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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


Invitación a traducir al español
(Nuevo)
03-15-11

¡NO MAS!
¡Ningún ser humano es ilegal!

EL Mundo no Puede Esperar exhorta a cada persona a protestar contra las leyes racistas como Arizona SB1070, a desacatarlas y a DESOBEDECERLAS



AL MOVIMIENTO ANTIBÉLICO
DE ESTADOS UNIDOS:

17 de diciembre de 2008

    “Si uno no se le opone a esto y no se moviliza para pararlo, aprenderá —o se verá obligado— a aceptarlo”.

    de la Convocatoria ¡Fuera Bush y su gobierno!, 2005

Barack Obama está mandando a otros 20,000 soldados a Afganistán.

Un movimiento antibélico que no actúa inmediatamente para oponerse a la doctrina Obama de llevar el frente central de la guerra contra el terror a Afganistán, no merece llamarse un movimiento antibélico.

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Gira:
¡NO SOMOS TUS SOLDADOS!


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Repugnante hipocresía progresista

9 de febrero de 2012
Glenn Greenwald

Traducido del inglés por
El Mundo No Puede Esperar
27 de febrero de 2012

Durante los años de Bush, Guantánamo fue el centro simbólico del radicalismo del ala derecha y entonces se referían a ello como “el asalto a los valores americanos y el triturado de nuestra constitución”: hasta tal punto que durante la campaña presidencial de Obama, él presentó este asunto no como algo secundario sino como un eje central. Pero ahora que hay un demócrata en el despacho presidiendo lo que se hace en Guantánamo y otras políticas del estilo – en vez de un malvado republicano al que hay que temer – todo eso ha cambiado, como demostraba hoy una encuesta reciente del Washington Post /AbC News:

    Los aspectos más delicados de la política antiterrorista de Obama, incluyendo el uso de aviones no tripulados para matar a sospechosos de terrorismo en el extranjero y mantener abierta la prisión militar de la Bahía de Guantánamo, en Cuba, tiene amplio apoyo público, incluyendo desde el ala izquierda del Partido Demócrata.

    Obama hizo campaña comprometiéndose a cerrar la prisión militar de la Bahía de Guantánamo y cambiar las políticas de seguridad nacional que había criticado como inconsistentes con la ley y los valores de EEUU, sin embargo, una encuesta reciente del Washington Post-ABC news muestra que tiene poco que temer políticamente al fallar en el cumplimiento de todas esas promesas.

    El sondeo muestra que el 70 por ciento de los encuestados aprueban la decisión de Obama de mantener abierta la prisión en la Bahía de Guantánamo... La encuesta enseña que el 53% de los que se identifican como demócratas liberales – y el 67% de los moderados o demócratas conservadores – apoyan mantener la Bahía de Guantánamo abierta, aunque tomara importancia como símbolo de las políticas de seguridad nacional de George W. Bush después del 11 de septiembre, a las que muchos liberales se opusieron con firmeza.

La repugnante hipocresía liberal se extiende más allá del tema de Guantánamo. Un eje central de las críticas de los demócratas fue al asalto a las libertades civiles de Bush/Cheney y a la idea de que el presidente podía hacer lo que quisiera, en secreto y sin control, a cualquiera que él acusara sin juicio de ser un terrorista – incluyendo incluso escuchas en sus comunicaciones o detenerlos sin el debido proceso. Pero el presidente Obama no solo ha hecho lo mismo, sino que ha ido mucho más lejos de las meras escuchas telefónicas o la detención: se ha hecho valer de la potestad para incluso matar a ciudadanos sin el debido proceso. Como dijo esta semana el propio jefe de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de Bush sobre el asesinato de Awlaki: “Nosotros necesitábamos una orden judicial para hacerle escuchas telefónicas pero no necesitábamos una orden judicial para asesinarlo. ¿No quiere decir algo?” De hecho esto “quiere decir algo”, como el mero hecho de que el que Bush hiciera escuchas telefónicas o detuviera a ciudadanos americanos sin el debido proceso causara tales improperios de los liberales, mientras que las ejecuciones sin el debido proceso de Obama no los causa.

Más allá de esto, Obama ha usado aviones no tripulados para matar niños musulmanes y adultos inocentes por cientos. Ha rechazado exponer sus argumentos legales con los que puede hacer esto o justificar los ataques de alguna manera. Incluso ha atacado a rescatadores y a los que atendían a los funerales de manera deliberada. Como dijo Hayden: “Justo ahora, no hay un gobierno en el mundo que esté de acuerdo con nuestros argumentos legales para estas operaciones, excepto Afganistán y quizás Israel.” Sin embargo, esto parece totalmente normal para la mayoría de los americanos liberales ahora que el líder de su partido lo está haciendo:

    El 77 por ciento de todos los demócratas liberales apoyan el uso de aviones no tripulados, lo que quiere decir que es improbable que Obama sufra ninguna consecuencia política en las elecciones de este año como resultado de su política. El apoyo a los ataques por aviones no tripulados a sospechosos de terrorismo permanece alto, cayendo sólo un poco cuando a los encuestados se les pregunta sobre que los atacados sean ciudadanos americanos viviendo en el extranjero, como fue el caso de Anwar al-Awlaki, el americano yemení asesinado en septiembre en un ataque por un avión no tripulado en el norte de Yemen.

Greg Sargent del The Post, consiguió el desglose de estas preguntas y escribió hoy:

    El número de los que aprueban los ataques con aviones no tripulados cae cerca de un 20 por ciento cuando a los encuestados se les pregunta qué opinan sobre si son ciudadanos americanos. Pero el 65 por ciento es todavía un número bien alto, sobre todo porque estas políticas realmente deberían ser controvertidas.

    Y toma esto: De manera deprimente, los demócratas aprueban los ataques con aviones no tripulados a ciudadanos americanos por un 58-33, e incluso los liberales los aprueban, 55-35. Esos números me los dio el equipo de encuestas del Post.

    Es difícil de imaginar que los demócratas y los liberales apoyarían tales políticas en esos porcentajes si el que las llevaran a cabo fuera George W. Bush.

Es más: ¿hay un sólo gurú, blogger o comentarista liberal que habría defendido a George Bush o Dick Cheney si ellos (en vez de Obama) hubieran ejecutado a ciudadanos americanos en secreto sin el debido proceso, o masacrado niños, rescatadores y funerales con aviones no tripulados, o continuando con las detenciones indefinidas incluso una década después del 11 de septiembre? Por favor. Para mí es realmente desconcertante pensar el que cualquiera de estas personas pueda ni siquiera mirarse al espejo, observar la ilimitada deshonestidad intelectual que rezuma y no querer machacar lo que ven.

Uno de los primeros artículos no relacionados con el Acta sobre la Vigilancia y la Inteligencia en el Extranjero (FISA por sus siglas en inglés) que escribí y recibió bastante atención fue este de enero del 2006, titulado “¿Tienen los seguidores de Bush alguna Ideología? Examinaba la manera en la que la derecha que apoyaba a Bush era más un “culto autoritario” que un movimiento político porque sus seguidores no tenían unas creencias políticas reales y fijas; en cambio, argumentaba, el único “principio” que los animaba era la lealtad a su líder, y habrían apoyado cualquier cosa que hiciera sin importar lo dispar que fuera con sus aparentes creencias anteriores. Ese artículo fue enlazado y alabado por decenas de blogs liberales:¿puedes creer qué seguidores tan autoritarios son estos conservadores?, se burlaban al unísono. Aquí estaba el punto crucial de mi argumento:

    Si uno es un “liberal” - o para el caso un “conservador” - no es ya una cuestión de sus ideas políticas, sino que simplemente sirve para ver su lealtad a George Bush...

    La gente que se identifica a sí misma como “conservadora” y siempre se han considerado conservadores se convierten en liberales paganos en el momento en el que no están de acuerdo, incluso en los ámbitos menos ideológicos, con un decreto de Bush. Eso es por lo que el “conservadurismo” es un término que ahora se utiliza para describir lealtad personal al líder (igual que “liberal” se usa para describir deslealtad a ese líder, y ya no se refiere a un conjunto de creencias acerca del gobierno.

    Ese “conservadurismo” que ha venido a significar “lealtad a George Bush” es particularmente irónico dado lo no-conservadora que realmente es la Administración... Y en ese aspecto, gente como Michelle Malkin, John Hinderaker, Jonah Goldberg y Hugh Hewitt no son conservadores. Son fanáticos conservadores. Su lealtad no es a unos principios de gobierno sino a una autoridad fuerte a través de un sólo líder.

Como este artículo demuestra, mucho antes de que Barack Obama tuviera ninguna relevancia en la escena política, consideré que la lealtad ciega a un líder es una de las peores toxinas de nuestra cultura política: es la verdadera antítesis de lo que un sistema político saludable necesita (y lo que una mente sana produciría). Una de las razones por las que he escrito tanto sobre el absoluto cambio de rumbo de los progresistas en estos asuntos (de pretender estar totalmente horrorizados cuando lo hecho era por Bush, a tolerarlos o incluso apoyarlos cuando lo hace Obama) es precisamente porque es tan asombroso ver esos rasgos de seguidores autoritarios manifestarse tan fuertemente en el mismo movimiento político – sofisticado, con mentalidad independiente, progresistas con los pies en el suelo – que cree que está por encima de eso, y que solo los primitivos conservadores están plagados de tales seguidores inconscientes.

El Partido Demócrata le debe una sincera disculpa a George Bush, Dick Cheney y compañía por abrazar de manera tan entusiasta muchas de las políticas de terrorismo, las cuales les hicieron lanzar improperios con vehemencia a los republicanos durante todos esos años. Y los progresistas que apoyan la visión de la mayoría tal como se expresa en esa encuesta no deberían ser escuchados de nuevo cuando quieran oponerse a la matanza de civiles y a los asaltos a las libertades civiles cuando sean llevados a cabo por el siguiente presidente republicano (debería llamar la atención sobre que aproximadamente el 35% de los liberales, un número nada despreciable, dicen estar en contra de las políticas de Obama).

Una nota final: He comentado a menudo la cuestión de que uno de los aspectos con más consecuencias del legado de Obama es que ha transformado lo que vino a llamarse el “triturado de la constitución por el ala derecha” en un consenso bipartidista, y eso es exactamente lo que quiero decir. Cuando uno de los dos partidos mayoritarios apoyan cierta política y el otro pretende oponerse – como pasó con esas políticas radicales de la Guerra contra el terror durante los años de Bush – entonces la opinión pública está dividida en esa cuestión, radicalmente dividida. Pero una vez que la política se convierte en el distintivo de ambos partidos políticos, entonces la opinión pública termina apoyándola contundentemente. Eso es porque la gente asume que si ambos partidos políticos apoyan cierta política es porque debe ser sensata, y porque las políticas que disfrutan del consenso bipartidista son retiradas de la esfera del debate predominante. Eso es lo que Barack Obama ha hecho con esas políticas de Bush/Cheney: como Jack Goldsmith predijo allá en 2009, él las ha blindado y protegido como una política de EEUU estándar durante por lo menos una generación, y al llevar a sus seguidores a abrazar esas políticas por ellos mismos ha hecho esto con más éxito que ningún presidente republicano podría haber soñado nunca en conseguir.

Este artículo apareció por primera vez en Salon.


 

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