Contrarrestar la propaganda del Pentágono sobre los presos liberados de Guantánamo
18 de enero de 2011
Andy Worthington
Desde hace ya varios años, una organización del Gobierno de los Estados Unidos ha socavado
persistentemente los intentos de mantener un debate maduro sobre la supuesta
peligrosidad de los presos de Guantánamo y la necesidad de tener en cuenta las
preocupaciones en materia de seguridad, al tiempo que se intenta vaciar la
prisión y poner fin a este símbolo particularmente nefasto de la respuesta mal
concebida de la Administración Bush a los atentados del 11 de septiembre.
Esa organización es el Pentágono, y su costumbre de emitir comunicados sobre la supuesta reincidencia
de los presos liberados de Guantánamo —sin documentación que respalde sus
afirmaciones— también ha puesto de manifiesto una alarmante falta de integridad
periodística en los principales medios de comunicación. Aunque el Pentágono ya
había filtrado regularmente a los medios de comunicación informes alarmistas
sobre la reincidencia durante la administración Bush, que fueron recogidos y
difundidos a pesar de su falta de fuentes y de su naturaleza a menudo
contradictoria —como se explica en un informe detallado de investigadores de la
Facultad de Derecho de Seton Hall en Nueva Jersey (PDF)—,
la guerra de propaganda se ha vuelto notablemente más descarada bajo la
presidencia de Obama.
El primer informe bajo el mandato de Obama, publicado el 21 de mayo de 2009, obtuvo una aprobación muy
sonada cuando, para su vergüenza, el New York Times publicó
sin ningún tipo de crítica un artículo en primera plana titulado “Uno de
cada siete detenidos se reincorporó a la yihad, según el Pentágono”, en el que
Elisabeth Bumiller, basándose en una copia anticipada de un informe del
Pentágono, afirmaba que “74 presos liberados de Guantánamo han vuelto al
terrorismo, lo que supone una tasa de reincidencia de casi el 14 %”.
De hecho, el Pentágono solo había facilitado nombres y “confirmación” para 27 de los 74 prisioneros citados
en el informe, y existían dudas sobre la reincidencia de algunos de los 27
prisioneros nombrados en el informe, tal y como se reveló una semana más tarde,
cuando el Times permitió a Peter Bergen y Katherine Tiedemann, de la New
America Foundation, escribir un artículo de opinión en el que criticaban
el artículo de Bumiller y concluían, tras examinar el informe (PDF),
que una cifra más probable de reincidencia —basada en el hecho de que había “12
antiguos detenidos de los que se puede confirmar de forma independiente que
participaron en actos terroristas dirigidos contra objetivos estadounidenses, y
otros ocho sospechosos de tales actos”— era “alrededor del 4 % de los 534
hombres que han sido puestos en libertad”.
Más tarde, The Times se disculpó mediante la publicación de una nota del
editor, en la que señalaba que su artículo original debería haber indicado
que "se afirmaba que aproximadamente uno de cada veinte de los antiguos presos
de Guantánamo descritos en el informe del Pentágono se dedicaba ahora al
terrorismo", pero, como expliqué en su momento, el daño ya estaba echo, ya que
esto condujo directamente a la siguiente afirmación del ex vicepresidente Dick
Cheney, al referirse a los presos que aún permanecían recluidos en Guantánamo:
Tengan en cuenta que se trata de terroristas empedernidos capturados en el extranjero desde el 11-S. Los que se
consideraban de bajo riesgo fueron puestos en libertad hace mucho tiempo. Y
entre estos, según supimos ayer, muchos recibieron un trato demasiado
indulgente, ya que uno de cada siete volvió directamente a su actividad
anterior y ha llevado a cabo atentados mortíferos en Oriente Medio.
Más importante aún, el artículo del Times apareció convenientemente en primera plana el mismo
día en que el presidente Obama pronunció
un importante discurso sobre seguridad nacional en los Archivos Nacionales,
reactivando las tan criticadas comisiones militares en Guantánamo (que había
suspendido en su primer día en el cargo) y alertando al mundo sobre sus deprimentes
planes de mantener a algunos prisioneros en Guantánamo indefinidamente sin
cargos ni juicio. Estos acontecimientos resultaron profundamente desalentadores
para quienes esperaban que Obama revirtiera y repudiara por completo las
innovaciones de la administración Bush en materia de políticas de detención y
juicios para los prisioneros capturados en la “guerra contra el terrorismo”.
En enero de 2010, el Pentágono volvió a emitir una advertencia sobre la reincidencia, esta vez al
día siguiente de que el presidente Obama anunciara
una moratoria sobre la puesta en libertad de cualquier yemení cuya
liberación de Guantánamo hubiera sido autorizada por su propio Grupo de Trabajo
Interinstitucional para la Revisión de Guantánamo. El motivo de esta moratoria
carente de principios fue la reacción histérica ante la noticia de que el autor
del fallido atentado con bomba en un avión el día de Navidad, Umar Farouk
Abdulmutallab, hubiera sido reclutado en Yemen, y aunque a Obama le pudiera
convenir que el Pentágono publicara una nueva afirmación sobre la reincidencia
para reforzar su moratoria (al igual que le pudo convenir en mayo de 2009 que
se publicara un informe cuando estaba estableciendo nuevas políticas duras que
enfurecieron a sus seguidores progresistas), también es posible que el
Pentágono estuviera llevando a cabo su propio juego.
Sin duda, las afirmaciones realizadas en enero del año pasado daban todas las señales de haber sido
elaboradas a toda prisa. En lugar de presentar un informe, el Pentágono
comunicó a los periodistas que la tasa de reincidencia era ahora de 1 de cada 5
de los presos liberados, sin aportar ningún tipo de información que lo
respaldara, y luego observó con satisfacción cómo un medio de comunicación tras
otro se limitaba a repetir sus comentarios. Reuters publicó sin
ningún tipo de crítica un artículo titulado: “Uno de cada cinco exdetenidos
de Guantánamo se une a los militantes” (que más tarde cambió por “EE.UU. cree
que uno de cada cinco exdetenidos se une a los militantes”), y otros medios de
comunicación pronta se sumaron a la noticia, incluido el New York Times
(en un artículo que ya no está disponible en línea), en el que se repetían de
nuevo las afirmaciones desacreditadas de mayo de 2009 en la siguiente línea:
“La tasa de quienes regresaban a la militancia se informó por primera vez a
principios del año pasado en un 11 %. En abril era del 14 %”.
A principios de diciembre, otro “informe” —en realidad, una declaración
de dos páginas emitida por la Oficina del Director de Inteligencia
Nacional, “en consonancia con las directrices de la Ley de Autorización de
Inteligencia del Año Fiscal 2010”— afirmaba que el número de reincidentes era
ahora de 1 de cada 4 de los presos liberados. Como expliqué
en su momento:
De los 598 detenidos liberados de Guantánamo, “la comunidad de inteligencia estima que 81 (el 13,5 %) han vuelto
a participar, de forma confirmada, en actividades terroristas o insurgentes
tras su traslado, y que 69 (el 11,5 %) son sospechosos de haberlo hecho”. La
evaluación también señalaba: “De los 150 antiguos detenidos de GTMO
considerados confirmados o sospechosos de haber vuelto a participar en
actividades terroristas o insurgentes, la comunidad de inteligencia estima que
13 han fallecido, 54 se encuentran bajo custodia y 83 siguen en libertad”.
También se señaló que, de las “66 personas trasladadas desde enero de 2009” —es
decir, bajo el mandato del presidente Obama— “se ha confirmado que 2 han vuelto
a participar en actividades terroristas o insurgentes y se sospecha que 3 lo
han hecho”.
Como también expliqué:
Las propias afirmaciones de la evaluación se amplificaron en titulares posteriores, que no distinguieron entre
terroristas o insurgentes “confirmados” y “sospechosos”. Fox News publicó “Un
25 % de reincidencia en Guantánamo”… [y] aunque el titular del [New York]
Times fue el modesto “Algunos ex detenidos siguen vinculados al
terrorismo”, el propio artículo afirmaba que el informe “ofrecía el recuento
público más detallado hasta la fecha de lo que, según el Gobierno, ha ocurrido
con los antiguos detenidos de Guantánamo, un asunto que ha sido objeto de un
acalorado debate político”
Esto, una vez más, era una tontería, ya que no existía ningún "informe público detallado", y no fue hasta
la semana pasada, en el noveno aniversario de la apertura de Guantánamo, cuando
Peter Bergen, Katherine Tiedemann y Andrew Lebovitch, de la New America
Foundation, publicaron su propio informe para rebatir esta última propaganda,
acompañado de un artículo en Foreign
Policy, en el que concluían, basándose en una evaluación objetiva de la
documentación pública disponible, que:
Nuestro análisis de los informes del Pentágono, las noticias y otros documentos de dominio público relativos a los
aproximadamente 600 detenidos liberados sugiere que, si se tienen en cuenta las
amenazas para Estados Unidos, la tasa real de quienes han tomado las armas o
son sospechosos de hacerlo se sitúa más bien en el 6 %, o uno de cada 17. Esta
cifra representa un aumento de dos puntos porcentuales con respecto a nuestro
análisis anterior de julio de 2009, que indicaba que apenas el 4 % de los
liberados de la prisión de Cuba estaban confirmados o eran sospechosos de
participar en actividades terroristas o insurgentes contra Estados Unidos o sus intereses.
Este último informe de la New America Foundation se puso a disposición de los periodistas antes de su
publicación en Foreign Policy, durante una mesa redonda titulada “Nueve
años de Guantánamo: ¿y ahora qué?”, que organicé en la New America
Foundation la tarde del 11 de enero, y que suscitó preguntas del público y
respuestas que fueron recogidas por Dan Froomkin, del Huffington
Post. Froomkin explicó que me “preocupaba cómo las cifras de reincidencia
se habían “sacado de la nada”, pero muchos medios de comunicación
convencionales las trataban como un hecho”, y que yo lo describí como "mal
periodismo", y esa es sin duda la postura que siempre he mantenido.
También se hizo eco de los comentarios de Tom Wilner, el antiguo abogado de los presos kuwaitíes de
Guantánamo, quien representó a los presos de Guantánamo durante sus recursos de
hábeas corpus ante el Corte Suprema en 2004 y 2008. Wilner abordó directamente
otro problema relacionado con las afirmaciones sobre la reincidencia: el hecho
de que las autoridades estadounidenses no tuvieran en cuenta si algunos de los
hombres liberados, de los que se había confirmado que habían participado en
actividades terroristas, no habían “regresado” al campo de batalla, sino que,
en realidad, se habían radicalizado a raíz de su experiencia bajo custodia
estadounidense, y sus conclusiones fueron contundentes.
Al referirse a Abdullah
al-Ajmi, un antiguo cliente suyo que murió como terrorista suicida en Irak
en 2008, dos años y medio después de su puesta en libertad, Wilner explicó:
"Estaba absolutamente convencido de que no había hecho nada malo, pero me
preocupaba su puesta en libertad, porque se había vuelto furioso. En Guantánamo
se había convertido en una especie de loco".
Esto concuerda con los comentarios realizados en junio del año pasado por Abdulrahman al-Hadlaq,
director del centro de rehabilitación saudí encargado de reeducar a los presos
liberados de Guantánamo, junto con militantes sospechosos o confirmados
capturados dentro del país y en otros lugares. De hecho, Al-Hadlaq afirmó que
"alrededor del 20 % de los 120 antiguos presos repatriados [de Guantánamo] han
vuelto a la actividad radical" (mientras que la New America Foundation solo
mencionó a 15 saudíes confirmados o sospechosos en su informe), pero, lo que es
más importante, al explicar por qué esta tasa era el doble que la de los demás
hombres que pasaron por el programa, dijo a los periodistas: "Esos tipos de
otros grupos no sufrieron torturas", a diferencia de los hombres recluidos en
Guantánamo, y añadió: "La tortura es lo más peligroso en la radicalización.
Cuanta más tortura haya, más extremistas habrá".
Dado que la diferencia entre la cifra de 1 de cada 4 reincidentes que alega el Gobierno y la de 1 de
cada 17 que señala la New America Foundation es tan abismal, es posible, tal y
como admitieron los autores del informe de la semana pasada, que "pudiera haber
otros exdetenidos sospechosos o confirmados de participar en actividades
terroristas o insurgentes a los que no hemos podido identificar en las fuentes
de acceso público".
Sin embargo, no cabe esperar razonablemente que eso convierta una cifra de 48 "reincidentes" en 150
y, además, como he destacado anteriormente, todas estas evaluaciones no tienen
en cuenta si los hombres en cuestión son realmente reincidentes o si fue el
trato que recibieron a manos de sus captores estadounidenses lo que provocó lo
que Tom Wilner describió, en el caso de Abdullah al-Ajmi, como furia y locura.
Mientras que los partidarios de Guantánamo siguen la línea de Dick Cheney, los críticos de la
existencia actual de la prisión prestarán mucha atención a las circunstancias
de la radicalización de estos hombres, y no les sorprenderá en absoluto
descubrir que Estados Unidos no puede, con toda honestidad, afirmar que, en algunos
casos, lo que les sucedió a estos hombres tras su liberación de Guantánamo no
estuvo determinado por lo que les ocurrió mientras estuvieron detenidos —y
fueron brutalmente maltratados— bajo custodia estadounidense.
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