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21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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¿CUÁNDO SERÁ HORA DE DECIR, ¡YA BASTA!?

15 de mayo de 2019 | revcom.us

¿Cuándo será hora de decir, ¡YA BASTA!?

Podríamos empezar este artículo explicando cómo, una vez más, Estados Unidos se hundió aún más en el fascismo total en la última semana. Y sería cierto. Y demasiadas personas asentirían con la cabeza y dirían: “Caray, qué mala onda”, y prenderían Juego de Tronos o los partidos eliminatorios de la NBA o incluso uno de los programas “concienciados”.

Y eso sería todo. Otra semana de caer más en el fascismo en la más peligrosa y más poderosa superpotencia y aparato militar en la historia humana. Pero “ya cambiemos de tema” … “con un tono como si no pasara nada”…

Pero ES realidad que el régimen de Trump y Pence arrastró a Estados Unidos y al mundo más al hondo del fascismo. Fascismo. Fascismo.

Así que, cabe repetir: ¿cuándo será hora de decir, ya basta?

Póngase a pensar lisa y llanamente en estas maniobras fascistas escandalosas que en particular se destacaron en esta última semana.

  • Primero, el movimiento fascista al cual Trump continúa configurando y endureciendo estaba en exhibición asquerosa en su mitin fascista abarrotado en Panama City, Florida, donde Trump incitó a sus seguidores golpeadores a poner el grito al cielo a favor de balacear a los inmigrantes en la frontera — ante el cual él sonrió y lamentó, en esencia, que no podía ordenar eso. Al mismo tiempo, el régimen de Trump y Pence intensificó los ataques contra los inmigrantes, lo que destruirá familias y vidas.
  • Segundo, en una intensificación ominosa del peligro de guerra, Trump aumentó sus amenazas y provocaciones militares y económicas contra Irán — al mismo tiempo que agravó las tensiones con China, Corea del Norte y Venezuela. Si bien cada uno de estos conflictos preceden a Trump, en el enfoque de “Estados Unidos Ante Todo” del régimen fascista de Trump y Pence ante el mundo, se vislumbra el peligro de guerras aún más devastadoras mientras el régimen de Trump y Pence tritura acuerdos internacionales anteriores, y maniobra agresivamente para poner nuevos términos como un golpeador sin traba alguna.
  • Y, a la cabeza de las primeras planas, se agudizó dramáticamente el conflicto al interior de la clase dominante — concentrado en el Congreso, con el flagrante desacato de parte de Trump de lo que han sido las normas de gobernanza de la supervisión por el Congreso al presidente y al poder executivo, sus instrucciones a su administración a desafiar todas las citaciones para testificar ante el Congreso, y su negativa a entregar documentos como sus declaraciones de ingresos.

Cada una de estas maniobras es parte de un programa fascista que el régimen de Trump y Pence en su conjunto está impulsando paso a paso — o, para ser más exacto, implacablemente, como una monstruosidad inexorable. Y, como respuesta, los políticos del Partido Demócrata continúan lo que equivale a un teatro pésimo. Salen con sus dimes y diretes de que el desafío de Trump es una Crisis Constitucional, pero en los hechos quedan a la espera. Le dicen a la gente que se lo juegue todo a una carta: las elecciones de 2020. Nancy Pelosi opina que Trump se está “auto-destituyendo” —qué carajos significa eso aparte de echar una cortina de humo ante la gente para decirle que “ustedes —y nosotros en el Congreso— no tenemos que mantenernos firmes con ningún principio, ni montar ninguna resistencia real a Trump”.

De ahí ella desciende a lo absurdo con un comentario que huele requete feo a la claudicación, al cavilar que Trump probablemente no abandonará el mandato a menos que sea aplastante su derrota electoral — más allá de que eso es muy improbable, Pelosi está cediendo, objetivamente, a lo que muchos ya predicen que sería una resistencia dura y quizá violenta a una derrota de Trump en 2020. El mismo Trump insinuaba eso al ensalzar su apoyo silencioso entre las fuerzas armadas, la policía y los “motociclistas por Trump”.

Mire más allá de lo obsceno, lo absurdo, lo psicótico y lo teatral de Donald Trump y reconozca que todas estas características son una parte integral de cómo líderes fascistas trituran las normas de la democracia burguesa. Hay un método y un programa, con un respaldo muy poderoso, que se ha venido desarrollando durante décadas en un sector de la clase dominante estadounidense, hacia la firme afirmación de la Nación Cristiana patriarcal, supremacista blanca como luminoso faro y capataz del mundo — y que para lograrlo, se requiere una forma fascista de gobernar. No más al multiculturalismo, al secularismo, al multilateralismo. Sino un Estados Unidos blanco über alles.

Como una sola manifestación contundente y fea de esto en la última semana, el estado de Alabama estaba en las etapas finales de aprobar una ley que no sólo penaliza todo aborto sino castigaría a los doctores que los practican con hasta 99 años de prisión. Con el relleno de las cortes de jueces fascistas hoy —muchos de ellos nombrados por Trump y Pence— es cada vez más probable que ratifiquen semejantes proyectos de ley. Esto es una expresión concentrada de la alianza estratégica al núcleo de este fascismo: Trump y su habilidad de triturar todas las normas de gobernanza y sociedad civil, con Mike Pence y el movimiento de fascismo cristiano que han forjado durante décadas con implacables porrazos un futuro al estilo del Cuento de la Criada. Trump, por su parte, en sus mítines a lo largo de Estados Unidos viene confundiendo abierta y vívidamente el aborto con el infanticidio de niños vivos. Para un entendimiento más profundo del movimiento fascista cristiano y por qué ha emergido en el centro de la gobernanza estadounidense, vea la película de Bob Avakian, ¡EL RÉGIMEN DE TRUMP Y PENCE TIENE QUE MARCHARSE! y éntrele a sus obras “La verdad sobre la conspiración derechista… y por qué Clinton y los demócratas no son la respuesta” y La guerra civil que se perfila y la polarización para la revolución en la época actual.

NO OBSTANTE, ante todo eso —y estaba en exhibición frente a las narices de quién se atreviera a abrirse los ojos y verlo— era virtualmente una nula resistencia real de la gente a todo esto.

LA PREGUNTA SE PRESENTA CON CONTUNDENCIA A TODA PERSONA QUE TENGA CONCIENCIA DE LO CORRECTO Y DE LO MALO: ¿EN QUÉ MOMENTO USTED DIRÁ “¡YA BASTA!”?

¿En qué momento usted reconocerá la realidad de que este régimen está a la ofensiva y no permitirá que lo detenga ni lo disuadan lo que son, según le han enseñado a usted, los “canales normales”? ¿En qué momento reubicará usted su sentido de justicia y humanidad y dirá que nada más porque usted no está experimentando esto —aún no— eso no quiere decir que no se debe oponerle resistencia con acciones reales?

¿En qué momento usted reconocerá la realidad, los montones de evidencia producidos en los últimos tres años y cada semana que pasa, de que el Partido Demócrata se preocupa más en preservar este sistema que en evitar y eliminar el fascismo y todo lo que ese fascismo implica? ¿En qué momento usted captará que el Partido Demócrata se formará en fila a paso de ganso —y en este momento mismo está haciendo todo lo que pueda para hacer que usted se forme en esa filaen pro de cualquier guerra que este régimen tenga planeada o en la que “se caiga a tropezones”?

Este régimen surgió del sistema capitalista-imperialista de explotación y opresión y toda la historia de un Estados Unidos fundado en la esclavitud y el genocidio. Su ascensión al poder es una repuesta a la profunda crisis que ese sistema enfrenta ahora. Esto se ha expresado de manera muy nítida en los conflictos agudos al interior de la clase dominante y también se refleja en la polarización aguda en toda la sociedad, con la base social fascista azuzada y determinada, y con el otro lado consternado, angustiado, a veces indignado, pero en gran parte pasivo y en espera de que los demócratas los salven.

Lo que la gente tiene que captar es que el Partido Demócrata, al igual que los fascistas del Partido Republicano, representa a este sistema. Como dice Bob Avakian en su discurso Por qué nos hace falta una revolución real y cómo concretamente podemos hacer la revolución: El Partido Demócrata y sus funcionarios son uno de los dos partidos que de hecho gobiernan a Estados Unidos, y como tal sólo pueden ser “instrumentos de este sistema de opresión despiadada; administradores y capataces de un imperio mundial de explotación y saqueo, responsable de destrucción y devastación masiva de países y pueblos, y que representa una amenaza muy real, y creciente, a la propia existencia de la humanidad, sea por la destrucción ambiental o la aniquilación nuclear”. Para ver la abrumadora evidencia de que eso es cierto, lea aquí o aquí.

Es inadmisible que grandes sectores de la población se han adaptado a lo que ya son horrores desmesurados. Hace décadas, Bob Dylan hizo la pregunta: “… ¿cuántas orejas debe tener un hombre / antes de que oiga que lloran?”. Si lo único que el régimen cometiera fuera el internamiento de miles de familias en la frontera en campos de detención, con políticas que continúan separando a padres e hijos — eso sería suficiente razón para que la gente se tomara las calles. Pero es mucho más y mucho peor que eso.

Para ponerlo lisa y llanamente. Lo que enfrentamos es la consolidación del fascismo. Y elegir a los demócratas, o esperar que algún proceso normal de este sistema saque a Trump y Pence —cuando están triturando progresivamente las convenciones de ese sistema— no es simplemente una estupidez sino que trae horrores verdaderos.

Existe una manera para expulsar a este régimen fascista en el programa de Rechazar el Fascismo (RefuseFascism.org), que está organizando ahora para poder emprender a la mayor brevedad posible un movimiento de miles de personas para tomarse las calles de todo Estados Unidos en protestas no violentas pero sostenidas y continuas y que no se detengan hasta que se cumpla la demanda “El régimen de Trump y Pence tiene que marcharse”. La intensificación de las riñas al interior de las instituciones gobernantes (el Congreso, las cortes, los medios de comunicación) pueden crear brechas para la lucha desde abajo, y también, de tener que hacerle frente a una crisis política nacional causada por la determinación de millones de personas de permanecer en las calles en protestas políticas no violentas, como se ha hecho recientemente en países como Corea del Sur, Argelia y otros, pues, hay fuerzas en las instituciones gobernantes que podrían ser impelidas a actuar en beneficio de sus propios intereses para expulsar al régimen.

Lo que está el juego en la ejecución de este programa o no es nada menos que: si el régimen de Trump y Pence lograra consolidar su control, al afianzar una forma de gobierno y programa totalmente fascista —y que no se equivoque, hoy están a la ofensiva para hacer esto precisamente—, eso hará inconmensurablemente más difícil cualquier forma de cambio progresista, incluida una revolución real para derrocar el sistema que engendró este fascismo. De hecho, cada día que siga en el poder pone el futuro de la humanidad en un peligro directo.

Así que, cabe repetir: ¿Cuándo será hora de POR FIN decir, ya basta?


 

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