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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

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Los “suicidios” de Guantánamo: un sargento del campo Delta da el chivatazo.
Parte 1:

Scott Horton
Harpers.org
18 de enero de 2010

Traducido del inglés por El Mundo No Puede Esperar

Parte 1

1. “Guerra asimétrica”

Al tomar posesión de su cargo el año pasado, el presidente Barack Obama prometió “restaurar las normas del debido proceso y los valores fundamentales de la Constitución que han hecho grande a este país”. Con ese fin, el presidente dictó una orden ejecutiva declarando que el campo de prisioneros anticonstitucional en la base naval de Guantánamo “debe ser cerrado tan pronto como sea posible, y no más tarde de un año desde la fecha de esta orden”. Obama ha fallado a la hora de cumplir su promesa. Algunos prisioneros han sido acusados por crímenes, otros liberados, pero la fecha de cierre del campo parece retrasarse de forma continua. Además, han surgido nuevas evidencias que pueden enredar a la joven administración de Obama con crímenes cometidos durante la presidencia de George W. Bush, pruebas que sugieren que la actual administración ha fallado al no investigar seriamente un encubrimiento (puede incluso que haya continuado) de los posibles homicidios de tres prisioneros en Guantánamo en 2006.

En la noche del 9 de junio de ese año, tres prisioneros en Guantánamo murieron repentina y violentamente. Salah Ahmed Al-Salami, de Yemen, tenía 37 años. Mani Shaman Al-Utaybi, de Arabia Saudí, 30 años. Yasser Talal Al-Zahrani, también de Arabia Saudí, 22 años y había estado encarcelado en Guantánamo desde que fue capturado a la edad de 17 años. Ninguna de estas personas había sido acusada por ningún crimen, aunque los tres habían estado involucrados en huelgas de hambre para protestar por las condiciones de su encarcelamiento. Estaban encerrados en un bloque de celdas conocido como Alpha Block, reservado para prisioneros especialmente problemáticos o de gran valor.

Cuando las noticias de las muertes se conocieron al día siguiente, el campo confinó a todos sus prisioneros en las celdas. Las autoridades ordenaron a casi todos los informadores de Guantánamo que abandonaran la base y a aquellos en camino a ella, a volverse. El comandante de Guantánamo, el contralmirante Harry Harris, denominó en aquel momento a las muertes como “suicidios”. En un movimiento inusual también utilizó el comunicado para atacar a los hombres muertos. “Creo que no fue un acto de desesperación”, dijo, “sino un acto de guerra asimétrica ejecutado contra nosotros”. Los reporteros aceptaron la versión oficial e incluso los abogados defensores parecían creer que los prisioneros se habían matado a sí mismos. Sólo sus familias en Arabia Saudí y Yemen rechazaron esta idea.

Dos años más tarde, el Servicio de Investigación Criminal de la Marina de los EE.UU. (NCIS por sus siglas en inglés), que tiene en primer lugar la jurisdicción para investigar dentro de la base naval, publicó un informe apoyando la versión originalmente avanzada por Harris, ahora Vicealmirante en Jefe de la Sexta Flota. El Pentágono declinó hacer público el informe del NCIS y solo cuando fue presionado con peticiones del Acta de Libertad de Información reveló ciertas partes del informe, unas 1.700 páginas de documentos toscamente redactados hasta ser prácticamente incomprensibles. Los documentos del NCIS fueron cuidadosamente estudiados y descifrados por estudiantes y profesorado de la escuela de Derecho de la Universidad Seton Hall en New Jersey, y sus resultados, publicados en noviembre de 2009, dejaron claro porque el Pentágono no había querido hacer públicas sus conclusiones. La historia oficial de las muertes de los prisioneros estaba llena de incomprensibles contradicciones, y la pieza central del informe, una reconstrucción de los hechos, era simplemente imposible de creer.

De acuerdo con los documentos del NCIS, cada prisionero había formado una soga con sábanas rasgadas y camisetas y las habían atado a lo alto del muro de 2’5 metros de malla de acero de la celda. Cada prisionero fue capaz, de alguna forma, de atar sus propias manos y, al menos en un caso, sus propios pies, y luego introducir más trapos dentro de su propia garganta. Se supone que debemos creernos que cada prisionero, incluso asfixiándose con esos trapos, escaló hasta su lavabo, metió la cabeza en la soga, la apretó y saltó desde el lavabo para quedar colgado hasta que se asfixió. El informe del NCIS también propone que los tres prisioneros, que estaban en celdas no adjuntas, llevaron a cabo cada una de estas acciones de forma casi simultánea.

Al-Zahrani, de acuerdo con los documentos, fue descubierto primero a las 12:39 A.M. y llevado por varios guardias del Alpha Block a la clínica del campo de detención. No encontraron a ningún médico ni sus números de teléfono, así que el personal de la clínica llamó al 911. Durante este tiempo otros guardias descubrieron a Al-Utaybi. Otros guardias diferentes descubrieron a Al-Salami unos minutos más tarde. Aunque el rigor mortis estaba ya presente, lo que indicaba que los hombres llevaban muertos al menos dos horas, el informe del NCIS indica que un oficial médico, del que no se menciona su nombre, intentó resucitar a uno de ellos y, que en un intento de abrir con fuerza su mandíbula, le rompió los dientes.

El hecho de que al menos dos de los prisioneros tuvieran también máscaras de tela en sus caras, puestas presumiblemente para evitar la expulsión de los trapos de sus bocas, quedó sin mención por el NCIS, así como el hecho de que el procedimiento de operación habitual en el Campo Delta requiere de los guardias en servicio después de medianoche “llevar a cabo un reconocimiento visual” de todas las celdas y detenidos cada 10 minutos. El informe indica que los prisioneros habían colgado sábanas o mantas para esconder sus actividades y habían colocado más sábanas y almohadas en sus camas para que parecieran personas durmiendo, pero no explican como fueron capaces de obtener tanta tela más allá de lote de pertenencias estrictamente controlado que les corresponde, o porqué los guardias de la marina admitieron un incumplimiento de las reglas tan obvio e inmediatamente perceptible. El informe tampoco explica como los cadáveres consiguieron permanecer colgados durante más de dos horas o porqué los guardias de servicio, habiendo fallado tan claramente en sus obligaciones por la razón que sea, nunca fueron expedientados.

Un informe independiente, resultado de una “investigación informal” iniciada por el almirante Harris, descubrió que esa noche se violaron los procedimientos de operación habituales, pero concluye que las acciones disciplinarias no estaban justificadas por el “ambiente de permisividad general” del bloque de celdas y las numerosas “concesiones” que habían sido hechas para el confort de los prisioneros, “concesiones” que habrían provocado una “confusión general en los guardias y en el personal del JDG sobre muchas de las reglas aplicadas en el tratamiento de los detenidos.” De acuerdo con Harris, incluso habiendo seguido los procedimientos de actuación, “es posible que, de todas formas, los detenidos hubieran cometido con éxito suicidio”.

Esta es la historia oficial, adoptada por el NCIS y la comandancia de Guantánamo y reiterada por el Departamento de Justicia en los informes oficiales, por el Departamento de Defensa en las sesiones de información y comunicados de prensa y por el Departamento de Estado. Ahora, cuatro miembros de la unidad de Inteligencia Militar asignados a guardar el Campo Delta, incluido un suboficial del ejército condecorado que estaba de servicio como sargento de guardia la noche del 9 de junio, han hecho una declaración totalmente diferente de la del informe del NCIS, un informe para el que nunca fueron entrevistados.

Los cuatro soldados dicen que su oficial al mando les ordenó no hacer declaraciones y los cuatro han dado pruebas de que las autoridades iniciaron un encubrimiento a las pocas horas de las muertes de los prisioneros. El sargento del ejército Joseph Hickman y los hombres bajo su supervisión han dado a conocer pruebas en varias entrevistas con Harper’s Magazine que claramente sugieren que los tres prisioneros que murieron el 9 de junio habían sido transportados antes de su muerte a otro lugar. Las declaraciones de los guardias también revelan la existencia de un centro de detención clandestino en Guantánamo del que no se tenía noticia con anterioridad donde ocurrieron supuestamente las muertes, o al menos los acontecimientos que llevaron directamente a las muertes.


Fotografía de satélite de Terraserver.

Parte 2: Campamento No


 

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