Declaración del ex-recluso Omar Deghayes con motivo del noveno
aniversario de la apertura de Guantánamo
12 de enero de 2011
Andy Worthington
Me complace reproducir a continuación una declaración de mi amigo, el ex
prisionero de Guantánamo Omar Deghayes, que se
leyó en una manifestación (en la que yo intervine) frente a la Casa Blanca
el 11 de enero de 2011, con motivo del noveno aniversario de la apertura de la
prisión. Omar, cuyo testimonio es el núcleo del documental “Outside
the Law: Stories from Guantánamo”, que codirigí con Polly Nash, estuvo bajo
custodia estadounidense desde mayo de 2002 hasta diciembre de 2007, y pasó la
mayor parte de ese tiempo en Guantánamo, tras haber sido retenido primero en
Pakistán y en Bagram, Afganistán.
Sus comentarios proporcionaron una poderosa conclusión a la manifestación y un recordatorio no
solo de cómo la justicia sigue eludiendo a los 173 hombres que aún permanecen
detenidos, sino también de cómo se impide al pueblo estadounidense conocer de
primera mano las injusticias de Guantánamo, ya que a Omar, y a todos los demás
presos absueltos, se les impide visitar los Estados Unidos para reunirse con la
gente y contar sus historias, y la administración Obama, el Congreso y el
Tribunal de Apelación del Distrito de Columbia se
han asegurado de que a ningún preso absuelto se le permita vivir en EE.UU.,
incluso si se enfrentan a la tortura en sus países de origen y no se encuentra
ningún otro país dispuesto a ofrecerles un nuevo hogar.
Declaración de Omar Deghayes, 11 de enero de 2011
Hace dos años, el presidente Barack Obama se comprometió
a poner fin a la anomalía que supone Guantánamo en el plazo de un año y, de
ese modo, restaurar la autoridad moral de Estados Unidos en el mundo. Sin
embargo, hoy, 11 de enero de 2011, se cumple el décimo aniversario de la
llegada de los primeros presos al Camp X Ray, y Guantánamo sigue abierto, con
la promesa de Obama hecha trizas.
El pasado 19 de diciembre se cumplieron exactamente tres años desde que volví a saborear la libertad y
fui liberado de Guantánamo para recibir el cálido abrazo de mi familia y de la
comunidad que luchó con tanta fuerza por mi libertad. Pero no ha pasado un solo
día desde entonces en el que mis pensamientos y oraciones no hayan estado con
los 173 hombres que siguen languideciendo en Guantánamo, detenidos sin juicio,
la mayoría de ellos sin cargos, y que entran en su décimo año de separación de
sus seres queridos. De hecho, 90 de estos hombres ya fueron autorizados para su
liberación hace mucho tiempo.
Uno de estos hombres que sigue detenido injustamente es Shaker
Aamer, el último residente británico que permanece detenido en Guantánamo y
que aún no ha regresado a su hogar en el Reino Unido. Hoy recordamos a la
esposa y los cuatro hijos de Shaker —todos ellos ciudadanos británicos, y el
más pequeño de los cuales nunca ha visto a su padre—. Los hijos de Shaker se
ven obligados a soportar un año más de sufrimiento, sin saber si su querido
padre regresará ni cuándo lo hará. La justicia se ha retrasado un año más para
Shaker y los otros 173 hombres detenidos en Cuba; y la justicia retrasada es
justicia denegada.
Por si esto fuera poco, la intención del presidente Obama de firmar
un decreto presidencial que formalice la detención indefinida de los presos
de Guantánamo nos deja ahora ante la perspectiva, muy real y preocupante, de
que, si no actuamos y nos rebelamos colectivamente, muchos de los hombres que
siguen recluidos en Guantánamo se pudrirán allí indefinidamente. Por lo tanto,
es vital que el pueblo estadounidense continúe con sus esfuerzos; y no puedo
agradecerles lo suficiente su tremendo valor y resistencia para mantener la
lucha por los presos de Guantánamo y garantizar que estos hombres no caigan en
el olvido.
Al entrar en el décimo año de esta anarquía, yo y los antiguos presos que, junto a mí, formamos el Centro
de Justicia de Guantánamo en 2009, nos unimos con una sola voz para pedir al
presidente Obama que cumpla su promesa y ponga fin rápidamente a la vergonzosa
mancha que supone Guantánamo para Estados Unidos. Hacemos un llamamiento a la
administración Obama para que libere a los prisioneros que quedan de lo que
Adnan Abdul Latif, un prisionero yemení, denominó
recientemente «un pedazo de infierno que lo mata todo, el espíritu, el
cuerpo, y les arrebata todos los signos de salud», y para que reubique a los
detenidos injustamente en lugares donde puedan reconstruir sus vidas con
seguridad y en paz.
En solidaridad,
Omar Deghayes
Director jurídico, Centro
de Justicia de Guantánamo, Londres, Reino Unido.
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