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21 de agosto de 2015

El Mundo no Puede Esperar moviliza a las personas que viven en Estados Unidos a repudiar y parar la guerra contra el mundo y también la represión y la tortura llevadas a cabo por el gobierno estadounidense. Actuamos, sin importar el partido político que esté en el poder, para denunciar los crímenes de nuestro gobierno, sean los crímenes de guerra o la sistemática encarcelación en masas, y para anteponer la humanidad y el planeta.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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Por qué murieron tantas personas en el terremoto... y ¿por qué Estados Unidos no puede hacer nada bueno en Haití?

Lo siguiente es una versión abreviada y actualizada de un artículo que salió en línea en revcom.us el 21 de enero de 2009:

Piense en esto: toda una ciudad que una vez tenía una población de dos millones de personas. Ahora hay kilómetros y kilómetros de edificios derrumbados después de un gran terremoto. Muchos, muchos cuerpos se encuentran atrapados entre capas de pesados bloques de hormigón situados en enormes montones. Pero también hay miles de personas, aún vivas, atrapadas, gritando. La ayuda del exterior no llega y los parientes desesperados excavan en los escombros con sus propias manos. Sorprendentemente, incluso después de tres días, voces humanas están todavía emanando de las ruinas. Pero entonces, cada vez son menos y son más suaves. Finalmente, un ensordecedor silencio rodea los edificios derrumbados mientras la ciudad de Puerto Príncipe se convierte en una tumba gigantesca.

Una mujer continúa golpeando en el hormigón con una escoba. Cree que sus cuatro familiares desaparecidos están enterrados en el interior. Pero la esperanza se convierte finalmente en dolor. “No hay más vida aquí”, dice.

En Nueva York, en la comunidad haitiana de East Flatbush, muchos corazones duelen por el dolor intenso y la preocupación, sin saber si sus seres queridos en Haití están vivos o muertos. Una mujer joven dice, “He estado llorando durante tres días. Esta es la primera vez que he estado fuera de mi casa”. En la lavandería cercana dos mujeres mayores se sientan en espera de que sus ropas se sequen, mirando en la televisión las muy crudas escenas desde la ciudad que alguna vez fue su hogar. Parecen estar en un estado de shock y en voz baja dicen que han estado tratando de llamar a casa, pero ninguno de los teléfonos está funcionando así que no tienen idea de lo que le ha sucedido a sus familias.

Ningún ser humano podría haber detenido el terremoto que sacudió con semejante fuerza asesina el 12 de enero. Pero muchas de las personas que han perecido NO TENÍAN QUE MORIR.

Miles de personas que, de hecho, podrían haberse salvado murieron porque los Estados Unidos, el país más rico y poderoso del mundo, no proporcionó ayuda inmediatamente después del terremoto. De hecho, los que sobrevivieron que contra todo pronóstico fueron rescatados de los escombros sólo ponen en relieve, de hecho, cuántas personas más podrían haber sido salvadas pero que murieron porque los EE.UU. no hicieron todo lo posible para llevar de inmediato los equipos de rescate y maquinaria a Haití. Esto equivale a nada menos que una matanza en masa.

La revista The Economist escribió: “La mayoría de las víctimas no perecieron durante el terremoto de 35 segundos. Ted Constan de Socios en la Salud, una ONG estadounidense, dice que unas 200.000 personas fueron probablemente heridas o atrapadas, pero no muertas por el terremoto. Estima que 25.000 más de ellos han muerto por cada día que ha pasado desde el temblor, como resultado de enfermedades tratables como el sangrado, deshidratación, asfixia y las infecciones” (economist.com, 18 de enero de 2010).

Decenas de miles de personas han estado muriéndose, las que podrían haber vivido si hubieran contado con servicios médicos. Pero los esfuerzos estadounidenses NO se han dedicado a organizar y ayudar a facilitar a los miles de trabajados médicos, rescatistas y otros de Estados Unidos y de todo el mundo que quieren ayudar. Al contrario, los EE.UU. se ha puesto principalmente a ocupar a Haití con miles de soldados.

Estados Unidos sabotea el trabajo de rescate

Muy rápidamente los Estados Unidos se apoderaron del aeropuerto de Puerto Príncipe. Y esto ha servido como un medio clave para, de hecho, impedir que se entreguen alimentos y medicinas.

En los días cruciales inmediatamente después del terremoto, Estados Unidos no solamente no estaba entregando asistencia sino en verdad estaba saboteando los esfuerzos de otros que estaban tratando urgentemente de llevar a Haití medicina, alimentos, agua y equipos de médicos y trabajadores de rescate.

UNICEF trató de enviar un avión repleto de botiquines médicos, cobijas y carpas, pero se le negó el permiso de aterrizar y fue obligado a regresar a Panamá. El sábado 16 de enero, finalmente podían aterrizar aviones del Programa Mundial de Alimentos con comida, medicinas y agua, después de haber sido desviados durante dos días para que aviones yanquis pudieran aterrizar con tropas y equipo y sacar del país a norteamericanos y otros extranjeros. Jarry Emmanuel, empleado en logística aérea en Haití del organismo, dijo: “Hay 200 vuelos que entran y salen cada día, la cual es una cantidad increíble para un país como Haití. Pero la mayoría de los vuelos son para el ejército de Estados Unidos”.

Médicos Sin Fronteras/Médecins Sans Frontières (MSF) lanzó una declaración que exigió que se priorizara el aterrizaje de los aviones con equipo de salvamento y personal médico, en respuesta al hecho de que el sábado impidieron que aterrizara en Puerto Príncipe un avión de carga de MSF que llevaba un hospital quirúrgico inflable. El avión tenía que volar hasta Samaná en la República Dominicana y de ahí el material tenía que ser llevado por camión vía terrestre. Cabe preguntar: ¿cuántas personas murieron debido a la demora de 48 horas en la llegada del hospital móvil?

El viernes por la noche, un equipo médico de Bélgica abandonó la zona por la noche diciendo que le preocupaba la seguridad. Por tanto, la gente seriamente lesionada o que acababa de operarse quedó varada. El equipo belga pidió al personal de seguridad de la ONU que trabajara en el hospital durante la noche, pero le dijeron que las fuerzas de la ONU solamente iban a sacar al equipo. De hecho, no hubo peligro. Así que al mismo tiempo que los EE.UU. ha estado saboteando el trabajo de rescate, ha generado un ambiente general en que incluso a la gente que quiere ayudar se le está dando una falsa sensación de violencia inminente, que en el caso del equipo de médicos de Bélgica hizo que murieran personas por “cuestiones de seguridad”.

Doce días después del terremoto, aún se informa que toneladas de comida, agua y material médico permanecen amontonadas en el aeropuerto pero que no están llegando a las personas que las necesitan.

Sentando las bases para crímenes aún mayores contra el pueblo haitiano

En efecto, se está usando el discurso de los medios y del gobierno, de que el verdadero problema es el peligro del saqueo y el caos, para culpar a los mismos haitianos por la demora de Estados Unidos en la entrega de ayuda.

Aquí, es necesario preguntarse: ¿Cuál es la definición de “saqueo” en medio de una crisis tan extrema como esta? ¿Es un crimen que las personas que con una necesidad desesperada de comida y agua entren a una tienda y obtengan lo que necesitan? ¿Se le debería disparar a las personas si en medio de un colapso general del comercio y los servicios, éstas toman lo que requieren para evitar que ellas mismas y sus hijos mueran?

Y la verdad escueta es que desde que Estados Unidos ha estado diciendo eso, ha habido muy poca violencia entre la gente. En cambio y a pesar de no obtener ayuda, las masas del pueblo han estado trabajando juntas para rescatar a la gente excavando entre los escombros con sus propias manos, tratando de ocuparse de los heridos y ayudándose entre sí para sobrevivir entre los escombros. Hubo reportes de que algunos haitianos venían caminando por horas desde otras regiones para llegar a Puerto Príncipe para asistir a las personas. Eran los mismos haitianos —muchos de los que estaban heridos— que hicieron todo lo que pudieran en las primeras 72 horas de vida y muerte para salvar a los que quedaron atrapados debajo de los escombros, mientras que Estados Unidos ni siquiera aparecía en escena.

Cuando la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton fue el sábado a Puerto Príncipe, pidió que se decretara un estado de emergencia en Haití que permitiera a sus fuerzas imponer un toque de queda y decretar la ley marcial. Explicó: “El decreto le daría al gobierno una enorme cantidad de autoridad, que en la práctica sería delegada a nosotros”.

El viernes dos oficiales militares fueron citados en la prensa explicando que las fuerzas estadounidenses en Haití operarán bajo normas modificadas de las reglas de combate militar, lo que significa que pueden dispararle a la gente en defensa propia. Como dice el comunicado del 13 de enero de Revolución: ¡El pueblo haitiano necesita la ayuda de emergencia y NO la represión ni más dominación!

El 22 de enero, Amy Goodman informó que se estaban haciendo preparativos para reubicar en masa a los damnificados en Puerto Príncipe; que habrá un traslado de unas 400 mil personas a campamentos fuera de la ciudad. Agregó: “Mientras que miles de soldados estadounidense bien equipados inundan a Haití, aumentan las preocupaciones por la militarización del país, del apoyo a los soldados y no al pueblo. O, tal como dijo un doctor: ‘Nos hacen falta gasas, no fusiles’. Los socorristas siguen informando de la extrema escasez de comida, ayuda y material médico, en medio de temores de que las condiciones extremas propicien brotes de enfermedades contagiosas”.

Estados Unidos ha montado un bloqueo naval y anunció que los haitianos que tratan de llegar a Estados Unidos en esta crisis no serán elegibles para TPS (Estatus de Protección Temporal), lo que significa que serán deportados inmediatamente. El Departamento de Seguridad Interna anunció que trasladará a 400 detenidos de la prisión Krome a un lugar no revelado, para tener espacio libre en caso de que algún haitiano logre llegar a las costas de Estados Unidos.

Estados Unidos tiene enormes recursos con que recibir a todas las personas que tratan de salir de una situación tan terrible e insoportable. Pero a cambio de eso, ya está montando carpas para apresar a los refugiados haitianos en su base militar en Guantánamo, al otro lado del predio donde está torturando presos.

Estados Unidos sólo está dando, o al menos ha prometido, suficiente ayuda para que no se le critique como lo fue después del tsunami de Sri Lanka del 2004 y el huracán Katrina. Pero ni siquiera la entregó en los días más cruciales inmediatamente después del terremoto. Como pregunta Toby O’Ryan en su artículo, “Siete preguntas sobre Haití” (en línea en revcom.us), “¿Están dando esta ayuda en cantidades tan pequeñas y de manera tan lenta porque a ustedes les interesa más mantener la autoridad gubernamental represiva en Haití que satisfacer las necesidades inmediatas y urgentes del pueblo haitiano entregándole la ayuda directamente al pueblo y dejando que éste se organice colectivamente para distribuirla en tiempos de crisis, cuando las autoridades establecidas no tienen la situación completamente bajo control?”

Mientras las personas en todo el mundo observaban el desenvolvimiento de los horrores en Haití, les dolían mucho el corazón. Se han vertido contribuciones de dinero, medicina y suministros. Y miles de personas han tratado de acudir en ayuda al pueblo haitiano. Doctores, equipos de rescate, organismos de socorro y la gente común están abordando esta situación desde el punto de partida de la necesidad urgente de salvar vidas humanas. Se podría preguntar, ¿que podría ser más sencillo que reconocer que las personas se están muriendo, que necesitan ayuda y que especialmente los países ricos con muchos recursos deberían hacer todo lo que puedan para salvar vidas?

Pero toda la evidencia muestra que salvar vidas NO figura en los intereses y los cálculos que determinan las acciones de Estados Unidos en respuesta a esta tragedia humana horrible.

Su respuesta al terremoto en Haití muestra que lo que le interesa a Estados Unidos ante todo es mantener el estatus quo del control económico opresivo que existe en Haití y las relaciones políticas represivas que necesita para reforzar eso. Le interesa mantener el control y estabilizar la situación para que nada cambie de manera que amenace la dominación norteamericana. Le interesa impedir la inmigración desenfrenada a Estados Unidos. Está tomando medidas para salvaguardar y beneficiar sus intereses económicos y geopolíticos en la región caribeña. Estos fríos cálculos imperialistas, y no el respeto por las vidas humanas, rigen cada acción de Estados Unidos en Haití ahora. Cuando los marines se apoderan del aeropuerto de Puerto Príncipe, el mensaje que da Estados Unidos es que está al mando y va a fijar las reglas para todo lo que pasa ahí.

¿Por qué es Haití tan pobre? ¿Por qué tantos tenían que morir?

Con los ojos de todo el mundo puestos sobre Haití, muchos están viendo cómo la pobreza intensa multiplicó severamente el número de muertos después del terremoto. Pero cabe preguntar, ¿POR QUÉ es Haití tan pobre? Y, ¿POR QUÉ había una ciudad como Puerto Príncipe donde tantas personas eran tan vulnerables a los efectos devastadores de tal terremoto?

Primero, Haití es pobre y está empobrecido gracias a una larga historia de dominación y opresión norteamericana. Los marines invadieron y ocuparon a Haití entre 1915 y 1934. Estados Unidos confiscó tierras y las distribuyó a corporaciones estadounidenses, y aplastó con brutalidad la resistencia heroica. A partir de 1957 Estados Unidos respaldó los gobiernos dictatoriales pro yanquis de los Duvalier, primero Papa y luego Bebé Doc, y el asesino ejército haitiano junto con las pandillas Tonton Macoutes que aterrorizaban al pueblo. Después de levantamientos populares que derrocaron estos dictadores, Estados Unidos maniobró e intervino para oponerse a cualquier fuerza que amenazara sus intereses y para trabajar para mantener en el poder a un gobierno títere. En 2004 Estados Unidos estaba directamente involucrado en derrocar al presidente democráticamente elegido Jean-Bertrand Aristide. (Vea en este número el artículo “Estados Unidos en Haití: Un siglo de dominación y miseria”.) Mediante todo esto las estructuras económicas y sociales de Haití han sido distorsionadas y orientadas para servir las necesidades de la inversión extranjera, especialmente la de Estados Unidos. Por todo esto Haití es tan pobre y dependiente.

Más del 80% de los haitianos viven en la miseria absoluta y la mayoría de la población gana menos de un dólar al día. Más del 80% de la población no recibe la cantidad mínima diaria de comida necesaria según la Organización Mundial de la Salud. Menos del 45% de la población tiene acceso al agua potable. La esperanza de vida en Haití es de 53 años. Solamente uno de cada 100.000 haitianos tiene acceso a un médico.

Bill Quigley, director legal en el Centro pro Derechos Constitucionales, dijo esto acerca del papel norteamericano en Haití: “Nosotros hemos mantenido a ese país en la dependencia, lo hemos mantenido militarizado y lo hemos mantenido empobrecido. Hemos inundado el mercado haitiano con nuestro arroz y productos agrícolas excedentes, lo que ha perjudicado a los pequeños agricultores que formarían la columna vertebral del país…. No creamos el terremoto pero creamos algunas de las circunstancias que lo hicieron tan devastador…” (Democracy Now!, 14 de enero de 2010).

Las condiciones extremamente empobrecidas de Haití, entre ellas la falta de infraestructura que creó una situación en que el terremoto fue tan devastador, se deben a la larga historia de dominación norteamericana.

El mecanismo de la dominación imperialista

Hace 30 años el haitiano subsistía de maíz, batatas (camote), yuca y el arroz de producción nacional, junto con cerdos y otros animales de cría de producción nacional. En 1986 el Fondo Monetario Internacional (FMI) le prestó a Haití 24.6 millones de dólares, a condición de que el país redujera los aranceles proteccionistas sobre el arroz, otros productos agrícolas y algunas industrias de origen haitiano. Eso tuvo el propósito de abrir los mercados del país a la competencia extranjera. Los agricultores haitianos no podían competir con los arroceros en Estados Unidos subvencionados por el gobierno. Una parte del arroz barato inundó a Haití en la forma de “ayuda alimentaria”. Se colapsó el mercado nacional de arroz en Haití, lo que obligó a miles de agricultores a mudarse a las ciudades para buscar trabajo.

En esos tiempos Estados Unidos insistía que los campesinos haitianos eliminaran la población grande y valiosa de cerdos, por una supuesta amenaza a los cerdos en Estados Unidos.

En 1994 Estados Unidos dejó a Jean-Bertrand Aristide, quien había tenido que exiliarse, volver a retomar la presidencia pero solo a condición de que implementara las directrices del FMI y el Banco Mundial (BM) cuyo objetivo era abrir los mercados de Haití aún más al comercio internacional.

Así se destruyó la agricultura de Haití y éste llegó a depender de la comida importada, particularmente el arroz de Estados Unidos. En unas pocas décadas cientos de miles de personas fueron expulsadas del campo hacia Puerto Príncipe, obligadas a vivir en las condiciones más empobrecidas donde la tasa de desempleo en algunas zonas llega al 90%.

En los años 1950 la capital de Puerto Príncipe tenía una población de solo 50.000 personas, pero cuando azotó el terremoto, tenía un población de más de dos millones de personas que vivían en cinturones de miseria, viviendas de calidad deficiente, escuelas y otros edificios que se derrumbaron porque habían sido construidos de manera tan deficiente y barata.

Brian Concannon, el director del Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití, habló acerca de por qué tantas personas vivían en las laderas de los cerros donde estaban expuestas a los efectos de un terremoto: “Se establecieron en las laderas porque ellos o sus padres o abuelos fueron expulsados del campo donde la mayoría de los haitianos habían vivido, y fueron expulsados debido a las medidas de hace 30 treinta años cuando los expertos internacionales decidieron que la salvación económica de Haití se hallaba en las plantas de montaje. A fin de promover eso, se decidió que Haití tuviera que tener una fuerza de trabajo cautiva en las ciudades. Así que se implementó un montón de medidas comerciales, políticas y de ayuda cuyo objetivo era trasladar a la gente del campo a lugares como Martissant y las laderas, las mismas que hemos visto en esas fotos [de la devastación]” (Democracy Now!, 14 de enero de 2010).

Los intereses y planes de Estados Unidos para Haití

En la estela de esta enorme tragedia en Haití, los EE.UU. continúa promoviendo sus planes de mayor dominación y explotación del pueblo haitiano. Obama puso a George W. Bush y a Bill Clinton a cargo de la ayuda estadounidense a Haití. Los antecedentes de Bush para esta misión: supervisó los crímenes contra el pueblo de Nueva Orleáns después del huracán Katrina. Las credenciales de Clinton: ser el testaferro para un muy cacareado plan para Haití que supone construir zonas de turismo y maquiladoras donde los haitianos serían pagados 38 centavos la hora.

Si usted realmente desea de hablar acerca de saqueo, y en gran escala, he aquí lo que Clinton dijo después del terremoto: “Una vez que arreglemos la crisis inmediata, los planes de desarrollo que el mundo ya estaba fomentando tienen que ser implementados de forma más rápida y en una escala más amplia. Yo estoy interesado en continuar promoviendo ello. Haití no está condenado. No nos olvidemos, que el daño del terremoto está mayormente concentrado en Puerto Príncipe. Esto ha significado una trágica pérdida de vidas, pero también significa que hay oportunidades para reconstruir en otras partes de la isla. Por lo tanto, todos los proyectos de desarrollo, la agricultura, la reforestación, el turismo y el aeropuerto que tienen que reconstruirse en la parte norte de Haití, deberían continuar de acuerdo al plan y calendario. Por ende simplemente nosotros deberíamos redoblar nuestros esfuerzos cuando la emergencia pase, para que se implemente la clase de construcción apropiada en Puerto Príncipe y se use para continuar la reconstrucción de forma aún mejor”.

En otras palabras, Clinton ahora ve en la destrucción masiva de Haití una oportunidad para promover sus planes para levantar maquiladoras y zonas de turismo rentables.

¡La situación no tiene que ser así!

El terremoto reveló de manera mucho más contundente que al pueblo haitiano le hace muchísima falta una revolución. Una revolución que expulse a los Estados Unidos y a los demás países imperialistas, que derroque a las clases dominantes haitianas ligadas al imperialismo y que le sirven, todos los cuales crearon las condiciones de empobrecimiento que hicieron que este desastre natural fuera tan anormalmente devastador. Una revolución que elimine en Haití un sistema que considera que tal tragedia horrible es una oportunidad para apretar las cadenas de control y explotación. Una revolución que se propone construir una sociedad que aspira a un mundo comunista.

El sistema de capitalismo-imperialismo no pondrá y no puede poner la vida de los seres humanos por encima de la necesidad de conservar su capacidad de dominar y sacar ganancias. Pero la situación no tiene que ser así.

Como dice el mensaje y llamamiento del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, “La revolución que necesitamos… La dirección que tenemos”:

Este sistema es lo que nos ha metido en la situación en que nos encontramos hoy y que nos mantiene ahí. Y es por medio de la revolución que se acabe con este sistema que nosotros mismos podríamos dar origen a un sistema mucho mejor. El objetivo final de esta revolución es el comunismo: un mundo en que las personas trabajen y luchen juntas por el bien común... en que todos contribuyan a la sociedad lo que puedan y reciban lo que necesitan para tener una vida digna de un ser humano... en que ya no haya divisiones entre las personas en que algunas gobiernan y oprimen a otras, arrebatándoles no sólo los medios para obtener una vida digna sino también el conocimiento y un medio para entender bien el mundo y tomar acciones para cambiarlo” (Revolución #170, 19 de julio de 2009).

Un gran terremoto le presentará una gran lucha y un reto complejo a cualquier sociedad, incluida una nueva sociedad revolucionaria. Escribiré más artículos al respecto en Revolución. Pero he aquí unos puntos iniciales sobre la forma completamente diferente en que una sociedad socialista manejaría tal suceso en comparación con lo que Estados Unidos está haciendo en Haití:

Sería muy urgente que la dirección movilizara a la gente para lidiar con todo: de las actividades de rescate y socorro y satisfacer las extremas necesidades de salud a conservar la cohesión y el funcionamiento de la sociedad. Se tendría que solucionar el enorme problema de la gran devastación de la infraestructura, pero no habría la traba de las demandas de las ganancias y el imperio que hoy impiden la solución de la crisis en Haití. De inmediato, se movilizarán y se organizarán los recursos de la sociedad, sobre todo los conocimientos, la creatividad y la valentía de las personas, para hacer todo lo que se pueda para salvar vidas. Se facilitará y no se saboteará el chorro de apoyo de las personas de todo el mundo, a la vez que se cuidará contra los esfuerzos de las potencias imperialistas de sacar provecho de tal desastre con la finalidad de debilitar y derrocar la nueva sociedad. Los científicos tendrían un papel en conocer y predecir los terremotos y, juntos con las masas, en hallar las formas de prepararse para tal desastre. La construcción de edificios se regirá por la seguridad como norma primordial y no el aumento de la rentabilidad mediante el uso de materiales chapuceros. En Haití, hemos atestiguado el monumental heroísmo y espíritu del pueblo, unido, para hacer todo lo que pueda para ayudarse unos a otros. Una sociedad socialista apreciaría y se apoyaría plenamente en tales esfuerzos. En una sociedad revolucionaria, decenas de miles de personas no tendrían que morir sin necesidad tal como está pasando en Haití hoy.


 

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