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El Mundo no Puede Esperar organiza a las personas que viven en Estados Unidos para repudiar y parar el rumbo fascista iniciado durante el régimen de Bush y evidenciado en las ocupaciones asesinas, injustas e ilegítimas de Irak y Afganistán; la “guerra de terror” global de tortura, rendición extraordinaria y espionaje; y la cultura de discriminación, intolerancia y avaricia. A ese rumbo no le darán marcha atrás los líderes que nos instan a buscar puntos en común con fascistas, fanáticos religiosos e imperio. Solo es posible si la población forja una comunidad de resistencia –un movimiento independiente de grandes cantidades de personas—que, actuando en pro de los intereses de la humanidad, pone fin a dichos crímenes y demanda que se procese a los responsables por ellos.



Del directora nacional de El Mundo No Puede Esperar

Debra Sweet


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(Nuevo)
03-15-11

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Revolución #149, 30 de noviembre de 2008

COLUMNISTA INVITADO

El fenómeno de Obama 2008: ¿Qué hemos aprendido?

Como parte del análisis de qué representa y que no la presidencia de Obama, Revolución reimprime el siguiente artículo. Los puntos de vista que este expresa son del propio autor, desde luego, y el autor no es responsable de los puntos de vista expresados en otras partes de Revolución y en el portal revcom.us. A continuación publicamos, con el permiso de Glen Ford, el siguiente artículo.

No cabe duda de que se haya hecho historia, “por razones que van más allá del obvio aspecto racial del ‘primer negro’”. El 2008 fue el primer año en que los negros no hicieron ninguna demanda al candidato negro y, por consiguiente, él no les prometió nada. Fue la temporada electoral en que el negro que comenzó como “el que menos posibilidades tiene” llegó a ser el candidato que recibió la mayor financiación de todos los tiempos. Hay muchas lecciones que podemos sacar de eso, pero ninguna será del agrado de los que todavía están embriagados por la “Obamanada”.

“Esta generación tendrá que aprender casi desde cero qué es un auténtico movimiento social”.

Sin lugar de dudas, la nación ha vivido unas elecciones de importancia histórica, por razones que van más allá del obvio aspecto racial del ‘primer negro’. También ha sido la campaña presidencial que más bombo publicitario ha recibido en la historia de Estados Unidos, aunque eso puede ser lisa y llanamente porque cada campaña presidencial recibe más bombo que la anterior, porque el bombo es lo que venden los medios de comunicación corporativos. Pero, ¿qué nos ha enseñado esta experiencia?

Hemos aprendido que es posible persuadir a nivel nacional a una minoría grande y decisiva de blancos a que vote por cierto tipo de hombre negro para ser presidente, con tal de que ese hombre negro tenga las siguientes características:

Antecedentes familiares que no incluyen el linaje afroamericano y, por eso, no se han manchado con el bagaje cultural negativo asociado con los descendientes de esclavos norteamericanos. (Eso es similar a la exención especial que se otorgó a los blancos de las anteriores generaciones de jugadores de béisbol afrocaribeños).

Una disposición de acoger a iconos políticos racistas tal como Ronald Reagan, mientras se niega tajantemente que el racismo blanco sea y ha sido “endémico” en el país. Tal hombre también debe estar dispuesto a condenar, repudiar y en otros casos vilipendiar a otros negros –incluso a personas a que ha querido mucho— ante el primer indicio de que esa persona sea del desagrado de los blancos.

Una compulsión por mostrar a los blancos que comparte su desprecio por los negros como grupo. El individuo así dotado debe estar preparado para castigar a los negros en cada esfera de la vida, sea el cuidado incompetente de los niños (la crueldad del desayuno con pollo frito) o la hombría negra fallida (pues se portan como “niños” y no como adultos responsables), la vergüenza de la promiscuidad de las negras (dice que impedir que las jóvenes negras se embaracen fuera del matrimonio es “lo más importante que podemos hacer para reducir la pobreza urbana”) o la falta colectiva de buena higiene entre los negros (“¿Saben que un buen plan de desarrollo económico de nuestra comunidad sería asegurar que la gente no tirara sus desperdicios desde el carro?”). Sin embargo, el hombre negro que quiere cortejar al voto de los blancos a favor de su presidencia debe tener la astucia y la disciplina de jamás –digo, jamás— someter a los blancos a esa clase de crítica atroz a todo un grupo.

“El individuo así dotado debe estar preparado para castigar a los negros en cada esfera de la vida”.

Debe tener una imaginación tan fecunda como para declarar que los negros ya han ido el “90% del camino” hacia la igualdad racial, una declaración sin validez en cifras según cualquier índice social o económico, pero que garantiza a los blancos que su largo sufrimiento a manos de negros molestos y quejosos casi está por terminar. El futuro presidente negro debe prometer implícitamente que su elección en sí cumplirá el 10% que falta, y así pondrá un fin definitivo al problema racial.

Hemos aprendido que los blancos, en masa, se tomaron a pecho las palabras del candidato. Una semana antes de las elecciones, una encuesta de CBS/New York Times demostró que el 68% de los blancos piensan que los negros y los blancos “tienen una oportunidad más o menos igual de superarse” en la sociedad estadounidense. Esa conclusión increíble se fundamentó claramente en el éxito singular de Barack Obama, pues menos de la mitad de los blancos respondieron así en julio. Lo que es más sorprendente, el 43% de los negros dijeron lo mismo, una respuesta sin par en la historia de las encuestas profesionales, y una que está completamente divorciada de la realidad negra. Hemos aprendido que Obamanada mata a células sanas del cerebro negro.

Hemos aprendido que los políticos negros y los activistas negros de fachada tienen una capacidad infinita de celebrar el hecho de que NO se metieron en la lucha contra el Poder, y que es posible hacer que se embriaguen las masas negras ante la perspectiva de indirectamente llegar al poder (a través de Obama). Después de no plantearle a Obama ni siquiera la demanda más leve a cambio de un apoyo ciego, los falsos dirigentes negros prometieron que iban a presionar a Obama para que se comprometiera firmemente a cuestiones de importancia para los afroamericanos, una vez que pasara la prueba final. (Las personas progresistas blancas que se castraron a sí mismas de igual manera durante la campaña prometen también que empezarán a actuar como verdaderos paladines del pueblo, un día de aquéllos... que nada más espérense y lo verán). Ya hemos aprendido que los “Progresistas por Obama” de todas las nacionalidades, que no lo presionaron desde el principio cuando pudieran haber ejercido un efecto, son pura paja.

El 68% de los blancos creen que los negros y los blancos “tienen una oportunidad más o menos igual de superarse” en la sociedad estadounidense.

Hemos aprendido que incluso ante el fracaso y el colapso, los Señores del Capital tienen todavía la inteligencia de reconocer que necesitan desesperadamente una nueva cara, y están dispuestos a financiar el hombre negro que la proporcione. Durante esta temporada electoral, aprendimos que el capital puede cambiar de filiación partidario en un dos por tres, por ejemplo cuando primero investigó y luego hizo arrancar la campaña del candidato negro la que con creces más costó en la historia de las elecciones estadounidenses. En 2008, los demócratas llegaron a ser el partido del Gran Capital, que seleccionó a Barack Obama. Hemos aprendido que el capital nunca está ciego al color cuando puede sacar provecho de ello.

Hemos aprendido que esta generación tendrá que aprender casi desde cero qué es un auténtico movimiento social, lo que será mucho más difícil porque se le engañó para que pensara que el frenesí electoral de este año fuera en realidad un “movimiento”. Ahora se terminó y un hombre negro se está mudando... a la Casa Blanca, sin prometer jamás nada de importancia a sus partidarios negros. Pero, claro, casi ningún negro le reclamó nada a Obama.

Alguna gente nunca aprende que el Poder jamás concede nada sin una demanda.

Se puede comunicar a Glen Ford, director en ejecutivo de la BAR, en Glen.Ford@BlackAgendaReport.com.


 

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