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El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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LA CORTE KAFKA: BUSCANDO LEY Y JUSTICIA EN BAHÍA DE GUANTÁNAMO

Alka Pradhan
Revisión online de la Universidad de Derecho Northwestern
Febrero 2020

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar por Sergio Rey Godoy 13 de agosto de 2020

“¿Por qué llevas hiyab?” pregunta un destacado reportero.

“¿Por qué llevas hiyab?” pregunta la madre de una madre de un bombero del Departamento de Bomberos de Nueva York el cual desinteresadamente corrió para salvar vidas antes de que cayera la segunda torre.

“¿Por qué llevas hiyab?” pregunta un estudiante de segundo año de Derecho sosteniendo una taza de café “feminista”.

“Ejercer en Bahía de Guantánamo” suena contradictorio. Los campamentos de detenidos fueron creados allí en 2002 específicamente por el propósito de estar fuera de la ley. Cerca de dieciocho años más tarde, los jueces de los lentos cargos militares aún no pueden decidir si o qué partes de la Constitución podrían aplicarse a los cuarenta hombres que quedan allí. Los derechos humanos existen para los humanos, se lo enseño a mis estudiantes, pero si los carcelarios no reconocen la humanidad de sus cargos y ninguna persona de fuera puede realizarlos, ¿es verdad?

Los detenidos de Guantánamo son presentados como un monolito — duros terroristas que quieren matar estadounidenses. La primera impresión, creada por gente como Donald Rumsfeld y Dick Cheney los cuales también controlan toda la información de los hombres, se ha convertido en la verdad en la mente del pueblo. He representado a más de una docena de hombres en Guantánamo. A diferencia de Rumsfeld y Cheney, me he sentado en habitaciones con ellos, he compartido cenas con ellos, me han aconsejado sobre embarazo y paternidad, y me han hecho cerrar la boca ya que algunos lloraban por sus madres, hermanos o hijos muriendo en sus hogares lejos de allí mientras ellos siguen encerrados en Guantánamo. Un cliente tenía un hijo que nunca había conocido. Otro perdió a su joven hijo en Siria mientras estaba en Gitmo. Uno escribió cartas estremecedoras con una mano derecha que había sido aplastada constantemente en torturas anteriores, intentando participar de alguna forma en la preparación de la pendiente boda de su hija. Todas sus cartas llegaron tras la boda, consejos que inexplicablemente llegaron llenas de tinta censuradora.

Uno de mis clientes favoritos, un caballero que se disculpaba por robarme mi tiempo con mi familia para visitarle en Guantánamo, escribía cartas de amor a su mujer cada día. Él arrancaba silenciosamente fotos de flores y animales de las revistas aprobadas por el Departamento de Defensa y las adjuntaba con las cartas. Le suplicaba que le esperase y, en contra de mis consejos, aceptó un trato de libertad el cual le pondría en gran peligro al salir de Guantánamo solo con la esperanza de reunirse con ella más rápido. A su salida estuvo legalmente desaparecido casi seis meses. Fue la gota que colmó el vaso para su mujer, quien rechazó reunirse con el después.

Se ha declarado que todos estos hombres se armaron en contra de los Estados Unidos, que todos son una amenaza para los estadounidneses y que por eso se ven forzados a encerrarlos de por vida, fuera de los Estados Unidos, en lo equivalente a un gulag. Esa declaración es absolutamente falsa. Aquí hay algunas verdades: hemos retenido a casi ochocientos hombres en Guantánamo, la mayoría no debería haber sido detenida en absoluto. Si hubiesen sido blancos y de Francia o Noruega o Alemania, la prisión extraterritorial de Guantánamo nunca hubiera estado permitida de existir. Y desde luego nunca hubiese durado durante dieciocho años sin un punto final a la vista.

La única verdad que todos los detenidos comparten es que fueron torturados por los americanos. Hemos mentido sobre eso, también, y lo seguimos haciendo. Estas no eran “técnicas de tortura mejoradas”. Eran brutales, actos medievales, algunas de ellas incluso cometidas en la Torre de Londres y en Salem — y sí, en Bergen-Bergen. Los hombres eran asesinados en nuestro programa de tortura. Aquellos que sobrevivieron estuvieron lisiados mental y físicamente de por vida.

I. ANTECEDENTES

Cuando decidí a la madura edad de dieciséis años que quería dedicarme a los derechos humanos y a la ley humanitaria, nunca hubiese adivinado que estaría litigando contra mi propio gobierno. Acababa de regresar de un programa de verano del instituto en la Universidad de Oxford, donde uno de los hablantes era Patricia Viseur Sellers, entonces una fiscal especializada en crímenes de guerra basados en género en el ICTY1. Era una abogada estadounidense, lo que yo quería ser, ayudando a dar forma al entonces nuevo campo de ley de crimen internacional. Y era una mujer, y su piel era como la mía. Crecí principalmente en un cómodo y homogéneo barrio en Ohio, el tipo de lugar que se ve en programas de televisión como One Tree Hill o My So-Called Life. Lo que les falta, sin embargo, son los personajes femeninos indoamericanos cuyos comentarios de autodesprecio y ruidosas risas adelantan las bromas sobre su ropa (“no Abercrombie”), sus caras (“demasiado oscuras para verlas en fotos”), religión (“mis padres no quieren que vaya si tienes un dios elefante en tu pared”), países de origen (“una mierda” antes de que el presidente lo dijera), y comida casera (“apesta a curry”).

No iba a dejar sentirme acosado. Hacía las bromas antes de que abriesen sus bocas, aceptaba la gracia del chiste, les dejaba sentirse incómodos. Lo hacía por los nuevos niños inmigrantes también, que no entendía el chiste. “El chiste es cómo les vemos a ellos”. Veinte años más tarde me encuentro asintiendo con mi cliente, Ammar, que habla de cómo se siente ser un extraño al ser un refugiado adolescente en Irán. Era definitivamente más privilegiado que Ammar, pero ser una minoría de adolescente es algo que nos une.

Mi abuelo trabajó para las Naciones Unidas y pasó muchos largos veranos en Ginebra junto a amigos de la familia que eran trabajadores internacionales. Leí sobre las Guerras de los Balcanes, el genocidio de Ruanda, la carrera nuclear indo-pakistaní, y debatí las ventajas de la soberanía contra la intervención humanitaria en mi clase de Política Estadounidenses y Gobierno. Cuando vi a Ms. Sellers hablar sentí que había encontrado mi lugar. Como ella explicó, nadie inventó los derechos humanos — existen en cada ser humano. Pero sin personas que luchen a capa y espada por esos derechos, no hay forma de relajar el caos político y bélico. Yo quería hacer eso.

Cuando crecemos en Estado Unidos, no obstante — y especialmente cuando estudiamos Derecho en América, se nos enseña que somos los buenos. A veces es verdad. Ayudamos a dar forma a gran parte del mundo tras la Segunda Guerra Mundial y dirigimos la carga contra la ley internacional que ahora irrita a nuestro Departamento de Defensa de Guantánamo. Nuestra Constitución es magnífica y tiene profundos puntos débiles, y magnífica de nuevo por cómo crea las instituciones — el Congreso, la presidencia, las cortes — para ayudar a resolver esos errores.

Pero la Constitución, escrita en un momento de poder de estado, no supo qué hacer con los ataques del 11S, ni tampoco las instituciones. Descubiertos prestando demasiada poca atención a un participante no estatal (Al Qaeda), el Congreso y el Ejecutivo lo sobre corrigieron. Poderes plenos fueron empleados, las reglas de reunión de inteligencia en secreto y de lucha de guerras en público fueron suspendidas. Los Estados Unidos no querían seguir las leyes que ayudaron a crear.

Conocemos algunos de los errores que cometemos. No entendimos la naturaleza o la diversidad de las partes en Afganistán. El programa de ejecución y tortura no generó inteligencia usable y puede haber tirado al garete años de búsqueda de Bin Laden. Pero aun así no hemos estimado los efectos de esos errores. Aún no hablamos del impacto en nuestra seguridad nacional con nuestros aliados retirándose de operaciones conjuntas debido a nuestros campos de tortura. El gobierno sigue vigorosamente debatiendo que los detenidos de Guantánamo no deberían tener protección absoluta en territorios controlados por los Estados Unidos y en las cortes en las que ondee la bandera. No parece que entendamos cómo estos errores —torturar personas de color, crear cortes segregadas para musulmanes fuera de la constitución— han socavado la seguridad que tanto ansiamos tan desesperadamente conseguir.

II. EN LA CORTE

Durante la mayoría de estos cuatro años que he representado a Ammar en el construido especialmente para estos casos Campamento Justice (el complejo jurídico de la Bahía de Guantánamo), he sido la única abogada mujer de color. Una de solo un puñado de mujeres en toda la corte, de hecho. Durante mi primer debate, hice una pausa en la palabra “Abbottabad”. Abbottabad es una ciudad en Pakistán donde Osama bin Laden fue eventualmente encontrado y asesinado por el ejército de EE.UU. en 2011. Es contantemente mal pronunciado en la prensa, incluyendo al presidente Obama. Cerca de dos décadas después de la Guerra de Afganistán, ¿es tan difícil aprender a pronunciar “Afganistán”, “talibán”, “Irak”, “Abu Ghraib” —y sí, “Abbottabad” correctamente? Faltar el respeto a una cultura y a su gente porque cinco de ellos son acusados de cometer crímenes (incluso atroces) es antiético para la justicia basada en los derechos. Entonces hice una pausa y le expliqué al juez en dos frases la historia de Abbottabad y que iba a pronunciarlo de la misma forma que lo hacen los pakistaníes. Para mi parecía algo absolutamente normal de hacer. El juez, a su favor, aceptó la explicación con dignidad. A mi derecha, sim embargo, había un coro de resoplos desde la acusación hasta el final de mi argumento.

Muchas cortes siguen estando dominadas por hombres y escucho el mismo comentario en Guantánamo que mis compañeras alrededor del mundo. He sido llamada “histérica” por hablar del traumatismo craneoencefálico de Ammar a manos de la CIA. Los fiscales han replicado que “no entiendo” la litigación. Un fiscal comentó que “necesitaba volver con mis hijos” después de una polémica semana de audiencias. Estas son palabras normales sin imaginación que pueden ser denegadas.

Donde se vuelve raro es con la etiqueta de “simpatizante del terrorista”. Mi piel es marrón y soy la única mujer que se levanta en el podio y debate en la corte de Guantánamo. Llevo un hiyab cuando Ammar y los otros cuatro acusados están en la corte, así que los testigos suelen llegar a la conclusión de que soy musulmana. La hermana de una víctima del 11S, el dolor inimaginable resurgiendo después de un día de argumentos sobre los defectos que sostienen el caso, me dijo “Estás de su parte. No eres estadounidense”. Otro miembro de la familia dijo claramente que la fiscalía les había informado que estaba ahí para promover “a los terroristas”. Un testigo una vez me preguntó, ajeno tanto a la absurdez como a la afrenta, si disfrutaba proyectando una sensación “Mata Hari”. (Cuando le pregunté si sabía que el fiscal de Mata Harise se refirió a su género como una prueba contra ella, se marchó apresurado. Además, aseguro a todos que estoy completamente vestida en la corte). Todos mis compañeros de defensa son atacados por representar a nuestros clientes. Pero conmigo, “la broma” es, de nuevo, mi apariencia.

Ahora no evito los comentarios. La razón es la corte creada para este caso. La corte está rodeada de alambre de espino y carteles que dicen “Complejo Legal Expedicionario”. Fue creada deliberadamente fuera de nuestro sistema legal, con una obscura cláusula en su estatuto permitiendo pruebas derivadas de la tortura sitio negro de Ammar. La finalidad para la que se creó fue para ejecutar a Ammar lo más rápido posible. La finalidad de las burlas y de las barricadas del gobierno —espiando nuestras reuniones, reteniendo financiamiento, denegando hallazgos— es hacer que paremos de defenderle. En términos reales, si nos distraemos evitando las bromas sobre nosotros, Ammar será asesinado sin nadie que haya luchado contra el sistema corrupto que le procesa. Ya no estamos en Ohio, Toto.

Es posible ser un gran abogado de defensa sin ser muy cercano a tu cliente, pero no en Guantánamo. Como estos hombres fueron deshumanizados, no confían en casi nadie. Viven aislados, lejos de la prensa y de los testigos y de la familia en un campo secreto de Cuba. La primera cosa que hacemos, si nos dejan, es conocerles. Aprendemos cómo fueron sus infancias, cuántos hermanos tienen. Si le gustan más los dátiles de Kuwait o de Dubai, si hay un plato especial que hacen sus madres en el Ramadán. Si les gusta el criquet o el fútbol o si ven películas de Bollywood, que son extensas en el Medio Este. Cómo modifican las comidas de la prisión con su yogurt, menta, ajo, o salsa picante para hacerlas apetitosas. Solo después de que hayamos reconstruido su personalidad podemos defenderles en una corte diseñada para reducirles a monstruos unidimensionales.

Durante cada interacción, tenemos que intentar evitar redesencadenar su trauma. Algunas canciones sonando en sitios negros programaron la mente de Ammar de forma que cree que va a ser asesinado cuando las escucha. Otro prisionero entra en pánico cuando es transportado en una furgoneta negra, que es siempre que va a una reunión legal o a una cita médica. Una de las torturas sobre estos hombres es la humillación sexual por parte de interrogadoras y guardas femeninas. La humillación sexual es cruel, inhumana y degradante para cualquier persona, pero sube un nuevo nivel para los hombres musulmanes por lo principios específicos de su religión. Para eliminar ese rebrote de humillación llevo el hiyab en la corte.

Naturalmente no estoy cómoda con el hiyab. Realmente no me gusta ponérmelo en la cabeza (llevar un tocado por Ascot fue doloroso). Tengo que ajustarlo en su lugar para asegurarme que no se cae cuando hablo en el podio, porque tiendo a usar mucho mis manos describiendo los fallos del gobierno para soportar cualquier tipo de estándares normales del juicio. Hace calor bajo ese hiyab en el calor de 100 grados de Guantánamo, además de requerir pantalones de traje. Algunas de las otras mujeres de la corte prefieren usar abayas, que me parecen demasiado físicamente restrictivas para mí. No soy musulmana y a veces me considero demasiada cohibida adoptando, por razones prácticas, una costumbre que tiene significado religioso y cultural para muchas mujeres alrededor del mundo. Pero si un hiyab puede (y hace) que un traume se relaje lo suficiente para que pueda hacer mi trabajo en la corte, merece la pena. E irónicamente, solo ese trocito de “separarse del otro” vista en mí y en mis colegas americanos con hiyabs o abayas, me permite entender mejor el uso de nuestro país de Guantánamo como un gran experimento de deshumanización.

Incluso más irónicamente, recibo más respeto y consideración de Ammar que de mis clientes posteriores, como su abogada americana, que de mis compañeros de la fiscalía. Ningún detenido nunca se ha negado a reunirse conmigo por ser una mujer. Cuando hablo del cerebro traumado de Ammar, lo llaman “honesto”, no “histérico”. Cuando estaba en las profundidades de la lucha contra el Departamento de Estado para negociar las condiciones de repatriación del cliente, él me llamó su “abogada tigresa” inspirándose en el personaje de Kung Fu Panda (una de las películas aceptadas en el Campamento 62. Durante mi embarazo durante la mitad de 2018 mientras asistía a vistas en Guantánamo, recibía felicitaciones del Campamento 73 , combinadas con preguntas sobre cuándo volvería después del nacimiento del bebé. Mientras bebía té de jengibre hecho por Ammar para mí para combatir mis náuseas para recuperarme para los debates orales, prometí que volvería, y lo hice. Resulta que si ofreces respeto y humanidad a la gente, vuelve hacia ti diez veces más.

CONLUSIÓN

Mi camino ha divergido grandemente de mi inspiración, Patricia Sellers. En vez de cortes internacionales, cito a la Convención Contra la Tortura, al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y a los Convenios de Ginebra en una comisión militar ilegal en Cuba. Elegí la defensa antes que la fiscalía, pero intenté seguir su ejemplo como una defensora de los derechos humanos, sea cual sea el título del trabajo. No cuestiono el patriotismo de mi trabajo, como mencionó el juez Tatel recientemente en la decisión de un circuito DC excoriando al gobierno por su manejo del caso Nashiri en Guantánamo: “la justicia criminal es una responsabilidad compartida”, junto a la acusación, defensa y poder judicial. 4 Sin fuertes abogados de defensa, la justicia se desmorona, y particularmente Guantánamo.

Ms. Sellers fue preguntada una vez en una entrevista cómo de importante era el caso Akayesu en la historia internacional legal, y ella no pudo enfatizar lo suficiente cómo de progresiva había sido la decisión. Me siento de la misma forma con el 11S5 por la razón opuesta: la historia legal internacional grabará lecciones de injusticias que se perpetraron. Las comisiones militares de la Bahía de Guantánamo han permitido la carga de “crímenes de guerra” ex post facto, insistieron en la existencia de una “guerra” que se extiende hasta 1996 para cubrir la jurisdicción de todos los detenidos, ocultando la más importante prueba de las torturas de los acusados, y entonces han ejecutado una estatua del gobierno que permite el uso de la tortura para conseguir testimonios. Juego una pequeña parte en dar luz a estas asquerosas violaciones legales a través de litigación, en la prensa y en Twitter. Y, algún día, el público se dará cuenta el porqué luchamos tanto contra nuestro propio gobierno desde el 11S, el porqué pasamos meses y años de nuestras vidas en una esquina olvidada en Cuba— y el porqué llevamos hiyabs.


1 Tribunal Penal Internacional en la antigua Yugoslavia regresa

2 El Campamento 6 es una facilidad de detenidos considerados de ser “de poco valor”. Casi todos los detenidos en el Campamento 6 fueron detenidos en Afganistán tras el 11S y la mayoría fueron liberados bajo la administración de Bush y Obama. Los detenidos del Campamento 6 tradicionalmente han tenido más acceso al recreo comunal y a entretenimiento (películas y libros) que detenidos en cualquiera de las otras instalaciones en Guantánamo. regresa

3 El Campamento 7 es una facilidad para detenidos considerados “de alto valor”. Los detenidos en el Campamento 7 fueron retenidos por la CIA en sitios negros alrededor del mundo durante tres o cuatro años antes de ser traídos bajo la custodia del Departamento de Defensa en septiembre de 2006. Hasta 2017 los detenidos en el Campo 7 fueron retenidos un confinamiento de soledad casi absoluta. Todos los acusados del 11S se encuentran en el Campamento 7. regresa

4 In re Abd Al-Rahim Hussein Muhammed Al-Nashiri, 921 F.3d 224, 239 (D.C. Cir. 2019). regresa

5 United States v. Khalid Sheikh Mohammad, Walid Muhammad Salih Mubarak Bin Attash, Ramzi bin al Shibh, Ali Abdul-Aziz Ali, and Mustafa Ahmed Adam al Hawsawi. “Ammar al Baluchi” es el nombre de familia de Ali Abdul-Aziz Ali. regresa

Copyright © 2020 Alka Pradhan. Edited by the Northwestern University Law Review. This Essay was originally published in Women & Law, a special joint publication of the nation’s top law reviews. Alka Pradhan, Kafka’s Court: Seeking Law and Justice at Guantánamo Bay, in WOMEN & LAW 151 (2020) (joint publication of the top sixteen law reviews).

† Alka Pradhan es un abogado de Derechos Humanos en la comisión militar de la Bahía de Guantánamo. Actualmente representa a Ammar al Baluchi, uno de los cinco acusados en United States v. Khalid Sheikh Mohammad, et al. (el caso del 11S). Previamente, Ms. Pradhan representó a un grupo de detenidos en la Bahía de Guantánamo en procedimientos habeas, y también a víctimas civiles de ataques con drones de Yemen y Pakistán. Ms. Pradhan es una académica y profesora de Derecho en la Universidad de Derecho de Pensilvana. Está eternamente agradecida a su marido y a su familia por su inquebrantable apoyo.


 

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