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El presidente Obama pierde el norte con respecto a Guantánamo

24 de diciembre de 2010
Andy Worthington


El 22 de diciembre, durante una rueda de prensa del presidente Obama en la que se felicitó a sí mismo por los logros alcanzados en la última sesión antes de que los demócratas perdieran el control de la Cámara de Representantes (entre ellos, el nuevo tratado START sobre control de armamento y la derogación de la política "don’t ask, no digas"), uno de los fracasos más evidentes de la Administración —la imposibilidad de cerrar Guantánamo— solo se mencionó al final de la rueda de prensa, cuando Mike Emanuel, corresponsal de Fox News en la Casa Blanca, formuló una pregunta que se hacía eco de un informe reciente del Washington Post.

En ese reportaje, publicado el martes, funcionarios de la administración Obama explicaban que estaban a punto de ultimar un decreto ejecutivo que "formalizaría la detención indefinida sin juicio para algunos detenidos en la prisión militar estadounidense de la bahía de Guantánamo, Cuba, pero permitiría a esos detenidos y a sus abogados impugnar los fundamentos de su encarcelamiento continuado".

Los hombres en cuestión —48 de los 174 presos restantes— fueron designados para permanecer en detención indefinida sin cargos ni juicio durante una revisión de los casos de Guantánamo que duró un año y que llevó a cabo el año pasado el Grupo de Trabajo para la Revisión de Guantánamo, creado por el presidente Obama al asumir el cargo y compuesto por "más de 60 profesionales de carrera, entre los que se incluyen analistas de inteligencia, agentes de las fuerzas del orden y abogados, procedentes del Departamento de Justicia, Departamento de Defensa, Departamento de Estado, Departamento de Seguridad Nacional, Agencia Central de Inteligencia, Oficina Federal de Investigación y otras agencias de la comunidad de inteligencia".

El Grupo de Trabajo también aprobó la puesta en libertad de 90 de los presos restantes y propuso juicios para otros 33, pero fue la propuesta de detener indefinidamente a 48 de los hombres lo que causó mayor consternación entre todos aquellos que esperaban que la Administración Obama repudiara por completo las políticas de detención de la Administración Bush en la "guerra contra el terrorismo" y que, o bien presentara cargos contra todos los presos heredados del régimen anterior, o bien los pusiera en libertad.

Uno de los funcionarios que habló con el Post intentó justificar el decreto ejecutivo propuesto, explicando que podría realizarse una revisión cada año, y preguntó: "Cuando el comité de revisión clasifique a alguien en la categoría de detención a largo plazo, esas 48 personas, ¿qué pasará entonces? ¿Permanecerán allí el resto de sus vidas? ¿Cuál es el mecanismo de revisión? ¿Hasta qué punto es imparcial? ¿Tienen la oportunidad de impugnarlo? Hay que dar respuesta a todas esas preguntas. Y hemos estado trabajando en una orden ejecutiva que establezca estos elementos".

Para ser justos, algún tipo de proceso de revisión, en el que participen abogados, es mejor que un proceso en el que a los presos designados para la detención indefinida sin cargos ni juicio no se les dé ninguna oportunidad de impugnar la decisión del Grupo de Trabajo, pero como dijo al Post Laura W. Murphy, directora de la oficina legislativa de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles en Washington: "La detención indefinida sin cargos ni juicio es incorrecta, ya provenga del Congreso o de la pluma del presidente. Nuestra Constitución exige que se imputen y juzguen a las personas acusadas de delitos. No se puede vender un plan de detención indefinida añadiendo unos cuantos adornos de garantías procésales y esperar que eso restablezca el Estado de derecho. Eso es malo para Estados Unidos y no es la forma de justicia que queremos que otras naciones imiten".

Igualmente preocupante es el hecho de que el proceso de revisión del Grupo de Trabajo entre en conflicto con otro proceso establecido antes de que Obama asumiera el cargo: las solicitudes de hábeas corpus presentadas ante el Tribunal de Distrito de Washington D. C., en las que los jueces (independientes del Gobierno, cabe señalar) han podido examinar los casos de los presos, y han podido ordenar la puesta en libertad de los presos cuyas peticiones han prosperado (en 38 de los 57 casos resueltos hasta la fecha), aunque esas resoluciones no siempre han dado lugar a la puesta en libertad efectiva de los presos —en general, porque el Gobierno ha recurrido y el conservador Tribunal de Apelación del Distrito de Columbia tiende a encontrar motivos para justificar el mantenimiento de la detención.

El artículo de The Post señalaba: "Los detenidos en Guantánamo seguirían teniendo acceso a los tribunales federales para impugnar su encarcelamiento en virtud de la doctrina jurídica del hábeas corpus", pero resulta preocupante observar que la Administración Obama parece haber preferido siempre su propio proceso de revisión al de los tribunales, y la siguiente afirmación del artículo del Post —que "el plan ofrecería a los detenidos cuya petición de hábeas corpus haya sido denegada la posibilidad de poner fin algún día a su estancia bajo custodia estadounidense" —, es, francamente, engañosa, porque, como se ha señalado anteriormente, la Administración tiene un historial de recurrir las peticiones que prosperan y, por lo tanto, no hay razón para suponer que los altos funcionarios tengan ningún interés en un proceso de revisión que conduzca a la puesta en libertad de presos que han perdido sus peticiones.

El presidente Obama aún no ha revisado la propuesta, por supuesto, pero me pareció que valía la pena examinar lo que dijo sobre Guantánamo en su rueda de prensa, ya que el fracaso a la hora de cerrar Guantánamo resulta especialmente preocupante tan cerca del noveno aniversario de la apertura de la prisión. He insertado mis respuestas a lo que dijo en el cuerpo del texto.

Mike Emanuel: Guantánamo, señor. Tengo entendido que se está preparando un borrador de un decreto presidencial para usted, y no espero que comente nada al respecto en este momento...

Presidente Obama: Correcto.

Mike Emanuel: Aún no le ha llegado.

Presidente Obama: Sí.

Mike Emanuel: Pero me pregunto cuál es su postura, señor, al cumplirse ya casi dos años en Guantánamo, cuando su cierre era una de sus prioridades iniciales, señor.

Presidente Obama: Es evidente que no hemos conseguido cerrarla. Y permítanme dar un paso atrás y explicar que la razón por la que queríamos cerrar Guantánamo era porque mi prioridad número uno es garantizar la seguridad del pueblo estadounidense. Una de las herramientas más poderosas de las que disponemos para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense es no proporcionar a Al Qaeda y a los yihadistas medios de reclutamiento para futuros terroristas.

Y Guantánamo es probablemente el principal medio de reclutamiento que utilizan estas organizaciones yihadistas. Y lo vemos en los sitios web que crean. Lo vemos en los mensajes que transmiten.

Por eso, mi convicción es que podemos garantizar la seguridad del pueblo estadounidense persiguiendo a quienes se dedican al terrorismo. Y mi administración ha sido tan agresiva en la persecución de Al Qaeda como cualquier otra administración. Y hemos visto avances, como señalé durante la revisión de la situación en Afganistán.

Todos los informes de inteligencia que estamos viendo muestran que Al Qaeda está más acorralada de lo que ha estado desde la invasión original de Afganistán en 2001, que ha reducido su capacidad financiera y su capacidad operativa. A sus altos mandos les resulta mucho más difícil comunicarse, y muchos de ellos no pueden hacerlo porque ahora se encuentran en la clandestinidad.

Mi análisis: Aquí hay poco que analizar. Antes de empezar a responder a la pregunta concreta sobre el decreto ejecutivo propuesto, Obama se posicionó como el presidente que se muestra firme contra el terrorismo, y añadió lo que parece ser la principal justificación de la Administración para cerrar Guantánamo: porque es "la principal herramienta de reclutamiento" de los terroristas, y no porque su existencia siga siendo una mancha imborrable en la reputación de Estados Unidos.

Presidente Obama: Pero es importante para nosotros, incluso mientras perseguimos agresivamente a los malos, asegurarnos que también estamos a la altura de nuestros valores, nuestros ideales y nuestros principios. Y de eso se trata el cierre de Guantánamo: no porque crea que las personas que dirigen Guantánamo estén haciendo un mal trabajo, sino más bien porque se ha convertido en un símbolo. Y creo que podemos hacer un trabajo igual de bueno alojándolos en otro lugar.

Mi análisis: Es interesante que Obama admita ahora que su principal interés en cerrar Guantánamo radica en "alojar [a los presos] en otro lugar", más que en llevarlos a juicio. También es evidente que la prisión es más que un simple símbolo, como mencioné anteriormente. No es solo un símbolo de la injusticia vigente, sino que es, de hecho, una manifestación concreta de la injusticia y de la perdurabilidad de la maligna reescritura de las leyes y tratados internacionales llevada a cabo por la administración Bush.

Presidente Obama: Ahora, en cuanto a la cuestión que planteabas sobre la revisión. Tienes razón, no voy a hacer comentarios en este momento sobre una revisión que aún no he recibido. Puedo decirte que, en los últimos dos años, a pesar de no haber cerrado Guantánamo, hemos intentado enmarcar nuestra lucha contra los terroristas en un marco jurídico coherente con nuestra tradición de Estado de derecho. Y hemos tenido éxito en varios frentes.

Uno de los problemas más difíciles es qué hacer con personas que sabemos que son peligrosas, que sabemos que han participado en actividades terroristas, que son declarados enemigos de Estados Unidos, pero que, debido a la forma en que fueron capturados originalmente y a las circunstancias en las que fueron interrogados justo después del 11-S, resulta difícil juzgarlas, ya sea en un tribunal del Artículo III o en una comisión militar.

Mi análisis: La situación a la que se enfrentan los 48 presos designados para la detención indefinida sin cargos ni juicio por el Grupo de Trabajo de Revisión de Guantánamo es un tema que traté con detenimiento cuando se publicó el informe del Grupo de Trabajo, y a continuación cito ampliamente dicho informe para explicar por qué merece la pena cuestionar las conclusiones del Grupo de Trabajo. Sin embargo, lo que llama especialmente la atención de los comentarios de Obama es que su mención a "la forma en que fueron capturados originalmente, las circunstancias en las que fueron interrogados justo después del 11-S" no puede ocultar que lo que el presidente está hablando es del uso de la tortura.

Para conocer el conjunto de mis opiniones sobre la decisión de mantener detenidos indefinidamente a 48 hombres sin cargos ni juicio, los siguientes pasajes proceden de mi artículo “¿Sabe realmente Obama, le preocupa acaso, quién sigue en Guantánamo?”, publicado en junio de este año (y he modificado las cifras de casos de hábeas corpus mencionadas en consecuencia):

    Los miembros del grupo no perdieron la ironía –esa detención indefinida fue lo que estableció exactamente el Presidente Bush en primer lugar-, ya que intentaron sofocar las críticas de la siguiente forma: Los obstáculos principales al enjuiciamiento en los casos considerados inviables por el grupo de trabajo no estaban motivados por la preocupación de proteger fuentes sensibles o métodos que no se pudieran revelar, ni porque pensaran que las pruebas contra los detenidos estuvieran falseadas. Aunque esas preocupaciones estaban presentes en algunos de los casos, se consideraba que la mayoría de los detenidos no podían ser enjuiciados sobre la base de pruebas más esenciales y limitaciones jurisdiccionales ligadas a los requerimientos de un foro criminal.

    Según el grupo de trabajo, esas “pruebas fundamentales y limitaciones jurisdiccionales” estaban relacionadas con las circunstancias de la captura de los prisioneros y los problemas percibidos al procesarles en los tribunales federales o en las comisiones militares.

    En cuanto al primer punto, el grupo de trabajo explicó que, debido a que “el objetivo en el momento de su captura era reunir información de inteligencia y eliminarles del combate, no se les sometió a investigaciones criminales formales y que las pruebas no se reunían ni preservaban pensando en procesarles”. Esto hizo que las circunstancias de su captura –en gran medida en manos de los aliados pakistaníes y afganos del ejército estadounidense en un momento en que estaban muy generalizados los pagos por botín- parecieran menos caóticas de lo que realmente fueron y también se ocultó la clase de trato, o maltrato, a que fueron sometidos durante “la recogida de información de inteligencia”.

    Con esto en mente, no resulta más tranquilizador leer la evaluación del grupo de trabajo sobre la calidad de los informes utilizados por los servicios de inteligencia para establecer la importancia de esos 48 prisioneros. El grupo de trabajo trató de explicar que “la inteligencia sobre esos hombres podía ser precisa y fiable”, pero que “por diversas razones, no puede ser prueba admisible o suficiente para satisfacer una carga criminal de prueba en una comisión militar o en tribunal federal”.

    No se explicaron esas “diversas razones”, pero leyendo entre líneas lo que esta declaración, bastante suave aunque condicional, muestra con el uso destacado que hace de la palabra “puede” es que la inteligencia invocada como prueba no podría probablemente enfrentarse a ningún tipo de control genuinamente objetivo, y las razones de esto se revelan inadvertidamente en la línea final del párrafo relativo a las “limitaciones de las pruebas”.

    “Un problema común”, escribió el grupo de trabajo, “es que, para muchos de los detenidos, no hay testigos disponibles que puedan testificar en su contra en cualquier acción legal”. Aquí, la utilización de la disponibilidad de los testigos es una especie de cortina de humo, que trata de ocultar una verdad contundente: que la inteligencia y cualquier testigo del que se pudiera disponer, están contaminados por las circunstancias bajo las que tuvo lugar “la recogida de inteligencia”: los interrogatorios coercitivos y, en algunos casos, la tortura a los mismos prisioneros o a sus compañeros en prisión.

    Con 57 fallos ya emitidos en el Tribunal de Distrito en Washington DC, sobre las peticiones de habeas corpus de los prisioneros (36 de las cuales fueron ganadas por los prisioneros), los jueces han subrayado una y otra vez esos problemas, con una objetividad que sin embargo eludió el grupo de trabajo, como por ejemplo en los casos de Fouad al-Rabiah, un kuwaití al que el Presidente Bush llevó a juicio ante una comisión militar, que fue liberado después que un juez dictaminara que todo el caso contra él se basaba en una falsa narrativa conseguida mediante torturas y amenazas. Y, por citar dos ejemplos más, Alla Ali Bin Ali Ahmed, un yemení atrapado en un albergue estudiantil en Pakistán, y Mohammed El-Gharani, un nacional del Chad, que sólo tenía catorce años cuando fue secuestrado en un asalto contra una mezquita en Pakistán. En ambos casos, fueron liberados después de que los jueces fallaran que los testigos presentados por el gobierno –los compañeros prisioneros de los hombres- eran irremediablemente poco fiables y que cuando no se les sometió a violencia, al menos se les sobornó para que hicieran declaraciones falsas.

    Es por tanto, bastante poco honrado que el grupo de trabajo afirmara que el “obstáculo principal para enjuiciar” a esos 48 hombres “no procedía típicamente de… la preocupación porque las pruebas contra el detenido[s] estuvieran contaminadas”, cuando, para ser sinceros, las actas están repletas de ejemplos que prueban lo contrario.

Presidente Obama: Ponerlos en libertad en este momento podría suponer un mayor peligro para el pueblo estadounidense. Entonces, ¿cómo abordamos esta situación? Y eso es lo que este equipo ha estado analizando. ¿Hay formas de asegurarnos que estas personas cuenten con abogados, de garantizar que tengan la oportunidad de impugnar su detención, pero al mismo tiempo asegurarnos que no estamos simplemente liberando a personas que podrían causarnos un daño grave y que han demostrado en el pasado su capacidad y voluntad para llevar a cabo ataques brutales?

Mi análisis: Estos hombres ya cuentan con abogados para sus recursos de hábeas corpus, mencionados anteriormente, pero el hecho de que el presidente haya pasado esto por alto es una muestra del desprecio de la Administración por el proceso de hábeas corpus (tal y como se menciona en la introducción de este artículo). Además, liberarlos en esta fase podría suponer un peligro para el pueblo estadounidense, pero liberar a cualquier prisionero en cualquier momento podría ser peligroso, y esto no resta importancia al hecho de que, si se les considera peligrosos, deberían ser juzgados o, si el presidente desea una solución más radical, reclasificados como prisioneros de guerra y gozar de todas las protecciones de los Convenios de Ginebra, en lugar de ser retenidos en virtud de la profundamente problemática Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF). Aprobada por el Congreso la semana tras los atentados del 11 de septiembre, la AUMF estableció la base errónea para retener a los prisioneros ni como sospechosos de delitos ni como prisioneros de guerra, sino como lo que en la administración Bush se denominaba "combatientes enemigos" y que ahora, de forma alarmante, se conoce como "beligerantes enemigos extranjeros sin privilegios".

Presidente Obama: Así que, cuando reciba ese informe, estoy seguro de que tendré más comentarios al respecto. La conclusión es que lograr ese equilibrio entre nuestra seguridad y garantizar que actuamos en consonancia con nuestros valores y nuestra Constitución no es una tarea fácil, pero, en última instancia, es lo que se requiere por razones prácticas.

Porque cuanto más se recuerde a la gente lo que hace especial a Estados Unidos —el hecho de que defendemos algo que va más allá de nuestro poder económico o nuestro poderío militar, sino que tenemos unos ideales fundamentales que respetamos incluso cuando es difícil—, esa es una de nuestras armas más poderosas. Y quiero asegurarme que no perdamos esa arma en lo que es una lucha seria.

Mi conclusión: si quiere que Estados Unidos sea un país especial, señor presidente, y demostrar que tiene "ideales fundamentales que respetamos incluso cuando es difícil", entonces perfeccionar la detención indefinida sin cargos ni juicio mediante un decreto presidencial, negarse a liberar a 58 presos absueltos y enviarlos a Yemen debido a una moratoria que usted decretó hace casi un año, y negarse a plantar con vistas a los críticos que se oponen a que los sospechosos de actividades terroristas sean juzgados en tribunales federales no es la forma de hacerlo. Sé que se enfrenta a una dura oposición, pero al fin y al cabo usted es el comandante en jefe, y cuando, al asumir el cargo, repudió las peligrosas afirmaciones del presidente Bush sobre un poder ejecutivo sin límites y declaró que, en su lugar, se basaría en la aprobación del Congreso, eso no significaba que tuviera que renunciar a ejercer su poder cuando fuera políticamente inconveniente, ni que solo emitiría un decreto ejecutivo cuando se tratara de respaldar una de las más viles de las muchas innovaciones viles de su predecesor: el encarcelamiento falso e injustificable, sin cargos ni juicio, de hombres calificados erróneamente, hace nueve años, como "lo peor de lo peor", cuando, en realidad, eran, si no hombres completamente inocentes detenidos por error, sospechosos de terrorismo o soldados.

Solo le quedan tres vías viables, señor presidente: juzgar a los prisioneros, liberarlos o reclasificar como prisioneros de guerra a aquellos que los tribunales hayan determinado que eran soldados.


 

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