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16-06-2008
Entrevista al escritor estadounidense
Gore Vidal: "Vamos a tardar cien años en reparar todo el mal que nos ha hecho
Bush"
Carlos Fresneda
El Mundo
A la casa blanca de Gore Vidal se llega siguiendo
la ruta de las estrellas de Hollywood. Su mansión
está poblada de retratos en blanco y negro: aquí su padre con Franklin
Rooselvelt, allá Norman Mailer con Kurt Vonnegut, más allá la sonriente
Jacqueline Kennedy en la ventanilla de un coche ('Con amor').
El viejo maestro (82 años) se abre paso en el bosque rebosante de los recuerdos. Acaba
de volver de Italia, nos cuenta. De pasar unas largas vacaciones a su
"segundo país", al que sigue vinculado en la distancia mientras el
cuerpo y el alma aguanten. Presto a hablar de política a las primeras
de cambio. De la cocina o del piso de arriba llega el eco altisonante
del telediario...
- P: ¿Almuerza usted con las noticias del día?
- R: Procuro enterarme de lo que pasa, aunque es realmente difícil. Vivimos
en una dictadura y nos gusta la dictadura. Tenemos un Gobierno fascista
que ha controlado a su placer los medios. Los republicanos le montaron el
'impeachment' a Clinton porque alguien le hizo una mamada, y ahora nos
falta valor para sacar adelante el 'impeachment' de Bush por violar
sistemáticamente la Constitución americana... Vivimos en un país
que da miedo. Hemos dejado atrás la república y hemos renunciado
a la Carta Magna. Vamos a tardar 100 años en reparar todo el mal.
- P: ¿Habrá más sorpresas de aquí a noviembre?
- R: Siguen preparándose para golpear Irán, haciendo acopio de mentiras o
insistiendo en que la amenaza inminente, como hicieron con Sadam Hussein.
Lo acusaron falsamente por el 11-S, lo capturaron y lo colgaron: esa es la visión de la justicia americana.
- P: En uno de sus libros más recientes, Guerra perpetua para una paz
perpetua, usted habla de un golpe de estado tras el 11-S...
- R: No lo cometió diretamente Bush, fueron más bien Dick Cheney y los
halcones del Pentágono. Fue un arreglo parecido al de Japón en el siglo
XVII: un Mikado sin poder, en manos de un vicepresidente 'shogun' y de sus
asesores guerreros. Sólo faltaba un 'casus belli' para lanzar toda su
artillería de mentiras, y luego ese concepto militarista y orwelliano de
guerra contra el terror, que es una adaptación de la guerra fría que se
inventó Truman.
- P: Pero no negará que el 11-S fue lo más parecido a un ataque...
- R: Sí, pero lanzado en todo caso por Osama Bin Laden y otros
dos o tres, no por un ejército de millones de islamistas radicales,
como nos hicieron creer. Y por supuesto no por Sadam Hussein.
- P: Usted asegura también que la Administración Bush permitió que
ocurriera el 11-S...
- R: Hay un informe que le entregaron al presidente semanas y que se
titulaba 'Bin Laden, dispuesto a atacar Estados Unidos'. Allí se advertía
ya de la posibilidad de atentados usando aviones comerciales ¿Nos hacen
falta más pruebas? Lo que pasa es que tenemos un presidente tan
perezoso que ni siquiera se lee los informes que le preparan... Eso
sí, ha sido capaz de cometer todas la ilegalidades posibles, desde el
espionaje de los ciudadanos a la suspensión del habeas corpus y las
detenciones indefinidas, desde las torturas a las prisiones secretas... Ustedes
tienen las corridas de toros, nosotros tenemos gente torturando y matando
en otros países.
- P: Después de haber sido testigo de tres cuartas partes de la historia
del siglo XX y de estos siete años de Bush, ¿qué podemos esperar del siglo
XXI?
- R: La ley marcial... Tarde o temprano estallará algo en algún sitio.
- P: ¿Estamos viviendo el ocaso de El último imperio, como se titula otro de sus libros?
- R: El imperio se acaba porque se acabó el dinero. La avaricia pudo con
nosotros. Así se han acabado históricamente todos los imperios, incluido
el español. Estados Unidos acabará encontrando su lugar, posiblemente
entre Argentina y Brasil.
- P: ¿La situación mundial sería muy distinta si hubiera llegado a la Casa Blanca su primo lejano Al Gore?
- R: No creo. Es demasiado tímido. Lo fue hasta para reclamar los
resultados de unas elecciones que ganó y que le robaron el juez Scalia y
sus secuaces del Tribunal Supremo... Aunque seguramente no
estaríamos en Irak, probablemente tampoco en Afganistán.
- P: ¿Qué consejo le daría al próximo presidente de Estados Unidos?
- R: Que repase la historia y recuerde las palabras del presidente
Washington: "Las naciones no deben tener pasiones a favor o en contra
de otras naciones, porque la pasiones te esclavizan... Recordad que
Estados Unidos tiene sólo intereses, no pasiones".
Lamentablemente, el deseo de exportar nuestro
sistema se ha convertido no ya en una pasión, sino en una obsesión. Cada
Calígula en la historia ha querido propagar su propia versión de la democracia,
para que otros países "sean tan felices como nosotros".
- P: ¿Qué presidentes incluiría en su lista de elegidos?
- R: De los recientes, ninguno. Del siglo pasado me quedo con
Franklin D. Roosevelt, que tuvo sus defectos, pero supo
sacarnos de la Gran Depresión, y crear un colchón social con el
new deal, y abrir magníficas oficinas de correos en todo el país... Me
quedo también con Lincoln, un presidente complejo y enigmático,
que se escribía sus propios discursos, lo cual dice mucho de él. También
escribía poesía.
- P: ¿Y JFK?
- R: No creo que fuera un buen presidente. Lo que ha sobrevivido de él es
más bien el mito. Yo les traté mucho, sobre todo a Jacqueline, tuvimos un
padrastro común... Pero no tengo gran aprecio por la carrera política de
Kennedy.
- P: ¿Se le parece Obama?
R: ¡Pamplinas! Son cosas del 'marketing' electoral... Mi candidato demócrata, el que ofrecía un
auténtico cambio, era Dennis Kucinich. Sigo teniendo mis dudas
sobre Obama. Durante un tiempo pensé que era el mejor demagogo desde Martin
Luther King, aunque ha crecido mi interés por él desde su discurso sobre la
raza. Hay que reconocer que es inteligente, y un presidente inteligente
–después del que hemos tenido estos siete años- sería una auténtica novedad en la Casa Blanca.
- P: ¿Cree que tiene posibilidades en noviembre?
- R: Sí, sí que las tiene... si llega vivo.
- P: ¿Se esperaba el fiasco de Hillary?
- R: Yo tengo un gran respeto por ella. Me parece una mujer
inteligente, una abogada impecable. Pero ha perdido los
papeles durante la campaña... Aún recuerdo que me vino a visitar
un día, con su hija y con su madre, cuando yo vivía en Italia. Era la
época de su fallida reforma sanitaria, cuando los republicanos echaron
toda la basura posible sobre ella.
- P: ¿Y el papel de Bill Clinton?
- R: Creo que no ha sido muy útil en la campaña. Era perfectamente capaz
de manejarse sola.
- P: ¿Qué opinión le merece John McCain?
- R: Me recuerda mucho a Bush: parece que sabe siempre
donde está y hacia dónde avanza. Y está claro que va a seguir la guerra. McCain
sería una prolongación de la Junta Militar, al estilo latinoamericano, que
hemos tenido estos años.
- P: ¿Por qué se mojan tan poco en política los escritores de
generaciones más jóvenes? ¿Por qué ese desdén en Estados Unidos a la
figura del intelectual?
- R: Mire, allí al fondo está precisamente la foto que nos hicieron a mí,
a Norman Mailer y a Kurt Vonnegut: los tres últimos intelectuales, los
tres veteranos, acercándonos como estábamos a los ochenta... Los
escritores de hoy en día no saben de historia, sólo quieren
escribir sobre sí mismos.
- P: Y dígame ¿cómo han convidido el Gore Vidal escritor y el Gore Vidal
mundano, amigo y anfitrión de Federico Fellini, Greta Garbo, Jacqueline
Kennedy, Tennesse Williams, Saul Bellow, Rudolf Nureyev, Paul Newman y
tantos otros rostros famosos que desfilan por sus memorias, Navegación a
la vista?
- R: Digamos que me ha gustado relacionarme y tener buenos amigos, pero
la escritura ha sido siempre una profesión solitaria.
- P: ¿Sigue escribiendo a mano en su mesa de madera de cerezo?
- R: Sí, ahora mismo estoy trabajando en dos obras de teatro: una de
ellas que dejó incabada mi viejo amigo Tennessee Williams y que va a
dirigir en Broadway Peter Bogdanovich. También estoy escribiendo una
novela, sobre la ocupación de California durante la guerra entre Estados
Unidos y México.
- P: ¿Por qué sus novelas no han tenido el eco que han tenido sus ensayos?
- R: No lo sé, quizás hay que preguntárselo al New York Times, que se
negó a publicar reseñas de los cinco libros que publiqué tras 'El pilar y
la ciudad de sal' (su segunda novela, de 1948, con la que derribó el tabú
de la homosexualidad).
- P: ¿Cree que ha habido un 'complot' contra Gore Vidal, el novelista?
- R: No sólo lo creo, estoy convencido.
- P: Pero a cambio le han consagrado como el "mejor ensayista norteamericano del siglo XX"...
- R: Eso lo ha reconocido hasta el New York Times...
- P: ¿Se siente vindicado?
- R: Usted lo ha dicho.
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