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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

¡NO MAS!
¡Ningún ser humano es ilegal!

EL Mundo no Puede Esperar exhorta a cada persona a protestar contra las leyes racistas como Arizona SB1070, a desacatarlas y a DESOBEDECERLAS



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Obama campeón deportador de indocumentados

“Justicia sin misericordia es crueldad” —Santo Tomás de Aquino

Zeituni Onyango, la tía del presidente Barack Obama, ya puede respirar tranquilamente en su modesto hogar de Boston.

La orden de deportación que pendía sobre ella desde 2004, fue anulada por la corte de Inmigración y le han concedido asilo político en los Estados Unidos. La alegría de Zeituni, que vivía en los Estados Unidos desde 2000 sin papeles, fue compartida y envidiada por los casi 20 millones de indocumentados que continúan bajo permanente peligro de detención, encarcelamiento y expulsión del país.

A todos les gustaría ser primos, tíos y ahijados de Barack Obama. Sin embargo, su realidad es diferente en este país donde la campaña antiinmigrante, orquestada por los republicanos con el apoyo implícito del gobierno, se hace cada vez más intolerante, racista y xenofóbica.

Mientras, Obama ni se acuerda de sus promesas de legalización ni las exhortaciones al pueblo cuando declaraba que “América no tiene que tener ningún miedo a los inmigrantes” y que “los nuevos inmigrantes latinos solamente favorecerán al enriquecimiento de nuestro país”. También dijo el 28 de junio de 2008 “we must recognize the humanity of immigrants: because we are all Americans. Todos somos americanos. And in this country, we rise and fall together”.

Bastó un año, y al igual como a George W. Bush ese sentimiento se desvaneció del alma, del cerebro y de los gestos de Barack Obama. Ahora resulta que su administración está en vías de deportar la cifra récord de 400 mil personas en 2010, un 70 por ciento de los cuales son indocumentados no criminales capturados en agresivas redadas y operativos policiales locales, estatales y federales.

La linda y justa frase de Obama “todos somos americanos”, excluyó de facto a los indocumentados, arrojándolos a la inseguridad, desconfianza y el miedo. Sin embargo, el silencio cómplice de la prensa y del resto de habitantes fue sacudido hace unos días cuando, por milagro apareció la voz de una niña de 7 años de edad, Daisy Cuevas, de padres peruanos, quien increpó inocentemente a Michelle Obama durante su visita a su escuela en Silver Spring (Maryland): “mi mamá dice que Barack Obama está sacando a todos los que no tienen papeles” y al recibir la respuesta de la primera dama que el gobierno está trabajando para que “la gente pueda estar aquí con los documentos adecuados”, le contestó quejosa y procupada: “¡pero es que mi mamá no tiene documentos!”.

La inocencia de la niña transmitió al mundo el miedo con que viven los inmigrantes día a día, siendo sus hijos los primeros catalizadores y también víctimas de la inseguridad. Daisy fue bautizada inmediatamente por los medios de comunicación como “el rostro de los indocumentados” y “la vocera de los indocumentados”. Pero de allí no pasó nada. El gobierno se quedó tan mudo como Michelle Obama. Pero el susto de la madre de Daisy, Natalia Julca, que se desempeñaba como empleada doméstica, fue tan grande al verse descubierto su estatus ilegal, que se ha escondido junto con su hija temiendo la persecución policial.

Por el momento el Departamento de Seguridad Nacional dice que no emprenderá acciones contra la madre de la niña, pero nadie sabe cuánto durará esta tolerancia oficial ni qué pasará con Daisy y su mamá, tan pronto como ambas dejen de ser noticia.

Vicky.Pelaez@eldiariony.com


 

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