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La “Parca” de Irak, Madeleine Albright, consigue un premio humanitario

Felicity Arbuthnot
Palestine Chronicle
03 de mayo de 2012

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”. (Madeleine Albright)

Según se aproxima el aniversario de una de las respuestas posiblemente más infames en la historia de las transmisiones por televisión, la mujer que pronunció esa frase va a ser pronto recompensada con el “mayor honor” que EEUU concede a los civiles: la Medalla Presidencial a la Libertad.

Madeleine Albright, la “Parca” de Irak, confirmó en el programa “ Sixty Minutes ” (12 de mayo de 1996) que las muertes de medio millón de niños iraquíes, como consecuencia de todas las privaciones y carencias que sobre todos los aspectos de las necesidades de la vida impuso el embargo de las Naciones Unidas, fueron por supuesto: “una dura elección, pero creemos que el precio mereció la pena”.

Su comentario sirvió también para refrendar más aún el alcance con el que las Naciones Unidas habían ensuciado sus mismas afirmaciones fundacionales de “Preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra…”, poniendo en marcha un nuevo método bélico: la retirada y negación de todo lo necesario para mantener la vida. Albright, en la época de esa increíble afirmación era Embajadora de EEUU ante las Naciones Unidas (1993-1997).

Irónicamente, cuando era niña, ella y su familia checoslovaca vivieron en Londres durante la II Guerra Mundial (su padre era diplomático), y mientras se encontraba allí apareció en un documental que abordaba la dura situación de los niños en la guerra.

En su autobiografía describe cómo su experiencia y conocimiento de los horrores y repercusiones de la guerra quedaron también moldeados por las terribles consecuencias que para un pequeño estado supone chocar con las ambiciones e intereses de uno grande. Los 25 millones de habitantes de Irak y los 350 de Estados Unidos me vienen de nuevo a la mente.

Pero ella siguió colmando de miseria a los más vulnerables de Irak cuando fue Secretaria de Estado (1997-2001). Quizá para muchos, para bien o para mal, su infancia la dejó marcada. Cuando su familia volvió a Praga tras la guerra, la polémica se desató cuando les dieron una casa que era propiedad de una adinerada familia alemana. Los alemanes fueron expulsados del país por un decreto del Primer Ministro una vez acabada la guerra.

Al menos entonces se trató solo de una casa. El gobierno al que ella ha servido siguió apoderándose –y arruinando, saqueando y empobreciendo exhaustivamente- a dos países y a sus pueblos.

Para los anales de “Increíble pero cierto”, entre los actuales puestos de la Sra. Albright figura el de copresidenta de la Comisión para la Capacitación Legal de los Pobres del Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, que tiene como objetivos: “Trabajar para mejorar realmente la vida de la gente fomentando el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, el desarrollo humano” y conseguir que “la ley sea igual para todos”.

En septiembre de 2006, recibió el Premio Europa a la Persona del Año por promover la causa del entendimiento internacional. Orwell ataca de nuevo.

El 26 de abril, al anunciar a los trece receptores de la Medalla Presidencial del Premio a la Libertad, el Presidente Obama elogió a Madeleine Albright por sus esfuerzos por llevar la paz al Oriente Medio… reducir la propagación de las armas nucleares y por su papel como campeona de la democracia y los derechos humanos por todo el mundo desde hace mucho tiempo. (The Daily Beast, 26 de abril).

“ Estos extraordinarios galardonados nos han retado… inspirado y han hecho del mundo un lugar mejor”, dijo el Presidente.

La Medalla honra a aquellos que han contribuido significativamente a la “paz mundial”.

Al leer esta historia fantástica de las “Aventuras de una heroína”, me inundaron de nuevo los recuerdos que conservo de las madres iraquíes, de sus lágrimas mezclándose con las mías o humedeciendo mi hombro mientras contemplábamos desoladas cómo sus hijos se apagaban lentamente frente a nosotras por la falta de medicamentos que el país de Albright, o las Naciones Unidas ante las que servía, les negaban.

Los funerales, con aquella letanía de ataúdes diminutos, la inmensidad de las pequeñas tumbas por todo Irak, fueron testigos de una perversidad excepcional.

Pero la Sra. Albright tiene razón en una cosa. Por supuesto que hay “un lugar especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”. Ese Premio puede aún atormentarla hasta convertirse en el último cáliz envenenado. En eso confiamos.

Felicity Arbuthnot es una periodista con profundos conocimientos sobre Irak. Es autora, con Nikki van der Gaag, de las series “Baghdad in the Great City” para World Almanac Books. Ha sido también investigadora en dos documentales premiados sobre Irak: “John Pilger’s Paying the Price: Killing the Children of Iraq” y “Denis Halliday Returns” para RTE (Irlanda).

Fuente:

http://www.palestinechronicle.com/view_article_details.php?id=19260


 

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