“El infierno en la Tierra”: un somalí liberado habla sobre Guantánamo
23 de diciembre de 2009
Andy Worthington
La AFP consiguió
el lunes una entrevista con Mohamed Saleban Bare (conocido por el Pentágono
como Mohammed Sulaymon Barre), el refugiado somalí liberado
de Guantánamo el fin de semana junto con otros once hombres (entre ellos
otro somalí, Ismail Mahmoud Muhammad), quien dirigía una red de transferencia
de dinero para la diáspora somalí en Karachi (Pakistán) hasta que fue detenido
en una redada domiciliaria el 1 de noviembre de 2001. La organización para la
que trabajaba estaba, a ojos de las autoridades estadounidenses, relacionada
con otra empresa de transferencia de dinero que tenía vínculos con los
secuestradores del 11-S, a pesar de que la Comisión del 11-S concluyó tras más
de cinco años de investigación que no era así.
En declaraciones al reportero de la AFP Mustafa Haji Abdinur en un hotel de Hargeisa, la ciudad
natal de Bare y capital del estado separatista del norte de Somalilandia, Bare
declaró: “Guantánamo es como el infierno en la Tierra”. Añadió: “Aún no me
siento normal, pero doy gracias a Alá por mantenerme con vida y libre de los
sufrimientos físicos y mentales de algunos de mis amigos. Algunos de mis
compañeros en la prisión perdieron la vista, otros perdieron extremidades y
otros acabaron con trastornos mentales. Yo estoy bien en comparación con ellos”.
Bare le dijo a Abdinur que gozaba de “buena salud física”, pero el reportero explicó que el hombre de 44
años “parece aturdido, habla muy bajo y camina con cautela”.
Tras explicar que, en el momento de su detención, llevaba muchos años en Pakistán “con varios familiares
que habían huido de la violencia en Somalia y esperaban obtener asilo en un
país occidental”, afirmó que permaneció recluido en Pakistán durante unos
cuatro meses y que, posteriormente, fue trasladado a Afganistán, donde quedó
bajo custodia estadounidense.
“En Bagram y Kandahar, las condiciones eran duras, pero cuando nos trasladaron a Guantánamo, las tácticas
de tortura cambiaron”, explicó. “Utilizan un tipo de tortura psicológica que te
mata mentalmente”. Esto, añadió, “incluía privar a los prisioneros de sueño
durante al menos cuatro noches seguidas y alimentarlos una vez al día con solo
una galleta”. También explicó: “Y con el frío te dejan dormir sin manta.
Algunos de los reclusos sufren torturas más duras, como descargas eléctricas y palizas”.
Abdinur señaló que Bare se mostraba “reacio a responder a preguntas sobre sus supuestos vínculos con
Al-Ittihad Al-Islamiya, un movimiento islamista somalí del que surgieron muchos
de los actuales líderes de los Shebab, vinculados a Al Qaeda”, lo cual era,
creo, comprensible dado que finalmente había sido puesto en libertad tras ocho
años de detención sin cargos ni juicio por parte de las autoridades
estadounidenses, que no lo habrían hecho si hubiera habido alguna prueba de tal implicación.
En respuesta a las preguntas, afirmó en cambio: “Guantánamo es un lugar de humillación para los
musulmanes. Todos los reclusos son musulmanes, pero ellos (los estadounidenses)
afirman que la prisión es para terroristas. ¿Por qué no detienen a los no musulmanes
que pertenecen a esos supuestos grupos terroristas?”.
También afirmó: “En Guantánamo no se respeta ninguna convención de derechos humanos. Los
interrogadores obligan a los reclusos a confesar delitos que no han cometido
torturándolos y mancillando su religión. Arrojaban Coranes al retrete y subían
el volumen de la música durante las oraciones”.
Para concluir, explicó que las autoridades estadounidenses “nunca le habían dicho por qué lo habían
detenido”, y afirmó: “Solían hacerme muchas preguntas, la mayoría relacionadas
con mis antecedentes, como qué hacía en Somalia y sobre la gente que conozco.
Todo se basaba en sospechas y no en un caso claro”.
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