Navidad en Guantánamo
25 de diciembre de 2010
Andy Worthington
Hace diez días, cuando viajé a Sheffield con mi amigo, el ex-prisionero de Guantánamo
Omar Deghayes, para asistir a la proyección del documental “Outside
the Law: Stories from Guantánamo” (que codirigí con Polly Nash), le
pregunté a Omar cómo era Guantánamo en Navidad, ya que sabía que había pasado
cinco Navidades encarcelado allí y pensé que podría ser un artículo interesante
para estas fiestas.
De hecho, había poco que contar. Al parecer, las autoridades hicieron algún esfuerzo en esta gran
festividad cristiana, pero los presos, en su mayoría, no estaban de humor para
aceptar un día de caridad cuando el resto del año estaba tan desprovisto de
caridad cristiana.
En cambio, he pensado aprovechar esta oportunidad para recordar a los lectores que quizá estén
buscando en Internet porque necesitan un respiro de tanto comer y beber, o
porque quieren alejarse de sus familias por un rato, o porque la televisión es
tan implacablemente insustancial, o porque no celebran la Navidad, la situación
de algunos de los 174
hombres que siguen recluidos en Guantánamo, por quienes es especialmente
oportuno preocuparse en estos momentos, ya que, entre la Administración Obama y
el Congreso, parecen
haber asegurado que la mayoría de ellos pasarán muchas más Navidades en Guantánamo.
Mis primeros pensamientos fueron para los presos sobre los que he escrito recientemente —en particular, Shaker
Aamer, el último residente británico en Guantánamo, cuya puesta en libertad
fue autorizada en 2007 pero que sigue recluido; Ahmed Belbacha, un argelino,
también autorizado para su liberación en 2007, que vive aterrorizado ante la
posibilidad de ser repatriado a la fuerza; y Fayiz
al-Kandari, un kuwaití que perdió
su recurso de hábeas corpus en septiembre, pero que, según cualquier
criterio objetivo, parece ser un hombre inocente.
Animo a los lectores a que visiten
esta página para obtener información sobre cómo escribir a los gobiernos
británico y estadounidense en relación con Shaker Aamer, a que visiten
esta página para conocer los últimos intentos de los abogados de Ahmed
Belbacha por impedir su repatriación involuntaria, y a que visiten
esta página para firmar una petición en la que se solicita al fiscal
general Eric Holder que devuelva a Fayiz al-Kandari a Kuwait (o simplemente
firmen la petición aquí).

|
Sin embargo, al pensar en todos los presos que siguen detenidos, también me vino a la mente un preso en
particular sobre cuya historia no he escrito desde hace muchos meses, pero que
necesita ayuda urgentemente. Ese hombre es Adnan Farhan Abdul Latif, un preso
yemení de 34 años que ganó
su recurso de hábeas corpus el 21 de julio de este año, pero que sigue
detenido, a pesar de que durante la vista quedó claro que la administración
Bush había autorizado su liberación de Guantánamo en 2007, y a pesar de que uno
de sus abogados, David Remes, explicó tras la sentencia: "Se trata de un hombre
con trastornos mentales que ha dicho desde el principio que fue a Afganistán en
busca de atención médica porque era demasiado pobre para pagársela. Por fin, un tribunal ha reconocido que ha estado diciendo
la verdad y ha ordenado su puesta en libertad".
Latif padece sin duda una enfermedad mental y podría tener esquizofrenia. También ha intentado suicidarse
en numerosas ocasiones y, tal y como explicó
Amnistía Internacional en un informe de 2009, le dijo a sus abogados que
"cuando está despierto ve fantasmas en la oscuridad, oye voces aterradoras y
sufre pesadillas cuando duerme". También contó a sus abogados que había
"ingestado todo tipo de materiales, incluyendo bolsas de basura, vasos de
orina, rosarios, una botella de agua y un tornillo", que había "comido sus
propios excrementos y se los había untado por el cuerpo" y que había "utilizado
sus propios excrementos para cubrir las paredes de la puerta de su celda, la
cámara del techo de su celda y la rejilla de ventilación de su celda".
A pesar de ello, sigue detenido porque la Administración Obama ha recurrido su recurso de hábeas
corpus, que había prosperado, al igual que ha hecho en los casos de otros
cuatro yemeníes cuyos recursos de hábeas corpus también prosperaron: Mohammed
al-Adahi, cuya petición
ganada fue revocada
por el Tribunal de Apelación del Distrito de Columbia en julio; Saeed
Hatim, que ganó su petición el pasado diciembre; Uthman
Mohammed Uthman, que ganó su petición en febrero de este año, y Hussein
Almerfedi, que ganó su petición en julio de este año.
Al igual que Latif, estos tres hombres están a la espera de una resolución del Tribunal de Apelación del
Distrito de Columbia (un tribunal mayoritariamente conservador dominado por
jueces que han dictado una serie de sentencias
inquietantes en apoyo del poder ejecutivo de la era Bush), y sería difícil
no llegar a la conclusión de que la administración Obama se complace en apelar
cualquier petición aceptada presentada por un yemení, ya que ello se ajusta al
deseo de los altos funcionarios de no liberar a ningún yemení de Guantánamo.
Aunque el Grupo de Trabajo de Revisión de Guantánamo, convocado por el presidente Obama el año pasado
para revisar todos los casos de Guantánamo,
concluyó que 59 de los 89 yemeníes que siguen recluidos en Guantánamo deberían
ser liberados, solo uno (Mohammed Hassan Odaini, que ganó
su petición de hábeas corpus en mayo) ha sido liberado
en el último año debido a una moratoria
que el presidente Obama decretó en enero, impidiendo la liberación de cualquier
preso a Yemen, después de que se revelara que el autor del fallido atentado con
bomba en un avión el día de Navidad del año pasado, Umar Farouk Abdulmutallab,
había sido reclutado en Yemen.
Al comentar la injusticia de esta moratoria en septiembre de este año, haciendo referencia
específica al caso de Adnan Farhan Abdul Latif, Letta
Taylor, de Human Rights Watch, escribió:
El caso de Latif pone de relieve tanto las graves violaciones de los derechos humanos como los
riesgos estratégicos inherentes a este tipo de prohibiciones generales. Detener
a Latif por un intento de atentado con bomba cometido sin su conocimiento ni
participación es una forma de castigo colectivo que viola los conceptos
estadounidenses de justicia. Mantenerlo detenido por la sospecha de un delito
que, en teoría, podría cometer en el futuro, sobre todo sin pruebas creíbles de
que haya cometido un delito en el pasado, es una traición igualmente grave a
los valores constitucionales de Estados Unidos. El recurso de Estados Unidos a
la detención preventiva también proporciona a los militantes una herramienta de
reclutamiento y sienta un peligroso precedente para los regímenes abusivos de
todo el mundo.
Mientras el Gobierno sopesa su próximo paso, Latif, de 34 años, vive en una celda de aislamiento,
salvo cuando lo trasladan a la unidad psiquiátrica o lo alimentan a la fuerza
por la nariz durante sus frecuentes huelgas de hambre. Su abogado, David Remes,
afirmó que cuando visitó a Latif el mes pasado, lo encontró demacrado y sentado
en el suelo con una prenda acolchada conocida en Guantánamo como "bata
antisuicidio". Dijo que el cuello de Latif presentaba abrasiones por los
intentos de estrangularse la noche anterior con la cintura de su ropa interior.
Remes dijo que cuando le comunicó a Latif que un juez había ordenado su puesta en libertad, este
estaba demasiado abatido como para mostrar mucho interés.
El "castigo colectivo" infligido a los yemeníes —o lo que yo denomino "culpabilidad por
nacionalidad"— sigue siendo el ejemplo más impactante de la injusticia que
persiste en Guantánamo, sobre todo ahora que el Congreso acaba de aprobar la
ley de autorización de defensa de este año, que incluye específicamente una disposición
que impide al presidente repatriar a ningún preso a Yemen —ni a otros
países considerados problemáticos, como Afganistán y Pakistán— bajo ninguna circunstancia.
No me gusta ser portador de noticias tan sombrías en lo que debería ser un momento de
celebración cristiana, pero dentro de solo 17 días se cumplirá el noveno aniversario
de la apertura de Guantánamo. Ese día estaré en Washington D.C., apoyando a los
estadounidenses que protestan contra la continua existencia de Guantánamo y,
para ser sincero, me vendría muy bien la ayuda de cualquiera que pueda
aconsejarme sobre cómo hacer llegar el mensaje al pueblo estadounidense —y a
sus líderes— de que si Cristo apareciera mañana, se sentiría profundamente
consternado al ver que los estadounidenses que dicen ser sus seguidores
encuentran formas cada vez más elaboradas de retener a hombres que no deberían
estar retenidos —y cuya detención prolongada es injustificable— casi nueve años
después de que fueran encarcelados por primera vez en unas instalaciones
experimentales que siguen siendo un insulto a todas sus enseñanzas.
¡Hazte voluntario para traducir al español otros artículos como este! manda un correo electrónico a espagnol@worldcantwait.net y escribe "voluntario para traducción" en la línea de memo.
E-mail:
espagnol@worldcantwait.net
|