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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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¿Qué hace Estados Unidos bombardeando Somalia?

Danny Sjursen
NewsClick
13 de mayo de 2020

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar 01 de junio de 2020

 Doing by Bombing Somalia

La administración de Trump ha estado, de manera silenciosa, incrementado una campaña de bombardeos viciosos y ataques encubiertos, en Somalia a pesar de la pandemia global de coronavirus. Ni la Casa Blanca ni el Pentágono han dado ninguna explicación de la escalada letal de una guerra que el congreso no ha declarado y que los medios raramente cubren. Miles de vidas están juego.

Las estadísticas públicas muestran un considerable incremento en los ataques aéreos desde la presidencia de Obama. Desde 2009 al 2016, el Comando África del ejército estadounidense o AFRICOM, anunció 36 ataques aéreos en Somalia. Bajo Trump, condujo por lo menos 63 bombardeos el año pasado y otros 39 en los primeros cuatro meses del 2020. El ostensible objeto estadounidense normalmente ha sido el insurgente grupo islamista al-Shabab pero el a veces real, o el más consecuente, son las víctimas civiles somalíes.

Pero para las víctimas más directas, ha sido claro que la imagen consciente y notoria de los oficiales de asuntos públicos de AFRICOM han, por mucho tiempo, contado bajo y mal reportado el número de civiles asesinados en los bombardeos aéreos expansivos. Según Airwars, un grupo de monitoreo del Reino Unido, las fatalidades civiles, aunque bajas en relación con otras campañas de bombardeos en Irak, Afganistán y Siria, podrían exceder los estimados oficiales del Pentágono por hasta un 6,800%. Solo que estas muertes no dicen la mitad del todo. Decenas de miles de somalíes han huido de las zonas de bombardeos regulares por parte de los Estados Unidos, filtrándose a los ya sobre poblados campos de refugiados afuera de la capital de Mogadishu.

Hay aproximadamente 2.6 millones de personas desplazadas (llamadas IDP’s por sus siglas en inglés) en Somalia que apenas logran sobrevivir y que muchas veces dependen de la ayuda humanitaria. Tan vulnerables son los refugiados en los campamentos pandémicos tipo charolas de Petri, que la madre de siete describió sentirse “como si estuviéramos esperando a que la muerte llegara”. Sus miedos podrían ser justificados. Recientemente, los casos de coronavirus han aumentado rápidamente en Somalia, un país que no tiene sistema público de salud y, debido a la disponibilidad de prueba severamente limitada, los expertos creen que las cifras son mucho más altas que las reportadas. No importa cómo giren la situación los de AFRICOM, la guerra en subida únicamente empeorará la crisis del país, que hierve lentamente.

Una sórdida historia de fondo

Mientras que los análisis comprensivos de la historia sórdida de las operaciones militares estadounidenses en Somalia llenarían múltiples volúmenes, vale la pena recordar los contornos básicos del registro de Washington. Durante la guerra fría, los Estados Unidos presionaron a las Naciones Unidas a entregarle la región étnica somalí Ogaden a Etiopía; después armó y apoyó a su enemigo de Mogadishu. Eso fue hasta que los oficiales del ejército marxista etíope tomaron el poder en un golpe de Estado en 1974, cuando América cambió de bandos. Washington, entonces, apoyó a Somalia en la guerra sobre Ogaden. La siguiente década y media, Estados Unidos respaldó al abusivo y corrupto dictador somalí Mohammed Siad Barre.

Sin embargo, después de la caída del muro de Berlín y de que Barre, un violador de derechos humanos conocido, haya sobrevivido la utilidad de la Guerra Fría, el Congreso cortó la ayuda militar y, más importante aún, la económica. Barre remató pronto con un golpe de Estado y las milicias basadas en clanes labraron los vestigios del Estado somalí. Se desató la guerra civil y cientos de miles de civiles murieron de inanición durante la siguiente hambruna. Gracias a la película taquillera del 2001 en Hollywood “Blackhawk Down”, lo que siguió fue un pedazo de historia somalí que la mayoría de americanos conoce. En 1992 tropas estadounidenses se filtraron en Somalia para apoyar lo que comenzó siendo ayuda humanitaria de parte de las Naciones Unidas. Sin duda, eventualmente, hicieron algo Bueno.

En el caos, la ONU y especialmente los Estados Unidos, tomaron partido en la guerra civil. Después de eso, los operadores americanos especiales asesinaron varios civiles en una cacería por un caudillo en especial, miles de somalíes enojados se enfrentaron contra un grupo de Rangers Ejercito de EE.UU. y de comandos de Delta Force durante otra redada fallida. En la batalla del día que inspiró la película, 18 soldados estadounidenses y mucha más gente de lo que fue reportada, alrededor de 500 hombres, mujeres y niños somalíes fueron asesinados. Sin ganas de lidiar con la prensa negativa acerca de las bolsas de cadáveres que regresaron a casa, el presidente Bill Clinton sacó a las tropas en meses.

Durante varios meses, Washington ignoró ampliamente la tragedia en Somalia. Eso fue hasta los ataques terroristas del 2001 en Nueva York y Washington D.C y la región y todo lo vagamente islamista cayó en la mira del Pentágono. No había habido mucha presencia de al-Qaeda en Somalia hasta ese momento, así que Estados Unidos básicamente inventó una. En el 2006, después de un movimiento imperfecto pero popular en los tribunales islámicos llevaron algo de estabilidad al capitolio, Washington alentó, apoyó y formó parte de la invasión etíope.

Esto también salió mal. Mientras más se empoderaba al-Shabab, catalizó grandemente y creció la popularidad a través de su resistencia a la ocupación ilegal de Etiopía y a los gobiernos interinos corruptos que la ONU y Estados Unidos apoyaron. Lo que el director de operaciones de AFRICOM llamó una enfermedad de al-Shabab ahora es utilizada como una vaga justificación de la escalada de los últimos ataques aéreos estadounidenses.

La inercia de AFRICOM

¿Cuántos americanos saben que alrededor de 500-800 tropas estadounidenses están de base en Somalia? Menos todavía tienen la menor idea de que tres americanos fueron asesinados en la vecina Kenia hace unos meses, cuando al-Shabab casi invade la base aérea que alberga algunas tropas estadounidenses.

La apatía y la ignorancia son suficientemente problemáticos, pero como ha sido el caso con casi todas las intervenciones recientes en el Medio Oriente, la política agresiva de Washington en Somalia ha comprobado ser contraproducente. Mientras más intensos y abiertos han sido los ataques del ejército estadounidense y su presencia, más empoderado se hace al-Shabab desde que el grupo es tan nacionalistamente resistente como lo es terrorista. Mientras que este grupo repugnantemente reconocido asesina y oprime civiles somalíes tanto o más que las bombas americanas o las fuerzas de seguridad de los gobiernos que respalda Estados Unidos, el auto sabotaje de Washington es real. Como concluye un reporte de la Universidad de Brown de Proyecto de Costos de Guerra: “al-Shabab está alimentado, en parte, por la guerra estadounidense en su contra”. Aunque están afiliados a al-Qaeda, los reclutas, expertos y agravios de al-Shabab son principalmente locales. La mayoría de los fondos vienen de piratería y empresas criminales.

Las Naciones Unidas, con un apoyo tácito de los aliados americanos de la OTAN, han llamado a un cese al fuego global durante la pandemia del coronavirus. El equipo de Trump solo ha aumentado las acciones militares en varios lugares importantes, particularmente en Somalia. Esto no será bueno para los aliados, adversarios o naciones neutrales. Si algo, llevará a los últimos a los brazos de Rusia o China. En cara a dicha inercia estratégica, uno no puedo sino esperar que el ejército estadounidense le prestara atención a su propia doctrina.

Podría iniciar con el número cuatro en su lista de ocho “paradojas” de contrainsurgencia: “hacer nada es, a veces, la mejor acción”.

Biografía del autor: Danny Sjursen es un veterano del ejército estadounidense de Irak y Afganistán y contribuyente freelance para una variedad de publicaciones. Es autor de Ghost Riders of Baghdad: Soldiers, Civilians, and the Myth of the Surge y del libro Patriotic Dissent: America in the Age of Endless War. Síguelo en Twitter en @SkepticalVet o en su website.

Este artículo fue producido por Globetrotter, un proyecto de Independent Media Institute.


 

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