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EEUU-AFGANISTÁN: El temor al fracaso

Análisis de Gareth Porter*
IPS
28 de septiembre de 2009

WASHINGTON - Un punto de inflexión similar al ocurrido hace 44 años en la Guerra de Vietnam (1965-1975) podría verse en las próximas semanas, cuando el presidente Barack Obama lidere una serie de reuniones para determinar si Estados Unidos intensificará o reducirá su presencia militar en Afganistán.

El general Stanley A. McChrystal, máximo comandante en Afganistán, pidió a Washington el envío de 40.000 soldados más para a ese territorio.

De concretarse, la cantidad de efectivos estadounidenses en suelo afgano ascenderá a 108.000, lo que supone un aumento de casi 60 por ciento.

Obama ha insinuado tener serias dudas sobre si arrojarse más profundamente o no en la guerra de Afganistán. Algunos funcionarios del gobierno han señalado que una cuestión clave es si es posible o no ganar la lucha contra la insurgencia.

Un plan respaldado por el vicepresidente Joe Biden para reducir las fuerzas de Estados Unidos en Afganistán y centrarse más en la red extremista Al Qaeda, del saudita Osama bin Laden, fue una de las opciones discutidas el 13 de este mes en una reunión de altos funcionarios gubernamentales, según un informe publicado el 25 de este mes en el diario australiano The Age.

Ese plan dependerá de que las Fuerzas Especiales de Estados Unidos localicen a Al Qaeda y reduzcan a la insurgencia.

Pero lo más probable es que las decisiones que surjan de las inminentes reuniones sean moldeadas principalmente por el hecho de que a las fuerzas armadas y la Casa Blanca les preocupa que las culpen de una derrota en Afganistán. Y ahora esto parece mucho más probable que hace apenas seis meses.

En ese sentido, los encuentros que se avecinan hacen recordar a consultas similares celebradas en junio de 1965, cuando el presidente Lyndon B. Johnson (1963-1969) y sus asesores civiles respondieron al pedido de un importante aumento de soldados en el sur de Vietnam, formulado por el general William Westmoreland, entonces líder de las fuerzas estadounidenses en ese país asiático.

En esa ocasión se discutieron maneras de limitar el compromiso militar de Estados Unidos en esa zona.

Johnson, el entonces secretario de Defensa, Robert S. McNamara, y el consejero de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy, se mostraron escépticos sobre la posibilidad de ganar la guerra, incluso con una mayor cantidad de tropas.

Como ocurre ahora con Obama, Johnson también tuvo una alternativa a intensificar la guerra: una propuesta de negociar un acuerdo, hecha por el subsecretario de Estado (vicecanciller) George Ball. A ésta se opusieron fuertemente otros miembros del equipo de seguridad nacional de Johnson, incluido McNamara.

Pero pocas semanas después, Johnson mantuvo su compromiso incondicional a aumentar las tropas en Vietnam, porque no estaba dispuesto a ser acusado por los militares de resignar el sur de ese país asiático.

En una serie de apariciones en programas periodísticos el 20 de este mes, Obama señaló que quería evitar un mayor involucramiento en Afganistán, aunque dejó la puerta abierta a la posibilidad de aprobar un aumento del contingente militar.

"Mientras no esté seguro de que tengamos la estrategia correcta, no enviaré allí a ningún hombre o mujer joven, más allá de los que ya tenemos", declaró al programa "Meet the Press", de la cadena NBC.

En una conferencia de prensa realizada el 25, Obama planteó que, si el pueblo afgano no sentía que su gobierno era legítimo, las actividades de Estados Unidos serán "mucho más difíciles". Estos comentarios aludían al fraude atribuido al presidente Hamid Karzai en las elecciones del mes pasado.

En una ronda inicial de debates sobre Afganistán durante las primeras semanas de Obama en el poder, en enero y febrero, Biden sostuvo que el plan de guerra sería demasiado costoso y podría fracasar, como informó el 24 de este mes The New Republic.

Sin embargo, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, el secretario de Defensa, Robert Gates, y el coordinador para Afganistán, Richard Holbrooke, apoyaron la propuesta militar, aprobando 17.000 de los 30.000 efectivos pedidos, aún en ausencia de una estrategia clara.

Pero la Casa Blanca hizo saber que no estaba comprometida con una guerra total contra la insurgencia en Afganistán. La insistencia de Obama, en su discurso del 27 de marzo, en que el objetivo de Estados Unidos en territorio afgano era en realidad derrotar a Al Qaeda, ahora parece haber sido una señal de que estaba determinado a dejar abiertas sus opciones.

La "evaluación inicial" de McChrystal, declarando que como no se pudo "proporcionar los recursos adecuados" probablemente se produzca un "fracaso de la misión", fue enviada a Washington el 31 de agosto. Pero luego pasaron varias semanas sin que la Casa Blanca diera señales de estar lista para considerar un pedido de tropas.

Eso provocó quejas del equipo de McChrystal, desconforme con la demora, según un artículo publicado el 18 de este mes en la cadena de periódicos McClatchy.

Luego, la evaluación de McChrystal se filtró al periodista Bob Woodward, de The Washington Post, lo que generó un gran título en su edición del día 21, con la advertencia sobre el "fracaso de la misión".

Esa filtración tuvo por objetivo hacer que para Obama fuera más difícil rechazar su pedido de un mayor despliegue militar.

Pero el informe de McChrystal presenta tal cantidad de obstáculos al éxito de una guerra contrainsurgente en Afganistán que puede verse como una invitación a que el presidente rechace la estrategia.

La filtración de su evaluación y el pedido de 40.000 efectivos adicionales pueden haber buscado principalmente garantizar que McChrystal y su jefe, el general David Petraeus, no puedan ser responsabilizados por la derrota. Tanto Petraeus como el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, han cerrado filas en torno a la estrategia de McChrystal y puede esperarse que aprueben su pedido de soldados.

"Los comandantes militares siempre van a pedir más tropas. Creen que si no lo hacen, y si eso no sale bien, pueden echarles la culpa a ellos", dijo Lawrence Korb, del Centro para el Progreso Estadounidense y ex secretario adjunto de Defensa.

En junio de 1965, Johnson inicialmente se inclinó en contra de una escalada sin plazo definido, porque pensaba que contaba con el apoyo de su secretario de Defensa, McNamara.

Pero cuando McNamara cambió de posición para pasar a apoyar el aumento de las tropas pedido por el Estado Mayor Conjunto, Johnson cedió ante los militares.

Ahora, el secretario de Defensa, Robert Gates, puede jugar el mismo rol que desempeñó McNamara en 1965, en relación al deseo de Obama de evitar una escalada.

Gates se ha mostrado públicamente indeciso en torno a este tema. Pero declaró al programa "This Week", de la cadena ABC, que ser derrotados por el movimiento fundamentalista Talibán en Afganistán tendría "efectos catastróficos", porque le daría nuevo impulso el reclutamiento, las operaciones y la recaudación de fondos de Al Qaeda.

Es probable que Gates, Clinton y Holbrooke presionen a Obama para que siga con por lo menos gran parte del pedido de tropas de McChrystal, argumentando que no se puede abandonar la guerra.

* Gareth Porter es historiador y experto en políticas de seguridad nacional de Estados Unidos. "Peligro de dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la guerra en Vietnam", su último libro, fue publicado en junio de 2005 y reeditado en 2006.


 

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