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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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Sanciones: No son una "alternativa diplomática" a la guerra sino el asesinato en masa de civiles

Del sitio de web Revolución
10 de enero de 2012

Tras más de una década de "sanciones" contra Irak orquestadas por Estados Unidos, un bloqueo económico que sentó las bases para la invasión de 2003, un periodista de 60 Minutes le hizoesta pregunta a la secretaria de Estado yanqui Madeleine Albright:

"Nos hemos enterado que medio millón de niños han muerto. O sea, más niños que los que murieron en Hiroshima. Bueno, ¿vale la pena?"

Albright contestó: "Creemos que vale la pena".

* * *

En 1990, una resolución de la ONU auspiciada y avalada por Estados Unidos sometió a Irak a sanciones económicas y comerciales. Prohibieron la mayor parte del comercio de otros países con Irak, con las supuestas excepciones de alimentos y medicinas. Tacharon a las sanciones de "una alternativa a la guerra" y estaban en vigor hasta que la invasión yanqui derrocara a Sadam Husein en 2003.

Durante la guerra del golfo Pérsico de 1991, Estados Unidos opuso en la mira a las fuerzas armadas iraquíes y también su infraestructura civil, como plantas de electricidad que surtían el sistema de agua potable y los hospitales de Irak. Las sanciones le privaron a la economía iraquí de los ingresos por concepto del petróleo necesarios para reconstruir la infraestructura y los servicios sociales y bloquearon el envío de equipos y materiales vitales para esos sistemas. Todo eso resultó en un mayor desastre: la paralización del sistema de agua potable de Irak. Antes de la primera guerra yanqui contra Irak en 1991, el 96% de los iraquíes tenían acceso a un abundante surtido de agua potable mediante una red nacional de centros de bombeo potenciados con electricidad y plantas de tratamiento. Tres años después, menos de la mitad de la población tenía ese acceso.

Es difícil documentar cuantitativamente el alcance de la desnutrición, enfermedades, sufrimiento y muerte, especialmente de niños, pero según todos los testigos fue generalizado y horroroso.

Un informe del Eastern Mediterranean Health Journal de 2000 describió las consecuencias a dicha fecha: "Se calcula que 1.910.309 niños padecían de la desnutrición relacionada con las proteínas, calorías y vitaminas en 1998…. Llaman la atención en particular las tasas de mortalidad infantil y de muerte de niños menores de 5 años. Están en auge las enfermedades transmitidas en el agua y comida, tales como el cólera, poliomielitis y tifoidea, las enfermedades trasmitidas por vectores tales como la malaria y leishmaniasis y otras enfermedades bacteriales como la tuberculosis... Ha incrementado asimismo el número de infantes con peso bajo de nacimiento y de mujeres con anemia grave".

Además: "El agua no apta de beber, el medio ambiente contaminado y deficientes sistemas de alcantarillado siguen poniendo en peligro la salud de grandes sectores de la población urbana y semiurbana".

El corresponsal de Revolución Larry Everest, que estuvo de gira en Irak para investigar el impacto de las sanciones, informó: "Vi pabellón tras pabellón de hospital llenos de niños famélicos agonizantes, por falta de comida, agua potable o medicinas al lado de madres incapaces de salvarlos, los médicos desprovistos de los medios para tratarlos".

Es posible que la pregunta del periodista de 60 Minutes, la que Albright luego tildó de "propaganda iraquí", se refiera a una declaración del jefe del UNICEF (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia). En 1999, cuatro años antes de que terminaran las sanciones, la directora ejecutiva del UNICEF Carol Bellamy dijo que si hubiera continuado la importante reducción de la mortalidad infantil en todo Irak de los años 80 a través de los años 90, hubieran muerto medio millón de niños menores de cinco años menos en todo el país que en el período de 1991 a 1998. Citó un informe de la ONU: "Aunque no se pudiera atribuir todo el sufrimiento en Irak a factores externos, especialmente a las sanciones, el pueblo iraquí no padecería tales privaciones sin las prolongadas medidas impuestas por el Consejo de Seguridad y los efectos de la guerra [la primera invasión de Estados Unidos]".

Denis Halliday, el coordinador humanitario de la ONU en Irak hasta 1997, renunció y dijo: "No quiero administrar un programa que encaja en la definición del genocidio".

Asesinato múltiple premeditado

Estas enfermedades y muertes en gran escala en la población iraquí constituyen un crimen horrendo e histórico. Llevó dolor y sufrimiento inimaginable a las masas de ese país.

Pero hay más: Estados Unidos sabía de antemano que las sanciones iban a matar a niños, ancianos y enfermos. Un estudio de 1991 del Departamento de Defensa de Estados Unidos, "Vulnerabilidades del tratamiento de agua en Irak", predijo que unas sanciones "RESULTARÁN EN UNA ESCASEZ DE AGUA POTABLE PURA PARA UNA GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN. ESO PODRÍA CONDUCIR A UN AUMENTO DE INCIDENCIAS, SI NO EPIDEMIAS, DE ENFERMEDADES Y A LA PARALIZACIÓN DE CIERTAS INDUSTRIAS QUE DEPENDEN DEL AGUA PURA, ENTRE ELLAS LA PETROQUÍMICA, LOS FERTILIZANTES, EL REFINAMIENTO DE PETRÓLEO, LA ELECTRÓNICA, LA FARMACÉUTICA, EL PROCESAMIENTO DE ALIMENTOS, LOS TEXTILES, CONSTRUCCIÓN CON HORMIGÓN Y CENTRALES TERMOELÉCTRICAS. (Office of the Special Assistant for Gulf War Illnesses, Departamento de Defensa, noviembre/diciembre 2001, en mayúsculas en el documento original.)

¿Cómo se puede considerar las sanciones de Estados Unidos contra Irak, efectuadas con pleno conocimiento de que "RESULTARÁN EN UNA ESCASEZ DE AGUA POTABLE PURA PARA UNA GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN" la que podría "CONDUCIR A UN AUMENTO DE INCIDENCIAS, SI NO EPIDEMIAS, DE ENFERMEDADES" como algo aparte del asesinato múltiple premeditado de civiles?

El deliberado asesinato múltiple y estrangulamiento de la economía iraquí debilitó enormemente el dominio del régimen de Sadam Husein sobre la sociedad y allanó el camino para la invasión yanqui de 2003. Cuando Albright dijo que "valió la pena", quería decir que la vida de medio millón de niños bien valía la manera en que las fuerzas yanquis pudieron recorrer rápidamente a Irak hacia Bagdad y tumbar al régimen (si bien la ocupación de un país entero provocó muchas más dificultades para Estados Unidos y la muerte de cientos de miles más en Irak).

De nuevo:
La mentira de que las sanciones son una alternativa diplomática a la guerra

El peligro de una guerra yanqui-israelí contra Irán se está intensificando rápidamente. Estados Unidos y sus aliados están aumentando su embate multifacético contra Irán, el que incluye nuevas sanciones agobiantes y amenazas abiertas de atacar. Cada día los titulares en la prensa y las declaraciones de los políticos de todo pelaje en la política establecida sientan las bases pidiendo agresiones contra Irán, justificándose con aseveraciones sin fundamento de que Irán está desarrollando armas nucleares. (Vea "Se intensifican agresiones yanqui-israelíes sobre Irán: Crece el peligro de guerra", de Larry Everest, Revolución #255, 8 de enero de 2012.)

El último aumento de la presión contra Irán es una ley, firmada por el presidente yanqui Barack Obama el 31 de diciembre de 2011, que impone "sanciones" que harían que fuera muy difícil que Irán vendiera petróleo en el mercado mundial. Estados Unidos está amenazando con prohibir que cualquier país que sostenga transacciones financieras con el banco central de Irán (la forma de pagar por el petróleo iraní ahora) hiciera negocios con Estados Unidos o cualquier institución financiera que éste controla. Al igual que en Irak en los años 1990, la venta del petróleo financia la brumadora parte de la economía de Irán, incluido el ejército y el enorme aparato de represión así como la infraestructura (como las plantas depuradoras de agua), la subvención de alimentos, la asistencia médica y otros servicios esenciales.

Para repetir, nos dicen que las sanciones son una iniciativa de Estados Unidos para "evitar" la guerra. La realidad: las sanciones tienen por objeto debilitar y desestabilizar al régimen iraní y colocarlo en una posición tan débil como sea posible en caso de que Estados Unidos tenga que librar una guerra contra Irán. Además: que las sanciones arrinconarían más al régimen iraní de modo que éste se vería impulsado a reaccionar, lo que Estados Unidos a la vez tomaría como "justificación" para lanzar mayores agresiones.

Cualquier sanción de parte de Estados Unidos tendría un efecto abrumador sobre las masas populares de Irán, y de manera más brutal a los más pobres, y conduciría directamente a muchísimas enfermedades y muertes en la población civil, y una vez más, constituiría el asesinato múltiple premeditado sin justificación.

 


Se encuentra un estudio detallado del impacto de las sanciones estadounidenses sobre Irak y sus antecedentes en el libro en inglés Oil, Power and Empire: Iraq and the U.S. Global Agenda, de Larry Everest (Common Courage Press, 2003), en especial el capítulo 6, "Germ Warfare: America’s Weapon of Mass Destruction".



 

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