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21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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Historial de la política exterior de Joe Biden y pronósticos para su presidencia — Jeremy Kuzmarov


"Yo voté por la guerra contra Irak, y lo volvería a votar" - Joe Biden, Agosto 2003

Rebelión – 16/01/2021

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Introducción de los editores

Mientras las facciones de la élite política estadounidense se enfrentan a los últimos días de la presidencia Trump, es inevitable sentir que aflora una sonrisa de ironía. Desde la intromisión en los procesos electorales –ya sea mediante el soborno legalizado (léase lobbying), la inhabilitación y el pucherazo en casa– hasta la interferencia letal en el exterior, incluyendo operaciones violentas de cambio de régimen, guerras y otros ataques abiertos y encubiertos en tierras extranjeras, la élite estadounidense, la clase capitalista bajo los estandartes Republicano y Demócrata participa regularmente en actividades similares y a menudo más nefastas.

Mientras los soldados que combaten en primera línea suelen verse atormentados durante años por los horrores que han presenciado en las interminables guerras dirigidas por el gobierno de EEUU –por no mencionar a los cientos de miles que han sido mutilados o perdieron la vida– la élite política estadounidense no se distingue por sufrir trastorno de estrés postraumático, tal vez porque se siente demasiado lejos del escenario bélico. Los acontecimientos del 6 de enero en Washington (el asalto al Capitolio) han dejado a las facciones con el gusto de su propia medicina.

A pesar de ello, el presidente electo Joe Biden no parece sentirse afligido por ninguna de las decisiones que tomó en el pasado y, más bien, suele alardear de algunas que causaron enormes sufrimientos. En esta serie exclusiva de artículos que repasan las posturas de Biden en política exterior, su autor, Kuzmarov, se centra en algunos de los esqueletos del armario político de Biden.

Cuando Biden se presentó por primera vez para el Senado, en 1972, se presentó como una paloma contraria a la guerra de Vietnam y llegó a apoyar una proposición de ley para prohibir todas las operaciones encubiertas. Sin embargo luego se dejó llevar por los vientos políticos de la época y se transformó en un halcón neoconservador. Tras evitar su reclutamiento por causas médicas, se burló de los manifestantes contra la guerra de Vietnam de la Universidad de Syracusa y posteriormente declaró al Comité de Inteligencia del Senado en 1976 que "no se hacía ilusiones respecto a las intenciones soviéticas y su potencial mundial". Más adelante, coincidió con el senador Daniel Patrick Moynihan en que "el aislamiento era una plataforma ingenua y peligrosa sobre la que basar nuestra política exterior o la comunidad de inteligencia que debe servir a dicha política".

Estas declaraciones no sorprendieron a nadie si se considera que uno de los principales mentores políticos de Biden fue W. Averell Harriman, el coordinador del Plan Marshall y padre de la Guerra Fría1. En la década de los 80, Biden respaldó el incremento de los fondos para la inteligencia y la contrainteligencia, después de que Jimmy Carter hubiera intentado recortar el personal de la CIA un 33 por ciento. Tras la invasión de Granada y el bombardeo de Libia ordenados por la Administración Reagan, Biden declaró que “Reagan hizo lo correcto” y que "no cabe duda de que Gadafi se merecía una respuesta contundente como esta", respectivamente. En la década de los 90, Biden fue el principal defensor de la guerra de los Balcanes, y en 2002 desempeñó un importante papel para conseguir que el Senado apoyase la guerra preventiva en Irak. Según sus propias palabras, él es liberal solo en lo relativo a los derechos y libertades civiles, en otros asuntos afirma ser "en realidad bastante conservador".2

Con esta serie de artículos, nuestro objetivo sacar a la luz algunas de las políticas de asuntos exteriores corruptas, asesinas y fracasadas que Biden ha respaldado y que pueden darnos una idea de lo que podemos esperar de su presidencia. En último término, esperamos que sirvan de inspiración para que algunas personas decidan trabajar por un cambio político desde la base.

La historia olvidada de cómo Joe Biden contribuyó a reforzar la guerra contra las drogas en Colombia

Al presidente electo Joe Biden no tiene fama de reservado o modesto. A lo largo de toda su carrera política ha difundido información o se ha jactado de cosas que en realidad deberían haberle avergonzado.

Un buen ejemplo de ello es el Plan Colombia, un programa antidrogas presupuestado en 1.300 millones de dólares iniciado por la Administración Clinton en 1999, del cual alardeó Biden hace un año, cuando afirmó que él fue "el tipo que lo elaboró [siendo presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado]"3.

Cinco años más tarde, Biden aseguró en una columna de opinión del New York Times que el Plan Colombia estaba contribuyendo a "transformar Colombia en un reino de seguridad, gobernanza y derechos humanos" y "evitando que se convirtiera en un Estado fallido"4 (un tema que volvió a tratar en octubre de 2020 en el diario colombiano El Tiempo. Pero el análisis de Biden no coincide con la realidad de la mayoría de los colombianos.

Desde que el Plan Colombia se puso en marcha hasta el presente, el ejército colombiano, financiado y envalentonado por Estados Unidos, ha asesinado a miles de civiles alegando que muchos de ellos eran guerrilleros, lo que se conoce como el escándalo de los "falsos positivos".

Durante ese mismo periodo, más de siete millones de colombianos se han desplazado huyendo de la guerra. "Este coste humano no entraba en los cálculos políticos de Joe Biden", afirma John Lindsay-Poland, autor de un influyente libro sobre el Plan Colombia 5.

El Plan Colombia aprovechó anteriores programas antinarcóticos de Estados Unidos, fuertemente militarizados. Estos programas se diseñaron no solo para combatir a los narcotraficantes sino también para asistir al gobierno colombiano en su prolongada lucha contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC, un grupo guerrillero de izquierdas. Stan Goff, antiguo oficial de las Fuerza Especiales en Colombia declaró que:

    "Se nos decía, y al público estadounidense también, caso de decirle algo, que se trataba de un entrenamiento antinarcóticos. El entrenamiento que yo dirigía era cualquier cosa menos eso. Se parecía mucho más a la aplicación actualizada de la doctrina contrainsurgente estilo Vietnam. Se nos advertía que eso es lo que deberíamos hacer, y se nos aconsejaba que, si alguien preguntaba, dijéramos que era una formación antinarcóticos"6.

Cuando la Oficina de Administración y Presupuesto propuso extraer 100 millones del Plan Colombia para dedicarlos al tratamiento de toxicómanos estadounidenses, el zar de la droga del presidente Bill Clinton, el general retirado Barry McCaffrey, se aseguró de que la propuesta fuera rechazada.

En su lugar, se consideró apropiado destinar 400 millones de dólares para la compra de 30 helicópteros Black Hawk, fabricados por United Technologies de Connecticut [ahora parte de& Raytheon Co.] y 144 millones de dólares al entrenamiento y equipamiento de dos nuevos batallones antinarcóticos.

El Plan incluía también el entrenamiento de 75.000 soldados colombianos en academias militares de EEUU. Además, se les proporcionó bombas dirigidas por láser con utilización de inteligencia en tiempo real para localizar, bombardear y matar a dirigentes de las FARC acusados de narcotráfico 7.

Biden, la Guerra contra las Drogas y el Plan Colombia

Biden desempeñó un papel esencial en la aprobación del Plan Colombia por el Senado, para lo cual invocó la antigua aunque retorcida doctrina imperialista de EE.UU.: "por el bien de nuestros hijos y del hemisferio entero… ofreceremos a Colombia una oportunidad de luchar para evitar convertirse en un narcoestado" 8

El respaldo de Biden a la Guerra contra las Drogas se remonta a su primera campaña por el Senado en 1972, cuando comprobó que podía agradar a las masas con un lenguaje duro. En un mitin, Biden proclamó que "cuando damos con el traficante, debemos ser con él más rigurosos que con cualquier otro elemento de la delincuencia. Debemos actuar sin piedad". 9

Una vez elegido, Biden exigió una mayor presión sobre Turquía y el sudeste asiático para detener el cultivo de adormidera y el uso de satélites espías para localizar los cargamentos de heroína.10

Fruto de una educación de clase media en los 40 y los 50, Biden siempre se mostró hostil hacia el movimiento contracultural, que recurría a la marihuana y otras drogas que alteran la conciencia como un modo de rebelión contra la sociedad.

Biden ha admitido que "en la época en que el movimiento [de los 60] estaba en su apogeo, yo estaba casado, estudiaba Derecho y vestía chaquetas deportivas. Lo que veis es un tipo de clase media… No me gustan los chalecos antibalas ni las camisas de colores". 11

En los 80, Biden se embarcó en la Guerra contra las Drogas con el mismo celo que su máximo exponente, Ronald Reagan. Como presidente del Comité Judicial del Senado, contribuyó a la aprobación de dos leyes que establecían la sentencia mínima obligatoria para los delitos relacionados con las drogas y otra más que ampliaba las penas por producción y tráfico de marihuana, que proporcionaban a los agentes federales un poder casi ilimitado para incautar bienes a ciudadanos particulares 12.

Posteriormente, Biden fue coautor de dos leyes antidrogas en 1986 y 1988 que imponían sentencias más estrictas para el crack de cocaína en relación con la cocaína en polvo e impulsó las penas de prisión para los toxicómanos 13.

Uno de los anuncios de la campaña de Biden de aquella época consideraba a los narcotraficantes "asesinos potenciales" a los que había que perseguir "como perseguimos a los asesinos"14. El comercio de drogas, según él, constituía una amenaza para la seguridad internacional “tan grande como cualquier cosa que estén fabricando los soviéticos”, por lo que debería tratarse como un "problema de defensa nacional" que requería soluciones militares 15

Esta posición explica el apoyo posterior de Biden al Plan Colombia.

En abril de 2000 Biden viajó a Colombia y se reunió con el presidente Andrés Pastrana y el embajador de EE.UU. en Colombia, Curtis W. Kamman, a la vez que asistía a operaciones militares en el sur de aquel país. Luego preparó un informe para el Comité de Asuntos Exteriores del Senado en el que urgía al Congreso a "aprobar lo antes posible la solicitud de fondos suplementarios del presidente Clinton" basada en que Colombia era "el origen de muchas de las drogas que envenenan a nuestro pueblo"16

Este lenguaje recordaba la retórica exagerada que caracterizó a Harry J. Anslinger, director de la Oficina Federal de Narcóticos desde 1929 a 1962, que impulsó el aumento de la Guerra de EEUU contra las Drogas.

El informe de Biden especificaba que "la crisis de seguridad en Colombia justificaba que EEUU adoptara las medidas adecuadas" y que "las guerrillas tenían una fuerte presencia en el sur de Colombia y un papel significativo en la protección de las operaciones de narcotráfico" que Estados Unidos debía detener. 17

Consecuencias del Plan Colombia

En la práctica, el Plan Colombia hizo poco para mitigar la corrupción relacionada con las drogas o detener el narcotráfico, como Biden había asegurado que haría. Un informe de diciembre de 2020 publicado por el representante Demócrata por Nueva York Eliot Engel, presidente saliente del Comité de Asuntos Exteriores, especificaba que el Plan Colombia fue "un fracaso en la lucha antidroga, pero un éxito en la contrainsurgencia", 18

Esta última afirmación es discutible si consideramos las atrocidades contra los derechos humanos perpetradas por las fuerzas policiales y militares fortalecidas por la asistencia estadounidense. En todo caso, el informe Engel saca a la luz el hecho previamente oscurecido de que el objetivo central del Plan Colombia era combatir a las FARC.

Las FARC fueron catalogadas de narcoguerrilla a principios de los años 80, aunque no estaban directamente implicadas en la fabricación o el tráfico de cocaína, sino que se limitaban a cobrar impuestos sobre los beneficios de la coca producida en sus dominios. De hecho, los principales cárteles del narcotráfico estaban en su mayoría aliados con el gobierno y contra las FARC, cuya ideología deploraban ya que las FARC defendían la redistribución de la tierra 19

Los oficiales del ejército colombiano trabajaban codo con codo con Carlos Castaño, jefe paramilitar colombiano e informante de la CIA. Castaño afirmaba que el 70 por ciento de los ingresos de su grupo (denominado Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, una facción de facto del ejército colombiano que realizó del 70 al 80 por ciento de los asesinatos a civiles) provenía de las drogas.

Castaño estaba próximo al poderoso cártel de narcotraficantes Henao-Montoya y fue imputado por el Departamento de Justicia de EE.UU. en septiembre de 2002 acusado de traficar más de 17 toneladas de cocaína. 20

Las AUC han sido incluidas en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado por su papel en el asesinato en agosto de 1999 del presentador y activista colombiano Jaime Garzón, quien defendía la paz con las guerrillas izquierdistas. 21 Las AUC también participaron en el asesinato de docenas de sindicalistas a instancias de los ricos terratenientes y los directivos de las corporaciones estadounidenses, como Drummond Co. de Alabama, que contribuyeron a transformar Colombia en el cuarto mayor exportador mundial de carbón.

El informe de Biden al Senado reconocía el problema de los paramilitares pero hacía hincapié en que el clima de derechos humanos solo mejoraría si se ampliaba el Plan Colombia. Biden era especialmente partidario de ayudar a la policía nacional colombiana, que en 2004 estuvo implicada en una de las mayores denuncias de narcotráfico de la historia cuando un coronel de la misma, Danilo López, fue acusado de actuar como sicario del cártel de la droga del Valle Norte. 22

En los diez años posteriores a la salida de la presidencia de Bill Clinton, el gobierno de EEUU dedicó 10.000 millones de dólares a la lucha contra la droga mediante el Plan Colombia, que Biden continuó apoyando como vicepresidente. A pesar de ello, en 2016 Colombia seguía siendo "el líder mundial en producción de coca". 23

El senador Demócrata por Minnesota Paul Wellstone propuso en 1999 una alternativa al Plan Colombia que habría retirado 225 millones de dólares de ayuda militar para dedicarlos a programas nacionales de tratamiento de toxicómanos. Sostenía que "llevamos años y años haciendo lo mismo y dedicar más soldados y más armas a la lucha contra la droga no servirá para derrotar a la fuente de los narcóticos ilegales".

Biden se alzó inmediatamente en la defensa del presidente Clinton en el Senado, afirmando que el Congreso "causaría un torbellino" si el Plan Colombia "no conseguía contraatacar a los narcotraficantes", y que el presidente colombiano Andrés Pastrana era "la mejor apuesta". 24

Sin embargo, el principal semanario colombiano, Semana, denunció a Pastrana por "ceder ante las presiones y consentir el oportunismo y la hipocresía de los oficiales de EEUU" así como por aceptar la &"asistencia" estadounidense, que no era sino una "receta para la destrucción, la guerra indefinida y el endeudamiento". 25

Su sucesor, Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) figuraba en un informe de la Agencia de Inteligencia para la Defensa como colaborador del cártel de Medellín y se encuentra en arresto domiciliario mientras el Tribunal Supremo del país investiga, entre otros delitos, su papel en la creación de los escuadrones de la muerte paramilitares junto con su hermano Santiago.

En un ensayo publicado en la primavera-verano de 2000 por Covert Action Magazine, el periodista Mark Cook observaba que la política estadounidense para Colombia en los años 90 estuvo dirigida por un notable número de veteranos de la guerra sucia en El Salvador en los años 80. Entre ellos se incluye al subsecretario para Asuntos Políticos del Departamento de Estado Thomas Pickering, que había justificado las matanzas de civiles cuando era embajador en El Salvador en 1984, y el subsecretario de Estado adjunto Peter Romero, quien creía que la “solución de El Salvador” podía servir como modelo para Colombia 26.

La "solución de El Salvador" implicaba actividades paramilitares y de escuadrones de la muerte, así como terrorismo con la autorización del Estado 27. Biden conocía todo esto, pues había respaldado el envío de fondos a los escuadrones de la muerte y su entrenamiento en los años 80. A pesar de que habitualmente se oponía a la política exterior de Reagan en Centroamérica, Biden declaró "era necesario enviar equipamiento militar estadounidenses a la región (América Central)". 28

Aparte de El Salvador, a comienzos del siglo XXI Colombia también recordaba a Vietnam, con la presencia de asesores militares, puestos de escucha de alta tecnología, defoliación aérea, lanchas fluviales y ataques con helicóptero en las áreas rurales 29.

Guerra química ☠

Uno de los aspectos menos conocidos y más dañinos del Plan Colombia fue el programa de defoliación aérea, que expulsó a los campesinos de las zonas controladas por las FARC y abrió camino para megaproyectos en beneficio de las corporaciones multinacionales.


Estas fumigaciones empleaban glifosato, el principio activo del herbicida Roundup, fabricado por Monsanto, una de las compañías que producían el Agente Naranja utilizado en la guerra de Vietnam, en concentraciones 100 veces superiores a las permitidas en Estados Unidos. Aunque el Departamento de Estado sostenía que no era más tóxico "que la sal común, la aspirina o la cafeína", un estudio de 2015 de la Organización Mundial de la Salud descubrió que el glifosato es "causa probable de cáncer".30

Gonzalo de Francisco, asesor de seguridad nacional colombiano, comparaba el programa de fumigación con la quimioterapia, que a veces "termina matando al paciente". 31 Según Elsa Niva, agrónoma colombiana de la Red de Acción contra los Plaguicidas, en solo dos meses, la fumigación con plaguicidas causó trastornos gástricos o dermatológicos a 4.289 colombianos y mató a 178.377 criaturas, incluyendo reses, caballos, cerdos, perros, patos, gallinas y peces.32


Bebé con sarpullido en la piel causado por la fumigación en Aponte, Colombia, noviembre de 2000 (Fuente: tni.org)

Un número desconocido de campesinos murieron por deshidratación, fiebre y otros males, y miles fueron desplazados, algo que ya se sabía de antemano que ocurriría cuando el primer paquete del Plan Colombia apoyado por Biden incluía 15 millones de dólares para "el reasentamiento de emergencia y el programa de empleo para personas desplazadas por la Ofensiva del programa del sur de Colombia".33

Cuando el periodista Hugh O’Shaughnessy visitó la comunidad indígena Cofan de Santa Rosa de Guamuez observó que sus plantaciones de piña estaban atrofiadas y resecas a causa de la fumigación química y que las bananeras habían quedado reducidas a palos ennegrecidos. Los niños tenían bajo peso y sufrían de problemas respiratorios y dolor estomacal.34

Un agente de salud local de Putumayo, donde habían llegado miles de campesinos desplazados, recordaba que la pulverización "volvía todo amarillo, no dejaba una sola hoja verde en los árboles. Había muchos animales muertos, monos muertos, aves muertas, y estanques de acuicultura con miles de peces muertos flotando".35


Un grupo de agricultores interpuso una demanda judicial colectiva en la que alegaban que DynCorp de Falls Church, Virginia –una compañía conectada con la CIA que ganó un contrato de cinco años por valor de 170 millones de dólares para llevar a cabo las fumigaciones– provocó graves problemas de salud (fiebre alta, vómitos, diarreas, problemas dermatológicos) y la destrucción de los cultivos comestibles y el ganado de unos 10.000 residentes en la región limítrofe con Ecuador. Además, la toxicidad del fumigante causó la muerte de cuatro niños de corta edad, todo ello, evidentemente, hechos que Biden había ignorado 36


Campesinos protestando por las fumigaciones en la frontera entre Colombia y Ecuador
(Fuente: ejatlas.org)

Piratas beneficiados

Los principales beneficiados del Plan Colombia fueron los grandes contratistas de defensa, que aportaron a Joe Biden más de 436.000 dólares más que a Trump durante la campaña electoral de 202037. En la época en que se aprobó dicho plan, un asesor del Congreso afirmó que "todos los piratas, todos los bandidos, todos los que quieren hacer dinero aprovechándose de la guerra, están en Colombia".38

Entre estos piratas están Monsanto, Bell y Sikorsky (fabricante de los helicópteros Black Hawk) y el gigante de la energía Enron (vinculado con la CIA), propietario de Centragas, un sistema de distribución de gas natural de 574 kilómetros en el norte de Colombia.

Otro de los piratas fue la compañía Occidental Petroleum, con sede en Los Ángeles, que posee participaciones de control del yacimiento petrolero de Caño Limón y del gasoducto que discurre hasta Coveñas desde la frontera venezolana.

Resulta que el vicepresidente Al Gore, que también apoyó el Plan Colombia, poseía acciones familiares por más de 500.000 dólares en la compañía petrolera Occidental, que contribuyó con al menos 250.000 dólares en la campaña Clinton-Gore39. El fundador de la compañía, Armand Hammer, ha sido uno de los mayores benefactores de la carrera política de Al Gore y de la de su padre, el senador Al Gore Sr.40

Durante la campaña presidencial de 2020, Occidental donó 12.765 dólares al candidato Biden, puede que en parte para premiar su apoyo al Plan Colombia.41

En junio de 2001, se escuchó en un tribunal colombiano que una empresa de seguridad estadounidense que trabajaba para Occidental Petroleum había desempeñado un papel fatídico en un desastroso ataque contra las FARC, cuando "dirigió los cañones de un helicóptero hacia un grupo de civiles por error, matando a 18 personas".42

Este es un magnífico ejemplo del nexo entre las grandes corporaciones, el ejército colombiano, la intervención de EEUU y los abusos a derechos humanos –que se intensificaron bajo una política que el nuevo presidente supuestamente "liberal" se enorgullece de haber contribuido a elaborar.

Qué podemos esperar del presidente Biden

Si el pasado puede servir de indicación, Biden probablemente continuará la guerra de EEUU contra las drogas y el extenso programa de asistencia a Colombia, que alcanzó los 448 millones de dólares en 2020, la cifra más alta en nueve años.

Durante la campaña, Biden catalogó a Colombia como la "piedra angular" de la política estadounidense en América Latina. Eso a pesar de la deriva derechista de Colombia bajo el presidente Iván Duque (2018 al presente), un protegido de Álvaro Uribe, que ha tomado medidas para debilitar el acuerdo de paz de 2016 con las FARC.

Según grupos de derechos humanos, durante los tres primeros trimestres de 2020 se produjeron 68 masacres por parte del ejército colombiano, la mayoría de ellas contra antiguos comandantes de las FARC y líderes regionales afrocolombianos.

La importancia estratégica de Colombia se ve acentuada por la presencia de siete bases estadounidenses y la crisis política en la vecina Venezuela, donde Biden ha reconocido el régimen del renegado derechista Juan Guaidó y ha calificado a su presidente Maduro como "un dictador puro y duro".

Este lenguaje pone en evidencia que Biden continuará con las operaciones de cambio de régimen basadas en una fuerte relación bilateral con Colombia, a pesar de su terrible historial de derechos humanos.

Notas:

[1] Joe Biden, Promises to Keep (New York: Random House, 2008), 248. [volver]

[2] Evan Osnos, Joe Biden: The Life, the Run, and What Matters Now (New York: Scribner, 2020), 42. [volver]

[3] John Washington, “We Need to Reverse the Damage Trump Has Done in Latin America. Biden’s Plans Don’t Cut It,” The Intercept, April 18, 2020, https://theintercept.com/2020/04/18/trump-latinamerica-foreign-policy-joe-biden/ [volver]

[4] Joseph R. Biden, Jr., “A Plan for Central America,” The New York Times, January 29, 2015.` [volver]

[5] Washington, “We Need to Reverse the Damage Trump Has Done in Latin America.” [volver]

[6] Douglas Stokes, Terrorizing Colombia: America’s Other War (London: Zed Books, 2005), 90. [volver]

[7] John Lindsey Poland, Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community Activism (Durham, NC: Duke University Press, 2018), 89, 93; Peter Dale Scott, Drugs, Oil and War: The United States in Afghanistan, Colombia and Indochina (New York: Rowman & Littlefield, 2003), 73; Noam Chomsky, Rogue States: The Rule of Force in World Affairs (Boston: South End Press, 2000), 80. Originally, Plan Colombia was meant to complement economic aid from the European Union (EU), but amidst pressure from Colombian human rights groups and NGOs, the EU pulled back because it disapproved of the U.S. military approach. [volver]

[8] Max Blumenthal, “Joe Biden Fueled the Latin American Migration Crisis”, Consortium News, July 31, 2019, https://consortiumnews.com/2019/07/31/how-joe-biden-fueled-the-latin-american-migrationcrisis/ [volver]

[9] Quoted in Branko Marcetic, Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden (London: Verso, 2020), 18. [volver]

[10] Marcetic, Yesterday’s Man, 74, 75. Many Democrats at that time were advocating for stronger measures to combat the international drug traffic, in part to offset the addiction of American soldiers in Vietnam. See Jeremy Kuzmarov, The Myth of the Addicted Army: Vietnam and the Modern War on Drugs (Amherst, MA: University of Massachusetts Press, 2009). [volver]

[11] Marcetic, Yesterday’s Man, 67. [volver]

[12] Chris Calton, “How a Young Joe Biden Became the Architect of the Government’s Asset Forfeiture Program”, Foundation for Economic Education, March 9, 2019, https://fee.org/articles/howa-young-joe-biden-became-the-architect-of-the-governments-asset-forfeiture-program/; Nicholas Fandos, “Joe Biden’s Role in ’90s Crime Law Could Haunt Any Presidential Bill”, The New York Times, August 21, 2015, https://www.nytimes.com/2015/08/22/us/politics/joe-bidens-role-in-90s-crimelaw-could-haunt-any-presidential-bid.html [volver]

[13] Jack Delaney, “Jim Crow Joe: Biden’s Record on Race”, Counterpunch, December 6, 2020. [volver]

[14] Marcetic, Yesterday’s Man, 75. [volver]

[15] Marcetic, Yesterday’s Man, 76. [volver]

[16] Joseph R. Biden, Jr. “Aid to ‘Plan Colombia’: The Time for U.S. Assistance Is Now,” A Report to the Committee on Foreign Relations, U.S. Senate, by Joseph R. Biden, Jr., 106th Congress, May 2000 (Washington, D.C.: U.S. Government Printing Office, 2002). Available at: https://www.govinfo.gov/content/pkg/CPRT-106SPRT64135/pdf/CPRT-106SPRT64135.pdf. [volver]

[17] Biden, “Aid to ‘Plan Colombia.”” [volver]

[18] Report of the Western Hemisphere Drug Policy Commission, December 2020, https://foreignaffairs.house.gov/_cache/files/a/5/a51ee680-e339-4a1b-933f-b15e535fa103/AA2A3440265DDE42367A79D4BCBC9AA1.whdpc-final-report-2020-11.30.pdf [volver]

[19] See Robin Kirk, More Terrible Than Death: Drugs, Violence and America’s War in Colombia (New York: Public Affairs, 2004). [volver]

[20] Scott, Drugs, Oil and War, 74. Castano’s brother, Fidel, with whom he formed his death squad, amassed a fortune as a drug dealer in league with Pablo Escobar. Mark Cook, “U.S. Intervention in Colombia and Ecuador,” CovertAction Quarterly, Spring-Summer 2000, 28. [volver]

[21] “Who Killed Jaime Garzón? Document Points to Military/Paramilitary Nexus in Murder of Popular Colombian Comedian,” September 29, 2011, The National Security Archive, George Washington University, https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB360/index.htm [volver]

[22] Erin Rosa, “Fumigation of Coca Crops Still a Booming Business in Colombia,” The Narco News Bulletin, November 2, 2010, https://www.narconews.com/Issue67/article4249.html [volver]

[23] Winifred Tate, “No Peace For Colombia,” North American Congress on Latin America, February 24, 2016, https://nacla.org/news/2016/02/24/no-peace-colombia. In 2019, a new record of 212,000 hectares of coca were cultivated in Colombia. [volver]

[24] David Rogers, “Antidrug Plan Passes a Test in the Senate,” The Wall Street Journal, June 22, 2000, A6. Senator Gorton (R-WA) promoted an amendment to slash the Plan Colombia package from $934 million to $200 million. A copy of Biden’s speech is available here: http://ciponline.org/colombia/062110.htm [volver]

[25] Mark Cook, “U.S. Intervention in Colombia and Ecuador,” CovertAction Quarterly, Spring-Summer 2000, 28; Stokes, Terrorizing Colombia, 92; Adrian Alsema, “Colombia’s Former President Admits Having Flown on Jeffrey Epstein’s Lolita Jet,’” Colombia Reports, August 14, 2019, https://colombiareports.com/colombias-former-president-on-jeffrey-epsteins-lolita-jet-flightlogbook/. [volver]

[26] Mark Cook, “The ‘Salvador Boys,’”Covert Action Quarterly, Fall-Winter 1999, 18, 19. [volver]

[27] See Greg Grandin, Empire’s Workshop: The U.S., Central America, and the Rise of the New Imperialism (New York: Metropolitan Books, 2005). A Truth Commission found that Salvadoran government forces were responsible for 93 percent of atrocities in El Salvador’s civil war.[volver]

[28] Marcetic, Yesterday’s Man, 139. [volver]

>[29] Scott, Drugs, Oil and War, 99. [volver]

[30] Cornelius Friesendorf, US Foreign Policy and the War on Drugs: Displacing the Cocaine and Heroin Industry (New York: Routledge, 2007), 132, 134; William Neuman, “Colombia May Halt an Anti-Drug Program”, The New York Times, May 15, 2015; Gary Leach, Beyond Bogota: Diary of a Drug War Journalist in Colombia (Boston: Beacon Press, 2009), 78. [volver]

[31] Sean Donahue, “Rand Beers and Colombia,” in Dime’s Worth of Difference: Beyond the Lesser of Two Evils (Oakland, CA: AK Press/Counterpunch, 2004), 253, 254. [volver]

[32] Hugh O’Shaughnessy, “Colombia: Chemical Spraying of Coca Poisoning Villages,” The London Observer, June 17, 2001. [volver]

[33] Poland, Plan Colombia, 53; Biden, “‘Aid to Plan Colombia.. [volver]

[34] Hugh O’Shaughnessy, “Colombia: Chemical Spraying of Coca Poisoning Villages.” The London Observer, June 17, 2001. [volver]

[35] Winifred Tate, Drugs, Thugs and Diplomats: U.S. Policy-Making in Colombia (Palo Alto: Stanford University Press, 2015), 198, 199. [volver]

[36] “DynCorp lawsuits (re Colombia & Ecuador),” https://www.business-humanrights.org/en/dyncorplawsuit-re-colombia-ecuador-0?page=1. [volver]

[37] https://www.opensecrets.org/industries/indus.php?Ind=D [volver]

[38] Pedro Ruz Gutierrez and E.A. Torriero, “Military Contractors Line Up For U.S. Drug War in Colombia,” The Chicago Tribune, September 24, 2000, https://www.chicagotribune.com/news/ct-xpm-2000-09-24-0009240025-story.html [volver]

[39] Poland, Plan Colombia, 58, 59; Tony Koran, “Gore’s Big Oil Connection: An ‘Occident’ of Birth?” Time, September 25, 2000. Occidental CEO Ray Irani spent two nights in the Lincoln bedroom after giving a $100,000 donation. Occidental expected a payoff from the granting of exploration rights to a newly discovered oil field called Boqueron which was expected to yield more than 300 million barrels. Enron had given a huge amount of money to the Democratic Party additionally. [volver]

[40] On Hammer, see Steve Weinberg, Armand Hammer: The Untold Story (New York: Random House, 1990). [volver]

[41] www.opensecrets.org [volver]

[42] Oliver Villar and Drew Cottle, Cocaine, Death Squads and the War on Terror: U.S. Imperialism and Class Struggle in Colombia (New York: Monthly Review Press, 2011), 11. [volver]

Fuente: https://covertactionmagazine.com/2021/01/11/exclusive-series-bidens-foreign-policy-historyand-what-it-portends-for-his-presidency/


 

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