de Abu Zubaydah, tomada en Guantánamo por representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Por Andy Worthington, Close Guantánamo, 28 de marzo de 2026

Hoy, 28 de marzo, se cumple el 24º aniversario de uno de los episodios más sombríos de toda la «guerra contra el terrorismo»: la irrupción de las fuerzas estadounidenses y pakistaníes en una pensión de Faisalabad (Pakistán) y el secuestro y la desaparición de sus residentes; entre los que destaca Abu Zubaydah, un palestino nacido en Arabia Saudí y responsable de un campo de entrenamiento independiente en Afganistán, a quien se había calificado erróneamente como una figura destacada de Al-Qaeda, a pesar de que al menos algunos analistas del FBI sabían que se trataba de una afirmación falsa.

Gravemente herido en el tiroteo que tuvo lugar cuando se asaltó la casa, Abu Zubaydah, cuyo nombre real es Zayn al-Abidin Muhammad Husayn, fue, no obstante, enviado pronto a ser torturado a Tailandia, la primera ubicación de una red global de prisiones de tortura «secretas» de la CIA en la que fue la primera víctima, y pasó los siguientes cuatro años y medio en diversas “sitios negros” de todo el mundo —en Polonia, Marruecos, Lituania y Afganistán— antes de ser enviado a Guantánamo junto con otros 13 “detenidos de alto valor” en septiembre de 2006, donde permanece recluido desde entonces sin cargos ni juicio.

En los “sitios negros” de la CIA, fue sometido a la técnica del “submarino” —una forma de ahogamiento apenas controlado, que las autoridades estadounidenses denominaban «interrogatorio mejorado», pero que la Inquisición española al menos tuvo la decencia de llamar «tortura del agua»— en 83 ocasiones distintas. También lo mantuvieron encerrado en una pequeña caja del tamaño de un ataúd, lo desnudaron y lo colgaron mientras lo tenían dolorosamente encadenado, y lo sometieron a música a todo volumen y ruido blanco diseñados para impedirle dormir.

Los agentes de la CIA que participaron en su tortura estaban tan alarmados ante la posibilidad de que muriera —y de que se les exigieran responsabilidades— que enviaron una solicitud a la sede de la CIA en Langley, en busca de garantías de que, si sobrevivía, “debería permanecer incomunicado por el resto de su vida”, una solicitud que fue concedida.

Abu Zubaydah no ha permanecido exactamente incomunicado durante el resto de su vida, ya que cuenta con abogados que lo representan en Guantánamo, pero el régimen de censura en la prisión es tan exhaustivo —y especialmente para los “detenidos de alto valor”— que se ha sabido muy poco directamente de él.

Además, aunque nunca se le han presentado cargos y las autoridades estadounidenses se han retractado de todas sus afirmaciones iniciales de que era el número tres de Al-Qaeda y que tenía conocimiento de los atentados del 11 de septiembre, también han demostrado que no tienen intención alguna de ponerlo en libertad.

Como uno de los tres hombres de Guantánamo, de los quince que siguen recluidos, a los que nunca se les han presentado cargos, pero cuya puesta en libertad tampoco ha sido aprobada, ha sido sometido, durante más de una década, a un proceso de revisión administrativa, las Juntas de Revisión Periódica, en las que, cada pocos años, funcionarios del Gobierno y de las agencias de inteligencia se reúnen para examinar su caso y recomendar su mantenimiento en prisión sin ningún fundamento aparente, salvo, según podemos deducir, para cumplir con esa petición inicial, de hace 24 años, de que nunca debe ser liberado.

Su última audiencia ante la PRB tuvo lugar el 27 de junio de 2024, pero, aunque uno de sus abogados, Solomon Shinerock, presentó argumentos convincentes a favor de su puesta en libertad, casi 18 meses después, el 12 de diciembre de 2025, cuando la junta finalmente emitió su última resolución sobre su caso, esta declaró que su encarcelamiento continuado “sigue siendo necesario para proteger contra una amenaza significativa y persistente para la seguridad de los Estados Unidos”, sin aportar ni una sola razón.

En septiembre de 2023, dos de sus abogadas, Helen Duffy, de Human Rights in Practice, y Hannah Garry, del UCLA Law Promise Institute for Human Rights, presentaron un informe ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en el que describían los efectos de la tortura sobre Abu Zubaydah.

Tal y como afirmaron: “Como consecuencia de la sujeción del Sr. Abu Zubaydah al programa de interrogatorios mejorados de EE.UU., él y otros detenidos que sufrieron torturas similares han padecido lesiones físicas y psicológicas duraderas, que persisten hasta el día de hoy, agravadas por la falta de atención médica y psicológica adecuada en Guantánamo. Tras su interrogatorio, el Sr. Abu Zubaydah perdió de forma permanente el uso de su ojo izquierdo y sufrió daños en órganos internos debido a la falta de atención médica adecuada. Sufre dolores de cabeza cegadores, padece convulsiones, [y] tiene daño cerebral permanente y pérdida de memoria como consecuencia del trauma sufrido durante los interrogatorios. Ha perdido el conocimiento con frecuencia en Guantánamo, [y ha] experimentado una sensibilidad insoportable ante el más mínimo ruido. Su amnesia se ve agravada por haber permanecido prácticamente incomunicado durante más de 20 años”.

LAS REITERADAS Y CONTUNDENTES CONDENAS, TANTO A NIVEL NACIONAL COMO INTERNACIONAL, POR EL TRATO INFLIGIDO A ABU ZUBAYDAH, ASÍ COMO LAS PETICIONES PARA SU LIBERACIÓN

Se ha intentado todo lo posible para lograr la liberación de Abu Zubaydah.

En el informe de la Comisión de Inteligencia del Senado sobre el programa de tortura de la CIA, un proyecto de seis años que implicó la revisión de seis millones de documentos de la CIA y cuyo resumen ejecutivo de 600 páginas se publicó en diciembre de 2014, se le mencionó más de mil veces, más que a cualquiera de los otros 118 prisioneros reconocidos oficialmente como recluidos en los “sitios negros” de la CIA. Sin embargo, aunque la publicación del resumen ejecutivo conmocionó al mundo y provocó brevemente una ola de indignación en Estados Unidos, nadie ha rendido cuentas y no ha dado lugar a que se aborde ninguno de los grotescos abusos que reveló.

En dos ocasiones, en 2014 y 2018, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ordenó a los gobiernos europeos —de Polonia y Lituania — que le pagaran una indemnización considerable por las torturas sufridas en los “sitios negros” de la CIA ubicados en sus territorios, y en enero de este año el Gobierno británico le abonó una suma “sustancial” para evitar que el Tribunal Supremo del Reino Unido dictara una sentencia condenatoria sobre la participación del Reino Unido en su tortura, después de que el tribunal fallara a su favor en diciembre de 2023.

También ha sido protagonista de un libro extraordinariamente desgarrador pero esencial, “The Forever Prisoner: The Full and Searing Account of the CIA’s Most Controversial Covert Program” (El prisionero eterno: el relato completo y desgarrador del programa secreto más controvertido de la CIA), de Cathy Scott-Clark y Adrian Levy, publicado en abril de 2022, y de un documental, “The Forever Prisoner”, de Alex Gibney, estrenado en diciembre de 2021.

En abril de 2023, el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria emitió un dictamen sobre el caso de Abu Zubaydah, que describí en su momento como “la condena más contundente jamás emitida por un organismo internacional en relación con las políticas de detención de Estados Unidos en la “guerra contra el terrorismo””.

El Grupo de Trabajo determinó que su encarcelamiento continuado sin cargos ni juicio constituye una detención arbitraria, mediante el abuso flagrante de los artículos pertinentes de la Declaración Universal de Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y expresó su "grave preocupación" por el hecho de que la base misma del sistema de detención en Guantánamo —que implica "el encarcelamiento generalizado o sistemático u otras privaciones graves de libertad en violación de las normas fundamentales del derecho internacional»— "pueda constituir crímenes contra la humanidad"."


 

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