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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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HABLA EL ESTADOUNIDENSE OMAR FARAH, ABOGADO DE PRESOS EN GUANTANAMO

“Una asquerosa violación”


“Que jueguen así con la vida de los detenidos es una marca que el gobierno llevará siempre”, dice Omar Farah.

Imagen: Joaquín Salguero

Farah, especialista en la defensa contra las prácticas antiterroristas abusivas, estuvo en Buenos Aires para exponer en un seminario sobre esa cárcel norteamericana. No duda en culpar a Obama por no haberla cerrado.

Página/12
25 de agosto de 2016

Hace casi una década que el abogado Omar Farah visita Guantánamo dos o tres veces por año. Viaja desde Estados Unidos hacia la base naval ubicada en Cuba, con la única finalidad de devolverles la libertad a sus clientes. Entre los detenidos y el mundo exterior, él es el único contacto. Sin embargo, esos encuentros son monitoreados y el silencio que debe guardar sobre lo que sucede nada tiene que ver con el secreto profesional. Todo lo que pasa en Guantánamo se queda en Guantánamo. “Las notas que tomo cuando me reúno con mis clientes se las tengo que entregar a los militares para que sean revisadas. Hasta que no determinan que se pueden utilizar de forma pública, no puedo comentar nada sobre lo que hablé o vi.” Como defensor de los derechos humanos, dice que su deseo es poder encontrarse algún día con los prisioneros a los que ayudó a conseguir su pase de salida y sentarse a hablar en una mesa, sin nadie de por medio: “Como hombres libres”, dijo Farah en diálogo con Página/12.

Farah es abogado del Centro por Derechos Constitucionales, una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York, donde se especializa en detenciones ilegales de Guantánamo. Además, se centra en la defensa contra las prácticas antiterroristas abusivas. Recientemente estuvo en Buenos Aires como expositor del seminario “Guantánamo hoy: ¿Quién está todavía allí, por qué y qué se está haciendo al respecto” organizado por la Universidad Torcuato Di Tella, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Washington Office on Latin America (WOLA). El trabajo de Farah en la prisión de la isla comenzó con casos pro bono que tomaba en la firma privada donde se inició apenas finalizó la universidad. Sin embargo, admite que con el tiempo los casos se volvieron tan complicados que decidió dedicarse por completo a ellos y a luchar por el cierre de la cárcel. Desde 2008, ha representado a varios detenidos en litigios de hábeas corpus (institución jurídica que busca evitar los arrestos y detenciones arbitrarias) en los tribunales federales y en las actividades de reasentamiento.

La semana pasada, 15 prisioneros fueron liberados y enviados a Emiratos Arabes. Es el mayor traspaso aprobado por el gobierno del presidente Barack Obama. Según Farah, hay también otros 20 que ya tienen la aprobación para salir. De los 61 detenidos que quedan en total, sólo siete fueron acusados de un delito y tres están condenados. “Estuve en Guantánamo con mis clientes justo después de que hayan sido transferidos los 15 detenidos. Desafortunadamente no puedo revelar lo que me dijeron, pero la desesperación de los que se quedan se incrementa cada vez más. Tienen el interrogante de si ellos algún día experimentarán ese alivio. Hay mucha ansiedad porque por meses había 70 prisioneros y de pronto el diez o doce por ciento se va”. El abogado no duda en culpar al gobierno de los Estados Unidos por no haber cerrado Guantánamo y se pregunta por qué Obama decide enfocar ahora su atención ahora. “Es una jugada política por parte del presidente, porque le quedan meses de mandato, pero lo importante es que siga habiendo liberaciones. Estoy muy preocupado por que su sucesor, sea quien sea, no vaya a darle prioridad a Guantánamo. Donald Trump está interesado en expandirla y Hillary Clinton no va a estar comprometida.”

Para el letrado no hay forma de corregir lo que pasó en Guantánamo. Considera que la única salida es que se cierre y que se reconozca públicamente qué les sucedió a esos hombres que pasaron un cuarto de sus vidas en una caja, sin saber si algún día saldrían. “Este es un problema que creó Estados Unidos y que debería resolver por sí mismo”, afirma Farah. Sin embargo, hace un pedido a los diferentes países del mundo para que den un paso al frente y reciban a los prisioneros. “Mis clientes son personas que desesperadamente quieren salir porque aún creen que pueden rehacer sus vidas, trabajar, ser hombres de familia, reclamar algo de dignidad humana. Lo que necesitamos es que los países les den una chance de salir adelante. No hay gesto humanitario más grande.”

Tariq Ba Odah es uno de los hombres que representó Farah. Fue arrestado por el ejército paquistaní en 2001, cerca de la frontera con Afganistán. En 2002 entró a Guantánamo, acusado de pelear junto a los talibanes y de haber recibido entrenamiento sobre el uso de armas. Estuvo en huelga de hambre desde 2007 hasta su liberación, este año, llegando a pesar 34 kilos. Desde que se negó a ingerir alimentos sólidos, fue alimentado de forma forzosa mediante una sonda nasal, dos veces al día. Por su comportamiento, fue considerado por los militares como indisciplinado y pasó la mayor parte de sus días en confinamiento solitario, cuenta Farah. “Ba Odah estaba sufriendo muchísimo, a pesar de haber sido declarado inocente en 2009. Quiso conservar su dignidad y no quedar disponible a la voluntad del gobierno estadounidense. Su respuesta fue la huelga de hambre. Hace dos años, comenzó a estar muy enfermo. Hasta hoy el Departamento de Defensa no puede explicar por qué si realizaban una práctica segura y humana de alimentación, Ba Odah era un esqueleto.”

El abogado declara que hubo un riesgo de que su cliente fuera la décima persona en morir dentro de la prisión. “Que jueguen así con la vida de los detenidos es una marca negra que al gobierno le va a quedar siempre. Nueve hombres murieron en sus celdas esperando ser juzgados o liberados. Eso es un escándalo arriba de otro escándalo. El gobierno no habla de las muertes, si no tendrían encima a todas las organizaciones de derechos humanos y deberían decir qué es lo que verdaderamente sucede en Guantánamo.” Farah considera importante explicar cómo se llegó a este punto y por qué usaron este sitio en Cuba para meter a los hombres capturados durante la llamada Guerra del Terror. “Fue pensada como lugar donde la ley, la Constitución de los Estados Unidos y los principios de justicia no aplicasen. Lo pensaron legalmente para crear un agujero negro para detener, torturar e interrogar hombres con impunidad. Es una asquerosa violación a los derechos humanos.”

Entrevista: Florencia Garibaldi


 

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