Omar Deghayes y Terry Holdbrooks hablan sobre Guantánamo (Tercera
parte): Las muertes en la prisión
03 de junio de 2010
Andy Worthington
El 30 de abril de 2010, tal y como expliqué en la primera
y la segunda
parte de esta transcripción dividida en tres partes, el Centro para el Estudio
de los Derechos Humanos en las Américas de la Universidad de California en
Davis organizó un acto para conmemorar el quinto aniversario de su excelente Guantánamo Testimonials Project, que, por primera vez, permitió que tuviera lugar un debate,
ante un público estadounidense, entre un antiguo preso de Guantánamo (el
residente británico Omar
Deghayes, que intervino por videoconferencia desde el Reino Unido) y un
antiguo guardia de Guantánamo (Terry Holdbrooks, que se convirtió al islam y
ahora se conoce como Mustafa Abdullah).
Como también expliqué, aquí
se puede ver una grabación en vídeo del evento (a través de RealPlayer), al
igual que una grabación de audio, pero con la esperanza de hacer llegar las
palabras de Omar y Terry a un público más amplio, publico aquí también una
transcripción del evento. La primera parte se centró en la historia de Omar, en
la que ofreció una visión detallada de Guantánamo que mucha gente nunca habrá
oído antes. En la segunda parte, Terry contó su historia, y a continuación él y
Omar mantuvieron un debate que abordó otros aspectos inquietantes de la
historia de la prisión, incluido el uso de sangre menstrual por parte de una
interrogadora. En esta tercera y última parte, Omar y Terry abordan otros aspectos
de Guantánamo, entre ellos la muerte de tres presos en Guantánamo en junio de
2006, un hecho que cobra gran relevancia a medida que se acerca el cuarto
aniversario de aquel terrible día, a la luz de las inquietantes
revelaciones contenidas en un artículo de Scott Horton publicado en la
revista Harper’s
Magazine en enero de este año.
Almerindo Ojeda: Una pregunta para Omar: ¿estabas allí cuando se produjeron los tres suicidios
en una sola noche [el 9 de junio de 2006]?
Omar Deghayes: Sí, estaba allí cuando ocurrió eso. Los tres suicidios y hay otra persona que
murió; no sabemos qué pasó exactamente, pero algunas personas… Sabemos que se
trató de abusos sexuales, que sí ocurrieron porque la política era que… les
hicieron algo sexual muy grave a esas personas. Recuerdo haber hablado con uno
de ellos, el hombre que murió después. Amin, hablé con Amin [quizá Mani
al-Utaybi]. Recuerdo que estaba muy enfadado y molesto, y gritaba desde detrás
de las ventanas y decía: "¿Están haciendo en tu bloque lo mismo que nos
hicieron a nosotros?". Y yo le dije: "Sí, lo están haciendo", y después de eso
murió, un par de días más tarde.
A esas tres personas, Yasser Al-Zahrani y los demás [Mani al-Utaybi y Salah Ahmed al-Salami], los odiaban muchísimo por
su resistencia constante. Eran jóvenes, la mayoría muy jóvenes, de unos 18 o 19
años cuando los encarcelaron [Yasser al-Zahrani solo tenía 17 años cuando lo
capturaron]. Tuvieron muchos problemas a causa de los interrogatorios, porque,
tal y como decía Mustafa, cuando entraban en la celda solían defenderse y los
odiaban tanto que los sometían a malos tratos [graves].
Recuerdo que uno de ellos tenía problemas, necesitaba una operación en su… Tenía un problema muy grave.
Volvieron a maltratarle; como estaba tan enfermo, le hicieron la operación y
luego se lo echaron en cara, y después lo encerraron en condiciones muy duras y
frías, y eso le afectó físicamente de forma muy grave. Y entonces, un día, los
tres murieron. Sí, yo estaba allí y fue un día realmente triste, muy triste,
cuando eso ocurrió. Y después de que eso ocurriera, el trato… la gente fue
sometido a aún más abusos y a condiciones más restrictivas y muy duras. Así que
fue una época realmente mala, lo recuerdo muy bien.
Almerindo Ojeda: Ha habido una controversia reciente al respecto y se ha publicado [en] un nuevo
estudio [de Scott Horton para la revista Harper’s Magazine], en el que se
cuestiona si se trató de un suicidio.
Omar Deghayes: Sí, así es. Yo tampoco creo que fuera un suicidio. Por eso no utilizo la
palabra "suicidio". Lo que les ocurrió no está nada claro. Estas tres personas,
Yasser al-Zahrani, Ali Abdullah Abee [Salah Ahmed al-Salami] y Mani al-Utaybi,
fueron sometidas durante mucho tiempo a malos tratos específicos. Y no estoy
seguro de lo que ocurrió realmente aquella noche. Porque sé que a uno de ellos
lo ahorcaron con las manos atadas, le taparon la boca con un trapo y le ataron
las manos a la espalda. Me enteré del artículo que se escribió sobre ellos y
cuesta creer algunas de las cosas [que alegan las autoridades].
Terry Holdbrooks: Omar, personalmente no creo que pudieran haber sido suicidios. Por el simple
hecho de haber trabajado allí, como has mencionado antes, era obligatorio que,
al menos cada hora, tomáramos nota de lo que ocurría en el bloque. Yo, como soy
inquieto y me aburro fácilmente —como me pasa la mayor parte del tiempo—, solía
recorrer el bloque de un extremo a otro probablemente cada tres minutos. Con el
sistema de vigilancia que había incluso en los campamentos peor construidos,
por no hablar del Campamento 5 y el Campamento Echo, que están bajo vigilancia
constante por vídeo, es imposible que se produjera un suicidio. Hubo varios
intentos de suicidio mientras estuve allí, pero siempre los detuvimos.
Omar Deghayes: Nunca dije que creyera que se tratara de suicidios, aunque lo oí. Estuve allí
cuando ocurrió, y nunca dije que fuera un suicidio ni creí que lo fuera. Pero
no puedo afirmar lo contrario porque no estaba completamente dentro de la
celda. Sin embargo, como dices, es imposible hacer algo así dentro de la celda.
Almerindo Ojeda: Una de las cosas que me llamó la atención es que a los tres los llevaron a un
campo especial del que no se había hablado hasta entonces y cuyo nombre oficial
era "Campo No", porque si te preguntaban si existía, tenías que responder que
no. ¿Has oído hablar de ese campo?
Omar Deghayes: Sí, oí hablar de él una vez.
Amy Goodman: Mustafa, ¿has oído hablar de ese campamento?
Terry Holdbrooks: Quizá se trate de lo que me dijeron que era la "casa del general". Había un
lugar justo después de Camp Iguana, a lo largo de la cresta, cuando vas hacia
las torres de satélite. Probablemente no debería dar tantos detalles… Había
otro campamento allí abajo; se puede ver si usas Google Earth y miras con mucha
atención, se ve. Es un campamento pequeño, muy pequeño, en el que quizá no
cabrían más de cuatro detenidos. Había otro lugar al que siempre sospeché que,
cuando la gente desaparecía durante largos periodos de tiempo, era allí donde
tenían que ir. Shaker Aamer [el último residente británico, que sigue detenido]
y Ahmed Errachidi [un marroquí, residente en el Reino Unido desde hacía 18
años, que fue puesto en libertad en 2007] eran dos de los detenidos más
cercanos a mí. Hubo momentos en los que se marcharon, en los que ya no estaban
en Camp Delta ni en Camp Echo. "¿Dónde has estado, tío? ¿Adónde has ido?". "No
lo sé, me vendaron los ojos, me metieron en una furgoneta y me llevaron dando
vueltas durante una hora". No se tarda una hora en llegar a ningún sitio de
allí; tiene 54 millas cuadradas y la mayor parte es agua, así que no se tarda
una hora en llegar a ningún sitio. Probablemente dieron vueltas en círculo
durante un rato, pero, aun así, tenía que haber otro sitio; probablemente fuera
el Camp No, si es que se llama así. A mí siempre me dijeron que era la "Cabaña
del General". Un nombre un poco retorcido para un lugar de tortura.
Amy Goodman: Omar Deghayes, cuéntanos cómo fue el día en que saliste de Guantánamo. ¿Cómo fue?
Omar Deghayes: Buenos, estábamos muy contentos, pero cualquier
cosa que [supuestamente] ocurra en Guantánamo no te la crees hasta que
realmente sucede. Así que, aunque me dijeran que me iban a liberar, estaba
contento, pero no del todo, porque a algunas personas se las llevaban en los
aviones… Lo utilizaban como táctica psicológica: se las llevaban en los aviones
y luego las devolvían a la prisión. Decían que el avión tenía problemas. Así
que hasta que volvimos a Inglaterra no estuve del todo contento. Y me reuní con
mi familia y fue uno de esos días felices.
Almerindo Ojeda: ¿Conociste a algún otro guardia que fuera amable contigo?
Omar Deghayes: En la cárcel había gente decente y otras personas más dispuestas a cometer
atrocidades, impulsadas por su propio odio y sus propios sentimientos. Había
algunas personas allí que no tenían intención de hacer daño a menos que se les
ordenara hacerlo, y, por supuesto, estaban los generales, que dirigían a esos.
Como Miller, del que hablaba Mustafa, y otros que vinieron después. Tenían una
política por la que utilizaban a los guardias contra los presos. Si veían algo,
como describía Mustafa, si veían a algún guardia hablando demasiado con uno de
los presos o haciéndose amigo de ellos, al momento a ese mismo guardia se le
ordenaba entrar en tu celda con otros grupos de guardias para darte una paliza
brutal. Como tenían esa desconfianza, ni siquiera confiaban en sus propios
guardias; creo que incluso los guardias estaban bajo vigilancia, tenían vídeos
y contaban con informadores entre los propios guardias. Así que las personas
que crearon el propio Guantánamo —me refiero a los altos mandos que lo crearon—
eran personas que se aprovechaban tanto de los guardias como de los presos, y
por eso creo que son esas personas —no los guardias, no los simples guardias
que fueron utilizados y maltratados a su vez—, las
que deberían rendir cuentas por sus actos.
Amy Goodman: Mustafa, ¿estás de acuerdo?
Terry Holdbrooks: Bueno, sería algo absolutamente increíble si todos los responsables de esa
atrocidad, de esa mancha que es Guantánamo… Sería un logro extraordinario que
todos los responsables pudieran ser condenados, juzgados o incluso castigados
de alguna forma en esta vida. Sería algo increíble. A mí, personalmente, me
encantaría que eso ocurriera.
Como él decía, dado que Guantánamo está diseñado para que incluso los guardias sean utilizados como herramientas… Justo
antes de ir a Guantánamo, literalmente el mismo día que íbamos a partir, para,
hizo una pequeña, ya sabes, escala, por así decirlo, en la ciudad de Nueva
York. "Oye, ¿sabes?, vaya, fíjate, tenemos dos autobuses, os vamos a llevar a
la Zona Cero, os vamos a dejar leer todos los mensajes del muro y, mientras
estemos allí, os diremos que fueron los musulmanes quienes volaron este lugar y
que el islam es el enemigo. Y recordad: vamos a vigilar a lo peor de lo peor.
Recordadlo. Son lo peor de lo peor, así que cuando lleguemos allí no habléis
con ellos, no os hagáis amigos de ellos, son lo peor de lo peor".
Me metían esa tontería en la cabeza, Dios mío, todos los días durante todo el año que estuve allí: que
eran lo peor de lo peor o que eran unos paletos; unos paletos tontos. Que no
les hablara. Bueno, si son unos paletos tontos, ¿por qué son abogados y
médicos? ¿Y por qué pueden hablar correctamente siete idiomas diferentes cuando
yo ni siquiera sé hablar bien el inglés y me crié en Estados Unidos? ¿Cómo que
son tontos? ¿Qué tiene que ver eso con esto? No lo entiendo.
Omar Deghayes: El general Miller solía ir de un lado a otro y decirles a los guardias, antes
de que entraran en tu celda y te dieran una paliza, "No os olvidéis del 11 de
septiembre", y solía ir por ahí incitando a ese tipo de odio. Y ese mismo
general, al que después —los altos mandos como Dick Cheney y Bush y quienquiera
que estuviera al mando de esa gente— consideraron que había hecho un buen
trabajo en Guantánamo, lo trasladaron a Abu
Ghraib, en Irak. Y fue él mismo quien dijo: "Hagamos de Abu Ghraib un
Guantánamo", y luego, ya sabes, las fotos que salieron de Abu Ghraib y todo eso
ocurrió en el mismo periodo en que a este mismo general, Miller —cuyas
políticas, según ellos, habían tenido éxito en Guantánamo a la hora de doblegar
a la gente—, lo trasladaron a Irak para hacer el mismo trabajo.
Y, ya sabes, probablemente, como digo, aquí ni siquiera Mustafa ni algunos guardias saben mucho de lo que
ocurría dentro de algunas de esas prisiones. Quiero decir que incluso a los
interrogadores se les mantenía alejados; había ciertos guardias a los que se
utilizaba, como has dicho, cuyo trabajo consistía únicamente en llevarte a las
celdas de interrogatorio y luego volver, y después venían a recogerte y te
llevaban de vuelta; ellos no sabían lo que pasaba dentro de las celdas de
interrogatorio. Incluso algunos de los interrogadores que tuvimos —uno de los
últimos interrogadores, un tipo de Florida— era una persona amable y generosa
en comparación con muchos de los demás interrogadores, e intentaba ayudar y
hacer las cosas de otra manera. Decía: "Quizá algún día me encuentre en tu
situación", y era diferente a los demás interrogadores; e incluso, como digo,
incluso los interrogadores de los que quería decir que eran diferentes, a
algunos los utilizaban para llevar a cabo ciertos actos y otros ni siquiera
sabían que esos actos y esas cosas llegaban a suceder.
Por eso siempre ocurre que, cuanto más hablo con personas que trabajaron en Guantánamo, más me doy cuenta
de que a cada uno se le asignaban tareas diferentes. Había personas que
participaban en esos interrogatorios, había personas que sufrieron, ya sabes,
violaciones y abusos sexuales; había cuatro personas en la base de Bagram, a
las cuatro las encadenaron en una tienda de campaña y a las cuatro las
sodomizaron unas delante de otras para humillarlas. Había alguien en la
"Prisión Oscura" [una prisión de la CIA en Afganistán], un chico africano —no
quiero mencionar su nombre—, un chico africano que sufrió abusos sexuales, fue
sodomizado, y después de eso le dijeron: "Nos hemos dado cuenta de que es un
error, tú no eres el tipo". Lo liberaron. Y le dijeron: "Eres un hombre
valiente". Le dijeron: "Eres un hombre valiente" solo para intentar reparar psicológicamente
lo que le habían hecho.
Y, de nuevo, lo mismo ocurría en Guantánamo. Había personas encadenadas al suelo. No quiero mencionar
su nombre porque algunas de esas personas me contaron esas historias debido a
mi trabajo con abogados en las cárceles, pero insistieron en que no revelara
sus nombres. Este hombre era un joven yemení y, un día que estaba recluido en
esas prisiones, le bajaron los pantalones y… ya sabes, hay muchos abusos como
ese, abusos sexuales. Por ejemplo, otro chico de China, un joven de China; no
voy a entrar en detalles sobre las cosas horribles que le sucedieron… y así sucesivamente.
Así que hay muchas historias y, como digo, a cada preso se le trata de forma diferente al resto.
Si eres joven y vienes de Oriente Medio, te hacen ciertas cosas con más
frecuencia que si eres una persona mayor y vienes de Europa, por ejemplo. Te
someten a un tipo diferente de tortura. Era diferente. Cada tortura estaba
diseñada para causarte el mayor daño posible psicológicamente, y a veces físicamente.
Amy Goodman: ¿A qué te refieres con que te contaran esas historias porque tenías formación jurídica?
Omar Deghayes: Sí, tenía formación jurídica y, cuando llegó Clive Stafford Smith, Clive hizo
un gran trabajo; fue más valiente a la hora de publicar [información sobre la
prisión], se mostró sensible ante muchas cosas [y] se mostró muy activo a la
hora de hablar y realizó una labor excelente. Y cuando vimos los resultados de
su trabajo, la gente empezó a confiar en él y en mí dentro de las celdas.
Solían enviarme mensajes y cartas de diferentes maneras y formas. Como dijo
Mustafa, teníamos diferentes formas de comunicarnos entre nosotros, aunque no
se nos permitiera hacerlo. Empezaron a enviarme información confidencial sobre
lo que les había sucedido a cada uno de ellos con la condición de que no
mencionara sus nombres exactos, sino que pudiera referirme a ellos de manera
general. Había otro chico saudí/bahreiní que estaba encadenado al suelo y
sufrió abusos sexuales por parte de una interrogadora, y cosas por el estilo.
Así que me contaban sus historias, pero como les da tanta vergüenza hablar de
estas cosas, ni yo mismo soy capaz de describirlas con detalle porque me da
vergüenza y me avergüenza contarlas.
Amy Goodman: ¿Qué es lo que más te ha costado asimilar desde que estás en libertad?
Omar Deghayes: Cuando recuperé la libertad, había muchas cosas que tenía que arreglar y
solucionar. Como llevábamos tantos años alejados de la libertad, teníamos
muchas cosas pendientes. Nuestra familia estaba lejos. Tuvimos que intentar
ponernos en contacto con mi familia, de la que había perdido el rastro; mi
mujer y mi hijo también habían desaparecido. No sabía dónde estaban, si en
Pakistán o en la frontera con Afganistán, y tuve que buscarlos. Fue muy difícil
porque, debido a mis antecedentes, cualquier persona con la que te comunicaras
en Pakistán estaba bajo vigilancia. Fue muy difícil establecer contacto con
ellos y, además, había muchas [otras] cosas.
Tienes que volver a hablar con la gente y tienes que volver a la normalidad, porque estuve encerrado más
de cinco años, y la mayor parte de ese tiempo lo pasé en celdas de aislamiento.
Así que me resultó muy difícil aprender de nuevo a comunicarme con la gente, a
hablar con normalidad y a relacionarme de forma normal. Me costó volver al
trabajo, despertarme con normalidad, dormir con normalidad. Hemos sufrido, y
seguimos sufriendo, muchas dificultades psicológicas, sueños, pesadillas. A
veces, ciertos incidentes nos traen recuerdos de cuando estábamos en las
celdas. Nuestras emociones son diferentes; psicológicamente, nuestros
sentimientos son más fríos de lo que solían ser. No podemos expresar fácilmente
nuestros sentimientos a nuestras familias y amigos. Desconfianza: sospechamos
de todo y de todos. Son muchas, muchas cosas que, como digo, por eso,
cuando empecé al principio, el daño físico que nos causaron probablemente sea
más evidente y duro, pero las heridas y lesiones psicológicas dentro de cada
uno de nosotros son más profundas y probablemente más duraderas que el maltrato físico.
Amy Goodman: Y Terry Mustafa, ¿cómo se lleva a cabo realmente el proceso de conversión? ¿Y
cuál fue la reacción de los oficiales de Guantánamo, de los militares, ante tu
conversión al islam?
Terry Holdbrooks: Cuando Al-Jazeera me entrevistó, me hicieron esta pregunta y luego,
extraoficialmente, me dijeron: "Esta es, en realidad, la pregunta clave. Si
pudieras dar muchos detalles al respecto, esta sería la pregunta clave". Sí,
bueno, por desgracia, la respuesta no tiene tanto que ver con el dinero. Para
abordar esto desde el principio, el proceso de conversión al islam, creo que
uno debería tener una comprensión completa —o al menos saber todo lo que sea
mentalmente capaz de comprender— de qué es el islam, de lo que implica, de los
pilares de la fe [la profesión de fe, las oraciones, el ayuno, la limosna y la
peregrinación a La Meca] y todo lo que conlleva. Creo que eso es lo
fundamental. Pero se trata de un proceso sencillo que consiste en recitar la
shahadah [o profesión de fe], en declarar que no hay más dios que Alá y que
Mahoma es su mensajero, y hacerlo de todo corazón, con toda sinceridad, desde
lo más profundo de tu corazón, con una intención clara, la mente despejada y
buenas intenciones. Obviamente, deben estar presentes otros dos creyentes, pero
es un proceso sencillo, por así decirlo. Errachidi y yo discutimos sobre eso
durante un par de semanas.
Almerindo Ojeda: Ahmed Errachidi, un preso…
Terry Holdbrooks: Sí, perdón a todos. Ahmed Errachidi fue preso en Guantánamo.
Omar Deghayes: De hecho, perdió la cabeza en la cárcel. Lo maltrataron tanto que él… No sé,
¿tú ya te habías ido de la cárcel por entonces?
Terry Holdbrooks: No, no, no. Estuve allí para presenciar su caída.
Omar Deghayes: Sí, se volvió completamente loco. Le administraron inyecciones y cosas así
hasta que perdió por completo la razón. Recuerdo mirarlo y verlo, como si
hablara sin sentido. Era muy triste ver a ese hombre tan agradable, tan
inteligente, y luego derrumbarse, a causa de los abusos a los que fue sometido.
Terry Holdbrooks: El propio Errachidi, personalmente, tenía cierta reputación. Le llamábamos "el
General". Era el general de los detenidos porque era el tipo de persona que…
Omar Deghayes: Es una locura que le describieran como un general y pensaran que era alguien
muy importante en [Al] Qaeda, a pesar de que trabajaba de cocinero.
Terry Holdbrooks: Sí, sí, sí. Aunque no fue tanto por eso. Quiero decir, los militares pensaban
que era un líder, pero la razón por la que le llamábamos "El General" era
porque, si había un bloque en el que se estaban produciendo disturbios, él
podía entrar allí, decir una sola frase y todo el mundo se calmaba.
Omar Deghayes: Es cierto. Pero los interrogadores lo decían en serio. Me refiero, por ejemplo,
a Shaker Aamer, encerrado en la cárcel.
Terry Holdbrooks: Exacto.
Omar Deghayes: Durante nueve años, Shaker Aamer… lo mismo. Le llamaban "el profesor" porque la
gente le quería, y le querían por diferentes razones, como a Errachidi. Es
porque hablaban bien inglés y árabe, eran mayores y solían hacer de intérpretes
para la gente e intentaban ayudarles.
Terry Holdbrooks: Sí, sí, sin duda. Eran personas que resolvían problemas.
Omar Deghayes: Y por eso, la gente los respetaba y los quería. Y solo por el hecho de que
[ellos] demostraran que lo respetaban mucho, empezaron a llamarlos "generales"
y "profesores" —y a considerarlos personas realmente inteligentes—. Los
interrogadores se creían de verdad ese tipo de comentarios. Y solo por eso,
algunos de ellos siguen en la cárcel. Simplemente porque la gente los respeta y
por cómo los ven dentro de la cárcel. No por cómo se comportaron ni por lo que
habían hecho antes. He visto en los periódicos las acusaciones contra Shaker y
los cargos que le imputaban, y eran cosas sin fundamento. Cosas por las que no
deberían haberlo retenido durante nueve años solo por eso.
Terry Holdbrooks: Sí, teníamos algunos apodos pintorescos y cariñosos para algunos de los
detenidos, obviamente. Volviendo a la pregunta, la verdad es que, al principio,
a Errachidi no le gustó ni aceptó necesariamente la idea de que yo me acercara
al islam. Le dije algo así como: "Oye, creo que quiero convertirme, creo que
quiero abrazar la fe de verdad". Nunca había tenido fe en mi vida y el islam es
la única religión que alguna vez me ha parecido lógica. El día que se lo
comenté por primera vez, se limitó a mirarme. Giró la cabeza, me miró y me
dijo: "No". Simplemente hizo un gesto con la mano y no me dirigió la palabra en
todo el resto del día. Yo le dije: "¿En serio? Tío, nos sentamos a hablar como
seis horas seguidas, ¿y vas a limitarte a hacer un gesto con la mano y decir
que no? Uf. Venga ya". Y no me dirigió la palabra en todo el resto del día.
Lo vi una semana después y le pregunté al respecto, pero siguió diciendo que no. Y finalmente, una noche,
mientras trabajaba en el turno de noche, me acerqué a él y hablé con él. Le
dije: "Ya sabes que me comporto como es debido, estoy al tanto de todo esto y
quiero pronunciar mi shahadah". Y él me hizo sentarme y estuvimos hablando unas
dos horas, discutiendo todas las normas que hay que cumplir en el islam y en
relación con la sociedad estadounidense, y cómo vivir como un buen musulmán no
va a ser, en absoluto, compatible con todo eso. Pero, tras una larga
conversación, al final cedió y me transcribió la shahadah para que pudiera
recitarla. Y en cuanto al ejército…
Omar Deghayes: Pero, Mustafa, hay varios guardias que se han convertido al islam, y la gente
no se da cuenta de eso. Creen que tú eres la única persona que se ha convertido
al islam dentro de Guantánamo. Hay varios guardias que se han convertido al
islam allí, y hay una guardia con la que seguimos en contacto. Y nos envía
mensajes. Dice que lleva hiyab y que se ha convertido al islam hace poco.
Terry Holdbrooks: ¡Al-Hamdulillah!
Omar Deghayes: Y nos envía mensajes. Pero tiene mucho miedo de dar un paso al frente. Le hemos preguntado
si le sería posible hablar de ello y seguimos en contacto con ella. Hay varias
personas que, dentro de las cárceles…
Almerindo Ojeda: Nos encantaría contar con su testimonio de forma anónima.
Omar Deghayes: Sí, se lo diré, porque le envía un bonito mensaje a Moazzam Begg, y dijo: "Dile
a tus amigos de Londres que lo que viví en Guantánamo cambió mi vida por
completo". Y una de las cosas que dijo fue: "Recuerdo a alguien que llegaba
débil a las celdas, procedente de otra prisión, y el apoyo que recibía, y la
camaradería que había dentro de esas prisiones era simplemente admirable". Le
impresionó eso, y cómo la gente se ayudaba mutuamente en medio de esas condiciones horribles.
Amy Goodman: Omar, estamos a punto de llegar al final de esta conversación. La
videoconferencia va a terminar, pero en los últimos días te planteaste si
querías participar en ella. ¿Puedes explicarnos por qué?
Omar Deghayes: Fue por casualidad. Estaba mirando mi Facebook y alguien me envió un mensaje
por Facebook. Me envió un vídeo en el que aparecía un soldado estadounidense…
Miré el vídeo y en él se veía a un soldado estadounidense en Irak que estaba
violando a una civil, una mujer, una mujer iraquí, y él mismo había grabado el
incidente y se jactaba de ello. Fue muy triste ver que estas atrocidades siguen
ocurriendo en Irak. Y como los soldados estadounidenses hacen estas cosas por
orden de los generales y otros —[además de] lo que ocurrió en Abu Ghraib y las
muchas otras imágenes que probablemente tenían—, pensé que era inaceptable que
yo hablara con personas que seguían cometiendo estas atrocidades en esos
países. Sobre todo cuando sabemos que Obama se ha negado a hacer públicas
algunas de esas imágenes que tienen en su poder. Me refiero a que el
Departamento de Defensa tiene en su poder imágenes aún peores de ciudadanos
estadounidenses que cometieron esos actos delictivos, y Obama, aunque es mucho
mejor que Bush y la administración anterior, no ha hecho que estas personas
rindan cuentas.
La foto de este hombre está en Internet, y está cometiendo esos delitos. Es horrible solo con verlo, y probablemente siga
en libertad, nadie le ha hecho nada. Y además se jacta de ello. Y si Estados
Unidos quiere respetarse a sí mismo, este es el mensaje, y si quiere que la
gente lo tome en serio, que esta guerra es una guerra moral —si quiere tener
una base moral—, debería juzgar a esos criminales que han cometido esas
atrocidades. Esa fue la razón que me hizo pensar que quizá no debería
participar en esto.
Amy Goodman: ¿Cómo sabes que el vídeo es auténtico?
Omar Deghayes: Sí, creo que es auténtico porque no es el único vídeo, hay más; ya he visto un
par de vídeos antes. En algunos de ellos aparecían mujeres hablando en
Al-Jazeera, como, por ejemplo, Sabrina Janadi, una joven iraquí que describió
lo que le había sucedido y es un hecho contrastado. Y hay muchos, muchos otros
en Irak. He visto grabaciones de guardias estadounidenses alardeando y
hablando; todo el mundo conoce las fotografías que el Departamento de Defensa
se negó a publicar, porque dijeron que, si las publicaban, causaría aún más
agitación en Oriente Medio debido a lo espantosas que eran esas imágenes y esos
vídeos, y esto significa que esto estaba ocurriendo dentro de esas prisiones y
bajo la mirada de las oficinas de supervisión y de los superiores de esas
personas, pero es probable que a quienes cometieron esos crímenes se les
animara a hacerlo. Por lo demás, no hemos tenido noticia de que se haya exigido
responsabilidades a nadie como es debido.
Amy Goodman: Entonces, ¿qué te llevó a decidir participar?
Omar Deghayes: Cuando Almerindo habló conmigo, me dijo que era mejor hablar con la gente sobre
esto, sobre todo. No somos esas mismas personas, somos diferentes; estamos
intentando convencer a la gente de Estados Unidos de las atrocidades que
realmente ocurrieron bajo la llamada "guerra contra el terrorismo". Intentamos
mostrar a la gente y explicar la verdad y, Omar, si no participas en esto, lo
único que haces es decepcionarnos a los que estamos intentando organizar esto y
explicar a la gente cuál es la realidad y qué está ocurriendo realmente sobre
el terreno. Porque la gente suele escuchar solo una versión de la historia. Y
para formarnos una opinión adecuada, necesitamos escuchar ambas versiones.
Almerindo Ojeda: Omar, ¿es posible la reconciliación?
Omar Deghayes: Creo que, sin duda, es posible. Por supuesto. Quiero decir, nosotros, los seres
humanos, nadie quiere la guerra. No creo que el pueblo afgano quiera la guerra.
Se han visto muy afectados por ella. Nadie en Irak quiere que su país sea
ocupado, bombardeado, torturado y arrasado. Pero, en cuanto a la
reconciliación, debemos aprender a respetarnos mutuamente y a resolver nuestros
problemas sin recurrir a la fuerza ni a la violencia. Debemos respetar los
puntos de vista de los demás. Quiero decir que algunas personas tienen formas
diferentes de ver las cosas en la vida. Nosotros, como decía Mustafa sobre su
conversión al islam, tenemos valores distintos, vemos las cosas de otra manera,
pero eso no significa que tengamos que luchar unos contra otros. Podemos
sentarnos a negociar y podemos entendernos. Como he dicho, ya sabéis, las cosas
pueden empeorar —y probablemente lo harán— cuando se recurre a la fuerza bruta
para resolver los problemas. Todos tenemos familias y sabemos que, incluso en
nuestras propias familias, cuando intentamos obligar a nuestros hijos, o forzar
a personas más débiles que nosotros dentro de la familia a hacer algo, nunca
sale bien. Lo único que se consigue es provocar rebelión y empeorar las cosas.
Amy Goodman: Omar Deghayes, ¿hay algo más que quieras añadir? Es probable que el vídeo se
corte en cualquier momento.
Omar Deghayes: Sí, solo quiero daros las gracias a todos por haber venido. Ha sido un placer.
Me alegra mucho conocer a gente como vosotros, que tenéis el valor de defender
vuestros principios y, espero, lo que es justo, y de abogar por la comprensión
y por escuchar a la otra parte. Ha sido un placer participar y me alegro de
haber cambiado de opinión y haber venido. Espero que podáis cambiar las cosas
para mejor en Estados Unidos y, probablemente, en el mundo. Muchas gracias por
invitarme, ha sido un placer.
Amy Goodman: Mustafa Abdullah, ¿hay algo que te gustaría decirle a Omar Deghayes?
Terry Holdbrooks: ¿De verdad crees que la reconciliación es posible? Esto podría derivar en una
conversación totalmente descabellada. Probablemente sería mejor que lo
hiciéramos por Facebook o algo así, por correo electrónico. La magnitud de la
reestructuración que se necesitaría en Estados Unidos, tanto a nivel social
como en nuestro sistema educativo… Hay tanto que habría que hacer para
renovarlo, para sentar las bases, para tender un puente de conexión entre el
Este y el Oeste. Me resulta inspirador oír que tienes esperanza en que la
reconciliación sea posible. Sinceramente, siempre me sorprende y me impacta
saber de otro detenido que ha salido y no ha decidido tomar represalias. Creo
que es increíble. Sin duda, es algo por lo que os felicito a todos. Y en cuanto
a esa hermana de la que hablabas, hazle saber que es responsabilidad de todos
nosotros, los musulmanes: si tenemos conocimiento de injusticias sociales o de
cualquier otra cosa que les esté sucediendo a nuestros hermanos y hermanas, es
nuestra responsabilidad tomar algún tipo de medida al respecto. Aunque ella
hable de forma anónima, sigue expresándose y actuando, y eso es lo que va a
ayudar a facilitar el cambio.
Amy Goodman: Mustafa, ¿cuál ha sido la reacción de otros soldados, mandos y oficiales ante
tu conversión?
Terry Holdbrooks: De hecho, conseguí mantener mis creencias y afiliaciones religiosas en privado
y sin dar mucho que hablar. Solo había dos personas en Guantánamo que lo
sabían, y eran personas en las que podía confiar. Eran muy pocas y muy lejanas
las personas en las que podía confiar. Yo también sufrí muchos de los mismos
efectos secundarios que Omar mencionaba por haber estado en Guantánamo. Todavía
tengo pesadillas sobre ese lugar; caí en un alcoholismo extremo intentando
olvidarlo. Es horrible. Pero lo mantuve en secreto hasta que volvimos a Fort
Letterwood. Cuando regresamos a Fort Letterwood, a nadie le importaba lo que yo
hiciera en ese momento; ellos estaban de vuelta con sus familias y tenían su cerveza,
sus PlayStation y todo lo demás. No les importaba lo que yo hiciera. Así que,
en ese momento, dejé de ser relevante y fue entonces cuando me sentí lo
suficientemente cómodo como para hablar de ello. Mi familia y mis amigos no han
dicho nada negativo al respecto; me han apoyado a mí y a lo que hago. Al menos,
la gente con la que sigo hablando. Si quieren tener una conversación conmigo,
entonces son mis verdaderos amigos. Si no, es que nunca lo fueron.
Amy Goodman: ¿Y cuáles son tus planes ahora?
Terry Holdbrooks: Espero poder publicar mi libro. Tengo otros cuatro esbozados en mi mente que me
gustaría escribir. Sin embargo, los cuatro siguientes serán de ficción. Pero
tengo cuatro libros más que me gustaría escribir y que señalarán muchas
comparaciones y contrastes entre Estados Unidos y Oriente Medio y, con suerte,
ayudarán a tender puentes entre Oriente y Occidente, contribuyendo a crear
algún tipo de entendimiento.
Amy Goodman: Y Omar, ¿cuáles son tus planes ahora?
Omar Deghayes: Ahora mis planes son sencillos. Simplemente seguir viviendo mi vida e intentar
hacer el bien, además de ayudar a quienes siguen recluidos en Abu Ghraib y a
muchos otros en prisiones secretas; creo que es una misión ayudar a liberarlos.
Me licencié… De joven siempre quise dedicarme al derecho de los derechos
humanos y así lo hice, y ahora creo que quizá esté en una mejor posición para
trabajar, ya que ejerzo como abogado de derechos humanos para ayudar a muchas,
muchas otras personas menos afortunadas. Porque a lo largo de toda mi vida he
experimentado lo que es la opresión. Cuando les ocurrió a mi padre y a mi
familia en Libia, y cuando crecí y fui a Guantánamo. Se puede lograr mucho
hablando y defendiendo esos derechos.
Amy Goodman: Queremos daros las gracias a los dos por dedicarnos vuestro tiempo y por
participar de verdad en este acontecimiento histórico en el que un guardia de
prisiones y un preso de Guantánamo han conversado entre sí y han compartido con
todos nosotros sus experiencias allí. Muchas gracias.
Terry Holdbrooks: Por supuesto.
Almerindo Ojeda: Muchas gracias por vuestra asistencia. Fuera, junto a la puerta, hay libros de
Amy Goodman y de otro autor que quizá conozcáis. Ambos son interesantes para
quienes habéis asistido a este encuentro. No dejéis de echarles un vistazo. Amy
firmará ejemplares de su libro y el otro autor también firmará ejemplares del suyo.
Amy Goodman: Y quizá la próxima vez Mustafa esté sentado junto a nosotros, firmando también su libro.
Terry Holdbrooks: Inshaallah.
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