Seis uigures se trasladan a Palau; siete permanecen en Guantánamo
31 de octubre de 2009
Andy Worthington
Según informó en primicia la agencia Associated Press, seis de los trece uigures que
quedaban en Guantánamo acaban de llegar a la isla de Palau, en el Pacífico,
donde se les han asignado nuevas viviendas. La fuente de la AP indicó que,
durante la noche, la policía vigilaba la casa donde vivirán estos hombres,
situada en el centro de la capital, Koror.
Esto resuelve en parte uno de los problemas pendientes del presidente Obama en Guantánamo, ya que había 17
uigures (musulmanes de la provincia china de Xinjiang) en Guantánamo cuando
Obama asumió el cargo, y ya llevaban tres meses y medio esperando ser
liberados, después de que el juez del Tribunal de Distrito Ricardo Urbina ordenara
su puesta en libertad en Estados Unidos en octubre de 2008. El juez Urbina
tomó esta decisión porque el Gobierno no había impugnado la petición de hábeas
corpus de los uigures (tras
una devastadora derrota judicial en junio de 2008), porque no podían ser
devueltos a China, donde corrían el riesgo de sufrir malos tratos o algo peor,
porque no se había encontrado ningún otro país que los acogiera y porque su
detención continuada era inconstitucional.
La administración Bush interpuso
un recurso y, cuando el presidente Obama asumió
el cargo, siguió la misma línea, sin aprovechar la oportunidad de traer a
los uigures a Estados Unidos, lo que habría demostrado al pueblo estadounidense
que no eran terroristas. Traer a esos hombres a Estados Unidos también habría
demostrado que la administración Bush cometió errores terribles cuando, al
igual que con los uigures y otros innumerables prisioneros de Guantánamo,
ofreció recompensas a sus aliados afganos y pakistaníes, y no
llevó a cabo ningún tipo de investigación sobre los prisioneros que posteriormente
acabaron bajo custodia estadounidense, sosteniendo, en cambio, que todos eran
“combatientes enemigos”, porque el presidente dijo que lo eran.
Tras dar marcha atrás en un momento crucial —permitiendo que sus detractores de la derecha tomaran la
iniciativa sobre Guantánamo, reviviendo las afirmaciones
sin fundamento de Dick Cheney de que todos los prisioneros de Guantánamo
eran terroristas—, el presidente Obama se puso entonces a buscar otros países
que pudieran resistir la ira de China. En junio, cuatro de los uigures se trasladaron
a Bermudas (que es demasiado rica como para preocuparse por China), y ahora
otros seis han llegado a Palau (que, convenientemente, se niega a reconocer a
la República Popular China y mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán en su lugar).
Cada vez que se libera a hombres inocentes de Guantánamo, Estados Unidos recupera un poco más del
prestigio que perdió de forma tan espectacular bajo la administración Bush; sin
embargo, esta última liberación deja aún a siete uigures en Guantánamo —por no
mencionar a los otros
60 presos aproximadamente cuya liberación ya ha sido autorizada— y, entre
esos siete, tal y como informó el Washington
Post el 20 de octubre, se encuentra un hombre que Palau se negó a
acoger. Arkin Mahmud “sufre graves problemas de salud mental debido a su
detención y a los largos períodos de aislamiento”, y su hermano, Bahtiyar
Mahnut, rechazó la oferta de Palau de un nuevo hogar para él, con el fin de
quedarse con él.
Esto, por supuesto, significa que los dos hombres “podrían permanecer bajo custodia indefinidamente”,
una situación que el Post calificó de “inconcebible”, y que llevó a los
editores a proponer que, dado que Estados Unidos “tiene el control total sobre
el destino de estos hombres y debería asumir toda la responsabilidad de
corregir la situación”, el presidente debería presentar “una legislación
cuidadosamente redactada que permitiera a Mahmud y Mahnut entrar en Estados
Unidos, donde podrían permanecer juntos y Mahmud podría recibir la asistencia
médica que necesita”.
En relación con la noticia de la liberación de estos hombres, el New York
Times señaló que se espera que los seis “permanezcan [en Palau]
mientras buscan un hogar definitivo en otro lugar”. Wells Dixon, que representa
a tres de ellos en el Centro para los Derechos Constitucionales, declaró al
Times: “Palau ha dado una muestra de valentía al ofrecer a nuestros clientes
uigures un hogar temporal. Tenemos la esperanza de que otros países, como
Australia y Alemania, los acojan de forma permanente”.
Y, podría haber añadido, Estados Unidos.
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