Haití: un inoportuno y recurrente Katrina
Cynthia McKinney
Global Research
23 de enero de 2009
Traducido del inglés por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
La respuesta del presidente Obama a la tragedia en Haití ha sido contundente en el
despliegue militar y débil en lo que más necesitan los haitianos: alimentos,
personal de primeros auxilios y equipos especializados, ingenieros,
equipamiento, camiones. Tristemente, el presidente Obama está enviando a los ex
presidentes Bush y Clinton y a miles de marines y soldados de EE.UU. Por el
contrario, Cuba tiene unos 400 médicos sobre el terreno y está enviando más;
cubanos, argentinos, islandeses, nicaragüenses, venezolanos y muchos otros ya
están trabajando in situ, salvando vidas y tratando a los heridos. Senegal ha
ofrecido tierras a los haitianos que quieran trasladarse a África.
Estados Unidos, al día siguiente de que la tragedia golpeara, confirmó que toda una
fuerza expedicionaria de marines estaba siendo considerada “para ayudar a
restaurar el orden,” cuando el “desorden” había sido causado por un terremoto
que golpeó Haití; desde 1751, 1770, 1842, 1860 y 1887 Haití no había
experimentado un terremoto. Pero recuerdo los falsos informes de caos y
violencia que llevaron al despliegue de activos militares, incluyendo la
Blackwater, en Nueva Orleáns después del huracán. Un superviviente del Katrina
señaló que la gente necesitaba comida y refugio y el gobierno de EE.UU. envió
hombres con pistolas. Para mi desasosiego, parece que volvemos a las andadas.
Desde el principio, la asistencia estadounidense a Haití me ha parecido más una
invasión que una operación de ayuda humanitaria.
El segundo día de la tragedia, un avión C-130 con un equipo militar de evaluación aterrizó
en Haití, con el resto del equipo esperando aterrizar poco después. El
propósito declarado de este equipo era determinar qué recursos militares eran
necesarios.
Un equipo de operaciones especiales de la Fuerza Aérea también se esperaba que aterrizase
para proporcionar el control del tráfico aéreo. Ahora los informes dicen que
EE.UU. no permite la entrada de la ayuda; la sombra del huracán Katrina planea
otra vez por todas partes.
Bajo las órdenes del presidente Obama, el avión militar "sobrevoló la isla haciendo
una cartografía de la destrucción" Así, la primera contribución de EE.UU.
a la ayuda humanitaria necesaria en Haití fueron aviones de reconocimiento
cuyas dotaciones están más acostumbradas a buscar lugares de armas ocultas y
baterías de misiles tierra-aire que infraestructuras destruidas. El alcance de
la respuesta estadounidense pronto quedó claro: aeródromos, buques de
transporte de la marina, cuatro aviones C-140 y evacuaciones a Guantánamo. Al
final del segundo día, según informaciones de The Washington Post,
Estados Unidos había evacuado a la bahía de Guantánamo a ocho (8) pacientes
gravemente heridos, además de miembros del personal de la embajada de Estados
Unidos que habían sido “designados como prioridades por el embajador
estadounidense y su estado mayor."
El tercer día
supimos que otros buques estadounidenses, incluidos destructores, se dirigían
hacia Haití. Curiosamente, The Washington Post informaba de que el
destacamento fijo que coordina la respuesta de EE.UU. a los actos masivos de
inmigración desde Cuba o Haití estaba supervisando los hechos pero que todavía
no habían preparado sus operaciones. Este dato es interesante en sí mismo, que
a estos dos países les fuera prestada atención por un destacamento fijo, pero
el tratamiento de sus ciudadanos nacionales es inmensamente diferente, con los
cubanos otorgándoles de inmediato la aceptación del gobierno de EE.UU. y, por
el contrario, el internamiento para los ciudadanos haitianos.
El almirante de la guardia costera estadounidense, James Watson IV, tranquilizó a los
estadounidenses, "Ahora mismo estamos centrados en impedirlo, y vamos a
trabajar con el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado, la Agencia
Federal de Dirección de Emergencias y todas las demás agencias del gobierno
federal, para reducir al mínimo el riesgo de que los haitianos quieran huir de
su país, dijo Watson. "Queremos suministrarles la ayuda necesaria de forma
que puedan vivir en Haití."
Al final del cuarto día, EE.UU. supuestamente había evacuado a unos 800 ciudadanos suyos.
Para aquellos de nosotros que habíamos seguido los hechos en Haití antes del trágico
terremoto, es importante señalar varios asuntos que causaron una profunda
preocupación:
1. El exilio continuado del hombre democráticamente elegido, muy querido y dos veces eliminado, el ex
sacerdote y presidente Jean-Bertrand Aristide.
2. La inexplicada y continua ocupación del país por tropas de las Naciones Unidas que mataron a haitianos
inocentes y todavía andan por allí por "seguridad" (personalmente los
he visto en carreteras que únicamente conducen áreas escasamente pobladas
repletas de bonitas playas).
3. La construcción de la embajada estadounidense (la quinta en tamaño de todo el mundo) en Puerto
Príncipe, Haití.
4. Las licencias y contratos de minería, incluidas las aguas de fondeaderos de Haití, originados por ciertos
acuerdos petrolíferos off shore y de transbordos entre buques que no
eran posibles dentro de Estados Unidos por consideraciones medioambientales y
de otra clase.
5. La amplia presencia de ONG extranjeras en Haití que podría ser innecesaria si, en su lugar, unas políticas
apropiadas de Estados Unidos y otros gobiernos permitieran al pueblo haitiano
una mínima autodeterminación política y económica.
Por consiguiente, señalamos aquí los escritos de Marguerite Laurent, a quién conocí en su función de
abogada del deportado presidente de Haití Jean-Bertrand Aristide. Laurent nos
recuerda el petróleo y otros ricos minerales en las aguas marítimas de Haití y
la reciente reedición de una vieja idea de usar Haití y una refinería que se construyera
allí como una terminal de transbordos para los superpetroleros estadounidenses.
Marguerite Laurent, también conocida como Ezili Danto, de la Red del Liderazgo
Haitiano de Juristas (HLLN), escribe:
"Está probado que Estados Unidos encontró petróleo en Haití hace decenios y debido a las circunstancias
geopolíticas de aquella época tomó la decisión de mantener en reserva el
petróleo haitiano para cuando se agotara el de Oriente Próximo. Esto está
detallado por el Dr. Georges Michel en un artículo fechado el 27 de marzo de
2004, en el que resume la historia de las exploraciones y reservas petrolíferas
de Haití, y en las investigaciones del Dr. Ginette y de Daniel Mathurin.
"También hay evidencias de que esas mismas grandes compañías petroleras estadounidenses y sus
interrelacionados monopolios de ingeniería y subcontratistas de defensa
hicieron planes, hace decenios, para las aguas de los fondeaderos de Haití, ya
fuera para refinerías de petróleo o para desarrollar lugares de almacenamiento
o depósitos donde el crudo pudiera ser almacenado y después transbordado a
pequeños buques petroleros para suministrar a EE.UU. y a los puertos del
Caribe. Esto está detallado en un documento sobre la Dunn Plantation en Fort
Liberte de Haití.
"La HLLN de Ezili subraya estos dos documentos sobre los recursos petroleros de Haití y los trabajos del
Dr. Ginette y Daniel Mathurin para proporcionar una visión que no se puede
hallar en los medios de comunicación de la corriente principal ni en parte
alguna, además de las razones políticas y estratégicas por las que EE.UU. ha
construido su quinta mayor embajada del mundo -solamente superada por las
embajadas estadounidenses en China, Iraq, Irán y Alemania– en el diminuto
Haití, después de que en 2004 el régimen haitiano de Bush cambió".
Desgraciadamente, antes de que golpease la tragedia y a pesar de las súplicas de los activistas haitianos a la
administración, el presidente Obama fracasó en detener la deportación de
haitianos dentro de Estados Unidos y en conceder “TPS”, estatuto temporal de
protección, a los haitianos del interior de EE.UU. en peligro de ser deportados
debido a la expiración del visado. Esto se corrigió al tercer día de la
tragedia del terremoto en Haití con el anuncio, el 15 de enero de 2010, de que
Haití se unía a Honduras, Nicaragua, Somalia, El Salvador y Sudán como un país
al que se concedían TPS por el Secretario de Seguridad Nacional.
El nombramiento de Bush por el presidente Obama para los esfuerzos de ayuda para Haití es una bofetada, en mi
opinión. Después de la actuación del presidente Bush tras el huracán Katrina y
el hecho de que en la actualidad a los supervivientes del Katrina que quieren
volver todavía no se les ha proporcionado un medio de regresar a sus casas, el
nombramiento puede ser un buen augurio para las actividades recaudatorias, pero
dudo de que presagie nada bueno para el pueblo haitiano. Después de todo, el
golpe contra el presidente Aristide y su secuestro ocurrieron bajo la
supervisión de la presidencia de Bush.
Finalmente, quienes sienten aprecio por la literatura francesa saben que entre los autores más queridos de
Francia están Alejandro Dumas, hijo de un esclavo haitiano, y Víctor Hugo que
escribió: “Haití est une Lumiere” (Haiti es una luz). Verdaderamente,
Haití es una luz para millones: luz en la metodología y maldad del esclavismo,
luz en el éxito de una rebelión de esclavos, luz en la independencia nacional y
en las nociones de libertad, los derechos del hombre y la dignidad humana.
Haití es una luz. Y un ejemplo que hace que los enemigos de la liberación negra
tiemblen. Es precisamente por la luz de Haití la inclinación al mal de algunos
individuos que esgrimen poder sobre los demás y la capacidad de los hombres
mediante la unidad y la voluntad para vencer esa maldad, por lo que algunos
sectores del mundo han estado en guerra contra Haití desde 1804, el año de la
creación de Haití como república.
No me sorprendió el vitriolo racista del “reverendo” Pat Robertson. Sus comentarios reflejaban, exactamente,
las declaraciones que hizo el gabinete de Napoleón cuando los haitianos le
derrotaron. Pero en 2010, las declaraciones de Robertson revelan mucho más: los
haitianos no son los únicos que saben de su importancia para la lucha contra el
odio, el imperialismo y la dominación europea.
Este pueblo molesto, persistente, tercamente no occidental y orgullosamente africano de este pedazo
de tierra que llamamos Haití conoce su historia y sabe que derrotó militarmente
al imperio dominante de entonces, la Francia de Napoleón, y a la élite global
que le apoyaba. Saben que derrotaron a los ejércitos de Inglaterra y España.
Los haitianos saben que emplearon su estatuto de Estado libre para ayudar a liberar a los
latinoamericanos de España, financiando y luchando junto a Simón Bolívar; su
ejemplo inspiró a sus hermanas y hermanos africanos todavía esclavos del
continente americano que antes de que los haitianos fueran siquiera libres,
lucharon contra los británicos dentro de Estados Unidos durante su guerra de
independencia y ganaron una batalla decisiva en Savannah, Georgia, donde visité
la estatua conmemorativa de aquella victoria.
Los haitianos saben que Francia les impuso reparaciones para ser libres, y Haití las pagó sin quitar
nada, pero que el presidente Aristide exigió a Francia que devolviera ese
dinero (21.000 millones de dólares de 2003).
Los haitianos saben que su “hermano”, el entonces Secretario de Estado Collin Powell mintió al mundo sobre
el secuestro y la segunda expulsión de su presidente (desgraciadamente no sería
la última vez que el Secretario de Estado Colin Powell mintiera al mundo). Los
haitianos saben perfectamente que los negros de alta graduación de Estados
Unidos son capaces de ayudarles y también de traicionarles.
Los haitianos también saben que Estados Unidos ha instalado a sus representantes políticos e incluso a sus
propios soldados en el suelo de Haití cuando le ha parecido necesario. Todo en
un intento de controlar el indomable espíritu haitiano que arroja mucha de la
necesaria luz al resto del mundo oprimido.
Mientras las lágrimas del pueblo de Haití inflaman mis propios ojos y recuerdo su tremenda capacidad de
amar, mi corazón roto y mis ojos húmedos no nublan mi facultad de comprender el
grave peligro al que ahora se enfrentan mis amigos en Haití.
Me estremezco al pensar que la “reversión” de las políticas de Obama, en las que han creído algunos asesores
extranjeros, pueden aprovecharse para una prolongada presencia militar en Haití
como un trampolín para reducir áreas de América Latina que se habían liberado
de la dominación neocolonial de Estados Unidos. No me gustaría pensar que esto
incluso se intentaría bajo la presidencia de Barack Obama. Todos debemos tener
los ojos bien abiertos sobre Haití y otras partes del mundo que están ahora
chorreando de sangre como resultado de la implacable marcha hacia delante de la
maquinaría militar estadounidense.
Así, en esta conmemoración del nacimiento del Dr. Martin Luther King, Jr., advierto de la ilegal operación “
Lantern Spike" del gobierno estadounidense, que arruinó la luz y la
promesa del Dr. Martin Luther King, Jr. Cada avión de ayuda humanitaria que
tuvo que dar la vuelta obligado por los militares estadounidenses (hasta ahora
de CARICOM, la Comunidad del Caribe, Médicos Sin Fronteras, Brasil, Francia,
Italia e incluso de la Cruz Roja de Estados Unidos) –como se hizo tras el
huracán Katrina— y la llegada prevista, ese mismo día, de 10.000 soldados
estadounidenses, son un claro recordatorio de la continua amenaza existencial
que planea en la actualidad sobre el valiente y orgulloso pueblo y la República
de Haití.
Cynthia McKinney es colaboradora habitual de Global Research
Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=MCK20100119&articleId=17063
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