Andy Worthington habla sobre Guantánamo con Brad Friedman en el
programa de Mike Malloy
30 de diciembre de 2009
Andy Worthington
El martes tuve el placer de volver a hablar con Brad Friedman, periodista ciudadano de
investigación y presentador de “The Brad
Blog”, quien sustituyó a Mike Malloy en el programa de debate progresista
de Dallas, Texas.
Para mí, esto supuso madrugar a las 2 de la madrugada, pero siempre es un placer hablar con Brad, y
me alegra que se tomara el tiempo de exponer a los oyentes habituales de Mike
lo que él describió como “la historia menos cubierto de la última década” o,
como lo expresó en The Brad Blog, donde se puede escuchar el programa: “Andy
Worthington con una hora exasperante sobre nuestra desastrosa, inmoral,
vergonzosa y fallida política de detención en Guantánamo”. El
MP3 está aquí.
Sin contar las pausas publicitarias, el programa de una hora duró en realidad 38 minutos, lo que le
dio a Brad tiempo para expresar su repetida exasperación por la continua
existencia de Guantánamo y el fracaso de Barack Obama a la hora de cerrar la
prisión. Durante el programa, Brad emitió varios fragmentos de audio del nuevo
documental “Outside
the Law: Stories from Guantánamo” (dirigido por mí mismo y Polly Nash, y disponible en
DVD aquí), que describió como “sorprendente”, y hablamos de la historia de
Omar Deghayes, detenido mientras vivía con su esposa afgana y su hijo de seis
meses en Lahore, Pakistán, a muchos cientos de kilómetros de los campos de
batalla de Afganistán, y escuchamos a Moazzam Begg hablar de lo difícil que es
para los ex -prisioneros establecer un vínculo con sus hijos más pequeños, que,
en muchos casos, nacieron mientras ellos estaban en Guantánamo.
Brad y yo también hablamos
del inminente fracaso a la hora de cerrar Guantánamo antes de la fecha
límite que se había impuesto Barack Obama, el 22 de enero de 2010; de los
problemas relacionados con los planes
de trasladar a los presos a Illinois; y del reciente
alarmismo en torno al autor del fallido atentado en un avión, Umar Farouk Abdulmutallab,
lo que llevó a Brad a explicar cómo los estadounidenses se han convertido en
“cobardes y maricas” que están “aterrorizados por todo aquello de lo que se nos
dice que debemos estar aterrorizados”, y me permitió describir lo decepcionado
que estoy porque las conexiones que están estableciendo los que Brad denominó
“cobardes y mentirosos”, en relación con la supuesta conexión de Abdulmutallab
con antiguos presos de Guantánamo en Yemen, no están siendo cuestionadas
adecuadamente. En primer lugar, la narrativa predominante debe cuestionarse
porque los supuestos “terroristas” en Yemen son saudíes, y también porque no
hay absolutamente ninguna razón para concluir que los aproximadamente 40
yemeníes en Guantánamo, quienes, al igual que los seis hombres liberados antes
de Navidad, han sido
autorizados para su liberación por juntas de revisión militar bajo la
administración Bush, por el propio Grupo de Trabajo interinstitucional de
Barack Obama, que ha estado revisando los casos durante todo el año, y, en
algunos casos, por
los tribunales estadounidenses, tengan nada que ver con un aspirante a
terrorista aéreo inepto y un puñado de saudíes que pueden, o no, haber tenido
algo que ver con él.
En respuesta a una pregunta sobre si los presos eran “lo peor de lo peor” o si Guantánamo no era más que la
estafa más extraordinaria, tuve la oportunidad de explicar que sin duda se
trataba de lo segundo, y de repasar la historia de cómo la arrogancia sin
precedentes y la obsesión de la administración Bush por un poder ejecutivo sin
límites llevaron a que se capturara a hombres a cambio de recompensas, o debido
a una inteligencia lamentablemente deficiente, sin que se les sometiera a un
examen al momento de su captura (según los Convenios de Ginebra) para
determinar si eran combatientes o no, y a que luego fueran torturados cuando no
proporcionaban ninguna “información útil”.
Hubo más en el programa, incluida la importancia, a menudo pasada por alto, de sanear a fondo el
ejército estadounidense y sus políticas de detención, y de restablecer de forma
inequívoca los Convenios de Ginebra tras el desastroso mandato de Donald
Rumsfeld como secretario de Defensa, así como un lamento por el hecho de que,
cuando se trata de vociferar y menospreciar a los oponentes, los republicanos
tienen toda la arrogancia y los demócratas son, para decirlo sin rodeos,
inútiles, pero entonces se nos acabó el tiempo, justo cuando empezaba a resumir
la historia de cómo el apartamiento del asesor jurídico de la Casa Blanca, Greg
Craig —impulsor del plazo para Guantánamo y del desmantelamiento de las
políticas de la “guerra contra el terrorismo” de Bush— supuso el fin del sueño
de Obama de una resolución rápida del asunto de Guantánamo. Sin embargo, si
quieres saber más, no dudes en echar un vistazo a mi artículo “Guantánamo:
los idealistas abandonan el barco que se hunde de Obama”.
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