La locura de Tony Blair, la inutilidad de la investigación Chilcot
30 de enero de 2010
Andy Worthington
¿Servirá de algo, pues, la investigación Chilcot sobre la invasión ilegal de Irak cuando
finalmente llegue a sus conclusiones? No parece probable. En los últimos dos
meses hemos vivido momentos fascinantes: el 26 de noviembre, por ejemplo,
cuando Sir Christopher Meyer, embajador británico en Estados Unidos, prestó
testimonio que, como expliqué
en su momento, “demostró, sin lugar a dudas, cómo el “cambio de régimen” en
Irak fue acordado entre George W. Bush y Tony Blair en abril de 2002, y cómo la
prisa de Estados Unidos por ir a la guerra significó que los furiosos intentos
por justificar el plan estuvieran condenados al fracaso, “porque no había
pruebas irrefutables””.
La semana pasada, tuvimos el inquietante testimonio de Sir Michael Wood, asesor jurídico del Ministerio de
Asuntos Exteriores, y de su adjunta, Elizabeth Wilmshurst. Wood reveló cómo
Jack Straw, quien en ocasiones se ha presentado a sí mismo como el disidente
más destacado del Gabinete, había rechazado, de una manera sin precedentes, las
recomendaciones de su asesor jurídico. El 24 de enero de 2003, Wood escribió a
Straw diciéndole que el Reino Unido «no puede utilizar legítimamente la fuerza
en Irak para garantizar el cumplimiento» sobre la base de las resoluciones
existentes de la ONU, incluida la resolución 1441, que, en noviembre de 2002,
concedió a Sadam Husein una «última oportunidad» para cumplir. Añadió:
“Utilizar la fuerza sin la autorización del Consejo de Seguridad equivaldría a
un crimen de agresión”. En su respuesta, Straw escribió que “tomaba nota” del
consejo de Sir Michael, pero que “no lo aceptaba”.
En una declaración reciente, con fecha del 15 de enero de 2020 y presentada como parte del
expediente (PDF),
Wood no había cambiado de opinión y escribió de forma inequívoca: “Consideré
que el uso de la fuerza contra Irak en marzo de 2003 era contrario al derecho
internacional. En mi opinión, ese uso de la fuerza no había sido autorizado por
el Consejo de Seguridad y carecía de cualquier otro fundamento jurídico en el
derecho internacional”.
Wilmshurst, quien, a diferencia de Wood, dimitió debido a su oposición a la ilegalidad de la guerra,
también se mostró devastadoramente crítica, explicando, de una manera
poderosamente sobria, que todo el proceso fue «lamentable» y careció de
transparencia. También se hizo pública, como parte de las actuaciones, la carta
de dimisión de Wilmshurst, fechada el 18 de marzo de 2003, cuya lectura resulta
fascinante (incluido junto con un conjunto de otra correspondencia). Wilmshurst escribió:
1. Lamento no poder estar de acuerdo conque sea lícito recurrir a la fuerza contra Irak sin una segunda resolución
del Consejo de Seguridad que reavive la autorización otorgada en la Resolución
678 del Consejo de Seguridad. No es necesario que exponga mi razonamiento;
usted ya lo conoce. Mis opiniones coinciden con el asesoramiento que se ha
prestado sistemáticamente en esta oficina antes y después de la adopción de la
resolución 1441 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y con lo que el
fiscal general nos dio a entender que era su opinión antes de su carta del 7 de
marzo. (La opinión expresada en dicha carta, por supuesto, ha vuelto a cambiar
hasta convertirse en lo que ahora es la línea oficial). Mi conciencia no me
permite seguir un asesoramiento —ya sea dentro de la Oficina, ante el público o
ante el Parlamento— que afirme la legitimidad de una acción militar sin dicha
resolución, sobre todo porque un uso ilegal de la fuerza a tal escala equivale
a un crimen de agresión; tampoco puedo estar de acuerdo con tal acción en
circunstancias tan perjudiciales para el orden internacional y el Estado de derecho.
2. Por lo tanto, me veo obligado a abandonar la Oficina: mis opiniones sobre la legitimidad de la intervención en
Irak no me permiten continuar desempeñando mi cargo de asesor jurídico adjunto
ni, en general, seguir realizando mi labor. Por ejemplo, en el contexto de la Corte
Penal Internacional, este año se reanudan las negociaciones sobre el delito de
agresión. Por ello, estoy hablando con Alan Charlton para ver si puedo acogerme
a una jubilación anticipada autorizada. En caso de que ello no sea posible, la
presente carta deberá considerarse como notificación de mi dimisión.
3. Me incorporé a la Oficina en 1974. Ha sido un privilegio trabajar aquí. Me marcho con gran tristeza.
Por el contrario, la comparecencia de ayer de Tony Blair nos recordó a muchos por qué nos alegramos
tanto de que se fuera, y por qué las certezas absolutas del ex primer ministro
—que siempre parecían acentuarse cuanto más se enfrentaba a la oposición— no le
dan ningún motivo para eludir su responsabilidad por el papel clave que
desempeñó en una invasión criminal que ha provocado la pérdida de tantas vidas.
Tras un comienzo nervioso, resurgió su certeza maniquea y unidimensional sobre
el mundo, hasta el punto de que se negó a pedir perdón por nada y, en cambio,
animó a la Comisión de Investigación a imaginar lo terrible que sería el mundo
si Sadam Husein siguiera en el poder, e incluso comenzó a hacer alarde de su
poderío militar con respecto a Irán.
En un editorial de hoy, The
Guardianha captado gran parte de la locura de Blair, aunque los
editores se hayan negado a utilizar ese término concreto:
Hay un planeta, bastante alejado del real, en el que vive Tony Blair. Ayer invitó a la Comisión Chilcot a acompañarle
hasta allí. En esta Tierra alternativa, las certezas se desvanecen y las
falsedades se convierten en verdades. Los hechos se transforman en opiniones y
los juicios se convierten en pruebas. El éxito y el fracaso son lo mismo. En
este extraño planeta, la invasión de Irak no fue un desastre, sino un acto
necesario e incluso heroico. Otros testigos ante la Comisión Chilcot han
admitido sus errores. El Sr. Blair simplemente dijo que volvería a invadir Irak
sin dudarlo.
Su comparecencia de ayer ante la comisión de investigación sobre Irak fue fascinante, no tanto por los hechos que reveló
como por la inquietante visión que ofreció de su mentalidad. Esto quedó patente
sobre todo en unos últimos minutos muy elocuentes. Cuando se le pidió que
expresara su pesar, ante los familiares de los soldados fallecidos en el
conflicto, el Sr. Blair solo admitió su responsabilidad. Incluso sugirió que
los militares deberían sentir «un sentido de orgullo y logro». Esta
escalofriante forma de pensar, mucho más que cualquier interpretación del
derecho internacional o información errónea sobre armas de destrucción masiva,
es la razón por la que Gran Bretaña entró en guerra con Estados Unidos en Irak.
Se trata de una visión maniquea en toda regla. Para Blair, hay buenos y malos,
valores buenos y malvados, y importa mucho de qué lado se esté. Su objetivo era
Irak, ahora es Irán, como dijo ayer abiertamente y en repetidas ocasiones.
¿Debería la Comisión Chilcot haberle puesto las cosas más difíciles a Tony Blair? Sin duda, eso creo,
pero mientras los manifestantes, agotados tras seis horas de evasivas, gritaban
finalmente que Blair era un mentiroso y un asesino, yo sigo sintiéndome
sombríamente fascinado por la seguridad de Blair. ¿De verdad no tiene ninguna
duda? ¿No hay ningún rincón de su ser que se estremezca ante toda la muerte que
desató? En este sentido, mis sentimientos sobre la investigación reflejan los
comentarios realizados al bloguero de la investigación sobre Irak de Channel 4
por un testigo anónimo de la misma, quien explicó:
El período previo a la guerra fue una tragedia de la Antigua Grecia en la que el protagonista cayó tanto por sus
fortalezas como por sus debilidades. Por ejemplo, sus convicciones y
habilidades interpersonales le permitieron, por sí solo, convencer a Bush de
que desistiera de la acción unilateral (habría derrocado a Sadam pasara lo que
pasara), persuadir a un Consejo de Seguridad escéptico para que emitiera el
ultimátum de la Resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU y convencer
a casi todo su gabinete de que le apoyara en la aventura. Sin embargo, el
resultado destruyó su mandato como primer ministro y su reputación. ¿Cómo
conspiró entonces el destino para producir este resultado? Cada paso le parecía
lo correcto en ese momento, pero el resultado fue una tragedia. Eso es lo que,
en mi opinión, la investigación debía analizar.
¡Hazte voluntario para traducir al español otros artículos como este! manda un correo electrónico a espagnol@worldcantwait.net y escribe "voluntario para traducción" en la línea de memo.
E-mail:
espagnol@worldcantwait.net
|