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Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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¿A Cuántas Personas Ha Matado Estados Unidos En Sus Guerras Post-9/11? Parte 2: Afganistán y Pakistán

3 de abril de 2018

El número de víctimas de las guerras de los EU desde el 11 de septiembre del 2001 no se han contabilizado, pero enfrentar la verdadera magnitud de los crímenes cometidos sigue siendo un imperativo moral, político y legal, argumenta Nicolas J.S. Davies, en la segunda parte de su serie.

Nicolas J.S. Davies
Consortium News

Traducido del inglés para El Mundo no Puede Esperar 17 de enero de 2019

En la primera parte de esta serie, calculé que aproximadamente 2.4 millones de iraquíes han sido asesinados como resultado de la invasión ilegal de Estados Unidos e Inglaterra en su país, en el 2003. Me dirijo ahora a las muertes afganas y pakistaníes de la intervención de EU en Afganistán que comenzó en el 2001 y aún continúa. En la tercera parte, examinaré las muertes causadas por E.U. en Libia, Somalia, Siria y Yemen. Según el general de los Estados Unidos retirado, Tommy Franks, quien dirigió la guerra en contra de los talibanes en Afganistán en reacción al 11 de septiembre, el gobierno de los EU no lleva la cuenta de las victimas civiles que ha causado. “Sabes, no hacemos recuento de los cuerpos,” dijo Franks una vez. Es difícil saber si eso es cierto o si el recuento ha sido cubierto.

Como expliqué en la primera parte, los EU ha intentado justificar sus invasiones a Afganistán y a varios otros países como una respuesta legítima a los ataques terroristas del 9/11. Pero los EU no fueron atacados por otro país ese día, y ningún ataque, por horrible que haya sido, justifica 16 años de guerra, y contando, contra una serie de países que no atacaron a los Estados Unidos.

Como el ex fiscal de Núremberg, Benjamin Ferencz, dijo a NPR una semana después de los ataques terroristas, fueron crímenes contra la humanidad, pero o fueron “crímenes de guerra”, porque los Estados Unidos no estaba en guerra. “Castigar a personas que no son responsables por los crímenes cometidos, nunca es una respuesta legítima”, explicó Ferencz. “Debemos hacer una distinción entre castigar a los culpables y castigar a otros. Si simplemente se toman represalias bombardeando Afganistán, digamos, o a los talibanes, se matarán muchísimas personas que no creen en lo que pasó, que no aprueban lo que ha sucedido”.

Como Ferencz predijo, hemos matado a “muchísimas personas” que no tenían nada que ver con los ataques del 11 de septiembre. ¿A cuántas personas? Ese es el tema de este artículo.

Afganistán

En el 2011, el galardonado periodista de investigación Gareth Porter estaba investigando las redadas nocturnas de las fuerzas de operaciones especiales de los E.U. en Afganistán para su artículo, “Cómo McChrystal y Petraeus Construyeron una Máquina de Matar Indiscriminadamente”. La expansión de las redadas nocturnas del 2009 al 2011 fue un elemento central para Barack Obama en la progresión de la guerra de los Estados Unidos en Afganistán. Porter documentó un incremento gradual de 50 veces, aumentando de 20 redadas al mes en mayo del 2009 a más de 1,000 redadas al mes para abril del 2011.

Pero extrañamente, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas a Afganistán (UNAMA por sus siglas en inglés) informó una disminución en el número de civiles asesinados por fuerzas estadounidenses en Afganistán en el 2010, incluyendo una disminución de en el número de civiles muertos en las redadas nocturnas de 135 en el 2009 a solo 80 en el 2010.


La calle patrullada por la Marina de los E.U. en Shah Karez en la provincia de Helmand, Afganistán, el 10 de febrero. (Foto de las Fuerzas Marinas de los Estados Unidos, por el sargento Robert Storm)

Los informas de la UNAMA sobre las muertes de civiles se basan en investigaciones echas por la Comisión Independiente de Derechos humanos de Afganistán (AIHRC por sus siglas en inglés), por lo que Noori Shah Noori, periodista afgana que trabaja en el artículo con Porter, entrevistó a Nader Nadery, un Comisionado de la AIHRC, para averiguar qué estaba pasando.

Nadery le explicó a Noori, “… que esa cifra representa solamente el número de muertes de civiles de 13 incidentes que han sido investigados a fondo. Se excluyeron las muertes de otros 60 incidentes de los que se habían recibido quejas, pero que aún no habían sido investigados exhaustivamente”.

“Desde entonces, Nadery estima que el total de las muertes de civiles en las 73 redadas sobre las que se obtuvieron quejas fue de 420”, continuó Porter. “Pero la AIHRC admite que no tiene acceso a la mayoría de los distritos dominados por los talibanes y que las personas en esos distritos no tienen conocimiento de que es posible quejarse de las redadas con la Comisión. Así que, ni la AIHRC ni las Naciones Unidas se enteran de una proporción significativa, muy probablemente la mayoría, de las redadas nocturnas que terminan en muertes de civiles”.

Desde entonces, la UNAMA ha actualizado el número de civiles que murieron en las redadas nocturnas de los E.U. en el 2010 de 80 a 103, lo que todavía ni se acerca a las estimación de Nadery de 420. Pero, como explicó Nadery, incluso esa cifra debe ser una pequeña fracción del número de muertes de civiles en alrededor de 5000 redadas nocturnas en ese año, la mayoría de las cuales se realizaron probablemente en áreas donde las personas no tienen contacto con la UNAMA o la AIHRC.

Como admitieron los oficiales militares superiores de los Estados Unidos a Dana Priest y William Arkin de The Washington Post, más de la mitad de las redadas realizadas por las fuerzas de operaciones especiales de los Estados Unidos tienen como blanco a la persona o casa equivocadas, por lo que un gran aumento en las muertes de civiles era un resultado predecible y esperado de la expansión de esas redadas mortales de “matar o capturar”.

El aumento masivo de las redadas nocturnas de los Estados Unidos en el 2010 probablemente lo convirtió en un año excepcional, por lo que es poco probable que los informes de la UNAMA regularmente excluyeran tantos informes no investigados de muertes de civiles en el 2010. Pero por otro lado, en los informes anuales de la UNAMA jamás se menciona que sus cifras de las muertes civiles se basan solamente en las investigaciones realizadas por la AIHRC, así que no está claro qué tan inusual ha sido que se omitieran el 82 por ciento de los incidentes reportados de muertes de civiles en las redadas nocturnas de los E.U. del informe de ese año.

Solo podemos estimar cuántos incidentes reportados se han omitido en otros informes anuales de la UNAMA desde el 2007 y, en cualquier caso, eso todavía no nos diría nada sobre los civiles muertos en áreas que no tienen contacto con la UNAMA o la AIHRC.

De hecho, para la AIHRC, contabilizar los muertos es solo un subproducto de su función principal, que es investigar los informes de violaciones de derechos humanos en Afganistán. Pero la investigación de Porter y Noori reveló que la dependencia de la UNAMA en las investigaciones realizadas por la AIHRC como base de las declaraciones definitivas sobre el número de civiles muertos en Afganistán en sus informes, tiene el efecto de barrer un número desconocido de investigaciones incompletas y muertes de civiles no denunciadas por una especie de “agujero de la memoria”, dándolos por perdido de virtualmente todas las fuentes publicadas sobre el costo humano de la guerra en Afganistán.

Los informes anuales de la UNAMA incluso contienen coloridos gráficos de torta para reforzar la falsa impresión de que se trata de estimaciones realistas del número de civiles muertos en un año determinado, y que las fuerzas progubernamentales y las fuerzas de ocupación extranjeras solo son responsables de una pequeña parte de ellos.

Las subcuentas sistemáticas de la UNAMA y los gráficos de torta sin sentido se convierten en la base de los titulares y las noticias de todo el mundo. Per se basan en cifras que la UNAMA y la AIHRC bien saben que son una pequeña fracción de las muertes de civiles en Afganistán. Solo una historia poco común como la de Porter arroja un indicio esta impactante realidad.

De hecho, los informes de la UNAMA solo reflejan la cantidad de muertes que el personal de la AIHRC ha investigado en un año determinado, y pueden tener poca o ninguna relación con la cantidad real de personas que han sido asesinadas. Desde este punto de vista, las fluctuaciones relativamente pequeñas en los informes de la UNAMA de muertes de civiles de un año a otro en Afganistán parecen tener las mismas posibilidades de representar fluctuaciones en los recursos y empleo de personal en la AIHRC como aumentos y disminuciones reales en el número de personas muertas.

Si solo una cosa es clara en los informes de la UNAMA sobre las muertes de civiles, es que nadie debería citarlos como estimaciones del número total de civiles muertos en Afganistán, mucho menos los funcionarios de la ONU y del gobierno y periodistas de los medios masivos que, a sabiendas o no, engañan a millones de personas cuando las repiten.

Estimación de Muertes Afganas a Través de la Niebla del Engaño Oficial

Por lo tanto, las cifras más citadas sobre muertes de civiles en Afganistán se basan, no solo en “informes pasivos”, sino en informes engañosos que ignoran a sabiendas muchas o la mayoría de las muertes reportadas por familias y funcionarios locales desconsolados, mientras que muchas o la mayoría de las muertes de civiles no son nunca reportadas a la UNAMA o a la AIHCR en primer lugar. Entonces, ¿cómo podemos llegar a una estimación inteligente o remotamente precisa de cuántos civiles han muerto en Afganistán?

Body Count: Cifras de Víctimas Después de 10 Años de la “Guerra contra el Terror”, publicado en 2015 por Physicians for Social Responsibility (PSR) o Médicos para la Responsabilidad Social en español, uno de los co-ganadores del Premio Nobel de la Paz de 1985, estima la muerte de combatientes y civiles en Afganistán según los datos de la UNALA y otras fuentes. Las cifras de Body Count (Conteo de Cuerpos en español) para el número de combatientes asesinados parecen más confiables que las cuentas incompletas de muertes de civiles de la UNAMA.

El gobierno afgano informó que 15,000 de sus soldados y policías fueron asesinados durante el 2013. Los autores de Body Count tomaron estimaciones de los talibanes y otras fuerzas antigubernamentales asesinadas en 2001, 2007 y 2010 de otras fuentes y extrapolándolas a años en los cuales no había estimaciones disponibles, basados en otras medidas de intensidad del conflicto (cantidad de ataques aéreos, redadas nocturnas, etc.). Estimaron que 55,000 “insurgentes” fueron asesinados para finales del 2013.


En Afganistán, el Ejército de los E.U. Pfc. Sean Serritelli proporciona seguridad fuera del Puesto Avanzado de Combate Charkh el 23 de agosto de 2012. (Crédito de la foto: Spc. Alexandra Campo)

Los años desde 2013 han sido cada vez más violentos para el pueblo de Afganistán. Con reducciones en las fuerzas de ocupación de los E.U. y la OTAN, las fuerzas afganas a favor del gobierno son ahora las más afectadas por el combate contra sus compatriotas ferozmente independientes, y otros 25,000 soldados y policías han sido asesinados desde el 2013, según mis propios cálculos basados en informes de prensa y este estudio realizado por el Instituto Watson en la Universidad de Brown.

Si la misma cantidad de soldados antigubernamentales han sido asesinados, eso significaría que al menos 120,000 combatientes afganos han muerto desde el 2001. Pero, debido a que las fuerzas progubernamentales están armadas con armas más pesadas y sigues estando respaldadas por el apoyo aéreo de E.U. es probable que las pérdidas antigubernamentales sean mayores que las de las tropas gubernamentales. Así que, una estimación más realista sería que entre 130,000 y 150,000 combatientes afganos han sido asesinados.

LA tarea más difícil es estimar cuántos civiles han muerto en Afganistán a través de la niebla de la información errónea de la UNAMA. El informe pasivo de la UNAMA ha sido profundamente defectuoso, basado en investigaciones completas de tan solo el 18 por ciento de los incidentes reportados, como en el caso de las redadas nocturnas en el 2010, sin informes de gran parte del país donde los talibanes son más activos y suceden la mayoría de los ataques aéreos y redadas nocturnas de E.U. Parece que los talibanes nunca han publicado ningún número de muertes de civiles en las zonas bajo su control, pero han desafiado las cifras de la UNAMA.

No se han hecho intentos de realizar un estudio de mortalidad en Afganistán como el estudio Lancet de 2006 en Irak. El mundo le debe al pueblo de Afganistán ese tipo de contabilidad seria por el costo humano de la guerra que le ha permitido engullirlos. Pero parece poco probable que eso suceda antes de que el mundo cumpla con la tarea más urgente de poner fin a la guerra que ha durado 16 años.

Body Count tomó las estimaciones de Neta Crawford y el proyecto Costos de Guerra en la Universidad de Boston para el 2001-6, más el recuento defectuoso de la ONU desde el 2007, y las multiplicó por un mínimo de 5 y un máximo de 8, para obtener un rango de 106,000 a 170,000 civiles asesinados desde el 2001 hasta el 2013. Aparentemente los autores desconocen las fallas en los informes de la UNAMA revelados a Porter y Noori por Nadery en 2011.

Pero Body Count reconoció la muy conservadora naturaleza de su estimación, señalando que “en comparación con Irak, donde la urbanización es más pronunciada, y el monitoreo por parte de la prensa local y extranjera es más pronunciado que en Afganistán, el registro de muertes de civiles ha sido mucho más fragmentario.”

En mi artículo de 2016, “Manipulando las cifras de muertes civiles”, sugerí que la proporción de informes pasivos a las muertes de civiles reales en Afganistán era, por lo tanto, más probable entre las proporciones encontradas en Irak en 2006 (12:1) y en Guatemala al final de su Guerra Civil en 1996 (20:1).

Mortalidad en Guatemala y Afganistán

De hecho, la situación geográfica y militar en Afganistán es más análoga a Guatemala, con muchos años de guerra en áreas remotas y montañosas contra una población civil indígena que ha tomado las armas contra un gobierno central corrupto y respaldado por extranjeros.

La guerra civil guatemalteca duró desde 1960 hasta 1996. La fase más letal de la guerra se desató cuando la administración de Reagan restableció la ayuda militar estadounidense a Guatemala en 1981, después de una reunión entre el ex subdirector de la CIA Vernon Walters y el presidente Romeo Lucas García, en Guatemala.

El teniente coronel George Maynes, asesor militar de EU, y el general Benedicto Lucas, hermano del presidente Lucas, planificaron una campaña llamada Operación Ash, en la que 15,000 soldados guatemaltecos arrasaron la región de Ixil masacrando comunidades indígenas y quemando cientos de aldeas.


El presidente Ronald Reagan reuniéndose con el dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt.

Los documentos de la CIA que Robert Parry desenterró en la biblioteca Reagan y en otros archivos de E.U. definieron específicamente los objetivos de esta campaña para incluir “el mecanismo de apoyo civil” de las guerrillas, afectando a toda la población indígena rural. Un informe de la CIA de febrero de 1982 describía cómo funcionó esto en práctica en Ixil:

“Los oficiales del mando de las unidades involucradas han recibido instrucciones de destruir todos los pueblos y aldeas que están cooperando con el Ejército Guerrillero de los Pobres (el EGP) y eliminar todas las fuentes de resistencia”, dice el informe. “Desde el inicio de la operación, varias aldeas han sido incendiadas, y un gran número de guerrilleros y colaboradores han sido asesinados”.

El presidente guatemalteco Rios Montt, quien murió el domingo, tomó el poder en un golpe de estado en 1983 y continuó la campaña en Ixil. Fue procesado por genocidio, pero ni Walters, ni Mayne ni ningún otro funcionario estadounidense han sido acusados por ayudar a planificar y apoyar los asesinatos en masa en Guatemala.

En ese momento, muchas aldeas en Ixil ni siquiera estaban marcadas en los mapas oficiales y no habían caminos pavimentados en esta región remota (siguen habiendo muy pocas hoy en día). Al igual que en Afganistán, el mundo exterior no tenía idea de la magnitud y brutalidad de la matanza y destrucción.

Una de las demandas del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), la Organización Revolucionaria de Personas Armadas (ORPA) y otros grupos revolucionarios en las negociaciones que condujeron al acuerdo de paz de 1996 en Guatemala fue que se reportara genuinamente la realidad de la guerra, incluyendo cuántas personas murieron y quiénes los mataron.

La Comisión de para el Esclarecimiento Histórico patrocinada por la ONU documentó 626 masacres y encontró que alrededor de 200,000 personas habían muerto en la guerra civil de Guatemala. Al menos el 93 por ciento fueron asesinadas por las fuerzas militares y escuadrones de la muerte respaldados por E.U. y solamente el 3 por ciento por las guerrillas, no se sabe sobre el otro 4 por ciento. El número total de personas asesinadas fue 20 veces lo que se estimaba basándose en informes pasivos.

Los estudios de mortalidad en otros países (como Angola, Bosnia, la República Democrática del Congo, Irak, Kosovo, Ruanda, Sudán y Uganda) nunca han encontrado en los informes pasivos y estudios de mortalidad una discrepancia mayor que en Guatemala.

Basados en la discrepancia entre los informes pasivos en Guatemala y lo que a la larga encontró la ONU ahí, a UNAMA parece haber reportado menos del 5 por ciento de las muertes de civiles reales en Afganistán, lo que no tendría precedentes.

Costos de Guerra y la UNAMA han contabilizado 36,754 muertes de civiles hasta el final de 2017. Si estos informes (extremadamente) pasivos representan el 5 por ciento del total de las muertes de civiles, como en Guatemala, el número real de muertes sería aproximadamente de 735,000. Si la UNAMA ha, en efecto, eclipsado el record previamente insuperado de sub-conteo de las muertes de civiles de Guatemala y solo contabilizó el 3 o 4 por ciento del total real de muertes, entonces el total real podría ser tan alto como de 1.23 millones. Si la proporción fue la misma que se encontró originalmente in Irak en el 2006 (14:1 – antes de que el Iraq Body Count revisara sus cifras), sería solo de 515,000.

Sumando estas cifras a mi estimación de combatientes afganos asesinados en ambos lados, podemos hacer un cálculo aproximado de que alrededor de 875,000 afganos han sido asesinados desde el 2001, con un mínimo de 640,000 y un máximo de 1.4 millones.

Pakistán

Los Estados Unidos expandieron su guerra en Afganistán a Pakistán en el 2004. La CIA comenzó a lanzar ataques con aviones teledirigidos, y los militares pakistaníes, bajo la presión de los E.U., lanzaron una campaña militar contra los militantes en Waziristán del Sur ya que estaban bajo la sospecha de tener vínculos con Al Qaeda y el Talibán afgano. Desde entonces, los E.U. han realizado al menos 430 ataques con aviones no tripulados en Pakistán, según la Oficina de Periodismo de Investigación, y el ejército pakistaní ha llevado a cabo varias operaciones en zonas que fronterizas con Afganistán.


Mapa de Pakistán y Afganistán (Wikipedia)

El hermoso valle Swat (alguna vez llamado “la Suiza del Este” por la reina Elizabeth que visitaba del RU) y tres distritos vecinos fueron tomados por los talibanes pakistaníes entre el 2007 y el 2009. Fueron recuperados por el ejército pakistaní en el 2009 en una devastadora campaña militar que dejó a 3.4 millones de personas en condición de refugiados.

La Oficina de Periodismo de Investigación informa que de 2,515 4,026 personas han sido asesinadas en ataques con aviones teledirigidos en Pakistán, pero eso es una pequeña fracción del total de las muertes de guerra en Pakistán. Crawford y el programa Costos de Guerra en la Universidad de Boston estimaron el número de pakistaníes asesinados en alrededor de 61,300 hasta agosto del 2016, basado principalmente en informes del Instituto Pak para Estudios de la Paz (PIPS) en Islamabad y el Portal de Terrorismo de Asia Meridional (SATP) en Nueva Delhi. Eso incluía 8,200 soldados y policías, 31,000 combatientes rebeldes y 22,100 civiles.

La estimación de Costos de Guerra de los combatientes rebeldes muertos fue de un promedio de 29,000 reportados por el PIPS y 33,000 reportados por el SATP, habiendo el SATP actualizado desde entonces a 33,950. El SATP ha actualizado su conteo de muertes de civiles a 22,230.

Si aceptamos la cifra más alta de estas cifras informadas pasivamente del número de combatientes muertos en ambos bandos y utilizamos las proporciones históricamente típicas de entre 5:1 y 20:1 a los informes pasivos para generar un mínimo y un máximo número de muertes de civiles, eso significaría que entre 150,000 y 500,000 paquistaníes han sido asesinados.

Una estimación promedio razonable sería que alrededor de 325,000 personas han muerto en Pakistán como resultados de la Guerra de los Estados Unidos en Afganistán que se desbordó a través de sus fronteras.

Combinando mis estimaciones para Afganistán y Pakistán, estimo que alrededor de 1.2 millones de afganos y pakistaníes han muerto como resultado de la invasión estadounidense de Afganistán en el 2001.

Nicolas J.S. Davies es el autor de Blood On Our Hands: la invasión y destrucción de Irak por los Estados Unidos. También escribió el capítulo sobre “Obama en Guerra” en Calificando al Cuadragésimo Cuarto Presidente: Una Boleta sobre el Primer Mandato de Barack Obama como Líder Progresivo.


 

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