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La creciente cultura de secrecía en la bahía de Guantánamo

Carol Rosenberg
The New York Times | 4 de abril de 2020

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar 24 de abril de 2020


Los soldados en tribunales de guerra obtienen anonimidad aplastante y muchas veces la remoción de sus nombres de sus uniformes. Crédito Doug Mills/The New York Times

BAHÍA DE GUANTÁNAMO, Cuba — Durante una sesión en el tribunal este año en el caso de los hombres acusados de planear los ataques del 11 de septiembre, los abogados defensores identificaron algo curioso: los fiscales estaban amontonados alrededor de una tableta inalámbrica color plata.

Cuando confrontaron acerca de esto, el juez hizo una revelación sorprendente. Había, de manera secreta, aprobado el uso de ese dispositivo para permitir comunicación en tiempo real entre los fiscales y la CIA y otras agencias de inteligencia para que monitorearan el juicio remotamente. El propósito, dijo, era permitir que las agencias pudieran señalar cuando tuvieran la preocupación de que un “derrame” potencial de información clasificada estuviera por ocurrir.

“Los derrames no pueden suceder”, dijo el juez coronel W. Shane Cohen defendiendo la decisión de darles a las agencias una vía para solicitar el silencio del audio en el tribunal. “Eso es lo importante. La meta es cero derrames”.

El juez dijo que se arrepentía de haber acordado con los fiscales que el sistema de comunicación fuera secreto, pero que se mantenía firme antes su decisión de usarlo. Dio una publicó su orden secreta, llamando el tableta inalámbrico una “máquina teletipo”.

Al concede la petición, el coronel Cohen añadió otro nivel de secrecía a los momentos de remarcada opacidad del tribunal de seguridad nacional en la bahía de Guantánamo, en Cuba.

El gobierno cesura porciones de las transcripciones de audiencias públicas previa a publicarlas en el sitio web de las comisiones militares, que está adornado con el lema “imparcialidad, transparencia, justicia”. Testigos en la prisión, incluidos abogados y algunos comandantes, testifican anónimamente. Los soldados le quitan sus nombres a sus uniformes del ejército cuando se encuentran dentro del tribunal.

El juez y el oficial de seguridad del tribunal pueden presionar el botón de silencio en el sistema de audio que conduce dichos procedimientos, con un retraso de 40 segundos para el cuarto de observación en la parte trasera del tribunal en donde los familiares de las víctimas, los periodistas y otros visitantes están presentes.

Pero la secreto se extiende más allá del tribunal, que es el corazón del híbrido sistema judicial federal-militar que han creado los Estados Unidos en respuesta a los ataques del 11 de septiembre del 2002, que mataron cerca de 3,000 personas.

Todas las mociones del tribunal, incluida la orden del juez, pasan por un sistema de revisión de seguridad antes de que el público pueda verlas.

Por parte de la regulación del Departamento de la Defensa, los documentos se tienen que publicar dentro de 15 días hábiles, pero antes son sometidos a proceso de censura, con representantes de una serie de agencias de seguridad como CIA, FBI, la prisión de Guantánamo y el Pentágono del Comando Sur de los Estados Unidos, que tienen que decir qué porciones de los documentos son clasificadas.

Los retrasos son comunes. Tomó diez meses desde la solicitud hasta que el público pudo leer la moción legal de mayo del 2019 en la que se solicitaba al juez del ejército en ese caso que llevar a cabo una audiencia para acerca de la cuestión de concederle crédito de tiempo servido por la tortura soportada por Majid Khan, quien se declaró culpable de ser mensajero de al-Qaida.

Antes de que el Sr. Kahn fuera llevado a Guantánamo en el 2006, la CIA lo tuvo en aislamiento durante tres años de incógnito en una red de prisiones secretas de la CIA. Allí, miembros del equipo médico hicieron una “infusión” con el puré de una comida y lo insertaron en el recto después de haber estado en huelga de hambre. Esto fue un episodio que en sí fue mantenido secreto del tribunal hasta que se incluyó en una porción desclasificada de un estudio del Senado en el programa de interrogación.

Este es un asunto no solo de mantener información como clasificada, por ejemplo, los países que tuvieron sitios obscuros, sino de censurar palabras que las agencias de inteligencia dijeron que podrían crear un mosaico de información que podría llevar a la gente a discernir secretos del gobierno. Así que el continente completo en donde se encontraba el sitio obscuro quedaba como clasificado.

Las transcripciones de las sesiones del tribunal públicas también eran censuradas, con resultados perplejos en algunas ocasiones.

El 27 de enero, un abogado defensor que cuestionaba a James E. Mitchell, el contratista de la CIA que aplicó el “waterboarding” en prisioneros en 2002 y 2003, leyó en voz alta una frase de las memorias del Dr. Mitchell del 2016 llamadas “Interrogación mejorada”, que fue publicada con aprobación previa de la agencia.

En su libro, el Dr. Mitchell, psicólogo, describió al staff de un sitio obscuro de la siguiente manera: “también había geeks de computación y comunicación, analistas, especialistas en determinación de objetivos, expertos en materia, muchos, muchos policías que actuaban como guardias de seguridad, dos psicólogos (incluyéndome a mi), enfermeras y un médico”.

La transcripción, publicada dos semanas después, tenía en negro las palabras “policía de agencia”, como si la CIA hubiera, en reconsideración, no deseado que el mundo supiera que usaba a su propia fuerza policiaca en un sistema de prisiones clandestinas.

“Las comisiones son susceptibles a esto porque son cautivos de la agencia”, dijo Joshua L. Dratel, un abogado de defensa criminal de Nueva York que ha manejado docenas de casos de seguridad nacional federal y representó a David Hicks, un prisionero en Guantánamo que regresó a Australia en el 2007 como parte de un trato en una convicción que fue revocada en el 2015.

El Sr. Dratel regresó al tribunal de guerra en febrero como observador para la Colegio de Abogados de Estados Unidos y observó el lema del tribunal cosido en el tapete de la entrada.

“Ves hacia el piso y hay un tapete que dice “bla, bla, bla, transparencia” y ves hacia arriba y hay un soldado en frente de ti, otro más y tienen sus nombres cubiertos”, dijo. “Para mí es disonancia de Gitmo”.

En tribunales federales en los Estados Unidos, el acusado puede escoger testificar y dar su versión de la historia y dejar que un juez o jurado decidan la verdad en ella. Pero en Guantánamo, dijo el Sr. Dratel, incluso la propia historia del detenido puede estar clasificada.

Los abogados del hombre acusado de planear los ataques del 11 de septiembre, Khalid Shaikh Mohammed, tienen prohibido dar detalles completos de sus recuerdos de las interrogaciones, en las cuales fue sujeto a “waterboarding” 183 veces. Es información clasificada por el lugar en el que ocurrieron y las identidades de quienes él cree, fueron parte de.

Los abogados defensores en el caso del 11 de septiembre, estaban particularmente escandalizados por la decisión del coronel Cohen, quien abruptamente anunciara en días recientes que dejaría de ser el juez en el caso para permitir de manera secreta a los fiscales, tener un canal de comunicación directo con las agencias de inteligencia desde adentro del tribunal.

En el 2013, la CIA, que monitoreaba los procedimientos desde afuera del tribunal, utilizó la habilidad que tenía en ese momento de silenciar el audio remotamente cuando se mencionó la red de prisiones secretas de la agencia de inteligencia.

El juez en ese momento, coronel James L. Pohl, estaba furioso. Le ordenó a todos los que tuvieran acceso remoto al sistema del tribunal que se desconectaran. La decisión del coronel Cohen de permitir que las agencias de inteligencia se comunicaran directamente con los fiscales en el tribunal durante los procedimientos restauro efectivamente esa habilidad, a través de un fiscal que estaba leyendo las advertencias de la CIA en otra parte y señalando al oficial de seguridad presente que cortara la información.

La redacción retroactiva no es inusual en el tribunal. En la moción del año pasado en el caso de Khan, los censuradores tacharon en dos ocasiones el nombre del ex presidente George W. Bush en un reporte de Amnistía Internacional del 2007 que recontaba las declaraciones públicas que el Sr. Bush hizo en el 2006.

La elaboración de reglas puede ser al azar y cambia constantemente. En enero, estudiantes, abogados y defensores de derechos humanos que se encontraban en Guantánamo para observar la audiencia fueron instruidos que tenían prohibido hablar acerca del 11 de septiembre afuera de los confines del Campamento Justice, la cruda área de hospedaje de tiendas de campaña y caravanas rodeada de alambre de púa.

Julia Hall, quien trabaja para Amnistía Internacional, dijo que estaba discutiendo el caso con otro observador en O´Kelly’s, el pub irlandés de la base, cuando un chaperón movió su mano en seña de silencio.La orden de mordaza fue revocada al siguiente día.

Una nueva delegación de observadores llevados a la base la siguiente semana fue otorgada con una nueva orden de mordaza. Les prohibieron hablar acerca de cuántos soldados había dentro del tribunal resguardando a los acusados.


 

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