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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

¡NO MAS!
¡Ningún ser humano es ilegal!

EL Mundo no Puede Esperar exhorta a cada persona a protestar contra las leyes racistas como Arizona SB1070, a desacatarlas y a DESOBEDECERLAS



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La tortura no queda en silencio

Nos rondan como fantasmas. Y se equivocan los que creen que lo vamos a olvidar. La tortura, como la masacre o el genocidio, nunca queda en silencio. Los hechos nunca quedan enterrados del todo.

Al contrario: Si los terribles actos de tortura no se investigan a fondo, arrastramos su memoria durante décadas y no podemos ver con claridad al futuro.

Lo que sabemos de las torturas es que cuatro memorandos secretos del Departamento de Justicia – hechos públicos con la autorización del presidente Barack Obama – prueban que agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sometieron a dos prisioneros de la organización terrorista al Qaeda a una práctica conocida como "submarino" (o "waterboarding", en inglés). Durante los años 2002 y el 2003, estos prisioneros estuvieron a punto de ahogarse mediante este procedimiento en 266 ocasiones.

Barack Obama y el senador y ex candidato presidencial republicano, John McCain, consideran que esta práctica sí es tortura. El ex presidente George W. Bush y el ex vicepresidente Dick Cheney creen que no lo es. Pero, independientemente de la definición de "tortura", Obama prohibió ya esta práctica.

Cheney, en una entrevista con el canal Fox News, dijo que esas técnicas de interrogatorio fueron muy útiles y sugirió que la información obtenida permitió evitar otros actos terroristas contra Estados Unidos.

"Sí, funcionaron", dijo Cheney. "Nos mantuvieron seguros durante siete años".

Pero eso sólo lo sabe él y un pequeño grupo selecto. No es información pública. Y ahora el mismo Cheney, que siempre guardó un silencio sepulcral sobre este tipo de asuntos, está a favor de que se den a conocer otros memorandos para saber qué beneficios se obtuvieron de esas técnicas brutales de interrogatorio.

La pregunta es: ¿Qué hacer ahora? ¿Investigamos? ¿Se debe crear una comisión independiente sobre la tortura? Ninguna respuesta es fácil. Cualquier solución va a ser dolorosa.

El tema es muy delicado porque afecta los valores esenciales de Estados Unidos. Antes de los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001, la política exterior de Estados Unidos se basaba en la promoción de la democracia, el libre comercio y los derechos humanos. Pero si se confirma que el gobierno de Bush torturó prisioneros, entonces se resquebrajaría la percepción que Estados Unidos tiene de sí mismo y se dañaría aún más la imagen de la nación en el mundo.

Pero aún así tenemos que saber qué pasó, para que no se repita.

Entiendo que éste es un serio problema político para Obama. Desde luego quiere evitarse meses y meses de testimonios polémicos en el Congreso sobre posibles torturas a prisioneros, sobre todo cuando el país necesita poner toda su atención en la recuperación económica.

"Me preocupa que esto se politice tanto que dejaríamos de funcionar de una manera eficaz", dijo el presidente recientemente.

Pero este es un tema que no se puede enterrar o hacerlo desaparecer como por arte de magia.

Los estadounidenses tienen derecho de saber exactamente qué pasó con los prisioneros de guerra en sus prisiones: en Abu Ghraib, en Guantánamo y en las prisiones secretas que instaló Estados Unidos en países aliados.

Y no sólo eso. Aún no sabemos las verdaderas razones por las que se desató la guerra contra Irak. Saddam Hussein, aunque era un dictador terrible, nada tuvo que ver con los actos terroristas del 9/11. Además, en Irak nunca se encontraron armas de destrucción masiva. Es preciso saber por qué realmente se inició esa guerra. Miles han muerto por esas decisiones.

Obama, es cierto, tiene muchas cosas urgentes con qué lidiar y prefiere ver hacia adelante. Pero no puede borrar la historia. Prometió transparencia durante la campaña y eso es lo que espera el 64 por ciento de los norteamericanos que, según una encuesta de la agencia de noticias The Associated Press, cree que el presidente está haciendo un buen trabajo al cumplir sus 100 primeros días en el poder.

Hay distintas formas de enfrentar el asunto de la tortura en Estados Unidos: desde una comisión parecida a la creada para analizar el 9/11 hasta audiencias congresionales e investigaciones dirigidas por el Departamento de Justicia. Lo que sea, menos quedarse callado.

Esto es lo que ocurre en las verdaderas democracias. Los gobernantes tienen que rendir cuentas a los gobernados. Y, luego, que se sepa la verdad. Caiga quien caiga.

Jorge Ramos es conductor del Noticiero Univision.


 

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