Atrapado en Chad: Mohammed El-Gharani, quien fuera el preso más joven
de Guantánamo
18 de diciembre de 2009
Andy Worthington
Lamentables noticias desde Chad, donde Reprieve, la organización benéfica dedicada a la
defensa jurídica cuyos abogados representan a decenas de presos de Guantánamo,
informa de que el Gobierno chadiano no está prestando ningún tipo de apoyo a
Mohammed El-Gharani, que fue
liberado de la prisión en junio de este año.
El que fuera el preso
más joven de Guantánamo (de entre al menos
22 menores recluidos en la prisión), Mohammed El-Gharani fue detenido en
Pakistán a la edad de 14 años y sufrió terribles abusos bajo custodia
estadounidense —tanto en Afganistán como en Guantánamo— hasta su liberación,
que finalmente tuvo lugar cinco meses después de que el juez del Tribunal de
Distrito Richard Leon dictaminara que el Gobierno no había
logrado fundamentar el caso contra él, al haberse basado en testigos demostrablemente
poco fiables cuya falta de credibilidad había sido señalada por sus propios representantes.
El-Gharani se crió en Arabia Saudí, donde aún viven sus padres, pero las autoridades saudíes se
negaron a acogerlo, y Reprieve ha revelado que el Gobierno chadiano se ha
negado a expedirle un pasaporte, por lo que no puede reunirse con su familia ni
recibir atención médica para una “lesión espinal incapacitante” causada por sus
largos años de maltrato bajo custodia estadounidense. Como explicó Reprieve en
un comunicado, la postura del Gobierno chadiano ha garantizado que El-Gharani
“siga empobrecido y emocionalmente aislado”.
Reprieve no es la única organización que se ha interesado por la difícil situación de El-Gharani.
Manfred Novak, relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura, ha
instado al Gobierno de Chad a que le proporcione “un pasaporte y le permita
viajar al extranjero para recibir el tratamiento médico y psicológico adecuado
para la rehabilitación tras la tortura”. Novak añadió: “Me preocupa
especialmente la suerte de Gharani, que comenzó su cautiverio siendo
adolescente, era aún un niño cuando fue trasladado a Guantánamo y ha perdido
algunos de los años más importantes de su adolescencia en detención ilegal”.
En una entrevista telefónica con Associated Press, El-Gharani explicó que dependía de “las limosnas de sus
amigos” para mantenerse. “Sigo sin ser libre”, dijo. “No tengo trabajo. Me
cuesta mucho encontrar un lugar donde vivir”. Añadió, con tono conmovedor: “Soy
inocente. No le he hecho nada a nadie. Debería poder ir a ver a mi familia”.
Una semana después de la liberación de El-Gharani de Guantánamo, tal y como informó
en su momento:
Chris Chang, investigador de Reprieve, y Ahmed Ghappour, abogado, regresaron ayer de un viaje a Chad en el que
esperaban celebrar la libertad de Mohammed, pero se sintieron
"consternados y decepcionados" al descubrir que ahora es prisionero
de las autoridades chadianas, "durmiendo en un catre en una comisaría
mientras su familia espera ansiosa fuera". Y añaden: "Mohammed no
puede salir de la sede principal de la policía sin autorización del jefe de la
policía judicial, e incluso después de obtener ese permiso va acompañado de un
agente de policía dondequiera que va. Ha pedido en varias ocasiones ser
liberado y reunirse con su familia, pero se le sigue diciendo: 'Una noche más,
Mohammed'". También dijeron que no ha habido ningún anuncio público en
Chad sobre su regreso y que se le ha prohibido hablar con los medios de comunicación.
Quizás debido a la presión ejercida por Reprieve, fue puesto en libertad y entregado a su
tío, pero, tal y como informó la AP, al carecer de pasaporte o documento de
identidad, le resultaba imposible incluso matricularse en un curso de inglés.
Posteriormente, fue asaltado por un grupo de hombres armados que, irónicamente,
pensaban que había recibido “una indemnización multimillonaria como compensación
por su encarcelamiento”.
Chris Chang, que ha regresado a Chad en un intento por ayudar a El-Gharani, explicó que
recientemente le habían entregado un documento de identidad, pero añadió que el
Gobierno “seguía resistiéndose a las peticiones” de expedirle un pasaporte.
Esto fue rebatido por Youssouf Takane, embajador adjunto de Chad en Estados
Unidos, quien declaró a Reuters que se le expediría un pasaporte a su debido
tiempo. “El Gobierno chadiano no puede privar a Gharani de su ciudadanía ni de
sus derechos de ciudadanía”, afirmó, y añadió: “Quizá sea una cuestión de
tiempo. Hay que resolver algunas cuestiones menores de seguridad. Las
autoridades agilizarán este asunto”.
Sin embargo, en opinión de Chris Chang, la verdad podría ser bastante más sombría. “Esto
huele un poco a un acuerdo entre los chadianos y los estadounidenses para
restringir sus movimientos”, declaró a la AP por teléfono desde la capital
chadiana, Yamena, mientras se disponía a acudir a la oficina de pasaportes para
presionar a los funcionarios.
No es la primera vez que se ha llamado la atención sobre la difícil situación de
Mohammed El-Gharani desde su puesta en libertad bajo custodia policial en
junio. En julio, durante la inauguración del Centro de Justicia de Guantánamo,
un proyecto creado por antiguos presos, uno de cuyos objetivos es “ayudar a los
antiguos presos a reintegrarse en la sociedad de forma positiva y pacífica,
muchos de ellos en países con recursos limitados y con gobiernos hostiles a los
derechos humanos”, el exprisionero Binyam
Mohamed declaró que había hablado recientemente por teléfono con El-Gharani
y explicó que ahora “dormía en la calle, rechazado por su familia, tachado de
terrorista a pesar de que fue puesto en libertad por Estados Unidos y absuelto
de cualquier delito”. Añadió: “Me di cuenta de que no puede hablar con otras
personas, como sus abogados, como lo hace conmigo, así que tengo que hablar por
él aquí”.
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