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El hombre que estuvo a punto de escapar de Guantánamo

Después de 14 años detenido sin cargo, Abdul Latif Nasser pensó que finalmente iría a casa. Después Donald Trump ganó.

Jessica Schulberg
HuffPost
4 de agosto de 2018


ISABELLA CARAPELLA/HUFFPOST

CASABLANCA, Marruecos — Mustafa Nasser iba manejando en las atascadas calles de Casablanca cuando su teléfono sonó. Era Christopher Chang, un investigador de derechos humanos, llamando con buenas noticias: el gobierno estadounidense acababa de recomendar la liberación de Abdul Latif, su hermano más joven. Era julio del 2016 y después de más de 14 años de detención sin cargo en la base militar de Guantánamo, Abdul Latif regresaría a casa.

Mustafa se tragó las lágrimas mientras le agradecía a Chang por haberle dado las buenas noticias. Empezó a planear la bienvenida de su hermano. La familia dejaría libre el cuarto recién renovado de la casa en donde Abdul Latif creció. Le darían una nueva capa de pintura blanca antes de que llegara, para representar un inicio fresco. Mustafa entrenaría a su hermano para ser ingeniero de tratamiento de aguas para su compañía. Su hermana Khadija había empezado a buscarle una esposa.

Pero dos años después, Abdul Latif Nasser no ha regresado a casa.

Después de que Donald Trump ganara la elección presidencial del 2016, la administración de Obama se apresuró para liberar de Guantánamo a los detenidos autorizados antes del día de la Inauguración. Trump había prometido mantener abierta la prisión y las probabilidades de que liberaran a los detenidos bajo la nueva administración, eran mínimas.

Lograron transferir a 19 hombres durante la transición, sin embargo, debido a una serie de retrasos burocráticos y desacuerdos entre agencias, dejaron atrás a Nasser y otros cuatro hombres cuya liberación había sido autorizada. Uno de ellos ya se había probado ropa de civil y había sido fotografiado para el proceso de liberación, pero cuando llegó el avión, no lo dejaron subirse.

Nasser, hoy de 53 años, está de vuelta en el lugar en donde empezó en el 2002: enfrentando la detención indefinida en Guantánamo sin cargo alguno.

A recent picture of Abdul Latif Nasser provided by his family, who received it from the International Committee of the R

Cortesía de la familia NASSER Una fotografía reciente de Abdul Latif Nasser provista por su familia, quienes la recibieron del Comité Internacional de la Cruz Roja.

Creciendo, Nasser quería ser maestro de matemáticas, tal vez en Australia. Le atraía un lugar que fuera diferente al lugar en el que había crecido. Estudió matemáticas y ciencias en la universidad, pero siguió a su hermano más grande, Abdul Wahid, a Libia antes de obtener su título. Después, desapareció.

Su hermana, Khadija, fue la primera en recibir las noticias. Después de años de silencio, recibió una carta de Nasser enviada desde Guantánamo, entregada por el Comité Internacional de la Cruz Roja. Le pedía a su familia que no se preocuparan y que le mandaran fotografías. No dijo en dónde había estado o con quién había viajado.

Según el Pentágono, Nasser viajó a Sudán en 1993 “buscando una sociedad islámica perfecta” y empezó a trabajar para una empresa de Osama bin Laden como supervisor para una unidad de producción de carbón. Después de un fallido intento de viaje a Chechenia para “conducir operaciones radicales”, el Pentágono alega, en una opinión filtrada acerca del detenido, que Nasser siguió a bin Laden a Afganistán. Es casi imposible para los reporteros verificar si las alegaciones del Pentágono son verdaderas. Muchas de las declaraciones militares de detenidos en Guantánamo han resultado ser incorrectas o con información no verificada.

“A lo largo de años, mucha de la evidencia en el caso de Nasser ha sido descartada por descubrimientos en el juzgado, por testigos clave desacreditados en este caso y en otros”, Shelby Sullivan-Bennis, comenta una de las abogadas de Nasser al HuffPost. Pero es difícil para el equipo de Nasser rebatir algunas de las acusaciones en su contra porque el gobierno ha mantenido una mordaza monopolística acerca de qué evidencia es clasificada y cuál no”, añadió.

Soldados de la Alianza del Norte, un grupo aliado respaldado por Estados Unidos, anti talibán en Afganistán, capturaron a Nasser poco después de los ataques del 11 de septiembre y lo entregaron a los EE.UU., de acuerdo con el Pentágono. Sus abogados dicen que fue vendido al ejército estadounidense quien mantuvo a Nasser en Kandahar, Afganistán, por más de tres meses antes de transferirlo a Guantánamo el 3 de mayo del 2002.

Nasser y su familia pasaron la siguiente década y media trabajando a través de arduos procesos que el gobierno de EE. UU indicaba como único camino hacia la libertad. Solicitó una petición de habeas corpus – una impugnación jurídica de su detención, en el 2005, ante la corte estadounidense de distrito para el Distrito de Columbia y negó ser miembro de al Qaeda o de algún otro grupo terrorista. El juez, hasta el día de hoy, no ha decretado si su detención es legal o no.

En el 2011, después de 9 años en Guantánamo, el gobierno de Obama creó la llamada Periodic Review Board o Junta de Revisiones Periódicas (PRB), audiencias del tipo libertad provisional para evaluar cuáles detenidos deberían ser liberados y cuáles permanecerían detenidos sin cargos. El proceso, que supuestamente debería hacer más fácil para el gobierno la liberación de prisioneros que no representan una amenaza, no es ni de cerca una audiencia como las que se llevan a cabo en las cortes reales. Los oficiales de la PRB no tienen que comprobar que los detenidos hicieron algo malo para recomendar que sigan detenidos. Los departamentos de Defensa, Seguridad Nacional, Justicia y de Estado, del Mayor Conjunto y de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional tienen representantes en la Junta y cada representante tiene el poder de vetar las sus recomendaciones. Pero, a pesar de las limitaciones de la PRB, muchos detenidos consideran que ganar su apoyo es como algo equivalente a la libertad inminente, especialmente al final del gobierno de Obama.

El sistema de la PRB se mueve lentamente. Las audiencias empezaron en el 2013 y los detenidos en Guantánamo solo se enteran que aparecerán ante el Consejo poco antes de que se lleve a cabo su audiencia. El equipo legal de Nasser quería estar preparado, así que, en la primavera del 2016, Chang, quien trabajaba con los abogados de Nasser, voló a Casablanca y grabó entrevistas en vídeo en la casa en donde creció con 10 miembros de la familia, entre ellos, hermanos, hermanas, cuñadas y sobrinos.

Chang quería enseñarles a los oficiales un poco de la vida estable que le esperaba a Nasser en casa. Él, como muy pocos hombres en Guantánamo, tiene un lugar para vivir, un trabajo y una familia que lo quiere esperándolo. No se iba a convertir en un terrorista.

“Fue criado junto con mis hijos, lo considero uno de los míos. Lo extrañamos mucho y le pedimos a dios que lo libere pronto para que pueda regresar a nosotros, a vivir aquí”, dice su cuñada Naima a la cámara, sentada en frente del muro de mosaicos en la sala de estar. “Nuestra casa es su casa y estamos listos para ofrecerle todo el apoyo necesario tanto económico como moral y todos los requerimientos para que tenga una vida digna”.

“Estoy listo para entrenar a Abdul Latif Nasser para trabajar”, dijo Mustafa. “Él es mi hermano más chico y lo quiero mucho”. “Todos nosotros estamos listos y preparados para ofrecerle las cosas más preciadas que tenemos”, dijo su hermana Milouda.


JESSICA SCHULBERG/HUFFPOST La familia de Nasser en la casa en la que creció en Casablanca, Marruecos.

Nasser apareció finalmente ante la PRB el 7 de junio del 2016, 14 años, un mes y cuatro días después de su llegada a Guantánamo. Luego esperó.

Más o menos un mes después, fue llevado a un cuarto para escuchar la decisión del Consejo. Recomendaron mandarlo a Marruecos una vez que los oficiales estadounidenses obtuvieran garantías de seguridad por parte del gobierno marroquí, incluyendo detalles de cómo planeaban monitorearlo una vez que regresara a casa.

Nasser estaba extasiado. “Estoy tan emocionado por ver a mi familia”, le dijo a Sullivan-Bennis cuando hablaron por teléfono. “Podré ver la cara de mi hermano. Tienes que venir a Marruecos, como te dije, y tener tu luna de miel en Casablanca”.

Le agradeció repetidamente a Sullivan-Bennis. “Mis abogados han sido la luz en estos tiempos obscuros”, dijo.

Para septiembre, Sullivan-Bennis ya estaba llamando a sus contactos en el Departamento de Estado varias veces a la semana para checar avances en el caso de Nasser. Uno le dijo que no se preocupara, que Nasser “absolutamente irá a casa”, dijo otro, según la abogada.

Finalizar detalles de seguridad debió de haber sido relativamente fácil y rápido. Marruecos es un aliado cercano de los EE.UU. y ya había recibido a más de una docena de detenidos provenientes de Guantánamo, pero el proceso se alargó. Después de la victoria de Trump, el Departamento de Estado le dijo a su contraparte en Marruecos que era importante cerrar el caso de Nasser antes de que el presidente tomara posesión. Pero mientras más se acercaba la fecha, los oficiales del Departamento de Estado no había recibido respuesta de sus contrapartes. El vocero del gobierno marroquí no quiso comentar acerca de las razones del retraso en las múltiples solicitudes que se le hizo.

Nasser intentó aplacar sus expectativas. Comenzó a decirle a Sullivan-Bennis que trataría de no visualizar su vida de regreso a casa todavía. No quería ser decepcionado. El Congreso requiere que el Secretario de Defensa notifique a los legisladores por lo menos 30 días antes de sacar algún detenido de Guantánamo. Eso significa que, si el Congreso no era notificado para el 21 de diciembre, sería mucho más difícil transferir a Nasser antes de la toma de posesión de Trump en enero.

Nasser y Sullivan-Bennis hablaron por teléfono días antes de la fecha límite. “Mi cuerpo está en Guantánamo, pero mi corazón y mi mente están en Marruecos”, le dijo a su abogada. El tiempo se estaba agotando y los dos estaban ansiosos por recibir respuestas.

En la víspera de Navidad, Sullivan-Bennis se iba a reunir con algunos amigos en el Applebee’s de Rhode Island cuando vio una llamada entrante de Thomas Durkin, otro de los abogados en el caso de Nasser. Durkin había escuchado a través de canales no oficiales que el Secretario de Defensa, Ash Carter, no había notificado a los legisladores acerca de la liberación de su cliente. No había manera de salir de Guantánamo a través de vías regulares antes de que Trump se convirtiera en presidente.

“Recuerdo haber tomado la llamada fuera del restaurante en el frío gélido, en el piso de cemento pensando “¿qué está pasando?”, dice Sullivan-Bennis. El consejero de Nasser se reunió con los abogados del CCR (Center for Constitutional Rights) que estaban representando a otro detenido cuya liberación había sido autorizada. Trabajaron en Navidad y en enero presentaron una moción de emergencia en la corte del distrito estadounidense del Distrito de Columbia, pidiéndole a un juez federal que permitiera la liberación de los dos prisioneros. Sus transferencias habían sido retrasadas por obstáculos burocráticos no relacionados con los hechos de los casos, argumentaron los abogados en la solicitud. “Si los involucrados no son transferidos dentro de la próxima semana por la administración actual, probablemente no serán liberados de Guantánamo por los próximos cuatro años”, dijeron.

La moción expuso las prioridades competentes de la administración en turno. Obama había hecho campaña para cerrar Guantánamo y estaba comprometido en sacar la mayor cantidad de hombres posible de la prisión antes de dejar el cargo. Pero mientras siga abierta la prisión, estaba comprometido a defender la legalidad de mantener detenidos a los sospechosos de terrorismo. El caso de Nasser forzó a su administración a escoger cuál era la política prioritaria.

Algunos oficiales del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional trataron de convencer a sus contrapartes del Departamento de Justicia de no pelear contra la moción, pero el DDJ, que raramente se retracta en casos en los que los abogados creen que tienen un argumento legal viable, continuó.

Los abogados del Departamento de Justicia argumentaron que la determinación del PRB era únicamente una recomendación y que no es una decisión legal. El gobierno de Marruecos estaba en desacuerdo con las condiciones de seguridad impuestas por el gobierno estadounidense hasta el 28 de diciembre, escribió el DDJ en el juzgado. A este punto, Carter optó por dejar la decisión a su sucesor porque la respuesta marroquí llegó antes de 30 días del término de su puesto.

Mientras el juzgado consideraba la moción, un grupo de miembros del Consejo de Seguridad Nacional trabajó durante el fin de semana festivo del Día de Martin Luther King Jr. redactando un memorándum esperando poder entregárselo a Obama, explicando la urgencia del caso. El memo nunca llegó al presidente.

El 19 de enero, un día antes de la toma de posesión de Trump, un juez federal falló en contra de Nasser. El gobierno de Obama ganó. Exitosamente defendió la legalidad de continuar con la detención de un hombre que había luchado meses por ser liberado.

Lo absurdo de la situación no pasó desapercibida por los abogados que trabajaron en la moción de emergencia. “¿Por qué la administración de Obama continuó a luchar por el derecho de detener a dos individuos que había determinado no tenían la necesidad de permanecer en prisión? ¿Por qué siguieron luchando hasta un día antes de la Inauguración?” pregunta J. Wells Dixon del CCR.

“No tiene lógica, pero es síntoma del esfuerzo de la administración de Obama por cerrar Guantánamo”, continuó Dixon. “El presidente dijo las cosas correctas…pero su administración y él mismo, como Jefe de Estado, fueron incapaces de tomar los pasos necesarios para lograrlo. Y, de hecho, cuando llegó la moción de emergencia, tomaron las medidas contrarias de lo deseado para cerrar la prisión”.

El vocero de Obama declinó comentar acerca de si el ex presidente se arrepiente o no de no haber intervenido a favor de Nasser.

A note from Nasser to one of his lawyers, Shelby Sullivan-Bennis.

Cortesía de REPRIEVE Una nota de Nasser a su abogada, Shelby Sullivan-Bennis.

Los hermanos de Nasser se preocuparon por cómo tomaría la decepción. Su ánimo se desmoronó. “Fue peor que cuando fue arrestado. Estaba deprimido, sin esperanza”, recuerda Mustafa a principios del año, sentado entre una docena de familiares que una vez más se habían reunido en la casa familiar para pedir la liberación de Nasser.

Cuando Sullivan-Bennis trató de llamar a su cliente a finales de enero, él declinó la llamada. Era la primera vez que negaba una llamada o una visita de su parte, dijo ella.

Nasser se disculpó profundamente la siguiente vez en la que él y Sullivan-Bennis hablaron. No la culpaba, dijo, solo no estaba listo para hablar acerca de lo sucedido cuando ella lo llamó. Ella también se disculpó y se echó la culpa por dejar que se emocionara, por creer en la palabra del gobierno.

Después de la elección de Trump, los contactos de Sullivan-Bennis del Departamento de Estado le aseguraron que le harían saber acerca de las actualizaciones de sus clientes. Los oficiales que trabajaron en Guantánamo se reunieron con el equipo de transición de Trump y trataron de convencerlos de no eviscerar al equipo. Argumentaron que, incluso si Trump no tenía planes para cerrar la prisión o liberar más detenidos, necesitaba a los expertos de Guantánamo para mantener registro de los detenidos que ya habían sido transferidos.

Pero el Departamento de Estado desmanteló la oficina que se encargaba de los asuntos de los detenidos poco tiempo después de que Trump tomara posesión. Ian Moss, miembro del equipo que ayudó a negociar la transferencia de docenas de hombres de Guantánamo, fue asignado a contestar las solicitudes del Acto de Libertad de Información (Freedom of Information Act). Desde entonces ha sido movido al Departamento de Estado, a la oficina que se encarga de crímenes de guerra.

Nasser ha intentado pasar el tiempo en Guantánamo haciendo cosas que le puedan ayudar a reiniciar su vida si algún día sale. Ha aprendido inglés y creó un diccionario inglés-árabe de 2000 palabras. En algunas ocasiones le escribe a Sullivan-Bennis.

No le gusta pedirles favores a sus abogados, pero a veces les solicita libros. Normalmente pide publicaciones acerca de dinámicas familiares como The Seven Principles for Making Marriage Work: A Practical Guide From the Country’s Foremost Relationship Expert, How to Talk So Kids Will Listen & Listen So Kids Will Talk y The Glass Castle: A Memoir. Está tratando de aprender cómo ser un buen esposo y un buen padre para cuando regrese a su hogar, le ha comentado a Sullivan-Bennis.

No hay indicio alguno de que la administración de Trump esté trabajando para mandar a Nasser o a algún otro detenido cuya liberación haya sido autorizada, a casa. En estos días, cuando Sullivan-Bennis llama a la gente con la que tenía contacto del Departamento de Estado, nadie contesta la llamada. Cuando escribe correos electrónicos, recibe una respuesta automática con el siguiente mensaje: “Me han ordenado cesar de trabajar en asuntos relacionados con Guantánamo. La oficina de Cierre de Guantánamo no tiene personal, favor de dirigir cualquier asunto relacionado con Guantánamo a la instancia apropiada en el buró regional”.


JESSICA SCHULBERG/HUFFPOST Nasser antes de ser enviado a Guantánamo, Cuba.

Desde que Trump tomó el poder, el proceso de PRB que le falló a Nasser se ha vuelto más lento hasta casi detenerse. Únicamente 11 prisioneros han tenido audiencias y ninguna de ellas ha resultado en una recomendación de libertad. Un hombre lleva más de un año esperando por los resultados de su audiencia. El único prisionero que ha dejado Guantánamo bajo Trump ha sido Ahmed al-Darbi quien llegó a un acuerdo hace años que contemplaba que se le transfiriera a una prisión en Arabia Saudita, el 20 de febrero de este año. La administración de Trump no lo envió hasta mayo.

En enero, en el aniversario número 16 de la apertura de la prisión en Guantánamo, Nasser y otros 10 detenidos, presentaron una nueva impugnación legal en contra de la administración de Trump. El presidente “abiertamente ha apoyado la detención indefinida”, escribió el abogado en la declaración legal, citando declaraciones pasadas de Trump.

El abogado del Departamento de Justicia, Ronald Wiltsie, admitió en una audiencia el 11 de julio que el gobierno no está haciendo esfuerzo alguno para la transferencia de prisioneros cuya libertad ha sido autorizada. El gobierno puede tener a Nasser y a otros hombres en Guantánamo por 100 años si así lo desea, mientras que EE.UU. mantenga una guerra contra grupos terroristas como al Qaeda o alguno de sus afiliados, declaró Wiltsie en corte.

Los detenidos como Nasser están atorados en una “tierra de nadie”, en donde no están sujetos a algún tipo de proceso de revisión ni están cercanos a la libertad, dijo el juez federal Thomas Hogan, encargado de manejar algunos de estos casos., durante la audiencia.

Los familiares de Nasser todavía hablan acerca de hacer una grand fiesta cuando él regrese a casa. Cocinarán tajín y cuscús, algunos de sus platillos favoritos.

Cada mes, hacen un viaje de una hora desde Casablanca a la oficina del Comité Internacional de la Cruz Roja en Rabat. Desde ahí se les permite hacer una video llamada de dos horas con Nasser. Tienen que seguir algunas reglas base: no pueden tomar fotos de él y no pueden preguntarle cómo está siendo tratado en Guantánamo. A ellos no les gustan estas reglas, pero es mejor que no verlo o escucharlo. Como no pueden preguntar mucho acerca de lo que está haciendo, básicamente le dan actualizaciones acerca de lo que ellos hacen. Desde que Nasser llegó a Guantánamo, su hermano Mustafa ha tenido cuatro hijos y dos de sus sobrinos ya se casaron. Durante las llamadas, siempre le dice a su familia que no se preocupen por él.

Pero Nasser está preocupado por él mismo, lo admitió a Sullivan-Bennis. Fue diagnosticado con presión alta hace años, condición que ha sido tratada por los doctores en Guantánamo con anticoagulantes, comenta su abogada. Estaba preocupado acerca de si estaba o no recibiendo el tratamiento correcto, pero no se quejaba porque pensaba que pronto regresaría a casa. En Casablanca podría ver a otro doctor, estar en una dieta más sana y ejercitarse más, pensó.

Cuando se dio cuenta de que su liberación no sería inminente, Nasser empezó a dedicarse a su salud en Guantánamo. Empezó a ejercitarse regularmente y a solicitar pescado, una de las comidas más sanas disponibles en la prisión, para cada alimento. Una vocera de Guantánamo le dio a HuffPost una muestra del menú y dijo que la prisión se acomoda a las solicitudes de dieta. Pero Nasser le dijo a su abogada que, por meses, incluso el pescado era servido frito. Así que tres veces al día, le quita la piel y la deja a un lado del plato.

Él no quiere morir en Guantánamo.

Iman El Haddad, un reportero en Marruecos, ayudó con la interpretación.


 

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