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Lunes 09 de febrero del 2009

Luego de redadas, años de incertidumbre


Jack Dempsey / AP Photo

Dos años después de haber sido detenido en una redada, el guatemaltelco Ernesto García sigue en Estados Unidos, sin poder trabajar, esperando que los tribunales se pronuncien sobre su caso.

Por IVÁN MORENO

AP

Ernesto García se sentía afortunado: a diferencia de lo que le sucedió a cientos de compañeros de trabajo, no fue deportado tras ser arrestado en una redada del servicio de inmigración.

Dos años después, sin embargo, sigue sin trabajar y sobreviviendo a duras penas mientras espera que su caso se resuelva.

Este guatemalteco de 34 años es una de cientos de personas de todo el país sumidas en la incertidumbre mientras los tribunales del servicio de inmigración procesan sus casos. Un fallo favorable podría permitirle obtener la residencia permanente. Pero mientras espera -y esa espera a veces dura años-, no puede trabajar.

Julien Ross, directora de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes de Colorado, dice que esta es una forma "sádica" de empujar a los extranjeros a que regresen a sus países por su propia cuenta.

"Es otro ejemplo de que las redadas no funcionan", declaró Ross. "Hacerlos esperar por años que se resuelvan sus casos es como tirarle sal a la herida. Y el gobierno sabe que esto no funciona".

Los casos de infracciones a las leyes de inmigración no pueden ser procesados en forma acelerada, como algunos casos penales. En Denver, los cuatro jueces especializados en temas de inmigración manejan hasta 2.000 casos a la vez, por lo que las demoras son inevitables, según Christina Fiflis, abogada que representa a algunos de los trabajadores detenidos en la redada hecha en la planta de Swift en Greeley el 12 de diciembre del 2006.

Algunos pueden solicitar permisos temporales de trabajo, pero generalmente hay "demoras extraordinarias" en la tramitación de esos permisos, indicó Fiflis.

Al no poder trabajar, los extranjeros dependen de familiares, amigos y la caridad.

"En muchos casos, las familias agotan todas las opciones para ver si pueden permanecer en el país, especialmente las que llevan aquí mucho tiempo", dijo Rosa María Castañeda, del Urban Institute de Washington, organismo que estudia el impacto de las redadas en los sitios de trabajo.

Carl Rusnok, del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), dijo que no sabe cuántas personas detenidas en redadas permanecen en Estados Unidos esperando fallos de los tribunales.

"Si bien ese es su derecho, hay límites a lo que pueden y no pueden hacer mientras tanto. No hay ninguna ley que estipule que se le puede dar permisos de trabajo a quienes fueron pillados trabajando ilegalmente en el país", manifestó Rusnok.

Elaine Komis, de la Oficina Ejecutiva para la Revisión de Inmigración, el tribunal del Departamento de Justicia que lidia con los casos de inmigración, dijo que es común que estos casos tomen años si los implicados apelan las decisiones de los jueces.

La agrupación de Castañeda no tiene cifras precisas acerca de la cantidad de casos de personas detenidas en redadas que esperan fallos de los tribunales.

Pero dijo que incluyen a algunos de los 261 detenidos en Swift y de otras 261 personas arrestadas el mismo día en Grand Island, Nebraska. También se encuentran en la misma situación muchos de los 361 arrestados en marzo del 2007 en la fábrica textil Michael Bianco de New Bedford, Massachusetts. En diciembre del año pasado, 201 de esos trabajadores estaban todavía en New Bedford.

"Es difícil porque no se puede trabajar. Pero confiamos en Dios, en que nos va a ayudar", declaró Brenda Miranda, cuyo esposo, José Mendoza, fue arrestado en Greeley, 100 kilómetros (60 millas) al norte de Denver. "Vale la pena el sacrificio porque nuestros hijos tendrán mejores oportunidades".

Miranda, de 26 años, dijo que su esposo, quien, al igual que ella es del norte de México, había estado trabajando esporádicamente en la construcción, sin papeles. Indicó que el marido le quedan 120 dólares por mes luego de hacer los pagos para la manutención de sus hijos.

Mendoza, de 29 años, fue detenido nuevamente a fines del año pasado cuando el procurador del condado de Weld Ken Buck investigó más de 1.300 casos de personas que hicieron sus declaraciones de impuestos con documentos falsos o robados. La próxima vista judicial de Mendoza está programada en diciembre.

García también trabajó ilegalmente después de la redada. Su último trabajo, en una plantación de zanahorias y cebollas, duró hasta noviembre. Cobraba 300 dólares a la semana, parte de lo cual pasaba al abogado que lleva su caso de inmigración.

La redada en que fue apresado García fue parte de una operación que incluyó incursiones en sitios de trabajo en Grand Island, Cactus (Texas), Hyrum (Utah), Marshalltown (Iowa) y Worthington (Minnesota). El ICE dice que en total fueron arrestadas casi 1.300 personas ese día. Los que pelean su deportación en los tribunales y cuyas vistas están programadas también en diciembre, podrían ser expulsados del país de todos modos, después de tres años de batallas legales.

Una iglesia y una organización comunitaria están ayudando a los indocumentados de Greeley.

"Parecen hambrientos. Tenemos la obligación moral de ayudarlos", comentó Ann Ratcliffe, una mujer de 65 años que asiste a la iglesia presbiteriana Familia de Cristo. Describe a las familias detenidas como sus "vecinos", usando la palabra en español.

La iglesia y sus donantes aportaron más de 30.000 dólares a la causa de los inmigrantes en los últimos dos años, ayudando a que unas dos decenas de familias permanezcan en el país mientras esperan que se pronuncien los tribunales.

"Están aquí, sin poder hacer nada", dijo el reverendo Richard Craft, pastor de la iglesia de Greeley que ayuda a administrar los fondos a través de una organización comunitaria llamada Al Frente de la Lucha.

García, quien vino a Colorado hace 13 años, espera que el tiempo que lleva en el país la ayude a conseguir papeles.

"Si las cosas son horribles para mí aquí, en mi país serían peores", dijo García. "Es mejor pelear la situación aquí y ver qué pasa".

Ricardo Romero, de Al Frente de la Lucha, indicó que en Greeley permanecen 13 familias de Guatemala, seis de México y dos de El Salvador.

"Cuando se acabe el dinero (de la iglesia), no sé qué haremos", declaró Romero. "Pero si podemos quedarnos hasta el día de la vista judicial, y alguien regulariza su situación, habrá valido la pena".


 

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